Análisis
La necesidad de conocer las emisiones de gases de efecto invernadero del sector militar
La emergencia climática es uno de los problemas de mayor gravedad a que se enfrenta la humanidad. La mayoría de los indicadores clave que permiten las condiciones de vida en el planeta ya se han superado. Uno de los factores que ha causado esta situación son las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) de origen antropogénico. Bien conocidas son las llamadas del IPCC para reducir drásticamente las emisiones de GEI. Por esta razón algunos países han implementado políticas para reducir la emisión de dichos gases. Estas políticas de mitigación centran su acción en determinados sectores sin plantearse un cambio de modelo económico, productivo y de consumo.
Las actividades del sector militar contribuyen a la crisis climática al emitir gases de efecto invernadero (GEI). Por un lado, las fuerzas armadas son grandes consumidoras de energía (los aviones, barcos, tanques, gastan mucho combustible) y, por tanto, son grandes emisoras de GEI. Por otra parte, en la fabricación de todos los productos militares también se emiten GEI. Así, las emisiones de GEI del sector militar proceden fundamentalmente de dos fuentes, las actividades de las fuerzas armadas y de la industria de armamento.
Por lo general, los estados no declaran las emisiones de sus fuerzas armadas. Sin embargo, Reino Unido sale de la norma general y sí las declara en cada ejercicio fiscal.
Por lo general, los estados no declaran las emisiones de sus fuerzas armadas. Sin embargo, Reino Unido sale de la norma general y sí las declara en cada ejercicio fiscal.
Los Estados miembros de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC, o UNFCC en inglés) deben proporcionar anualmente una memoria con el inventario de las emisiones antropogénicas de GEI a Naciones Unidas. El Acuerdo de París de 2015 permite que la información relativa a emisiones militares sea voluntaria y deja la reducción de las emisiones militares al criterio de cada país. Por lo que no es de extrañar que la información de estas memorias, en lo que se refiere a las emisiones del sector militar, sea muy desigual. En algún caso se dan las emisiones del combustible usado por las fuerzas armadas, en otros se dice que las emisiones están incorporadas en el cómputo total y que no se facilita el detalle por razones de confidencialidad y también se dan casos en que simplemente no se suministra ningún tipo de información. Por otra parte, se han detectado incoherencias entre los datos presentados por algunos países a la CMNUCC y los datos publicados por sus respectivos ministerios de Defensa; se ha constatado que los datos de los informes de Defensa pueden ser un 95% superiores a los declarados en la CMNUCC.
Respecto a la industria, las grandes empresas declaran sus emisiones de GEI, aunque suele ser difícil, por varias razones, saber exactamente cuáles son las emisiones correspondientes a su producción militar. Muchas empresas militares tienen parte de su producción destinada al sector civil, y, en general, no informan sobre qué parte de su producción corresponde al sector civil y cuál al sector militar y tampoco sobre las emisiones asociadas a cada uno de los dos sectores. Las industrias militares transnacionales suelen declarar las emisiones de GEI del grupo y no dan los datos segregados según los países en los que tienen los centros de producción. Otras empresas no informan.
La falta de información completa y fiable hace que no se puedan conocer con certeza las emisiones mundiales de GEI del sector militar
En definitiva, la falta de información completa y fiable hace que no se puedan conocer con certeza las emisiones mundiales de GEI del sector militar.
A pesar de ello, diversos grupos de investigadores han intentado estimar las emisiones de GEI del sector militar. En algunos de estos trabajos se intenta realizar una evaluación de las emisiones militares a nivel global, en otros se restringe el estudio a una zona o a un conjunto concreto de estados (por ejemplo, la OTAN). Pero debido a la falta de datos fiables, para poder realizar dichas estimaciones, están obligados a realizar algunas hipótesis y suposiciones. A continuación, comentamos algunos de estos trabajos para mostrar las dificultades que encuentran los investigadores al intentar estimar las emisiones militares de GEI.
Estimación de las emisiones militares globales
Hay pocos estudios en los que se intenta hacer una estimación de las emisiones mundiales de GEI provenientes del sector militar. Quizás el que ha tenido más difusión es el realizado por Parkinson y Cottrel en 2022. Por esta razón lo comentamos a continuación.
Los autores fundamentan su cálculo en el número de efectivos militares, desglosado en siete regiones geográficas, y asignando a cada militar una determinada cantidad de emisiones de GEI. Para ello utilizan la fórmula F=es·p·(1+rms)·s, donde es son las emisiones estacionarias por persona empleada en instalaciones militares, p el número de personal militar activo, rms la relación entre las emisiones móviles y las emisiones estacionarias y s el multiplicador de la cadena de suministro. Para estimar la huella de carbono mundial del sector militar dividen el mundo en siete regiones, asignando para cada una de ellas diferentes valores a los parámetros anteriores.
Determinan el parámetro es a partir de las emisiones estacionarias militares de Reino Unido, Alemania y EEUU. Los dos primeros facilitan los datos, mientras que las emisiones del tercero se han calculado a partir del trabajo de Crawford. Las emisiones estacionarias por militar en el caso de Reino Unido y Alemania son parecidas, pero las correspondientes a EEUU son mucho mayores, más del doble. A partir de estos datos asignan, de forma poco razonada, un valor del parámetro es a cada una de las siete regiones en que han dividido el mundo. El número de efectivos militares no es problemático, pues existe información clara y suficiente. Por otro lado, han calculado las relaciones entre las emisiones estacionarias y móviles de estos tres países, es decir el parámetro rms. Finalmente utilizan un último parámetro asociado a la cadena de suministro, sin apenas justificación, para incluir así en su resultado las emisiones asociadas a la industria militar y a la cadena de suministros.
Introduciendo los valores de los parámetros en la fórmula anterior deducen que las emisiones de las fuerzas armadas representarían entre el 0,6% y 1,2% de las emisiones totales de GEI. Y, si se tiene en cuenta la industria militar, la huella de carbono del sector militar estaría dentro del rango del 1,3-7,0% de las emisiones totales mundiales.
Estos resultados nos parecen poco realistas, estimados por exceso. Es muy discutible que se puedan generalizar al resto de países los resultados de las emisiones estacionarias por militar obtenidos para Reino Unido, Alemania y EEUU. Por otro lado, las emisiones militares dinámicas (asociadas a la movilidad militar) dependen de multitud de factores, principalmente y entre otros, del número de vehículos, del tipo de ellos (tanques, aviones, navíos, etc.), de la frecuencia de su uso, de su antigüedad. Parece poco creíble que se pueda generalizar la relación entre emisiones estáticas y dinámicas, obtenidas para estos tres países, a otros países con unas características y capacidades militares muy diferentes. Más dudas genera aún la asignación de un único valor del parámetro asociado a la cadena de suministro para todas las regiones del mundo. Ya hemos dicho, además, que falta la justificación del valor numérico de este parámetro. Además, el hecho de multiplicar todos estos parámetros, para obtener la huella de carbono militar, hace que pequeñas variaciones en los valores de alguno (o de todos) de los parámetros provoque una mayor incertidumbre en el resultado final. Así pues, la determinación de las emisiones por personal militar tiene un grado de incertidumbre muy grande, debido a las suposiciones que se realizan. Creemos que la metodología utilizada es poco consistente.
El gasto militar de los EEUU en 2018 fue el 38,18% del gasto militar mundial. Podríamos estimar que esto supone entre el 0,5% y el 1,3% del total de emisiones globales
Para contrastar este resultado proponemos una estimación alternativa. Utilizaremos EEUU como referencia pues hay varios informes (por ejemplo Crawford o Thombs et altri) que evalúan las emisiones generadas por el consumo de combustible de sus fuerzas armadas, además de ser el país con un mayor gasto militar. Hagamos la hipótesis de que, para obtener las emisiones militares globales, es posible extrapolar las emisiones militares totales (estacionarias más dinámicas) de EEUU, basándonos en su gasto militar, GUS y en el gasto militar mundial, GM. Es evidente que la cota inferior del rango de las emisiones militares mundiales sería igual al valor de las emisiones de EEUU, y la cota superior, según nuestra hipótesis, sería el resultado de suponer que todo el gasto militar mundial tiene asociadas unas emisiones con la misma proporción que la de EEUU. Es decir, si EUS son las emisiones militares de EEUU, las emisiones militares mundiales estarían en el rango comprendido entre EUS y GM·EUS/GUS.
Si aceptamos esta hipótesis, podemos estimar las emisiones militares mundiales. En un estudio, Crawford, calcula que las emisiones de las fuerzas armadas de EEUU en 2018, en los alcances 1 y 2, fueron de 56 MtCO2e y que las emisiones de la industria militar fueron de 153 MtCO2e. Lo que hace un total de 209 MtCO2e. Además, como que el gasto militar de los EEUU (en 2018) fue el 38,18% del gasto militar mundial, podríamos estimar las emisiones militares globales en un rango entre 209 MtCO2e y 547,4 MtCO2e, para el año 2018. Esto corresponde a unas emisiones militares que se encontrarían entre el 0,5% y el 1,3% del total de emisiones globales. Aunque añadiésemos las emisiones correspondientes al alcance 3, difícilmente se obtendría el rango proporcionado por Parkinson & Cottrell.
Estimación de las emisiones de un país
La cantidad de trabajos en los que se hace una estimación de las emisiones militares de un país o conjunto de países (como por ejemplo la OTAN, o la UE) es más extensa. La mayoría de ellos descomponen las emisiones militares en dos o más categorías. Como ejemplo, comentamos el estudio de Ho-Chih Lin et altri, pues, como el trabajo anterior, ha tenido una gran difusión.
Así, Lin Ho-Chih et altri, calculan la huella de carbono del ejército de un país y de la industria militar asociada, mediante la suma de dos términos. El primero basado en el gasto militar (gasto militar multiplicado por la proporción destinada a equipamientos y por un factor de conversión gasto-emisiones). Este primer sumando contabiliza tanto las emisiones de fuentes móviles como las de la cadena de suministro. El segundo sumando corresponde a las emisiones de fuentes estacionarias (para ello multiplica el número de efectivos militares por la emisión media de fuentes estacionarias por militar).
El punto más delicado, o discutible, de esta metodología es la determinación del factor de conversión gasto-emisiones. Este factor se calcula a partir de las emisiones declaradas de únicamente dos empresas (Thales y Airbus), lo que hace que este factor pierda generalidad. De hecho, nada permite suponer que las emisiones por millón de facturación de las empresas coinciden con las emisiones asociadas a un millón de gasto militar. Y el otro punto problemático es que la determinación de las emisiones militares estacionarias se basa en el informe de Parkison & Cottrell citado anteriormente, con las objeciones que hemos comentado más arriba.
Estimación de las emisiones de la industria militar
Hemos dicho ya que para determinar las emisiones de GEI de las fuerzas armadas, se deben realizar muchas suposiciones, debido a la falta de información fiable. La situación en la industria militar es algo diferente, si bien no está carente de problemas.
Si todas las empresas del sector industrial militar declararan sus emisiones de GEI, podríamos determinar con exactitud las emisiones del sector. Pero estas emisiones son difíciles de conocer por varias razones.
Una primera restricción es la disponibilidad de datos. No todas las empresas que tienen alguna actividad militar informan de sus emisiones. Además, en caso de que faciliten los datos, en la mayoría de casos, las empresas no especifican qué parte de sus emisiones corresponden al sector militar. En otros casos, sólo se facilita información de las emisiones de los alcances 1 y 2, pero no se informa de las emisiones del alcance 3. Muchas empresas tienen centros de producción en varios países y, normalmente, se dan las emisiones totales de la empresa, sin segregarlas por países.
A causa de estos inconvenientes, la mayoría de estudios cuyo objetivo es determinar las emisiones asociadas a la industria militar, realizan extrapolaciones a partir de datos fiables y completos facilitados por algunas empresas concretas. Estas extrapolaciones se basan en la facturación o en el número de empleados.
La primera extrapolación parte de la hipótesis de que las emisiones de GEI son proporcionales a la facturación. Y la segunda extrapolación parte de la hipótesis de que las emisiones de GEI son proporcionales al número de empleados. De esta forma, calculando la relación entre las toneladas de GEI por millón de euros de facturación (o bien las emisiones por empleado) de alguna empresa de la que tengamos la información completa, podríamos estimar las emisiones de la industria militar de cualquier país multiplicando esta relación por la facturación total (o bien por el número de empleados) de ese país concreto.
Desgraciadamente esta hipótesis (sea basada en la facturación o en el número de empleados) es muy problemática.
Hemos analizado seis empresas de diverso tamaño que fabrican material militar y que informan con cierto detalle de sus emisiones de GEI. A partir de estas emisiones declaradas en los informes anuales podemos buscar las relaciones comentadas (emisiones/facturación y emisiones/empleados).
Los resultados obtenidos muestran una dispersión enorme, la relación entre emisiones y facturación (o número de empleados) varía considerablemente de una empresa a otra. En el caso de considerar únicamente los alcances 1 y 2, el resultado de la empresa con una relación mayor es más de diez veces superior a la de la empresa con una relación menor. En caso de contabilizar el alcance 3 las diferencias se agrandan enormemente. Estas discrepancias, muy probablemente, sean debidas a que hay industrias con procesos de fabricación más intensivos energéticamente que otras, debido a los productos que fabrican.
Por tanto, no podríamos extrapolar ninguna de las relaciones obtenidas para una empresa para obtener las emisiones de GEI de la industria militar de un país (suponiendo que conociéramos la facturación total de ese país), ya que según qué relación usáramos obtendríamos resultados muy diferentes. Tampoco estaría justificada una media de las relaciones obtenidas, pues, de esta manera, no se tendría en cuenta el peso relativo de las empresas en las emisiones totales.
Queremos subrayar que, si calculamos las emisiones totales de la industria militar de un cierto país en un año, multiplicando la relación emisiones/facturación (para cualquier alcance o suma de ellos) por la facturación militar estatal de ese año, obtendríamos un resultado muy diferente que si multiplicamos la relación emisiones/empleados por el número de empleados en todo el sector militar.
Comparación de las estimaciones
Como muestra de la dificultad de obtener un resultado mínimamente fiable de las emisiones de GEI del sector militar, presentamos algunos resultados correspondientes al Estado español.
Según el informe Under the Radar, la huella de carbono del sector militar (fuerzas armadas e industria militar) del Estado español alcanzaría un total de 2.794 ktCO2e en el año 2019. En cambio, si utilizamos la fórmula propuesta por Parkinson & Cottrell (comentada más arriba), se obtiene que el sector militar español, durante el año 2019, emitió 5.933 ktCO2e de GEI. Prácticamente el doble que el resultado anterior.
Más recientemente, el informe Malos humos militares, calculaba que las emisiones totales militares en el Estado español en 2023 serían de 2.389 ktCO2e. Y, para ese mismo año 2023, el informe Climate Crossfire estima la huella de carbono del sector militar español en 3.522 ktCO2e. Si estos dos últimos valores, correspondientes al año 2023, los extrapoláramos al año 2019 (para compararlos con los otros dos anteriores), obtendríamos valores significativamente menores, ya que el gasto del Ministerio de Defensa del Estado español ha aumentado un 45% entre 2019 y 2023.
En definitiva, la disparidad de resultados es enorme. Lo que indica que la metodología y las suposiciones o hipótesis formuladas para suplir la falta de información directa y veraz condicionan de forma evidente el resultado.
Conclusiones
Creemos que las estimaciones de las emisiones militares de GEI que se han realizado hasta ahora, sea a nivel global o a nivel de un estado o un conjunto de estados, adolecen de una gran incertidumbre, bien por la falta de datos fiables o por la poca fiabilidad de la metodología o las premisas utilizadas, bien por ambas cosas.
La única forma de poder contabilizar las emisiones de GEI del sector militar con cierta precisión es a partir de datos fiables y contrastados de las emisiones de las fuerzas armadas y de la industria militar. De esta forma evitaríamos hacer suposiciones y estimaciones que desvirtúen el resultado final. Habría que establecer también un criterio unificado de qué tipo de emisiones deben asignarse a cada uno de los alcances.
Los gobiernos deberían declarar las emisiones de sus fuerzas armadas, segregando las emisiones de las instalaciones militares de las emisiones asociadas a la movilidad militar
Por todo ello, consideramos que los gobiernos deberían declarar las emisiones de sus fuerzas armadas, segregando las emisiones de las instalaciones militares (emisiones estacionarias) de las emisiones asociadas a la movilidad militar (emisiones dinámicas). Y, con respecto a la industria, ésta debería declarar las emisiones de GEI asociadas a su parte de producción militar en los tres alcances, especificando cual es la parte del alcance 3 que corresponde a adquisición y cual corresponde al uso de los productos fabricados. De esta forma conoceríamos realmente las emisiones de GEI del sector militar.
A día de hoy, el valor declarado de las emisiones GEI a nivel mundial es incompleto. Falta la parte correspondiente al sector militar. El objetivo de alcanzar la neutralidad climática en 2050 requiere disponer del valor real de estos datos. Por ello es imprescindible conocer la contribución militar. Además, es necesario que las fuerzas armadas y la industria militar compartan el esfuerzo de reducción de emisiones que se exige al resto de sectores económicos. Si no es así, no veremos cumplido ese objetivo neutralidad de carbono.
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