Galicia aumentó las importaciones de gas fósil en 2025 y vuelve a alejarse de sus objetivos climáticos

Un análisis de Galiza sen Gas explica cómo Estados Unidos desplazó a Rusia como principal origen del gas que llega a la regasificadora de Mugardos, mientras las centrales térmicas de Sabón y As Pontes dispararon sus emisiones un 20,5%.
acción Reganosa
Activistas de Greenpeace durante una acción en la regasificadora de Mugardos. Greenpeace
16 jun 2026 12:19

Galicia retrocedió el año pasado en el camino hacia la descarbonización y la independencia energética. Así lo concluye la plataforma Galiza sen Gas en un informe presentado este martes, en el que advierte de que el consumo y la importación de gas fósil crecieron en 2025 frente al ejercicio anterior, en un momento en que la comunidad debería estar reduciendo su dependencia de estos combustibles para cumplir los compromisos climáticos.

Según los datos recopilados por la organización, la regasificadora de Mugardos, gestionada por Reganosa, recibió el año pasado 27.144 GWh de gas natural licuado, un 14% más que en 2024. Se trata de la segunda cifra más elevada registrada desde que la planta entró en servicio en 2007, y confirma que sigue siendo la única vía de entrada de este combustible a la comunidad, ya que no se importa gas a través de gasoducto.

La instalación recibió un total de 26 buques metaneros a lo largo del año. El dato más destacable tiene que ver con su procedencia: por primera vez, Estados Unidos se convirtió en el principal origen de este gas, con 14 cargamentos, por delante de Rusia, que aportó 11, y de Angola, que envió un único buque. La plataforma subraya que buena parte del gas estadounidense se extrae mediante fracking, una técnica especialmente cuestionada por su impacto ambiental.

Las centrales eléctricas, motor del aumento del consumo

El incremento de las importaciones tiene su reflejo en el consumo interno. La demanda gallega de gas fósil aumentó un 3,6% en 2025, un crecimiento explicado fundamentalmente por el papel de las centrales de ciclo combinado de Sabón, en manos de Naturgy, y de As Pontes, operada por Endesa. Ambas instalaciones incrementaron en un 20,8% el gas empleado para generar electricidad, lo que se tradujo en un aumento equivalente del 20,5% en sus emisiones de gases de efecto invernadero.

Con estas cifras, las dos centrales se convirtieron en el segundo y tercer foco de emisiones industriales de Galicia en 2025, solo por detrás de la refinería de Repsol en A Coruña. Por el contrario, el consumo de gas para usos convencionales —básicamente calefacción en hogares e industria— cayó un 4,6%, una tendencia que, según la plataforma, respondería más a factores puntuales que a un cambio de modelo energético. Aun así, este uso sigue representando el 62% de la demanda total, frente al 38% que absorbe el sector eléctrico.

Sin plan para el desmantelamiento y nuevos proyectos que prolongan la dependencia

El informe denuncia además que, lejos de avanzar hacia el cierre de las infraestructuras gasistas, 2025 dejó dos hechos que, en la práctica, consolidan su futuro. Por un lado, el Tribunal Supremo respaldó la legalización de la planta de regasificación de Mugardos tras la derogación de la norma que exigía mantener una distancia mínima de 2.000 metros respecto de núcleos habitados. Por otro, avanzaron varios proyectos de grandes plantas de biometano —en Laracha, Abadín o Xunqueira de Ambía, entre otros lugares— pensadas para inyectar este gas renovable en la red ya existente. Para Galiza sen Gas, esta estrategia, lejos de ser una alternativa real, sirve para prolongar la vida útil de la red de gas fósil y para ofrecer una imagen verde a un sistema que sigue dependiendo mayoritariamente de los combustibles fósiles.

Ahorro y electrificación, las alternativas que propone la plataforma

Frente a este escenario, la organización reclama dos medidas prioritarias: por un lado, reforzar la capacidad de almacenamiento y producción de electricidad limpia y adaptar la red eléctrica para poder cerrar antes de 2030 las centrales de ciclo combinado de Sabón y As Pontes; por otro, impulsar un programa de ahorro energético y electrificación que permita sustituir progresivamente el gas fósil en la generación de calor en hogares, industria y servicios. Los gases renovables, como el biometano o el hidrógeno verde, deberían reservarse —según la plataforma— para usos locales y muy puntuales, en aquellos casos en los que no sea posible reducir el consumo o electrificar el proceso.

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