La campaña de una gallega con cáncer de mama logra que Sanidad se comprometa a adelantar los cribados

Diagnosticada con 42 años en un estadio avanzado, María Varela llevó 86.000 firmas a Madrid para reclamar cambios en la detección precoz.
María Varela
María Varela a las puertas del Ministerio de Sanidad en Madrid.
8 may 2026 10:16 | Actualizado: 8 may 2026 10:48

Empezó con una lumbalgia. Un dolor persistente en la espalda que no cedía y que la llevó al médico sin sospechar lo que se avecinaba. “Lo que menos pensaba es que iba a quedar ingresada en el hospital”, cuenta María Varela. Esa misma tarde le dejaron entrever que tenía cáncer. El diagnóstico llegó en estadio cuatro.

María fue diagnosticada de cáncer de mama metastásico a los 42 años, una edad en la que el sistema público español no contempla realizar ni una sola mamografía preventiva.

El pasado 9 de abril, María se sentó frente al director general de Salud Pública y Equidad del Ministerio de Sanidad, Pedro Gullón, y a la subdirectora general de Promoción, Prevención y Equidad en Salud, Estefanía García Camiño. Llevaba consigo más de 86.000 firmas recogidas a través de Change.org, de las cuales 65.000 ya habían sido registradas formalmente en el ministerio el pasado 11 de marzo. Y llevaba también los testimonios de cerca de 200 mujeres —diagnosticadas siendo muy jóvenes— que se habían puesto en contacto con ella tras conocer su historia.

Un sistema que no ha cambiado en treinta años

La pregunta que guía toda la campaña de María es simple: ¿por qué en la sanidad pública no se realiza ninguna prueba de detección precoz del cáncer de mama hasta los 50 años? “No puede ser que el sistema de cribados actual sea del año 1992 y no se haya cambiado”, dice. “El programa actual tiene 30 años, ¿en 30 años no ha cambiado la medicina?”, añade.

Según un estudio publicado en la revista The Lancet Oncology el pasado marzo, los casos anuales de cáncer de mama en el mundo aumentarán un tercio, pasando de los 2,3 millones registrados en 2023 a más de 3,5 millones en 2050, con una subida del 44% en las muertes asociadas.

El 9 de diciembre de 2022, el Consejo de la Unión Europea aprobó una recomendación que insta a los estados miembros a ampliar el cribado de cáncer de mama a las mujeres de entre 45 y 74 años. “España tiene que cumplirlo”, dice María.

En la reunión celebrada el 9 de abril, María compareció con una serie de demandas concretas. “En el INE se recogen todas las fallecidas por cáncer de mama, pero los datos no aparecen desglosados por edad”, explica. En este sentido, solicitó al director general de Salud Pública y a la subdirectora general de Promoción, Prevención y Equidad en Salud que facilitasen esas cifras que, según le confirmaron, existen aunque no son de acceso público. Desde el ministerio se comprometieron a remitirlas.

Asimismo, reclamó la elaboración de un estudio sobre las pacientes con cáncer de mama que incluya un análisis por grupos de edad, al considerar que sin esta información resulta imposible conocer con precisión el impacto real de la enfermedad en las mujeres más jóvenes.

Desde el ministerio reconocieron que la evidencia científica internacional y las recomendaciones europeas apuntan a adelantar los cribados a los 45 años y ampliarlos hasta los 74, y se comprometieron a impulsar la medida para que quede aprobada antes de que termine 2026. El proceso pasa por varias instancias: la Comisión de Salud Pública, la Comisión de Prestaciones y el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud.

El ministerio y la Xunta: compromisos con matices

Consultado por este medio, Pedro Gullón confirmó que el proceso está en marcha. “Actualmente se encuentra en debate con las comunidades autónomas. Ha pasado a la comisión técnica de valoración de cribados —llamada ponencia de cribados— y posteriormente pasará a la Comisión de Salud Pública del Consejo Interterritorial”, explicó.

Sobre por qué se fija el umbral en los 45 y no en los 40, como reclaman los colectivos de pacientes, Gullón apela a la complejidad técnica de los programas de cribado poblacional: “No siempre un cribado universal es la solución. Tenemos que revisar de manera continua qué evidencias existen para actualizar los programas de cribado como estamos haciendo ahora”. Pues los posibles perjuicios —falsos positivos, intervenciones innecesarias— también forman parte de la ecuación.

En cuanto a la falta de datos sobre incidencia, el director general reconoce el problema y apunta a la solución: “En paralelo a la ampliación de recomendaciones de edad, estamos trabajando en los sistemas de información de cribados y en la reforma de la vigilancia en salud pública en España.”

El Sergas respondió a las preguntas de este medio con una posición que mira en dos direcciones. Por un lado, reivindica que Galicia fue “pionera” en 2023 al ampliar el rango del cribado hasta los 74 años, adelantándose al debate estatal. Por otro, mantiene una postura cauta respecto al límite inferior.

“En lo que respecta a la ampliación a partir de los 45 años, esta está siendo analizada en el seno de la ponencia de cribados del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud (SNS), teniendo en cuenta todos los datos disponibles en la actualidad para ser conscientes del balance entre riesgo y beneficio de dicha medida”, señala el organismo. Y añade que cualquier ampliación de la cartera de servicios del SNS “debe ir acompañada de un incremento de la financiación de las comunidades autónomas por parte del ministerio de Sanidad.”

María no discute los matices técnicos. Habla desde su propia experiencia y desde los testimonios de las mujeres que se han ido sumando a su campaña. “Si el cribado en Galicia hubiera empezado a los 40 años yo no estaría en el estadio 4. Tendría cáncer, pero con otro diagnóstico. Muchas mujeres tendríamos otro pronóstico de vida.”

En el año 2024 el número de muertes por cáncer de mama fue de 6.513 mujeres. 18 mujeres al día. Un número que, en ausencia de datos desglosados por edad, no se puede distribuir correctamente entre franjas. Ese vacío estadístico, que María denunció en la reunión, es también parte del problema: no se puede gestionar lo que no se mide.

El compromiso arrancado al ministerio es real, pero Gullón reconoce que los plazos dependen de acuerdos entre administraciones, implementación y recursos autonómicos. María insiste, con todo, en que más allá de los tiempos administrativos hay una cuestión de equidad de fondo: “No estoy de acuerdo con que el acceso a una prueba de cribado dependa de dónde vivas, deberíamos tener un criterio unificado”, concluye.

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