Galicia
Begoña Caamaño y la construcción de mitologías disidentes
Leer a Begoña Caamaño (Vigo, 1964) es un ejercicio que nos hace entrar en un territorio que se mueve y que interpela. La muerte prematura de la autora en 2015 deja un vacío evidente, pero también la necesidad de imaginar todo lo que podría haber sido. Leída hoy, más de quince años después de la presentación de su primera novela, Circe ou o pracer do azul (Galaxia, 2009), su obra sigue dialogando con las vivencias, experiencias y aprendizajes del presente.
Escritora tardía, publicó su primera novela Circe ou o pracer do azul, con 45 años y, tres años después, vio la luz Morgana en Esmelle (Galaxia, 2012). En los últimos tiempos preparaba una tercera novela con otra mujer como protagonista: Sherezade, narradora y protagonista de Las mil y una noches. Su obra y su legado la hicieron ocupar un lugar destacado en la literatura gallega, que la ha hecho merecedora de ser homenajeada en 2026 por la Real Academia Galega con motivo del Día das Letras Galegas.
Caamaño vivía buscando respuestas. Reflexionaba sobre el papel de las mujeres, el feminismo, la ética y los derechos y analizaba todas las formas de opresión
Antes de escribir, construyó una sólida trayectoria como periodista y activista: comenzó en Vigo en los años ochenta, en un contexto de lucha social y movilizaciones del sector naval, trabajando en Radio Noroeste y Radio Popular. Más tarde se trasladó a Santiago, donde colaboró en el Diario Cultural de Radio Galega y presentó los programas Andando a Terra, Club Cultura y Expreso de Media Noite. Pero su presencia no se limitaba a los medios: también estaba en las calles, en el asociacionismo y en la militancia feminista.
Caamaño vivía buscando respuestas. Reflexionaba sobre el papel de las mujeres, el feminismo, la ética y los derechos y analizaba todas las formas de opresión. De esa búsqueda incesante, de la que nació la Begoña periodista, surgió también la Begoña narradora. Era una lectora acérrima: leía y releía los clásicos, pero nunca se sintió reflejada en ellos. Creía que los mitos creaban cánones y que para construir nuevos cánones hacían falta nuevos mitos. Fue así como nació Circe ou o pracer do azul, su primera novela. En ella reinterpreta la Odisea de Homero desde una perspectiva feminista, dando lugar a una obra que explora la desjerarquización del amor, los vínculos afectivos entre mujeres, la amistad como espacio de resistencia y la caída de los relatos heroicos que sostienen la masculinidad.
Leer nunca debería ser un ejercicio para asumir verdades, sino un espacio para formular más preguntas. Caamaño no solo leía y releía los clásicos: los señalaba como injustos
Para Caamaño, la Odisea no narra las aventuras de Ulises, ni el viaje del héroe. Narra el dolor de Penélope, y con ella surgen inevitablemente preguntas: ¿qué pensaría Penélope durante toda esta larga espera? ¿Qué sueños y expectativas tenía antes de conocer a Ulises, antes de habitar Ítaca? ¿Cómo convivió con la soledad a lo largo de tantos años? ¿Y si Penélope realmente quisiera estar sola? ¿Qué tipo de vínculo tenían Penélope y Ulises? Leer nunca debería ser un ejercicio para asumir verdades, sino un espacio para formular más preguntas. Caamaño no solo leía y releía los clásicos: los señalaba como injustos y pensaba en aquellos personajes en los que nadie nunca pensaba.
La literatura tiene la capacidad de crear nuevos mundos y existe todo un universo de autoras que deciden construir los espacios de representación que no encontraron en su momento. Tal es el caso de la escritora argentina Gabriela Cabezón Cámara, que refundó el clásico argentino Martín Fierro en su obra Las aventuras de la China Iron (2017) o de la autora canadiense Margaret Atwood, que también retoma los mitos homéricos y los reescribe en su novela corta Penélope y las doce criadas (2005). En Circe ou o pracer do azul las islas de Ítaca y Eea se convierten en el eje de una correspondencia epistolar constante en la que Penélope y Circe dialogan y se reconocen. Penélope, la mujer de Ulises. Circe, la amante del mismo.
Su correspondencia, íntima y clandestina, abre una grieta en la que se filtra una reflexión profunda alrededor del deseo entre mujeres. En sus cartas, ambas cuestionan ese mundo de hombres en el que —como escribe Penélope— “nacer mujer es sinónimo de ser portadora de desgracias”. La correspondencia entre ambas recorre cuestiones como la familia, el amor o el deseo. Se trata de una correspondencia marcada, en gran medida, por el dolor y la desconfianza que Penélope siente hacia los hombres, en la que ambas intentan desgranar, poco a poco y a medida que crece la confianza, qué es lo que sucede y cuál es el dolor que Penélope alberga para llegar a ese odio y desconfianza hacia Ulises y hacia los hombres en general.
Las epístolas no ocultan ni la intensidad ni la naturalidad de esa pulsión amorosa que late entre líneas. Cuando Circe le habla de las Amazonas, le describe cómo convive con ellas y lo que aprende de su forma de estar en el mundo: la centralidad de las amigas, las redes afectivas que tejen juntas, la manera de desjerarquizar el matrimonio…
Todas estas reflexiones acaban por abrir la posibilidad de otros vínculos y formas de amar. En un momento concreto de la obra, Circe interpela a Penélope con una afirmación que podría recordar cualquier conversación compartida entre amigas durante un desamor de alguna de ellas: le dice que si su animadversión por los hombres no puede ser vencida, no debería olvidar que “el corazón no entiende de géneros”. Le cuenta también que son muchas las mujeres que encuentran en las relaciones sáficas “las mismas delicias que en las heterosexuales”.
La intimidad que se va trenzando a través de las palabras que se dedican estas amigas y confesoras recuerda a todas esas “amigas” que la Historia Universal de las Artes y de la Literatura intentó silenciar. La investigadora y filóloga Paula Villanueva (Bilbao, 1997) aborda estos vínculos en su obra El círculo sáfico. Lesbianismo y bisexualidad del siglo XX (2024), en la que redescubre la parte de aquellas mujeres que se escribían cartas inflamadas y llenas de deseo e intenciones que, si bien no siempre llegaban a consumarse, permanecen como una evidencia del deseo, la afectividad y la amatoria entre mujeres.
Entre Penélope y Circe no hay solo confidencias: hay una revelación amorosa que cuestiona el orden establecido y que ilumina otra manera de habitar el mundo
Villanueva recuerda también algo esencial: es preciso dejar de considerar la etiqueta de “solo amigas” como un lugar inferior al de pareja o al de las relaciones orientadas al romance. Históricamente, las redes de amistad entre mujeres fueron tan importantes como las relaciones románticas y constituyeron espacios altamente significativos y poderosos por su fuerza transformadora y por su intimidad “celebratoria, amorosa y constructiva”.
Entre Penélope y Circe no hay solo confidencias: hay una revelación amorosa que cuestiona el orden establecido y que ilumina otra manera de habitar el mundo. Sus cartas, leídas en conjunto, construyen una pequeña mitología disidente: un relato que no solo reivindica la legitimidad del deseo sáfico, sino también su capacidad para desactivar los mandatos patriarcales que regían el cuerpo y la vida de las mujeres.
Circe ou o pracer do azul nos convoca a todas: a las amigas y a las amantes, a las que acompañan y a las que desean. Es una búsqueda del abrazo que calma, que acoge la desazón que la vida nos deja, y que reconoce en la relación entre mujeres un territorio de amor, deseo y revelación.
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