Las protestas multitudinarias desbaratan en Francia la estrategia del miedo de Macron

Hasta 800.000 personas, según los sindicatos, participan en otra jornada de movilizaciones en que la fuerza del número se impuso a las restricciones y las prohibiciones de manifestarse.
París 17.10 - 20
Los jóvenes siguen siendo la punta de lanza de unas movilizaciones que no cesan a pesar de la escalada represiva. Martin Barzilai

“Me pregunto cada vez más qué nos separa de una dictadura”. La directora de cine Inès Saidi resumía con estas palabras su sentimiento ante la multiplicación de medidas liberticidas durante la última semana en Francia. Eran casi las cuatro de la tarde del sábado y centenares de personas seguían llegando a la manifestación en París, a pesar de que había empezado dos horas antes en la periferia de la capital. Entre 250.000, según los sindicatos, y 110.000 personas, según el Ministerio del Interior, jóvenes la mayoría de ellas, participaron en una marea humana contra el alto coste de la vida, la precarización de los servicios públicos y las políticas neoliberales del Gobierno de Sébastien Lecornu y del presidente, Emmanuel Macron.

Cambio de recorrido en el último momento en París, prohibiciones de manifestarse en numerosas localidades, toques de queda, hasta 70.000 policías y militares en la calle… Tras el estallido social del 17 de octubre, y el dispositivo policial fallido de ese día —que contribuyó, en parte, a los disturbios más impactantes, como el incendio del Ayuntamiento de Limoges—, el Ejecutivo galo apostó por la hipertrofia en materia de seguridad. Decretó una serie de restricciones de libertades públicas sin precedentes en los últimos 20 años en el país vecino a la hora de parar un movimiento social.

Codigo: tuit

Sin embargo, las movilizaciones multitudinarias del sábado, con muchos menos incidentes que la semana anterior, fueron la mejor respuesta de esta revuelta de la juventud francesa. La marea humana, que desfiló entre la Puerta de Vincennes y la de Italia en la capital, quedó como una de las imágenes del día. Aunque las autoridades habían prohibido cualquier tipo de protesta en numerosas localidades (Lyon, Vannes, Lorient, Burdeos…), centenares de miles de personas salieron a la calle en el resto de Francia, donde hubo movilizaciones o acciones de contestación en cerca de 300 ciudades. En total, hubo entre 800.000 y 410.000 manifestantes en el conjunto del territorio galo, según se mire a las cifras dadas por los sindicatos o el Ministerio del Interior.

Según el historiador Stéphane Sirot, las medidas represivas como las impulsadas estos últimos días “no se habían visto desde la revuelta de los suburbios de 2005”

“Lo que más me sorprendió este sábado fue la importancia de la movilización. A pesar de todas las prohibiciones de manifestarse, los cambios de recorrido en el último momento y el dispositivo policial, eso no disuadió a los manifestantes. La cifra de participación resultó parecida a la del 17 de octubre, lo que nos muestra que hay un malestar profundo”, explica a El Salto el historiador Stéphane Sirot, especialista de los movimientos sociales.

Según este profesor en la Universidad de Cergy Pontoise, las medidas represivas como las impulsadas estos últimos días “no se habían visto desde la revuelta de los suburbios de 2005”, que empezó tras la muerte de los adolescentes Zyed Benna y Bouna Traoré. Entonces, las autoridades “ya aplicaron toques de queda parciales y decretaron el estado de emergencia. Pero incluso en ese momento no utilizaron un arsenal tan amplio para parar” un movimiento social, considera.

Denuncia de la pérdida de libertades públicas

“He venido a manifestarme para oponerme a la deriva fascista de mi país. Con tantas manifestaciones prohibidas, toques de queda… No paran de multiplicarse las señales de que están matando la democracia en Francia”, se quejaba Justine Teynié, de 30 años. Esta trabajadora del sector de la transición energética llevaba una pancarta en la que denunciaba “Tinieblas en el país de las luces”.

“Como Macron dijo el jueves, no querían ninguna manifestación este fin de semana, pero estamos determinados a no callarnos”, afirmaba Max, de 21 y estudiante de Matemáticas en la Universidad de la Sorbona, sobre una represión que también se vio reflejada a nivel judicial. La mayoría de los tribunales rechazó los recursos presentados por los sindicatos para oponerse a los decretos de prohibición. “Hay mucha gente que nos apoya, pero no se atreve a salir a protestar por miedo”, comentaba Ehma Hammouche, de 26 años.

Las autoridades no prohibieron todas las manifestaciones en París, pero solo permitieron la celebración de una de ellas y en un recorrido inusual, muy alejado del centro

Esta agente de seguridad, que llevaba una camiseta de la selección francesa de Zinedine Zidane, mencionaba el caso de su madre, que sufre una enfermedad respiratoria y había preferido no manifestarse este sábado por el miedo a los gases lacrimógenos. “Tengo la suerte de no sufrir demasiado a causa de la inflación, pero en mi familia hay personas, como mi abuela, a la que tenemos que ayudar económicamente para que llene la cesta del supermercado y no se vea obligada a ir a bancos de alimentos”, añadía.

“Temía que los manifestantes se dispersaran”

Las autoridades no prohibieron todas las manifestaciones en París, pero solo permitieron la celebración de una de ellas y en un recorrido inusual, muy alejado del centro. Aunque los sindicatos y el equivalente de la Delegación del Gobierno habían llegado a un acuerdo el jueves para un recorrido bastante clásico —desde la Plaza de la Bastilla a la de Nación—, las autoridades impusieron un cambio in extremis el viernes por la tarde. Después de que les denegaran un recurso contra esa decisión, las organizaciones sindicales y los partidos de izquierda pidieron que todo el mundo se reuniera en ese tramo, que parecía una humillación para los manifestantes. Pero esa decisión terminó siendo un acierto para los intereses de este movimiento social.

Salvo que el primer ministro, Lecornu, decida hacer concesiones significativas a los sindicatos de estudiantes y de trabajadores, Francia se dirige hacia una potente huelga general el 5 de noviembre

“Con el cambio en el último momento, me temía que los manifestantes se dispersaran, pero no ha sido el caso”, se felicitaba Teynié desde las primeras filas de la marcha parisina. Antes de llegar al punto de salida, las calles estaban llenas de gente y costaba avanzar. Los asistentes aplaudían en la Puerta de Italia para celebrar la participación más que notable. Varias orquestas tocaron a lo largo de la manifestación. Había gente disfrazada, bastantes jóvenes con camisetas de fútbol, algunos llevaban un chaleco amarillo. Se veían más banderas francesas que en las clásicas manifestaciones sindicales.

“Cuando uno mira la tele, tiene la sensación de que todos los manifestantes son violentos, pero eso no es cierto. Entre los 800.000, la mayoría de ellos prefiere protestar de manera pacífica”, decía Max, quien subrayaba el carácter “festivo” de las movilizaciones. Aunque los medios mainstream y las redes sociales priorizan la espectacularidad de la violencia urbana, las protestas de las últimas semanas en Francia han destacado por su carácter festivo, sin que eso excluya los disturbios. Esto también ha contribuido a su carácter viral y a la resistencia de este movimiento, que empezaron los bachilleres a finales de septiembre, luego se sumaron los universitarios en octubre, y se generalizó el día 17, aunque los jóvenes son la punta de lanza.

Hacia la huelga general del 5 de noviembre

Aunque el Gobierno confiaba en que estas movilizaciones perderían fuelle con el paso de las semanas, estas no dan por ahora ningún síntoma de fatiga. Salvo que el primer ministro, Lecornu, decida hacer concesiones significativas a los sindicatos de estudiantes y de trabajadores, Francia se dirige hacia una potente huelga general el 5 de noviembre.

Uno de los motivos de esta resiliencia está relacionado con que se han sumado distintos factores de contestación, junto con la inflación y la precariedad en los servicios públicos. También se han mezclado diferentes sentimientos políticos, como la rabia social, la indignación, pero también la solidaridad de estudiantes blancos de clase mediahacia compañeros racializados de clases populares que estudian en liceos de las banlieues (suburbios).

Los más de 12.000 arrestados en un mes se suman a los casos de varios ciudadanos que quedaron mutilados a causa de la acción policial

“Desde finales de septiembre, me indignaron los abusos policiales contra los primeros piquetes estudiantiles”, reconocía Max, sobre una dura respuesta de las fuerzas de seguridad que comportó cerca de 8.000 detenidos, la mayoría de ellos menores de edad. Esos arrestos se sumaron a los 2.900 por los hechos del 17 de octubre y los 1.314 de este sábado, en el que hubo muchos menos incidentes que la semana anterior.

Los más de 12.000 arrestados en un mes se suman a los casos de varios ciudadanos que quedaron mutilados a causa de la acción policial. Un manifestante, de 20 años, perdió el sábado varios dedos de una mano en Toulouse. Su caso es parecido al de un joven en Saint-Étienne y al de un menor de edad en Lens, que se quedó sin una mano y parte del brazo a causa de una granada policial a principios de mes. Al menos dos jóvenes perdieron la visión de un ojo y otros dos sufrieron graves heridas en ese mismo órgano debido a las intervenciones de las fuerzas de seguridad. Pese a las elevadas cifras de antidisturbios lesionados, ninguno de ellos ha sufrido heridas que les marcarán de por vida.

A los abusos policiales se ha sumado la violencia de grupos de extrema derecha, que golpearon el sábado a manifestantes en Niza y Montpellier. Estas agresiones tuvieron lugar el día después de que un hombre, que simpatiza con Adolf Hitler, sufre esquizofrenia y dijo querer “vengar a los comerciantes” que padecieron destrozos el día 17, matara a un joven e hiriera a otras cuatro personas racializadas, entre ellas una niña de 12 años, en el municipio multicultural de Trappes, cerca de París. “Ese ataque estuvo relacionado con el pésimo clima político en nuestro país desde hace años, donde los medios televisivos han normalizado los discursos racistas”, criticaba Saidi.

Este pulso social “básicamente refuerza la hipótesis de una segunda vuelta en las elecciones presidenciales de la próxima primavera entre la Francia Insumisa de Jean-Luc Mélenchon (afín a Podemos o al Frente Amplio) y la extrema derecha de Marine Le Pen”, sostiene Sirot sobre las dos Francias que se enfrentan ahora mismo. Por un lado, la parte joven, mestiza y progresista que pide una salida democratizadora de la crisis de régimen de la Quinta República. Por el otro, la escandalizada por los numerosos escaparates rotos y que considera que se deben tratar estas protestas únicamente como si fueran una “guerrilla urbana”. En medio de este duelo, Macron y Lecornu actúan como teloneros de la derecha radical.

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