Estados Unidos
La guerra se le atraganta a Trump
“Sintonice: Mañana por la noche a las 9 PM ET, el presidente Trump se dirigirá a la nación para brindar una importante actualización sobre Irán”. Con este mensaje en X, la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, anunciaba que Trump iba a dar una noticia significativa; algo que hiciese cambiar el rumbo de la agresión hacia Irán.
Se especuló con tres escenarios: una posible salida de la OTAN —con quien el habitante de la Casa Blanca no anda demasiado contento, a pesar de los esfuerzos de su secretario general, Mark Rutte, por agradar al presidente—, el fin de las hostilidades en Irán —cosa poco probable puesto que ambos gobiernos no han llegado de momento a ningún acuerdo—, o el despliegue de tropas terrestres a terreno —algo que hubiera resultado altamente impopular entre la ciudadanía estadounidense, que no acaba de entender el objetivo de esta guerra—. Además, enviar tropas terrestres sería una manera de alargar la guerra, algo que el Ejecutivo americano no desea.
En su comparecencia, Trump no dio detalles ni concretó ningún tipo de plan; algo ya habitual en el actual habitante de la Casa Blanca
Ni la primera, ni la segunda ni la tercera. El gran anuncio de Trump es que las cosas seguirán como hasta ahora hasta que él decida poner fin a la contienda. “Desde el inicio de la Operación Furia Épica, he dejado claro que continuaremos hasta alcanzar nuestros objetivos por completo. Gracias al progreso que hemos logrado, puedo afirmar esta noche que estamos en camino de completar todos los objetivos militares de Estados Unidos en breve, muy pronto. Los atacaremos con contundencia durante las próximas dos o tres semanas”, dijo el magnate durante la rueda de prensa, sin especificar fecha u otros detalles. La comparecencia fue destinada a alabar los “extraordinarios logros del ejército estadounidense”, que ha conseguido “diezmar a la armada, destrozar su fuerza aérea, eliminar sus principales líderes terroristas y desmantelar sus capacidades”. Sin embargo, no se dieron más detalles ni se concretó ningún tipo de plan; algo ya habitual en el actual habitante de la Casa Blanca.
Las pocas probabilidades de una operación terrestre
Si bien en las últimas semanas Donald Trump ha intensificado el envío de tropas que podrían llevar a cabo una incursión terrestre en Irán —los estadounidenses tienen especial interés en las islas iraníes del golfo Pérsico, especialmente la de Kharg—, lo cierto es que, de momento, no parece que esta opción se vaya a ejecutar; al menos, de manera inmediata.
En su último artículo, Trita Parsi, de origen sueco-iraní y vicepresidente ejecutivo del Quincy Institute for Responsible Statecraft, y el analista Brandon Carr ponen en duda la viabilidad de una operación terrestre. “Es improbable que las operaciones terrestres limitadas obliguen a Teherán a aceptar un alto el fuego inmediato o un acuerdo político inicial para poner fin a la guerra. Es aún menos probable que logren que el gobierno iraní reabra completamente el estrecho de Ormuz al tráfico marítimo internacional antes del cese de las hostilidades, ya que el control de Irán sobre esta vía marítima es su principal baza para forzar el fin de la guerra en condiciones favorables”, escribían hace apenas unas horas.
Parsi y Carr: “Tácticamente, es muy improbable que Estados Unidos intente un asalto anfibio tradicional contra cualquiera de las islas; los riesgos asociados lo hacen prohibitivo”
Una incursión terrestre —en las islas Abu Musa, Larak y Kharg— iría en contra de los intereses estadounidenses; en primer lugar, porque alargaría la contienda; en segundo porque resultaría económicamente mucho más costoso; y en tercer lugar porque pondría en peligro la vida de soldados, algo que le podría perjudicar enormemente a Trump de cara a las próximas elecciones de medio mandato, previstas para el mes de noviembre. Parsi y Carr, además, consideran los obstáculos tácticos y operacionales: “Tácticamente, es muy improbable que Estados Unidos intente un asalto anfibio tradicional contra cualquiera de las islas; los riesgos asociados lo hacen prohibitivo. Los misiles de crucero antibuque, los misiles balísticos y los drones submarinos iraníes podrían atacar fácilmente los buques de asalto anfibio y las lanchas de desembarco necesarios para trasladar a los Marines de barco a tierra. Esta amenaza aumentaría significativamente si Irán lograra minar una parte del estrecho”, escriben en su artículo.
Los analistas también ven problemático, en caso de una incursión terrestre, el control de las islas una vez las fuerzas estadounidenses hubieran desembarcado: “Sin fortificaciones preparadas y reforzadas que proporcionen cobertura, incluso con apoyo aéreo de buques navales cercanos, la protección de la fuerza sería un desafío enorme”. Esto haría aumentar dramáticamente las bajas, algo que no le interesa a la Casa Blanca y no garantizaría, de ningún modo, la reapertura del estrecho de Ormuz, hoy por hoy el primer objetivo de Trump. Estratégicamente, no tendría demasiado sentido.
Consciente de la importancia del lugar y las amenazas de Estados Unidos de los últimos días, Teherán ha reforzado la defensa de la isla de Kharg
La otra isla que viene ocupando titulares desde hace ya unos días es la isla de Kharg, el principal centro de exportación de crudo iraní —el 90% del petróleo del país se procesa en este enclave—. “La toma de la isla de Kharg sería considerablemente más difícil que la de Abu Musa o Larak [...] Kharg no solo se encuentra a tan solo 26 kilómetros de la costa de Irán, sino que además esta isla del Golfo Pérsico está más alejada del estrecho de Ormuz, a 660 kilómetros al noroeste y paralela a Kuwait. La ubicación de Kharg otorga a Irán una ventaja significativa para apoyar la defensa de la isla y dificultar los esfuerzos estadounidenses de reabastecimiento. Al igual que con Abu Musa y Larak, la posición de Kharg impide un asalto anfibio”, escriben Parsi y Carr en su artículo. Además, conscientes de la importancia del lugar y las amenazas de Estados Unidos de los últimos días, Teherán ha reforzado la defensa de la isla, de apenas unos 19,6 kilómetros cuadrados y entre 8.000 habitantes y 10.000 habitantes.
Por último, los analistas del Quincy Institute ponen el foco en la “altísima tolerancia al dolor de Teherán”, una tolerancia aprendida desde 1979 y a causa de la infinitud de sanciones internacionales a la que ha tenido que hacer frente el régimen. Una hipotética interrupción de sus exportaciones de petróleo debilitaría el régimen, pero no acabaría con él. “Irán ya ha superado importantes interrupciones en sus exportaciones de petróleo y ha rechazado posibles acuerdos. En 2020/21, por ejemplo, las exportaciones de crudo iraní se mantuvieron por debajo de los 250.000 barriles diarios durante varios meses (en comparación con una producción típica de más de 3 millones de barriles diarios), pero el gobierno iraní se negó a ceder ante la creciente presión. No está claro por qué Teherán cedería ahora, cuando hay mucho más en juego”, concluyen en su informe.
Por todo lo explicado, un intento de incursión terrestre en Irán por parte de las tropas estadounidenses podría resultar contraproducente a todos los niveles. Por supuesto, Irán no se quedaría de brazos cruzados e intensificaría sus ataques contra los intereses estadounidenses en el golfo Pérsico y contra Israel.
Irán, “diezmado” pero resiste la agresión
Irán, por su parte, continúa manteniendo que no se están dando negociaciones de paz y que el intercambio dialéctico entre ellos y Estados Unidos es el habitual: hay conversaciones pero no son de paz, este es el mensaje; a pesar de lo que aseguran Estados Unidos y Pakistán, erigido como país mediador. En este contexto de no avances hacia ningún lado, Teherán ha intensificado, en las últimas horas, el lanzamiento de misiles contra Israel y los intereses estadounidenses en la región. El gobierno iraní hace así oídos sordos a las amenazas de Estados Unidos —en su intervención de ayer por la noche Trump advirtió de golpear “extremadamente duro” al régimen—.
Si bien se ha producido un deterioro de las capacidades militares de Irán, lo cierto es que, de momento, la operación Furia Épica, iniciada el pasado 28 de febrero, no ha acabado con el régimen. Sí se ha terminado con la vida de dirigentes clave, como el ayatolá Jameneí o Ali Larijani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional y expresidente del Parlamento iraní entre 2008 y 2020; pero el régimen se ha ido reponiendo de las sucesivas pérdidas.
A pesar de que era una de las previsiones al inicio de la agresión, tampoco ha habido un levantamiento masivo de la población; un revulsivo interno que haya hecho tambalear al régimen, que continúa reprimiendo, al tiempo que se defiende de las agresiones de Estados Unidos e Israel, a su población.
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