Las identidades múltiples de Astrid Jones

Actriz teatral y también en la pantalla grande, además de dama del soul a pequeña escala, Astrid Jones presume de identidades múltiples, más allá de lo que digan su DNI o su vida laboral.

Astrid Jones
Astrid Jones. Álvaro Minguito

publicado
2018-04-29 06:00:00

Nacida en Madrid de origen ecuato-guineano hace 38 años, Astrid Jones es la viva demostración de que la España actual no es (sólo) blanca. Los espectadores la conocen en la gran pantalla por su papel de guerrillera del Congo en la reciente El Cuaderno de Sara y antes en ese interesantísimo experimento plano-secuencia de Joaquín Oristrell llamado Hablar, sobre la precariedad de la vida en Lavapiés, en el papel de la peluquera explotada. Hasta tuvo un papelito en Águila Roja y ahora está a la espera del estreno del corto Al amar.

Pero donde más ha calado su fuerza interpretativa ha sido en el teatro, haciendo de soñadora compañera de Samba Martine en el CIE de Aluche, en el conmovedor Un trozo invisible de este mundo de Juan Diego Botto, o encarnando a la dama de rojo en el drama coral poético Para nenas negras que han considerado el suicidio… del Off-Broadway de los 70, que acaban de presentar hace nada en Guinea Ecuatorial. En paralelo, los aficionados a la música la conocen sobre todo por su carrera profesional como dama soul con los Blue Flaps en el circuito madrileño, en el que hace poco intervino en el tributo a Aretha Franklin del Festival Madrid es Negro. 

Pero con ese nombre real suyo que suena a seudónimo tan blaxploitation, esta admiradora declarada de la primera época de Erykah Badu no es una cara bonita que se presta sin más a la cuota de diversidad que parece abrirse paso tímidamente en nuestras pantallas. Habitual de actos solidarios, incluidos alguno de Podemos y Black View, esta diplomada en ciencias empresariales y licenciada en investigación y técnicas de mercados, elige con tino sus apariciones públicas, maneja un discurso sólido pero mesurado sobre la discriminación de la población negra en España y no renuncia a su libertad personal y creativa en su país de nacimiento, donde tanto nos cuesta aceptar la diversidad. Justo antes de viajar a África, charlamos con ella en un acto de Podemos sobre feminismos, respecto a su identidad múltiple como artista y persona, como le gusta decir. 

Viendo lo emocionales que son tus personajes, sobre todo en teatro, ¿qué te han aportado y qué les has dado tú a ellos? 
En el caso de Un trozo invisible, la verdad es que cuando hice la prueba, en cuanto leí el texto para el casting me dije, yo quiero hacer esto. Porque además de que está muy bien escrito por Juan Diego Botto, y tuve un director maravilloso como Sergio Peris Mencheta (él construyó ese universo y me ayudó a navegar por él), consideré qué quería contar por eso porque me parece que son realidades que pocas veces tienen la oportunidad de ser contadas con esa sensibilidad y con ese acierto, y tuve la suerte de que además me seleccionasen para representar ese papel.

Son realidades con las que una está sensibilizada. A ver, yo soy española, he nacido en Madrid, pero eso no quita que sigo siendo una mujer negra en España, en un país europeo, y eso me hace empatizar con determinadas realidades que, aunque no haya vivido, puedo imaginarme como pueden ser. Lo que hay de mí en ese personaje de Un trozo invisible es esa empatía por lo que puede sentir una mujer negra recién llegada a España que tiene que atravesar por determinadas situaciones que en la vida pudo imaginar, y también las ganas de denunciar y visibilizar determinadas cosas que están pasando y que cesen los estereotipos a la hora de referirse a las personas negras y las personas racializadas empecemos a hablar de nuestras realidades desde el conocimiento de lo que supone ser negro en un país europeo compartiendo cuales son nuestras inquietudes, pero también todas las cosas positivas que supone ser una persona que vive entre dos realidades culturales y el enriquecimiento que eso supone. 

En cuanto a Para nenas negras…, todos los personajes son importantes, no destacaría a ninguno sobre otro. Era un proyecto muy específico por varias razones, primero porque es la primera vez que se junta en teatro en España a siete actrices negras, pero cada una de esas actrices procede de un origen diferente de la diáspora, bueno aunque había en el reparto dos actrices cubanas, Iliuska Rodríguez y Cary Rosa Varona, que hizo la música conmigo.

Pero además porque cada una de ellas representa un realidad diferente, y eso es muy enriquecedor, que estemos hablando de una realidad concreta que es la que enmarcaba Ntozake Shange en cada uno de sus poemas, pero al mismo tiempo hablando de una universalidad, a través de la perspectiva de género, que es el periplo de las mujeres en su día a día, cuáles son sus sentimientos, contra qué están luchando, sus historias personales, sus amores y desamores, sus preocupaciones, las cosas que atentan contra ellas, y las cosas que les hacen fuertes y les sirven para empoderarse. Entonces, a mí lo que me ha aportado es enriquecimiento cultural, porque la obra está llena de alusiones culturales de todo tipo, aunque sean afroamericanas, pero a nosotras nos ha servido para contextualizarnos en una realidad que tiene que ver con lo que tiene ser negra en un país “occidental” y para posicionarnos artísticamente en un tipo de papeles a día de hoy es muy difícil que se nos den en España.

Esa influencia cultural afroamericana que se cita en Para nenas negras… coincide de alguna forma con tus referencias musicales, aunque sean de otra generación, como dama “soul” en tu carrera como cantante con los Blue Flaps, con los que ya estás preparando tu segundo álbum. Como intérprete de todos esos códigos puramente norteamericanos, pero habiendo nacido aquí con origen ecuatoguineano, ¿cómo puedes decodificar en España esas referencias de raíz que son tan específicas por mucho que se hayan universalizado después como producto de consumo, para encajarlas con una realidad nuestra que en principio es tan distinta?
A ver, la música es un terreno de comunicación. Y creo que nosotros, como artistas, tenemos esa capacidad de volcar mensajes, pero en el momento que lo volcamos y lo compartimos con otras personas, ya no es responsabilidad nuestra lo que pase con ellos. Entonces está claro que la música afroamericana tiene una raíz y una razón de ser, y circunstancialmente ha ido evolucionando en función de la etapa histórica por la que ha ido pasando. Pero luego, en el momento en que se ha volcado al mundo, otros han cogido y han absorbido de ahí lo que les ha llegado y lo que les ha movido para generar otras cosas. Entonces yo canto música afro-americana pero está claro, yo no conozco todos los códigos, ni todas las relaciones, ni cómo se han generado todas esas cosas, porque no le he vivido. Yo no soy afroamericana, en todo caso soy afroespañola. Entonces para mí esa música ha sido un referente para poder hacer lo que yo hago, como una especie de homenaje a algo que a mi me ha despertado querer hacer lo que hago. A mí se me ha dado un mensaje desde esa música, que yo he recibido y he transformado como he podido. Y eso es lo que hago. Por eso hay una parte de universalidad en el arte, que tiene que ver conque al final todos somos personas, y que se establece una comunicación más allá de los códigos iniciales que lo generaron.

Es una comunicación que tiene que ver con esa conexión que nos hace ver que somos como el otro que tenemos en frente. Y por eso creo que en el caso de la obra Para nenas negras… va a haber algunas cosas como los referentes históricos que son totalmente circunstanciales, que van a poder sonar un poco lejanas, pero sí que hay otras cosas, que tienen que ver con la emoción, como por ejemplo como se siente una mujer enamorada o en el desamor, que son totalmente universales, donde sí se van a sentir identificadas.

¿Empieza a haber un tejido cultural público con acceso por fin a las personas de piel negra, al menos en Madrid, porque al menos tú, apareces continuamente en eventos solidarios relacionados con la africanidad, sean de Podemos o de otros colectivos como Black View?
Yo siempre he tenido mucho interés por todos los espacios de debate de la diáspora, donde se han tratado asuntos de la africanía y la afrodescendencia. Y creo que eso mismo es lo que me hace estar presente y que la gente contacte conmigo, simplemente porque me hago visible en esos espacios, porque a mí me interesa saber lo que se dice en esos espacios y me interesa su visibilización, y me parecen necesarios y siempre que puedo asistir, asisto. Otra cosa es que sea militante, que no me considero tanto, más bien simplemente una persona más que participa de esos espacios.

Por otra parte, en realidad no creo haya más acceso a los espacios públicos ahora. Lo que sí creo es que sí hay una apertura de miras mayor ahora y que el espacio cultural está considerando más la participación de personas negras, pero al mismo tiempo lo más importante que está sucediendo es que nosotros mismos estamos tomando la responsabilidad de generar esos espacios propios y de sembrar esas cosas porque es necesario, porque ese sitio que estamos reclamando no nos lo va a dar nadie más que nosotros mismos.

Ya que estamos en la reivindicación de espacios propios, me gustó mucho aquello que contaste en cierta ocasión sobre las Identidades asesinas de Amin Maalouf y eso de “lo que me hace ser yo mismo, y no otro, es que estoy a caballo entre dos países, entre dos o tres lenguas, entre varias tradiciones culturales. Esa es mi identidad”. La búsqueda de la propia identidad se repite en muchas biografías de afro-españoles de origen ecuato-guineano. En tu caso, ¿tu viaje de búsqueda se ha terminado o se construye día a día?
Hombre, el tema de la identidad es un viaje que termina, el día que termina tu vida, creo. No tiene un fin, porque es un viaje que es cambiante, que es flexible, que tiene que ver con las experiencias que tienes, con las personas que te vas encontrando, con las situaciones que vas viviendo, y con entender el mundo y entenderte a ti misma. No es un viaje que tenga una fecha de caducidad o un tope que digas: ¡ya he descubierto mi identidad!, porque la identidad es cambiante y totalmente en función de lo que vas experimentando. Y a lo largo de mi vida yo he sentido que mi identidad y mi concepción de ella ha sido muy variable, que de repente pensaba una cosa y al día siguiente en función de lo que había experimentado y los puntos de vista que me habían aportado las personas que me había ido encontrando, he ido cambiando. Entonces, para mí, descubrir ese libro y esa frase, fue una forma de condensar todo lo que había sido y sentido a lo largo de mi vida y decirlo clarísimamente en una frase. O sea, una identidad múltiple como mujer, española y a la vez ndowe (etnia de Guinea Ecuatorial), es lo que creo que me representa por encima de cualquier otra cosa.

Pero el sello de esa identidad múltiple que dices te representa, ¿está presente en tu carrera por elección propia o por puro casting de diversidad? ¿Cómo se construye una carrera como actriz y músico sin perder esa identidad, sobre todo en el cine, donde las agencias de casting funcionan casi como una mafia?
A ver, lo primero que hay que tener en cuenta es que la profesión de actriz es muy complicada, y en circuitos comerciales mucho más. Más allá de ser una persona racializada o no, que de repente accede a esos circuitos, existe una enorme dificultad de acceso en general que depende de demasiados filtros. Pero en el arte de masas hay además una gran tendencia a estereotipar a las personas racializadas y muchas veces que se necesita un personaje de raza negra, tiende a ser un personaje encasillado en temas de prostitución, delincuencia, de inmigración y todo eso. Cuando estás visible dentro de este entorno comercial es cuando la gente va a acudir a ti porque eres la cara visible de ese momento. No tiene más.

Pero eso me lleva a pensar en Black View, Limbo… ¿El sueño de la autogestión al margen de la industria blanca audiovisual es posible en España, como ese proyecto del Colectivo Limbo de llevar a cabo una serie cómica al estilo Modern family pero solo con personajes negros aquí, que no sé si conseguirán llevar a cabo?
Yo creo que existe una necesidad de que exista ese espacio y se está generando. Y va a ser una cosa inevitable. Cada vez somos más conscientes de que lo necesitamos porque nadie va a hablar ni escribir mejor de mí que yo misma. Entonces, cada vez hay más y mejores profesionales dentro del cine, del teatro, de todos los campos artísticos que lo reclaman y que sienten la necesidad de expresar lo que ellos son desde su propia mirada, no desde una mirada ajena que les desdibuja y que no es justa con su realidad ni van a profundizar en todo lo que tienen que decir. Lo que se plantea también desde Black View es que siempre hemos estado pidiendo permiso, y ya no vamos a pedirlo más, ni esperar que nadie nos abra la puerta. Lo que estamos diciendo es que estamos aquí, y venimos a visibilizarnos como personas que estamos aquí y que empezamos a trabajar como artistas que somos, aportando nuestra visión del mundo. Lo de la cuota de pantalla también es interesante valorarlo. En otros países se está haciendo, y creo que es interesante porque España siempre ha sido una sociedad diversa racial y culturalmente y no tiene sentido seguir invisibilizando eso.

Pero si Omar Sy puede ser un artista supertaquillero en Francia y vende todo lo que vende, ¿por qué no puede haber protagonistas negros españoles en todas las artes y el audiovisual aquí?
Bueno, eso tiene que ver un poco con la raíz cultural y cómo España afronta su diversidad cultural y racial a lo largo de la historia. España no es Francia. Ha negado su vinculación con África y lo sigue haciendo, ahí sigue su pasado sin resolver con Guinea Ecuatorial y con el Sáhara y hay que tener en cuenta todo eso. Mi posición es que yo intento hacer lo que creo que tengo que hacer, y no tengo la sensación de que tenga que pedir permiso, sino que lo que tengo que hacer es aportar mi granito de arena que le sirva a otras muchas personas para que se unan y puedan expresar por sí mismas la particularidad de su realidad, que es lo que yo intento con mi arte.

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