publicado
2018-10-10 16:50:00

Secretas y tipos sospechosos a patadas en cada esquina y callejón, dos helicópteros grabándonos la nuca. Nosotros, con las lupas de sol, nos cuesta un poco saber quién es amigo o enemigo entre tanto disfraz. Hay mani de maderos y una fiesta Holi hindú para recibirles. Ya hacía demasiados meses que el procés no nos daba alegría alguna.

Esta temporada de otoño, el oscuro vuelve a ponerse de moda

Mientras en plaça Sant Jaume los indepes mágicos cantaban a los presos, leían poesía y comían butifarra, chavales y puretas marchosos avanzaban posiciones hasta la Via Laietana. Se acampó la noche antes para impedir que un sindicato de chusma policial llegase a tomar el centro de la ciudad, pero, en aquel momento, lo importante era tomar la iniciativa. Por eso se llevó el frente ahí donde los malos iban a llegar, aunque un cordón de tropecientos mossos separase a la muchedumbre de un enfrentamiento seguro. La peña está infinitamente cabreada y eso se ve. Un cincuentón subido a un poste invoca a su exconseller vociferando cual predicador evangelista. Otros posesos hacen un concurso de escupitajos contra la línea policial y la multitud canta els Segadors con las bocas abiertas y la solemnidad de ir al matadero. La emoción nos puede y acabamos cantando también desafinados, pero es que la imagen de un campesino cortando cuellos nobles nos excita más de lo que querríamos reconocer. Esta temporada de otoño, el oscuro vuelve a ponerse de moda, seguramente por eso que dijo Puigdemont de que siente una pulsión anarquista.Suena una traca y al instante vuelan polvos multicolor por todas partes, y varios extintores disparan pintura al aire, aunque principalmente hacia los mossos. Las imágenes hablan por sí solas. Como los arqueros de Ramsey en Juego de Tronos, el bombardeo masivo y simultáneo multiplicó el daño, aunque no se pudiera evitar que el fuego amigo masacrara a muchos colegas. La nube Bollywood duró lo suficiente como para caldear el ambiente y humillarlos hasta el punto de dejar de temerlos. Una madera enguarrada aporreó por rabieta un par de veces, pero para entonces la gente ya se iba gritando alegremente "Anem a les Rambles" esquivando al obstáculo al que acababan de barnizar. A señores sobresaltados de paso ágil y bandas de boyscouts apresurados, se les juntó la gente harta de freírse democráticamente bajo el sol del mediodía.

La defección de las fuerzas del orden es uno de los elementos cruciales para el triunfo de una insurrección, junto a la movilización de las masas

Atravesamos el paseo central de Las Ramblas ante guiris embobados que graban la marcha barcelonesa. Alguna cámara cae accidentalmente al arcén. Llegamos a Canaletes, ¿y quién nos espera? Jordi Arasa, el sheriff del condado dando la cara, delante de sus veinte ARROs listos para abrir cabezas con la impunidad reglamentaria. Nuestro retraso les permite llamar refuerzos y en no mucho llegan cuatro lecheras de la BRIMO con sus siete agentes por furgón aún pintados. Hemos dudado demasiado y ya es tarde para un envite hacia adelante. Somos 200 semi-determinados contra 50 cazurros. Vuelan las primeras botellas, patadas y amagos de carga. En esas llegan 20 bomberos que se colocan entre la gente y los mossos, cogiéndose de los brazos. Nos sentimos más potentes con ese ariete rojo fluorescente.

Y como era de esperar, al empujarlos un poco se rallan y gritan "¡Sólo hay que demostrar pacíficamente que la calle es nuestra!" y una chica les responde "¡Pues no haberos puesto ahí!". Lógica aplastante. Al rato ya éramos 400 y bastó con que alguien contara hasta tres para lanzar la ofensiva definitiva. Tres hileras de mossos empujando a unos bomberos a los que no se atrevían a pegar. Retroceden unos metros, seguimos avanzando pero el achuchón es tal que nuestra vanguardia cae al suelo pisoteada. Una samanta de porrazos nos echa para atrás con mucho esfuerzo por su parte. Los bomberos también reciben hostias y se retiran por mucho que el cuerpo les pidiera quedarse. Algo cambió después de ser apalizados por sus propios compañeros de interior. La defección de las fuerzas del orden es uno de los elementos cruciales para el triunfo de una insurrección, junto a la movilización de las masas.

Pero será mejor irse a buscar otra brecha. Vamos a piñón fijo por calle Tallers hasta Pelai, pasma, seguimos hasta Bergara. Ahí sólo hay dos furgones y 30 brimos bastante empanados con pinta de novatos. Una gran columna de peña agitada llega corriendo sin querer retardarse demasiado. Dentro de ella, un nutrido grupo de chicas de instituto sacude a los que titubean cantando "La próxima visita, la farem amb dinamita!". No hace falta esperar más de un minuto para otra nueva intentona de perforar el cordón entonando el "A por eeellooos, ooeeee!". Chorrazos de pintura acrílica, palos de bandera a modo de lanza, tatuajes del Barça y polos skinhead, señores canosos sudando el Buff que les cubre el jeto, hostias como panes y un par de maderos apuntándonos a los ojos con sus escopetas. Sentada de respuesta al grito de: "El processisme, és un error!".

Lo más curioso es que en 2011 ya ganamos la plaza Catalunya y ahora hemos vuelto a echar a la pasma de ella. Y también en 2011 rodeamos el Parlament y el lunes pasado una turba casi lo ocupa

El arrojo y la audacia estaban más presentes que nunca. A estas alturas de la peli ya no vamos a gastar saliva discutiendo si los indepes son niños de papá. Son los hijos de octubre y saben lo que hacen. Si un año atrás la lectura de los frentes fue Votar vs Represión, el sábado fue Calle vs Policía. Ahí estaba todo el mundo que odia a esos desgraciados desde lo más profundo de su ser, y lo que más se coreaba era: "Vosaltres també sou forces d'ocupació!" y "Els carrers seran sempre nostres!", lema nacido el 2016 en Gràcia bajo las llamas del Banc Expropiat. Da igual si peleas por un barrio o un sentimiento de país, se trata de poner el cuerpo en situaciones obvias.