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22 luchas | Capítulo III: Derribando los muros de las prisiones
Aunque ahora mismo no nos lo parezca, el actual sistema penitenciario e, incluso, la antigua inquisición, fueron concebidos como avances en como se trataba a los reos, pero no nos podemos olvidar de que, antes de la inquisición bastaba con la mera acusación de brujería para que la encausada terminara en la hoguera y antes de las actuales prisiones, lo que había eran galeras y horcas.
Así que sí, la historia nos dice que en esto también hemos evolucionado, que somos más civilizados en el trato que damos a quienes cometen hechos que “rompen la convivencia”.
Pero eso solo nos debe servir para saber que la humanidad es capaz de evolucionar, que las sociedades son capaces de mejorar las condiciones de vida de las personas que en ellas viven.
Nelson Mandela dijo que nadie conoce realmente a una nación hasta haber visitado sus cárceles y Dostoyevski que «El grado de civilización de una sociedad se mide por el trato que da a sus presos» y parece que mirados en ese espejo no salimos demasiado bien reflejados todavía.
Pero es que no es solo una cuestión de humanismo hacia las personas presas: una sociedad que elige el castigo como única respuesta a la solución de los conflictos está condenada, no solo a no solucionarlos nunca, si no a engordarlos de manera infinita.
Para hablar con ello contamos con Ignacio González Sánchez, profesor de Criminología, de la Universidad de Girona. Y a Andoni y Leire, de la Asociación anticarcelaria y antipunitivista Salhaketa Nafarroa , que participa en el Observatorio de la Realidad Penitenciaria de Navarra
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