Filosofía
El oscuro goce de la Cosa-Nación

La nación no es únicamente un conjunto de individuos con unas características o valores comunes determinables de forma objetiva, sino que forma parte de una estructura libidinal basada en el acceso al goce de “la Cosa” y el miedo al robo del mismo por parte del otro.

El Kraken
El Kraken. Imagen de Edgar Etherington Wikimedia Commons
Profesor de Filosofía, Universidad de Zaragoza

publicado
2018-05-11 10:00

Los principales acontecimientos políticos ocurridos durante el último año en la Península Ibérica, marcados especialmente por el referéndum de autodeterminación de Cataluña, han vuelto a poner en cuestión la capacidad del concepto de nación para adecuarse a la realidad política en las sociedades actuales, caracterizadas por un nivel de heterogeneidad y complejidad mucho mayor que cualquiera de las pasadas. Mientras que una parte del espectro político apuesta por el concepto de populismo y el proyecto de “construir pueblo” como alternativa al concepto de nación, la otra continúa enfocando el conflicto actual como subsumible, positiva o negativamente y a diferentes escalas (regional o estatal), bajo el espectro del nacionalismo y el derecho a la autodeterminación de las naciones.

GENEALOGÍA DE UN CONCEPTO

A raíz de la publicación en 1789 por parte del abate Sieyès de su famoso panfleto ¿Qué es el Tercer Estado?, la nación se convirtió en uno de los conceptos jurídicos más empleados con el que identificar al nuevo sujeto político, concebido como el conjunto de los ciudadanos de un país con independencia de su clase o estamento social. Si bien el término era conocido y empleado desde antiguo, con anterioridad a la Revolución Francesa era utilizado desde un punto de vista genético como aquel conjunto de individuos unidos por lazos de parentesco que habitaban un determinado territorio, reservándose el concepto de pueblo para identificar al sujeto político en cuanto tal.

Una vez que los Estados-Nación se articularon como proyectos de unificación y homogeneización cultural al servicio de la nación dominante, el marxismo de la 2º Internacional tuvo uno de los principales desacuerdos que marcaron gran parte de la ideología política del siglo XX. Por una parte, Rosa Luxemburgo mantenía que el desarrollo de las grandes potencias capitalistas y el imperialismo hacía ilusorio el derecho a la autodeterminación de las pequeñas naciones, pues reconocer tal derecho equivaldría a apoyar el nacionalismo burgués en las naciones oprimidas. Por el contrario, Lenin opinaba que “negar en el Estado capitalista la libertad de autodeterminación, es decir, de separación de las naciones, no significa otra cosa que defender los privilegios de la nación dominante y de los procedimientos policíacos de administración, en detrimento de los democráticos”. Si la estrategia última era derrocar el capitalismo imperialista de los Estados-Nación, todo acto de debilitamiento de los mismos tenía que ser indefectiblemente apoyado. De este modo, el nacionalismo era valorado por Lenin no por sí mismo sino como medio de fomentar el independentismo y la fractura de la unidad política de las principales potencias económicas en una situación determinada.

Una aproximación objetivista al concepto de nación no es capaz de explicar la identificación simbólica de los individuos ni su posible devenir fascista.
En ambos casos, la nación era concebida como un concepto político típicamente burgués que postulaba como un todo universal lo que en realidad únicamente era la parte dominante (propietarios, varones, blancos) del conjunto social. Es decir, que el sujeto-nación podía ser conceptualizado como un conjunto de individuos con unas características objetivas finitas y fácilmente identificables, pasando de este modo a funcionar como una categoría objetiva de clasificación social. El problema con dicha aproximación es que no logra explicar el funcionamiento subjetivo del concepto nación –esto es, el hacerse sujeto político de los individuos que se posicionan como miembros efectivos de una nación– ni, lo que es más importante, su devenir fascista.

EL ROBO DEL GOCE

Según Žižek, el elemento que mantiene unida a una nación no puede reducirse a un simple conjunto de valores o características objetivas que en teoría definirían la identidad nacional. El punto clave del proceso de subjetivación radicaría en una relación libidinal que se establece con lo que Žižek denomina “la Cosa-Nación”, concebida como una relación de goce (jouissance) accesible únicamente a aquellos que se identifican con ella y que los otros no la pueden comprender a pesar de que la amenazan constantemente. La paradoja básica es que “concebimos nuestra Cosa como algo inaccesible al otro y al mismo tiempo amenazado por él”.

Ahora bien, si el otro concebido como “el elemento extraño” amenaza nuestro goce de la Cosa-Nación no es simplemente porque creemos que la desean, sino porque en lo más profundo de nuestra estructura libidinal siempre creemos que de algún modo u otro ya han accedido a ella, y en mucho mayor grado que nosotros: “Lo que nos ‘molesta’ en el ‘otro’ es que parece gozar de una relación privilegiada con el objeto”, razón por la cual proliferan las diferentes fantasías sobre sus oscuros contactos sociales (relación privilegiada con la Cosa-económica), las conspiraciones secretas (relación privilegiada con la Cosa-política) y desde luego sobre su mayor placer o goce con el objeto de nuestras propias fantasías (relación privilegiada con la Cosa-sexo).

El concepto nación ha pasado a funcionar según la lógica libidinal del capitalismo tardío marcada por el miedo al robo del goce y el imperativo superyoico: ¡goza!
La primera consecuencia sociosimbólica provocada por esta estructura psíquica del “robo del goce” sería la identificación de un sector de la población (el extranjero, el negro, el judío, el homosexual, la mujer, el zombi o el infectado –por el VIH, el gen rojo o incluso el demonio–) cuya eliminación sería la única forma posible de poder garantizar un acceso al Goce de forma ordenada y armónica para todos los individuos que comparten la identificación simbólica con la misma Cosa-Nación. Además, esta identificación del elemento extraño operaría siempre mediante un efecto retroactivo de lenguaje que no percibimos, y que Žižek lo sintetiza en tres sencillos pasos utilizando el caso paradigmático del judío:

1) En primer lugar, la serie de marcadores que designan las propiedades del objeto a describir son abreviadas en un determinado significante: Avaro, aprovechador, conspirador, sucio => judío.

2) A continuación invertimos el orden y explicamos el significante judío a partir de la serie de descriptores, de modo que se da respuesta a la pregunta ¿qué significa judío?: Judío => Avaro, aprovechador, conspirador, sucio.

3) Por último, invertimos el orden nuevamente y postulamos el significante judío como abreviación reflexiva de la serie: Avaro, aprovechador, conspirador, sucio => judío.

La respuesta a la pregunta de cuál sería la diferencia que se ha producido entre 1) y 3) radica en que en la última el significante judío “explica la misma serie que abrevia” de modo que “un conjunto de individuos no sólo pasa por judíos porque presentan una serie de propiedades, sino que además tienen esta serie de propiedades porque son judíos”. Según Žižek, no existe relación libidinal con la Cosa-Nación que no conlleve siempre la identificación de un elemento extraño a eliminar producido a través de este efecto retroactivo del lenguaje. Es por ello que en unas sociedades cada vez más complejas y heterogéneas, deberíamos comenzar a repensar el funcionamiento libidinal de las categorías con las que configuramos nuestras identidades políticas sin tener que renunciar por ello ni a la autodeterminación ni a la independencia susceptibles de provocar, tal como creía Lenin, la fractura del poder dominante en una situación determinada.

Sobre este blog
La filosofía se sitúa en un contexto en el que el poder ha buscado imponerse incluso en los elementos más básicos de nuestro pensamiento, de nuestras subjetividades, expulsando así de nuestro campo de visión propuestas teóricas y prácticas diversas que no son peores ni menos interesantes sino ajenas o directamente contrarias a los intereses del sistema dominante.

En este blog trataremos de entender los acontecimientos del presente surcando –en ocasiones a contracorriente– la historia de la filosofía, con el objetivo de poner al descubierto los mecanismos que utiliza el poder para evitar cualquier tipo de cambio o de alternativa en la sociedad. Pero también de producir lo que Deleuze llamó líneas de fuga, movimientos concretos tanto del presente como del pasado que, escapando del espacio de influencia del poder, trazan caminos hacia otros mundos posibles.
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8 Comentarios
Anonimander 16:23 16/5/2018

¿Cuál es la diferencia entre libidinal y libidinoso? ¿Qué sesgo semántico pretende el uso de ese término ? No he podido pasar del titular sencillamente por esto, me parece un manejo eufemístico deshonesto. Palabras, eso de lo que está construido nuestro pensamiento.

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#16730 19:35 20/5/2018

Libidinal no es un eufemismo de libidinoso. Más bien libidinoso es un empleo moralista y victoriano de libidinal. https://es.wikipedia.org/wiki/Libido

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#16015 18:46 13/5/2018

Es un artículo de filosofía, no periodístico. Cuesta entenderlo a la primera y, desde luego, no es un conjunto de ideas que mete el tema catalán y pasa Hasta por los judíos. El recorrido está justificado (se puede estar de acuerdo o no) y está bien tener este tipo de artículos en el periódico, donde hay otros más accesibles.

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#15988 10:55 13/5/2018

Utilizar un lenguaje más accesible para la mayoría os proporcionaría más lectores. No nos engañemos, el nivel cultural de la mayoría no alcanza para entender este tipo de artículos. Si queremos cambios hay que educar a la gente a través de un lenguaje que entendamos todxs. Saludos.

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Tu concepto 10:19 13/5/2018

Texto de rata de biblioteca, que va mezclando conceptos y ideas: de este modo introduce el tema catalan y acaba hablando de judios y nazismo. ¿Donde esta la bolita? Hay personas que han pasado tanto tiempo perdidos entre libros de història que ya ni saben distinguirla de la realidad.

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#34542 8:32 21/5/2019

La introducción de los judíos en el texto no viene a satisfacer ninguna comparativa histórica, sino simplemente a ejemplificar de qué manera adaptamos el lenguaje para refrendar nuestras intuiciones más íntimas de la moral/política.

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#15928 19:23 11/5/2018

De verdad que a veces me superan. Mi paso por la universidad parece que no sirvió de mucho para poder entender artículos periodísticos... Un saludo, y a seguir con energía con el proyecto e intenten bajar un poquito el lenguaje por favor.

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#15960 14:24 12/5/2018

¿Bajar el lenguaje? ¿En formato papel? ¿Descargarlo en formato digital?

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