Automatización del trabajo y proletariado inmaterial

El sujeto político de una determinada fase histórica debería construirse a partir de un análisis de la organización capitalista del trabajo en dicha fase, y no desde una postura de voluntarismo político basada en la tradición de las luchas efectivas en épocas anteriores.

Esquema de las 4 Revoluciones Industriales según Christoph Roser
Esquema de las 4 Revoluciones Industriales según Christoph Roser. https://www.allaboutlean.com/ Christoph Roser
Profesor de Ingeniería Mecánica y Profesor de Filosofía. Universidad de Zaragoza

publicado
2018-04-10 09:30:00

Uno de los principios clave del operaismo italiano fue relacionar el análisis objetivo de la organización del trabajo con la formación de la subjetividad obrera de forma bidireccional, de modo que “con cada transformación de la composición técnica del trabajo, los trabajadores utilizan los medios a su disposición para inventar nuevas formas de revuelta y de autonomía respecto al capital y, en respuesta a esto, el capital se ve forzado a reestructurar las bases de producción, explotación y control, transformando de nuevo la composición técnica”.

CRISIS DE LA LEY DEL VALOR

Durante las dos primeras revoluciones industriales la cooperación obrera en la fábrica se reducía básicamente a la coordinación de tareas manuales simples dentro de un sistema mecánico predefinido, en el que cada individuo era intercambiable y ejercía únicamente las tareas que la técnica mecánica de la época no estaba en condiciones de realizar por sí misma. La cooperación se limitaba a representar una especie de coreografía previamente diseñada por la dirección técnica de las plantas de producción. Con el desarrollo de la Tercera y Cuarta Revoluciones Industriales, dicha forma de trabajo dejó de ser hegemónica. Debido a la progresiva automatización del trabajo mecánico el ámbito hegemónico de la producción de valor pasó a ser el trabajo inmaterial. Esto es, la producción de conocimiento, o I+D+i. En este caso la cooperación necesaria para la producción de valor ya no reside en la mera repetición de actos dentro de un sistema formal cerrado diseñado previamente, sino que lo que interesa producir antes que nada son nuevos sistemas automatizables cuya ejecución material pueda ser realizada sin necesidad de intervención humana. Ahora bien, la producción inmaterial es siempre una producción social, abierta, informal y creativa cuyo principal material –el lenguaje– es uno de los bienes comunes por excelencia imposible de ser producido exclusivamente de modo individual y sin interacciones afectivas. Lenguaje y conocimiento son intrínsecamente intersubjetivos.

La producción inmaterial es siempre una producción social, abierta, informal y creativa cuyo principal material –el lenguaje– es uno de los bienes comunes por excelencia imposible de ser producido de modo exclusivamente individual
El valor producido por este tipo de trabajo no es posible medirlo a partir de la simple suma aritmética de horas de trabajo empleadas por cada uno de los implicados en el proceso de producción. La ley del valor expuesta por Marx en el Libro I de El capital que explicaba el beneficio capitalista –la relación de explotación– “como relación entre tiempo de trabajo necesario y plustrabajo” ha entrado en crisis. En el trabajo inmaterial la explotación laboral no puede medirse como exceso de plustrabajo respecto al trabajo necesario, sino como simple dominio y usurpación del valor producido por parte de cualquier tipo de gestor no directamente productivo. Además, la producción de conocimiento no es algo que hagamos únicamente durante nuestro horario de trabajo. El lenguaje, al igual que cualquier otro de los comunes (materiales o inmateriales) es algo que co-producimos a escala ecológica (hábitat) por el mero hecho de vivir, razón por la cual es imposible distinguir entre tiempo de trabajo y tiempo de ocio o descanso. Según Negri, una vez dentro de la Cuarta Revolución Industrial, el principio marxista de fundamentar la propiedad del valor producido en el trabajo no puede continuar siendo entendido como la lucha por un “salario justo” desde un punto de vista individual, sino que el objetivo último de dicha lucha –el empoderamiento de los productores– únicamente puede hacerse ya como Renta Básica Universal, esto es, como “un salario social y un ingreso garantizado para todos”.

REDEFINICIÓN DE LA LUCHA HEGEMÓNICA

Un ejemplo de este cambio de paradigma lo encontramos en las transformaciones experimentadas por las luchas obreras en las empresas que han implementando más intensamente la automatización del trabajo. Los días 21 y 22 de marzo, la planta de Amazon en San Fernando de Henares (Madrid) vivió la primera huelga de esta empresa en España. Mientras que las huelgas previas a la Tercera Revolución Industrial fueron siempre huelgas autónomas de desgaste crónico y paralización exclusiva de la fuerza de trabajo humana empleada directamente por la fábrica, la huelga de los días 21 y 22 mostró en mucha mayor medida su dependencia con el resto de ámbitos de la sociedad, siendo sintomática la llamada realizada por la plantilla de Amazon-Madrid animando al conjunto de los ciudadanos a realizar un boicot a las compras a través de Amazon desde el día 14 de marzo hasta la finalización de la huelga. Esta progresiva pérdida de autonomía del ámbito laboral como separado del resto de dimensiones de la vida social no sería sino un síntoma más de la ascensión de un nuevo sujeto político hegemónico que, debido precisamente a la integración de las nuevas tecnologías en su propia constitución, ha devenido mucho más flexible, informe y cambiante, y que Negri denomina multitud. Un sujeto múltiple capaz de autovalorizarse de forma autónoma mediante su propio trabajo cooperativo, sin necesidad de recurrir a organizaciones formales preestablecidas tanto en lo económico (sindicato) como en lo político (Partido).

Deberíamos empezar a analizar el nuevo proyecto de dominio de la producción inmaterial que el capital está llevando a término mediante el desarrollo de la Inteligencia Artificial y la Industria 5.0
Mientras que en la Primera Revolución Industrial, la forma hegemónica de lucha obrera “era simplemente interrupción de la continuidad del poder de los patrones” mediante el uso de la revuelta, en la Segunda, con el leninismo, “la gestión directa del poder se concibió como alternativa al poder de mando de los patrones”. Por su parte, mientras que en la Tercera la batalla se centró, ya a nivel social, en la lucha contra la privatización de los servicios públicos garantizados por un Estado capitalista, en la Cuarta debería empezar a pensar cómo aprovechar la eliminación del trabajo físico promovida por la automatización, empleando toda la energía psíquica y creativa liberada para organizar un sistema de libre acceso a los medios de producción del conocimiento, garantizando dicho acceso con una Renta Básica Universal autoorganizada internacionalmente.

Desde luego, todo ello no quiere decir que haya que abandonar a su suerte a una gran parte de la población que todavía forma parte del sistema de producción material propio de las dos primeras revoluciones industriales. Lo único que quiere decir es que debemos empezar a pensar sin las barandillas del pensamiento marxista tradicional el nuevo horizonte de las luchas que se anuncia. Tal y como hicieron Marx y Negri en sus respectivas épocas, nosotros deberíamos empezar a analizar el nuevo proyecto de dominio de la producción inmaterial que el capital está llevando a término mediante el desarrollo de la Inteligencia Artificial y la Industria 5.0.

En respuesta al rechazo individual al trabajo, el capital introdujo la automatización en la fábrica. Como consecuencia, el proletariado inmaterial está en condiciones de apropiarse y controlar directamente la producción de valor inmaterial, siempre y cuando tenga acceso al empleo de la Inteligencia Artificial. La lucha por la propiedad de los medios de producción está deviniendo lucha por el acceso a la automatización de la producción misma del conocimiento.

Sobre este blog
La filosofía se sitúa en un contexto en el que el poder ha buscado imponerse incluso en los elementos más básicos de nuestro pensamiento, de nuestras subjetividades, expulsando así de nuestro campo de visión propuestas teóricas y prácticas diversas que no son peores ni menos interesantes sino ajenas o directamente contrarias a los intereses del sistema dominante.

En este blog trataremos de entender los acontecimientos del presente surcando –en ocasiones a contracorriente– la historia de la filosofía, con el objetivo de poner al descubierto los mecanismos que utiliza el poder para evitar cualquier tipo de cambio o de alternativa en la sociedad. Pero también de producir lo que Deleuze llamó líneas de fuga, movimientos concretos tanto del presente como del pasado que, escapando del espacio de influencia del poder, trazan caminos hacia otros mundos posibles.
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5 Comentarios
Fernando Stoffels 0:40 20/7/2018

Existen algunas discrepancias en el proceder hacia el lucro.
Una de ellas es que las patentes, cuando expiran, que debieran ser revertidas a la propiedad de todos, tornarse patrimonio de todos los humanos, pasan a pertenecer, de hecho, a nadie.
Como ejemplo, las empresas que fabrican aspirinas las hacen sin pagar la debida compensación por el derecho de propiedad, cuando, en verdad, cada uno de los habitantes del planeta debiera recibir 1/7.000.000.000 por la licencia por el uso de esa receta.
Así se da, también, con cosas bien más vulgares, como, por ejemplo, destornilladores y ruedas.
Si acaso los que usaran de esas invenciones para lucrar pagaran lo que es del derecho de todos, la renta universal y la manutención de los estados estuviera garantizada desde ya.
Esa es una fuente de ingresos para la financiación de lo que es público que es mantenida oculta, y, por eso, malversada.

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#13407 12:46 12/4/2018

Máquinas, inteligencia artificial y el futuro del capitalismo
x Alejandro Nadal
El destino de las máquinas es extraer la mayor cantidad de plustrabajo bajo el sistema de explotación capitalista

La automatización preocupa a los economistas desde los albores de esa disciplina. La inquietud es que las máquinas roban o destruyen empleos, con todas sus implicaciones sociales. En su obra, David Ricardo introdujo un capítulo para descartar estos miedos afirmando que la destrucción de empleos se acompañaba a la postre de una mayor creación de puestos de trabajo.

Mucho tiempo después, John Maynard Keynes escribió en su ensayo sobre las Posibilidades económicas de nuestros nietos que el progreso técnico en la economía llevaría a un incremento sin precedente en el bienestar de la población mundial. Según él, en unos cuantos años la semana de trabajo podría reducirse a unas 15 horas. En las sociedades humanas habría más tiempo para el cultivo de las bellas artes y las disciplinas de la ciencia. Pero, cuidado, advertía Keynes: durante algunos años todavía necesitaremos que la avaricia y la usura sigan siendo nuestros dioses, pues sólo así podremos salir del túnel de la necesidad económica y descubrir la luz del día.

Pero las máquinas no se construyen por la naturaleza, señaló Marx en los Grundrisse. En respuesta a las ingenuas consideraciones de John Stuart Mill (y de Keynes) explicó que tampoco tienen por objeto reducir el esfuerzo físico que realizan los seres humanos. Su destino es extraer la mayor cantidad de plustrabajo bajo el sistema de explotación capitalista.

Hoy estamos frente a una nueva oleada de innovaciones que está remplazando fuerza de trabajo con máquinas a un ritmo inusitado. Esta automatización toma la forma de la robotización en las actividades más disímbolas, desde la aplicación de una soldadura ultra fina hasta la preparación de una hamburguesa, pasando por el cambio de pesados troqueles en una prensa o el uso de algoritmos en la especulación financiera. Se calcula que en Estados Unidos están amenazados más de 50 millones de empleos directos por la creciente robotización. Eso es equivalente a un tercio de la fuerza de trabajo. Las cifras a escala mundial son también sobrecogedoras: los escenarios contemplan el remplazo de entre 400 y 750 millones de puestos de trabajo en el próximo decenio. En un proceso en el que buena parte de la fuerza de trabajo se hace redundante, ¿qué le sucederá a países como China?

La generación de empleo para una economía capitalista es clave por varias razones. La primera tiene que ver con la creación de valor, pues por sí solas hasta las máquinas más sofisticadas son incapaces de crear algo. Pero si bien el trabajo directo sigue siendo un componente clave en el proceso de producción, cada vez lo es menos en la automatización. Y aquí surge la segunda razón que está relacionada con lo que Marx llamaba la pequeña circulación: los salarios adelantados por los capitalistas regresan a sus manos cuando los trabajadores en su conjunto compran las mercancías que han producido. O como dice un aforismo atribuido a Kalecki, cuando los trabajadores gastan lo que reciben, los capitalistas reciben lo que gastan. El problema es que si los trabajadores intervienen cada vez menos en el proceso de trabajo, ¿quién va a comprar las mercancías producidas por la economía capitalista? Se puede pensar que este problema podría resolverse con un mecanismo que distribuya poder de compra a la población para garantizar una demanda agregada suficiente y ganancias adecuadas para los capitalistas. Pero todo esto requiere una arquitectura macroeconómica distinta. Sin duda, el futuro del capitalismo se anuncia complicado.

Hoy, la llamada inteligencia artificial no rebasa la fase en que una computadora realiza millones de operaciones en un milisegundo. Eso sirve para la especulación financiera, para distinguir visualmente la forma de un objeto para manipularlo o para identificar la ruta más rápida dadas las condiciones de tráfico. Pero eso es suficiente para remplazar a millones de operadores humanos en funciones muy disímbolas. Sin embargo, está muy lejos el día en que podamos tener una discusión significativa con una máquina. Se puede fantasear sobre la llegada en el futuro de la singularidad, palabra acuñada por Von Neuman para denotar el momento en que las computadoras/máquinas tengan conciencia de sí mismas, pero el proceso puede tardar cientos o miles de años. ¿Existirá el capitalismo todavía ese día?

Para abordar esa pregunta vale la pena considerar lo que sucederá cuando se profundice el proceso de producción de máquinas por máquinas. Marx señala en los Grundrisse que cuando la mayor parte de la riqueza sea producida por máquinas, entonces la apropiación del tiempo de trabajo ajeno aparecerá como una base insignificante de la riqueza frente a esta nueva fuente que es el complejo de máquinas creada por la gran industria. En ese momento, continúa Marx, cuando el trabajo en su forma directa deje de ser la gran fuente de riqueza, el tiempo de trabajo dejará de ser la medida del valor de cambio. Pero, en ese caso, ¿existirá la explotación todavía? Y si la ley del valor de Marx desaparece, ¿eso acontecería antes o después de haber desaparecido el capitalismo?

Texto completo en: https://www.lahaine.org/maquinas-inteligencia-artificial-y-el

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#16216 16:56 16/5/2018

https://www.lahaine.org/mundo.php/maquinas-inteligencia-artificial-y-el

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#13354 17:39 11/4/2018

Renta básica universal: ¿De izquierdas o de derechas?
Daniel Raventós Julie Wark 07/04/2018


La renta básica universal, una asignación monetaria pública regular e incondicional para toda la población, está siendo cada vez más discutida en círculos académicos, políticos y sociales y entre la ciudadanía en general. La gente está abogando por ella desde la derecha y la izquierda. Pero si está siendo empujada desde ambos lados del espectro político, ¿cuál es su secreto? ¿Es tan sorprendentemente convincente que acaba con todas las diferencias entre los extremos políticos? Difícilmente. Más bien, el hecho de que se clame por la renta básica desde posturas políticas tan diferentes enturbia el debate serio y está desconcertando totalmente a mucha gente. Y en la izquierda, muchas otras personas, alegando que a ellos no les tomarán por idiotas, optan por un irreflexivo y completo rechazo de la renta básica porque la ven como una artimaña más de la derecha.

Así por ejemplo, Chris Hedges escribe sobre “El timo oligarca de la «renta básica»”, señalando que:

“Los oligarcas no proponen un cambio estructural. No quieren el negocio y el mercado regulados. No apoyan a los sindicatos. No pagarán un salario digno por los trabajos forzados en el mundo en vías de desarrollo, ni a los trabajadores norteamericanos en sus almacenes y sus centros de distribución, o a los que conducen sus vehículos de reparto. No tienen intención alguna de establecer una educación superior gratuita, una sanidad pública universal o pensiones adecuadas. En su lugar, buscan un mecanismo para continuar explotando trabajadores desesperados con salarios de subsistencia a quienes pueden contratar y despedir a voluntad.

(...)

El reclamo de una renta básica garantizada es el clásico ejemplo de algo que entendieron Karl Marx y Antonio Gramsci, que cuando los capitalistas tienen capital y trabajo excedentes, usan la cultura de masas y la ideología, en este caso el neoliberalismo, para reconfigurar los hábitos de una sociedad y que absorba los excedentes.”

Tiene toda la razón. Pero dar en el clavo con las estrategias canallas de los oligarcas, difícilmente rebate los argumentos de la izquierda en favor de una renta básica universal e incondicional que, desde luego, es la única política sometida a debate como forma de garantizar universalmente el derecho más básico de todos: el derecho a la existencia material. Más aún, la renta básica, sin ser la panacea universal, es uno de los caminos para fortalecer a los miembros vulnerables de la sociedad en su lucha contra las oligarquías.

Por otro lado, el respetado economista marxista Michael Roberts tiene una opinión diferente, expresada recientemente en su blog (que citaremos ampliamente para cubrir todos los puntos):

“¿Pero qué hacer, si se pierden empleos por los robots? Algunos economistas liberales hablan de un “impuesto robot”. Pero todo lo que conseguiría es ralentizar la automatización –un movimiento difícilmente progresista en lo que respecta a la reducción del trabajo–. La idea de una renta básica universal (RBU) continúa ganando terreno entre economistas, tanto de izquierdas como convencionales. He discutido los méritos y deméritos de una RBU previamente. Por la RBU abogan muchos economistas neoliberales tacticistas, como forma de sustituir el “Estado del bienestar” de sanidad y educación gratuitas, de pensiones decentes, por una renta básica. Y está siendo propuesta para mantener los salarios bajos de quienes trabajan. Cualquier nivel decente de renta básica sería demasiado costoso para que el capitalismo lo pudiera afrontar. E incluso si la RBU fuese conquistada por la lucha de los trabajadores, aún no resolvería la cuestión de quién posee los robots y los medios de producción en general.

Una iniciativa más interesante es, en mi opinión, la idea de los servicios básicos universales, esto es, lo que conocemos como servicios y bienes públicos, gratuitos en el lugar de uso. Una sociedad superabundante es por definición una en la que nuestras necesidades quedan cubiertas sin trabajo y explotación, es decir, una sociedad socialista. Pero la transición a una sociedad así puede empezar dedicando trabajo socialmente necesario a la producción de las necesidades sociales básicas como la educación, la sanidad, la vivienda, el transporte y alimentos básicos y equipamientos.”

El texto de Roberts proporciona un buen punto de partida para ir al meollo de algunos de los aspectos básicos del debate en torno a la renta básica.

1) Una renta básica puede ser financiada de varias maneras distintas. La diferencia entre las propuestas de izquierdas y las de derechas se determina fácilmente, preguntándose por quién gana y quién pierde. Una propuesta de izquierdas supondría una reforma fiscal progresiva, que implica una gran redistribución desde los ciudadanos más ricos hacia el resto de la sociedad. Así, en una propuesta de financiación resultante de un extenso estudio detallado en el capítulo final de nuestro libro Against Charity, especificamos que, con nuestra versión de la renta básica, el 20% más rico saldría perdiendo y el otro 80% ganaría. Esto significaría tal redistribución de la renta que en términos del índice de Gini, sería una de las más igualitarias del mundo (alrededor del 0,25).

2) Cualquier renta básica que contemple el desmantelamiento del Estado del bienestar es una artimaña de la derecha. El hecho de que Milton Friedman –quien, en realidad, en vez de una renta básica, defendió un impuesto negativo sobre la renta (INR), el cual es similar a la renta básica en algunos aspectos pero significativamente diferente en otros– y otros economistas de derechas más recientes sean ostensiblemente defensores de la renta básica ha hecho que algunos críticos de izquierdas no distingan el grano de la paja. Friedman quiso el INR como un pequeño soborno mientras apuntaba al desmantelamiento de los servicios públicos en Estados Unidos, pero es bastante reduccionista concluir de ello que todos los partidarios de la renta básica se quieran deshacer del Estado del bienestar. Lejos de eso, una renta básica podría, y debería, implicar más y mejores servicios públicos. La Red Global de Renta Básica (BIEN por sus siglas en inglés), la cual fue fundada en 1986 y que ahora tiene secciones en cada continente, es clara en este aspecto, afirmando en una resolución aprobada en la Asamblea General de la BIEN en Seúl en 2016, que su versión de la renta básica es:

“estable en cantidad y frecuencia y lo suficientemente alta como para ser, en combinación con otros servicios sociales, parte de una estrategia política para eliminar la pobreza material y posibilitar la participación social y cultural de cada individuo. Nos oponemos a la sustitución de derechos o servicios sociales si esa sustitución empeora la situación de personas relativamente desfavorecidas, vulnerables o de ingresos bajos.”

3) Los defensores de izquierdas de la renta básica también entienden que una renta básica aumentaría el poder de negociación de los trabajadores. Cuando la relación laboral es tan institucionalmente asimétrica que los contratos entre una multinacional o gran empresa y cualquier trabajador toman legalmente a ambas partes como “iguales”, no es complicado ver cómo una renta básica mejoraría la posición de la parte más vulnerable, que al menos tendría un ingreso por encima del umbral de la pobreza sobre el que apoyarse.

4) Como muchas feministas han señalado repetidamente, muchas mujeres maltratadas no dejan a sus parejas agresoras porque sienten que no pueden ganarse la vida o sobrevivir de manera independiente. Una buena proporción de mujeres que sufren acoso son materialmente dependientes de parejas violentas y una renta básica les daría la independencia material que tan urgentemente necesitan.

5) La renta básica sería una medida propia de la esfera de la política económica pero no es una “política económica” por sí sola. La diferencia entre las propuestas de renta básica de izquierdas y de derechas también se hace evidente por la cantidad y tipo de medidas adicionales que estas implican en el campo de la política económica. Por ejemplo, gravar con impuestos a los ricos para que estos de hecho paguen la renta básica del resto de la población sería una medida harto diferente de cualquiera diseminada por una oligarquía que ha engullido todo a su paso, hasta el extremo de que tres personas en los Estados Unidos –Jeff Bezos, Bill Gates y Warren Buffett– poseían en 2017 más riqueza que la que tenía en conjunto la mitad más pobre del país. Desde luego esa diferencia debería ser por sí sola suficiente como para disipar cualquier idea de que sólo hay una forma de financiar la renta básica, y que es de un mal tipo.

6) A diferencia de las prestaciones condicionadas, que implican altos costes administrativos, estigmatizan a los receptores y aún peor, causan y perpetúan la trampa de la pobreza, queda clara que por su propia naturaleza, una renta básica incondicional evitaría estos inconvenientes eliminando burocracia y mecanismos de seguimiento y control. Más importante, hay una enorme diferencia en los conceptos básicos. Las prestaciones condicionadas son para personas problemáticas, “perdedores”, “fracasados”, gente convertida en redundante o incapaz de encontrar trabajo, incapaz de ganar suficiente dinero para vivir, o con serios problemas asociados a sus ingresos, a sus capacidades, a sus competencias cognitivas, a su salud mental y física, etc. La pobreza es vista como una aberración personal. La norma es tener un empleo y ganarse una vida respetable, la cual se esfuma al encarar la realidad actual en la que tener un empleo no es garantía contra la pobreza, como los pujantes números de trabajadores pobres atestiguan. Concebida desde la izquierda, con la libertad, la justicia, la igualdad y la dignidad humana como sus inherentes principios, una renta básica incondicional garantizaría automáticamente la existencia material de cada persona por el mero hecho de ser ciudadanos o residentes registrados. Una vez esto esté asegurado, se pueden discutir otros detalles, pero el primer objetivo es establecer el más básico de los derechos, el derecho a existir.

Estos puntos subrayan las diferencias entre las versiones de renta básica de izquierdas y de derechas. Hay otras, por supuesto, pero estas seis serían las divergencias más importantes. Decir que la renta básica es una mala idea porque Milton Friedman, Nixon, Mark Zuckerberg o Richard Branson la defienden tiene el mismo nivel argumentativo que decir que los Derechos Humanos son malos porque Madeleine (“el precio merece la pena”) Albright dice promoverlos.

Entonces, ¿es la renta básica revolucionaria? No. Pero tampoco lo son las subidas salariales, el aumento del poder de los sindicatos, una sanidad pública generosa, los sistemas públicos educativos y de vivienda, tampoco lo es la gobernanza ética a la que se le puede hacer rendir cuentas… El capitalismo es un grave problema para cualquiera que quiera un sociedad decente y la renta básica es “reformista” en el clásico sentido de la palabra. Pero, eh, ¿quién tiene una buena idea para revertir definitivamente el sistema capitalista ahora mismo?
Daniel Raventós
es editor de Sin Permiso, presidente de la Red Renta Básica y profesor de la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad de Barcelona. Es miembro del comité científico de ATTAC. Sus últimos libros son, en colaboración con Jordi Arcarons y Lluís Torrens, "Renta Básica Incondicional. Una propuesta de financiación racional y justa" (Serbal, 2017) y, en colaboración con Julie Wark, "Against Charity" (Counterpunch, 2018).
Julie Wark
es autora del “Manifiesto de derechos humanos” (Barataria, 2011) y miembro del Consejo Editorial de Sin Permiso. En enero de 2018 se publicó su último libro, “Against Charity” (Counterpunch, 2018), en colaboración con Daniel Raventós.

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Jorge León y Enrique Cano 10:07 12/4/2018

Hola Daniel y Julie, muchas gracias por vuestros comentarios sobre la Renta Básica Universal, problema que desde un punto de vista económico conocéis mucho mejor que nosotros. Evidentemente, como muy bien decís, la RBU por sí sola (al igual que cualquier otro tipo de medida fiscal, y también cualquier tipo de tecnología de producción) puede ser instrumentalizada tanto desde una estrategia neoliberal capitalista como desde una estrategia de izquierda orientada a intentar empoderar a los más desfavorecidos. Del mismo modo, “incluso si la RBU fuese conquistada por la lucha de los trabajadores, aún no resolvería la cuestión de quién posee los robots y los medios de producción en general”. O mejor dicho, de quién será el propietario de los medios de producción, pues uno puede poseer materialmente los medios de producción (tener acceso a su uso inmediato) sin ser propietario, esto es, sin tener la capacidad de disponer de los mismos a su antojo desde un punto de vista legal (venderlos, alquilarlos, etc). A nosotros siempre nos gusta aproximarnos a la propiedad como un dominio a distancia del propietario sobre la cosa, esto es, como la facultad de controlarla sin necesidad de poseerla materialmente. En épocas pasadas de la historia se hacía sobre todo a través de “representantes” o “subalternos” (esclavos, siervos, trabajadores asalariados, etc). En la actualidad, las nuevas tecnologías tienden a eliminar la necesidad de intermediaros humanos. Existen proyectos de I+D en el que a través de unos implantes cerebrales es posible controlar directamente con el pensamiento los movimientos de una máquina en la otra punta del mundo, e incluso los de una rata (La pregunta más inquietante al respecto es, ¿cómo percibe la rata esos movimientos obligados? ¿Cómo una resistencia o como una elección “libre”?)
Lo que nosotros hemos intentado aprender de Negri es el análisis del trabajo que está deviniendo hegemónico desde la 3º Revolución industrial: el trabajo inmaterial. Del mismo modo que cuando Marx publicó El capital, el sector industrial no era aún el principal ámbito de producción del valor a nivel mundial, cuando Negri empezó a escribir a mediados de la década de los 80 sobre el proletariado inmaterial y la Renta Básica Universal (sin denominarla aún de ese modo), no estaba tan claro que ese tipo de producción fuera todavía el principal ámbito de producción de valor. Ahora cada vez está más admitido que sí. Al menos denominaciones como Sociedad del Conocimiento o Sociedad de la Información, financiación para el I+D+i, etc parecen indicarlo. La cuestión clave para Negri es que este nuevo modo de producción inmaterial pone en crisis la Ley del Valor, lo cual altera todos los fundamentos básicos del tradicional cálculo marxista de la explotación (la plusvalía).
El valor producido por un trabajador en el modo de producción propia de la 1º Revolución Industrial (la que analiza Marx) era susceptible de ser medido a través del número de horas trabajadas y ver si luego ese valor creado se correspondía con el salario recibido. Tanto el salario como el valor generado eran concebidos como propiedad privada del trabajador (Marx era jurista y tenía un concepto muy preciso y jurídico de propiedad). De este modo, si se producía un bien entre varios trabajadores, el valor aportado por cada uno era susceptible de ser calculado de forma precisa a través de la cantidad de fuerza de trabajo individual aportada por cada trabajador. Es decir, en función de unas cuotas de trabajo. Tal y como el Derecho Romano (el que estudió Marx en el siglo XIX) concebía la comunidad de bienes o “co-propiedad”. En este tipo de co-propiedad, si hay varios propietarios de una cosa y tú eres uno, entonces tienes un “derecho de cuota” que te otorga ciertos derechos sobre el todo (uso, disfrute, etc) y puedes disponer de esa cuota como quieras (la puedes vender, alquilar, comerciar con ella en el mercado de valores, etc). Con algunas pequeñas restricciones básicas (derivadas en el caso de España a partir del art. 132.1 de la Constitución Española: Inalienabilidad, Inembargabilidad e imprescriptibilidad de los bienes públicos), la "propiedad pública” (el dominio público) funciona de forma muy parecida en base a las concesiones demaniales que la Administración puede hacer de dichos bienes otorgando su uso exclusivo a una determinada persona (física o jurídica). Dichas concesiones son “propiedad privada” de aquel al que las Administración pública le ha dado la concesión y puede comerciar con ellas el mercado.
En cambio, Negri afirma que la producción inmaterial no es susceptible de ser gestionada jurídicamente a través del concepto de propiedad (pública o privada), sino que habría que reformular por completo el Derecho, y por tanto también el modo de contabilizar el valor, y generar un nuevo Derecho y Economía basados ya no en el concepto de propiedad, sino en el concepto de “Común”. Entre otras características, lo común (lenguaje, conocimientos, redes sociales, etc) es imposible de ser medido según cuotas de participación. Por ejemplo, es imposible medir el valor producido por un individuo determinado en la creación del lenguaje común, pues el lenguaje (herramienta básica para la producción de conocimiento) es continuamente recreado tanto dentro como fuera del horario laboral. Es, además, una producción social e intersubjetiva (no existen lenguajes privados).
La RBU es una entre otras de las nuevas instituciones que según Negri habría que regular a partir de una concepción de lo Común. Es decir, Negri no concibe la RBU como una reforma estatal de carácter fiscal susceptible de ser realizada dentro del orden jurídico actual. La concibe como una de las oportunidades que aparecen a raíz del nuevo tipo de producción hegemónica. Una oportunidad que podrá ser instrumentalizada tanto por la izquierda como por la derecha. Nos guste o no, Negri nos dice que el Estado-Nación, el Estado-soberano, el Estado de bienestar y el Estado de Derecho son modelos políticos en crisis desde hace décadas debido precisamente a las presiones que ejerce el nuevo modo de producción. Lo que debemos intentar defender según él no es el Estado de bienestar en tanto que simple aparato jurídico administrativo, sino defender los servicios sociales que otorgó ese Estado de bienestar del modo más eficiente posible, sabiendo que las “condiciones de contorno” de esa eficiencia las impone el modo de producción hegemónico. En última instancia, Negri nos intenta alertar de que el régimen jurídico, político, económico y productivo está cambiando y la izquierda se está quedando anclada en el modelo anterior. Del mismo modo que después de la Revolución francesa el modelo jurídico, económico y técnico cambió y surgieron dos bandos enfrentados (demócratas y liberales por una parte frente a socialistas y comunistas por otra) que supieron empezar a actuar con las nuevas reglas del juego (y no con las del Antiguo Régimen), en la actualidad el Estado soberano está siendo sustituido por las gobernanzas público-privadas, y de los dos bandos en pugna (Capitalismo neoliberal VS Movimientos sociales pro común) parece que únicamente el frente capitalista está apostando el 100% de sus recursos a jugar con las nuevas reglas, de modo que si no nos ponemos las pilas, podrán instrumentalizar todos los nuevos ámbitos abiertos por el nuevo modelo de producción a su exclusivo beneficio.
Desde este punto de vista, el actual empleo de la Inteligencia Artificial, acaparada por las grandes multinacionales del sector informático, podría ser vista como uno de los principales contraataques neoliberales para la reapropiación y control de la producción inmaterial. Negri analizó las nuevas posibilidades del trabajo inmaterial y creativo porque en las industrias 3.0 y 4.0 el trabajo inmaterial era algo que únicamente podían hacer las personas. El problema con la Inteligencia Artificial o Industria 5.0 (que Negri no analiza) es que al menos en teoría se pueden empezar a automatizar tareas creativas: creación de códigos, lenguajes, conocimientos etc. Unos programadores fueron capaces de crear una IA que escribiera artículos de investigación, lo enviaron a una revista científica, pasó la revisión por pares y el artículo fue publicado. En el artículo decimos que habría que empezar a repensar una vez más toda la teoría marxista en sus implicaciones jurídicas y políticas a partir del hecho de que en las próximas décadas va a comenzar a automatizarse también la producción inmaterial.
Jorge León es Arquitecto, licenciado en Filosofía, doctor en Historia y graduado en Derecho. Ha sido IP del Proyecto de I+D Mapa de Riesgo Social de Zaragoza, financiado por el MINECO. Enrique Cano es Arquitecto, ingeniero Industrial y DEA en Ingeniería térmica avanzada y optimización energética. En la actualidad trabaja como Subdirector de infraestructuras de la Escuela de Ingeniería y Arquitectura de la Universidad de Zaragoza. Aún no tenemos libros en común, pero llegarán.

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El juzgado ignora la resolución de Naciones Unidas y desaloja a una familia con un menor en Pan Bendito
La movilización vecinal no ha sido suficiente para frenar el desalojo de una familia en Pan Bendito.
Vivienda
El fallo (grosero) del Supremo
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28.274 extremeños se quedan a la espera del pronunciamiento del Pleno del Supremo sobre el fallo que obliga a los bancos a devolver el dinero del impuesto de actos jurídicos documentados.  

Hipotecas
Escrache al Supremo por su freno al fallo que establece que los bancos deben pagar el impuesto de las hipotecas
La decisión del Tribunal Supremo de frenar el fallo que establece que las entidades y no los clientes deben pagar el impuesto de un documento que permite ejecutar la hipotecas es una “vergüenza suprema”.
Filosofía
Sobre la vuelta de la Filosofía a las aulas: una perspectiva crítica
¿Qué consecuencias pedagógicas tiene el considerar a la Filosofía como único terreno válido para el despliegue del “pensamiento crítico”?
Flamenco
Tomasito: “La ciudad flamenca tiene que tener un escenario muy grande”

Entrevistar a Tomasito es un espectáculo. No se está quieto un momento, se pone a bailar o a cantar por soleá cada dos por tres, o se levanta para enseñarte un mini tablao portátil que se ha llevado a la oficina.