Pensamiento
¿Qué pasa con la gente que se pierde en las rotondas?

Un estudio de una prestigiosa universidad norteamericana dice que un número indeterminado de personas se pierde en las rotondas de casi todos los países. Es una investigación exhaustiva realizada por figuras representativas dentro del mundo de las pérdidas.

Rotonda Plaza España

Llevo ya casi un mes atrapada. No es la primera vez, pero sí la más larga. Un estudio de una prestigiosa universidad norteamericana dice que un número indeterminado de personas se pierde en las rotondas de casi todos los países. Es una investigación exhaustiva realizada por figuras representativas dentro del mundo de las pérdidas. No hace falta decir mucho más. Personalmente, yo confío. Pero aquí sigo, enredada en este austero laberinto. Soy una de esas personas de los estudios prestigiosos, un número que importa. Debería estar orgullosa de formar parte de algo, de engordar las estadísticas por el bien común. Lo estoy. Sin embargo, nadie me acompaña en mi carrera más de lo que dura una vuelta. A lo sumo, dos. Todos salen y entran sin pestañear, siguiendo su caminito de losetas amarillas. Es verdad que no van a dar cuerpo a las encuestas, pero van avante, y esto ya es mucho. En cambio, yo no lo veo, aunque lleve los ojos bien abiertos. Claro que los ojos abiertos no son garantía de nada. Que se lo pregunten si no a los de la flexiguridad.

Supongo que será la habilidad que tienen para enfrentar una encrucijada y para soplar los granos de arena antes de que sean cordilleras. Cosas de genética, seguramente. Ven la salida y la toman sin necesidad de claqueta. Ni se adelantan, ni pierden el tiempo. Llegan, rodean y se van. Tiene que ser eso; quiero pensarlo así. Me conviene. Lo simple es lo probable; es una regla básica. Lo dijeron aquel fraile y su navaja. Pero yo soy de paletín, qué le vamos a hacer. Por eso excavo varios laberintos dentro del más grande, cada uno con su propia isleta ajardinada, per-fec-ta-men-te perfilados para ir estudiándolos muy despacio. Debe ser otra habilidad esta soltura de echar de menos el valiant de David Mann circulando por esas carreteras eternamente rectas. ¿Que estaba huyendo de la muerte? Sí, pero al menos podía correr hacia adelante. Mann tenía un objetivo en la lejanía: evitar dar vueltas, y vueltas, y más vueltas alrededor de la misma cabina o de la misma tasca, una y otra vez. Lo contrario hubiese sido una temeridad, para él y para Spielberg.

Por eso la distancia está infravalorada. No te darás cuenta de lo valiosa que es hasta que la hayas perdido de vista y desaparezca de tus ojos el horizonte, que también está infravalorado. Y aquí llega la intersección. Te has acercado tanto y de forma tan inconsciente que todo tu campo visual ha quedado encerrado en un punto. Ya está: es el caos. Pon a Janis Joplin y llora, porque eres una parte de ese porcentaje indeterminado que deja de abarcar una longitud y que sustituye el espacio por una isleta abstracta que en la mayor parte de los casos es, además, cicatera. Enhorabuena: formas parte de la encuesta norteamericana.

No veo el momento. También es cierto que hay sitios peores para perderse. Del laberinto se sale; lo sé por costumbre. De las manecillas del reloj, no. Ni de la cabeza de Magritte. Tampoco de los callejones sin salida, que son el fin de la tierra. Nadie sabe qué ocurre cuando el suelo se termina. Entras y desapareces. Fin. No hay isletas. Circulen.

En cualquier caso, y aunque todos se vayan, me consuela saber que no soy la única. Lo dice el estudio: “un número indeterminado de personas”. Algo indeterminado no es concreto, así que seguro que son muchos números. Infinitos. En algún sitio estarán. Quizás este haya sido mi error, pensar que soy la única que se cierra en banda dentro de un laberinto. O puede ser que sea culpa de los archiperres que tapan el horizonte. ¿Quién coloca eso ahí? ¿Y qué es eso que está ahí colocado? Hay que poner alguna norma que regule los adornos de las isletas. O carro, o animal, o cosa, pero todo a la vez no: la gente tiene derecho a saber qué se va a encontrar cuando entre en su alboroto. Los investigadores de la universidad estadounidense deberían hacer un estudio sobre esto.

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