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‘Watchmen’, del cómic a la serie que se está preparando

Con motivo de la próxima serie de HBO basada en el cómic, hablaremos de la obra, de su contexto y crítica social, de personajes principales y de cómo debería ser llevada a la pequeña pantalla, aunque mirando de reojo la película de Snyder.

Watchmen, el cómic
Watchmen, el cómic

publicado
2018-03-28 07:00

Empecemos con una tesis contundente: Alan Moore y Watchmen son al cómic lo que Miguel de Cervantes y el Quijote son a la novela; obras maestras de vanguardia. Lo que realizó 'el manco' de Lepanto fue un homenaje a la novelas de caballerías y, reformulando sus tópicos y estructura, creó algo monumental y novedoso.

Y si calificamos así a Watchmen, es por varios motivos. La vanguardia artística, ya sea arquitectónica, musical, literaria o cualquiera de las demás artes, se caracteriza por tensar al límite la tradición anterior, incorporándola y a la vez creando una pieza novedosa. Moore consigue plasmar una visión madura, compleja, no maniquea, de superhéroes y estructuralmente es capaz de salir de la composición clásica, lineal, jugando con las viñetas al sacar todo el jugo posible a los diferentes recursos narrativos.

Es un 'tour de force' descomunal su perfecta geometría simétrica en uno de los capítulos, como también lo es el uso de los medios expresivos: monólogo interior, bocadillos, textos de periódicos, anuncios, diarios personales, metacómic (el Navío Negro), revistas, reportajes, etc. En este sentido, veamos lo que escribe al respecto Martín Trechera en su pormenorizado estudio W de Watchmen (edit. Dolmen):

Watchmen cuenta su historia a muchos niveles, y en cierto sentido podríamos decir que todavía la sigue contando, en tanto los detalles y las filigranas estructurales, pensadas o casuales, son tan apabullantes que siempre que el lector inicia una nueva lectura encuentra un sentido nuevo y una coincidencia añadida. No se trata de que los dibujos, los textos y los fondos cuenten historias distintas: más bien todo se alía para que el lector vaya captando las distintas capas de cebolla, los matices que trae consigo el producto. La alusión literaria y visual, arropa la narrativa y la dota de una especie de profundidad dramática que hasta entonces (y posiblemente desde entonces) no se había visto en la historieta.

Podemos afirmar que la obra de Moore forma parte de ese cajón de sastre llamado postmodernismo. La postmodernidad artística se compone de ruptura de la continuidad narrativa tradicional (inicio, desarrollo y desenlace). Los tiene pero no en ese orden. La circularidad del texto recuerda a Cien años de soledad. Fragmentación, guiños a la alta cultura (aquí, por ejemplo, a Nietzsche) y a la cultura pop, referentes al canon. Es necesario remarcar que no toda obra postmoderna es vanguardista, ni mucho menos una obra magna.

DE VIETNAM A NIXON, LA DECADENCIA QUE INSPIRA

La complejidad de carácter con la que el autor británico construye sus protagonistas será comentada más abajo, previamente es necesario introducirnos en el contexto y la crítica social de la obra: Guerra fría, trauma post Vietnam, decadencia estadounidense, tanto económica como de imagen hacia el exterior, Nixon y todo lo que su figura conlleva, estado policial, droga y suciedad (que diría Rorschach).

Los setenta son un momento terriblemente complejo en la historia de Estados Unidos: los salvadores de la libertad tenían manchada su reputación debido a la barbarie realizada en Vietnam. El corrupto gobierno de Nixon no hizo más que ampliar el drama y la crisis del petróleo de 1973 fue el primer mazazo económico tras dos décadas de crecimiento.

Además, una ola de revolución cultural (sexual, nuevos sujetos y minorías empoderándose) estaba amenazando el tradicional modus vivendi Wasp (White Anglo-Saxon Protestant). Si uno se fija en el cine realizado en la década de los setenta, encontrará reflejado todo este descontento (véase el libro Moteros tranquilos, toros salvajes).

Con Reagan llegó el resurgimiento del orgullo norteamericano, y de Apocalypse Now (1979) se pasó a Acorralado (1982). Todo este mejunje de cabreo generalizado, decadencia y pesimismo es lo que Moore plasma en el cómic.Una vez tenemos el trasfondo dibujado, pasemos a practicar una autopsia a los diferentes personajes. Solo nos centraremos en los principales, dejando de lado al grupo de los Minutemen, que son reflejo de la edad dorada de los superhéroes comiqueros.

La genialidad de Moore no solo radica en dotar a sus personajes de complejidad psicológica sino en romper con el maniqueísmo habitual. Todos tienen sus claroscuros y un pasado o presente tormentoso que, como a todo hijo de vecino, marca sus actos y movimientos. Veamos:

  • Roscharch: a camino entre la locura y la brillantez analítica (no se equivoca: the end is near) es una criatura salida del pulp noir, un Punisher fascista sin ningún tipo de concesión hacia todos esos sujetos que, según él, ensucian su idealizada América. Con un pasado tormentoso, el lector no puede dejar de amar y sentir repugnancia ante las neurosis y dicotomías mentales del personaje.

  • Laurie: inmadura, traumatizada por la infancia, adicta a la violencia, lo que provoca en ella un aumento de la libido sexual y con crítica hacia el papel que jugó su madre como mujer objeto de pajilleros en busca de tetas en los cómics en tiempos sin internet (para un análisis del papel de la mujer en los tebeos de superhéroes léase el magnífico ensayo de Elisa McCausland). En esos guiños constantes que comentamos, físicamente Laurie recuerda a la protagonista de Canción triste de Hill Street.

  • Daniel Dreiberg: especie de Batman venido a menos, gordinflón e inseguro, friki, coleccionista, tímido, a quien solo se le pone dura gracias a la violencia y el fetichismo de los disfraces de superhéroes, no sin vergonzantes gatillazos.
  • Manhattan: es Dios, o Cristo resucitado tras la muerte. Sus poderes, como Hulk, son hijos de un accidente. Tiene, también, cosas de Superman. Lo más importante es su capacidad mental que lo convierte en un superhombre nietzscheano, más allá del bien y del mal. A destacar su intento de aleccionar al Comediante y la brillante respuesta que éste le propina en forma de crochet y baño de realidad, rompiendo el dualismo y su, aparente, pureza.

  • Comediante: Moore construye un personaje que viene a decirnos que el Capitán América no es tan maravilloso e impoluto. Que, recordando al Lynch de Terciopelo azul (1986), debajo de la aparente normalidad se esconde la más grotesca capa de aberraciones. Encarna la figura de los horrores norteamericanos, tanto en el exterior como en el interior del país. Aun así, tiene una lucidez inmensa y justicia en momentos determinantes. Un puente entre la luz y la oscuridad, una mezcla de Robin y Joker. A pesar de morir pronto, su sombra planea durante toda la obra.

  • Ozymandias: poder empresarial, merchandising y explotación económica del producto. Junto a Kovacs, camufla su homosexualidad en una época donde todavía no es posible aceptar que un superhéroe sea gay. También es la plasmación de la realpolitik, aquello maquiavélico de que el fin justifica los medios. Moore muestra que inteligencia y ética no siempre son sinónimas. 

¿Cómo debe adaptar HBO la serie?

El film de Synder lo tenía muy difícil, no solo por los distintos lenguajes que separan viñeta y cinematografía, sino por el tiempo. Es por ello que, en este sentido, la serie parte con ventaja a la hora de desplegar toda la complejidad del tebeo. La película consigue reproducir miméticamente algunas escenas pero cambia y obvia varios elementos, infantilizando. Como comenta Álvaro Pons en su reseña, el director obvia el mensaje de crepúsculo de los superhéroes.

Es muy posible también, y esperamos que la serie no caiga en el mismo error, que el film se adapte a un formato menos complejo y maduro para poder llegar a más público. Como lamentablemente pasó con Dunkerque de Christopher Nolan, donde se pretende una documentación realista de la guerra, lo único rojo que vemos es la mermelada de fresa que comen los soldados.

Muchas veces el cine se convierte en algo naif porque, al estar atado a la necesidad de generar beneficios, no puede reflejar imágenes o tramas que impidan que un gran número de aficionados (infantil-juvenil) acudan a las salas. En este sentido y viendo productos violentos, sexuales, sangrientos e intelectualmente complejos de HBO (desde Los Soprano a Juego de Tronos pasando por The Young Pope o The Wire) no es difícil suponer, y pedir, que conseguirá un producto más cercano y fiel al original.

Este no es un alegato a favor de las series y en contra del cine, son los motivos expuestos anteriormente lo que hacen que en este caso concreto sea mejor un formato que otro. Claro que, viendo la adaptación de Preacher, también es lícito dudar. Y eso que Ennis está metido en el proyecto, cosa que Moore no ha hecho. Sabemos de antemano que al gruñón de Northampton no le gustará. Seguro. Sea como fuere, expectantes nos hallamos ante la llegada de la serie basada en una de las mejores obras narrativas de las últimas décadas. Habrá que estar atentos y vigilar a los vigilantes.

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1 Comentario
E5fantastico 9:58 29/3/2018

Muy buen analisis Marc!!!! Una comparacion que no habia tenido en cuenta.....el COMEDIANTE refleja esa sociedad EEUU !!!! Felicidades por el articulo

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