Agresiones sexuales
El acoso sexual visto desde ‘El Graduado’

Uno de los debates más candentes que hay en la actualidad es el que tiene que ver con las múltiples acusaciones de abuso sexual por parte de actrices primerizas contra los todopoderosos mandamases de Hollywood: productores como Harvey Weinstein, directores como Brett Ratner o actores como James Franco son el centro de todas las miradas en un mundillo que ha decidido visibilizar ciertas prácticas machistas y repudiables instaladas en la industria desde hace décadas.

El graduado

publicado
2018-02-21 07:00

Digamos que el acoso tiene muchas y muy variadas formas de manifestarse, más aún hoy en día con el auge de las nuevas tecnologías, las cuales permiten abrir nuevos espacios de interacción que dan lugar a que los acosadores puedan establecerse a su albedrío y coartar la libertad individual de su víctima sin tener que levantarse siquiera del sofá. 

Esta especie de ciberacoso es uno de los componentes fundamentales del perfil del acosador del siglo XXI, cuya patología se ha definido como 'stalking' (acecho, en inglés), y se describe como un patrón de conducta obsesiva para con la víctima en cuestión, a la que espía, controla lo que publica en sus redes sociales e incluso llega a frecuentar los mismos espacios públicos con el fin de provocar encuentros evidentemente forzados.

De todas maneras, esta modalidad de acoso a la mujer no es una novedad, de hecho, podemos encontrar referencias fílmicas que atestigüen como 40 años atrás el 'stalking' estaba más presente que nunca. La principal diferencia reside en cómo la progresiva concienciación de buena parte de la sociedad ha conseguido que la opinión pública se sensibilice con las víctimas de este tipo de acoso. Hecho que, sin lugar a dudas, no se contemplaba del mismo modo en aquellos maravillosos 70. Un claro ejemplo de ello es el papel de Ben Braddock (Dustin Hoffman) en la película El Graduado (1967), de Mike Nichols.

Sin entrar en detalle en la trama y centrándonos en lo que nos interesa, se puede dilucidar cómo la película muestra un perfil de acosador muy parecido a ese “stalker” cuya conducta orientada a la consecución de un fin asociado a la figura de la víctima, sea éste vengativo o meramente pasional, se vincula a comportamientos de corte obsesivo y a un afán de posesión.

Y es que el bueno de Benjamin ha sido educado en la idea del “márcate un objetivo y lucha por él”, así como en la lógica moral del “fin justifica los medios”, propia de las clases burguesas de ideología neoliberal. Pero claro, en las relaciones no todo vale.

Durante unas secuencias muy interesantes el espectador es testigo de como Ben, el cual ha sido rechazado por su idealizada Eleanor, hija de su examante, persigue y espía a su amada hasta el punto de provocar un incómodo encuentro que de casual tiene más bien poco.

Pero ahí no acaba la cosa. Aún a sabiendas de que Eleanor está comprometida y ha decidido casarse, el carácter obstinado del joven burgués le impide dar marcha atrás a sus pretensiones y decide irrumpir en la boda y, de alguna manera, culminar su desafortunada historia de amor con la satisfacción de haber “rescatado a su amada”.Las sucesivas respuestas de Eleanor, evidentemente pasivas respecto a la actitud acosadora de Ben dice mucho del papel de la mujer en las clases altas de la época, basado en los valores de sumisión al hombre. Muy a pesar de que ella considere un acto de rebeldía fugarse con su 'stalker' en el día de su boda.

La escena final, en la que ambos protagonistas se van a la fuga en autobús habiendo escapado de la boda previamente, goza de ser claramente reveladora con respecto a cómo a veces lo que idealizamos no es lo que necesitamos, mediante un brillante juego de miradas y gestos que muestran el desconcierto y la muy probable insatisfacción que les depara.

Pues bien, mientras que en el caso de Ben podemos entender su desenlace como una crítica al conservadurismo y a la extrapolación de la lógica capitalista al terreno sentimental, en el caso de Eleanor se pone de manifiesto como su arco dramático se corresponde al del estereotipo de mujer débil, infantil y pasiva ante las decisiones relativas a su propia vida sentimental. Tal es el punto que al final acaba dejándose engatusar por el joven Braddock: el mismo que la espió, la persiguió y se presentó el día de su boda como si de su Príncipe Azul se tratara.

Y, de hecho, de eso se trata: ese reparto de roles tan asumido por nuestro bagaje literario y cinematográfico sale a la luz cuando buscamos un modelo de conducta ante cómo actuar en las relaciones de pareja. Y lo peligroso es que esta aceptación de roles en la vida real puede llevar consigo la asunción de conductas inaceptables como en este caso concreto el 'stalking' (o acoso, de toda la vida), más allá de la propia infelicidad.

Y, casualidades de la vida, parece que la ficción y la realidad no distan mucho: precisamente Dustin Hoffman, el actor que dio vida a Ben Braddock, ha sido acusado por varias mujeres de ser un perverso acosador sexual. Aunque aún esas denuncias no han ido a más, sí que hay algo que parece evidente: el fenómeno del acosamiento tiene mucho que ver con las posiciones empoderadas de ciertos hombres que se ven a sí mismos impunes ante tales actos. No se trata de casos aislados, estamos hablando de una violencia que conjuga la autoridad tanto en el ámbito sexual como el laboral y de una especie de 'ley del silencio' que ampara estas prácticas.

La ventana de actuación está abierta, gracias a las valientes mujeres que se han atrevido a denunciar a los omnipotentes depredadores sexuales de Hollywood, por ello, es ahora el momento de sacar a la luz estas repugnantes prácticas y dar voz a las oprimidas. Si el cine ha sido partícipe en la instauración y mantenimiento de la semilla del acoso, que sea el propio cine el que ahora dé ejemplo a las masas y que, poco a poco, el machismo se contemple como lo que realmente es: el gran villano que debe ser derrotado.

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1 Comentario
Mamita 11:20 21/2/2018

Bonito reportaje que yo completaría con el de las mujeres de Almodovar, de más agudeza visual , en el Salto de Febrero. Añado una reflexión: ¿No parece el movimiento Me too, de clase? ¿Porqué si es posible tal cantidad de agresiones a un colectivo con tan fácil acceso a los medios, como se está demostrando, no es colegir mucho mayores las que deben de estar sufriendo la inmensa mayoría de mujeres de color o hispanas, (y añado el resto, también blancas de clase media baja) para las que ninguna actriz ha pedido ninguna protección?

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