FC United: un tono de rojo diferente

La maravillosa historia de un grupo de hinchas que querían seguir animando a uno de los clubs más grandes del mundo y, por eso, fundaron uno nuevo.

Barro, alma y fútbol

publicado
2018-01-10 10:00:00

Esta es una historia de fútbol. La de un puñado de hombres y mujeres, hinchas de uno de los clubs de fútbol más importantes del mundo, que un buen día decretaron que el United era suyo y les debía una vida, que el alma de un club de fútbol no le pertenecía a un escudo, a una camiseta, a un himno o a unos jugadores, ni siquiera a una historia plagada de trofeos y leyendas, sino a ellos mismos. We the fans, we the people. Esta es la historia de una comunidad de aficionados que quería animar a su club, al que antes habían animado sus madres y abuelos y que, por eso, fundaron uno nuevo. Esta es una historia de barro y orgullo. De flores que sobreviven a incendios, se abren paso por el cemento y osan levantarse en medio de la mierda que les rodea. También es una historia de contradicciones y dificultades. Esta es la historia del Football Club United of Manchester.

En 1998, el magnate Rupert Murdoch hizo una oferta para que su empresa, British Sky Broadcasting, se hiciese con la propiedad de uno de los clubs de fútbol más antiguos, probablemente uno de los más grandes del mundo y sin duda el más laureado club británico de aquella década, con una hornada de talento indiscutible: Eric Cantona, Roy Keane, Paul Scholes, Ryan Giggs, Peter Schmeichel, David Beckham,... Ese intento de adquisición, que se tradujo en una oferta de algo más de 600 millones de libras motivó la creación de una asociación de aficionados contrarios a la venta del club, bajo las siglas SUAM (Shareholders United Against Murdoch) y con Andy Walsh, futuro presidente del FC United, a la cabeza. La operación era familiar: en 1986, otro magnate del mundo de los medios de comunicación, Silvio Berlusconi, compraba otro de los clubs con más solera de Europa, el AC Milan. El intento de compra de Murdoch, sin embargo, no fructificó al bloquear la transacción la Comisión de Fusiones y Monopolios. Sin embargo, en 2005, Malcolm Glazer hizo una oferta de 800 millones de libras por el club. Los aficionados, esta vez bajo el nombre de Manchester United Supporters Trust (MUST), volvieron a mostrar su oposición. No obstante, la deuda del club, que superaba los 700 millones, provocó la aceptación de la oferta que esta vez no encontró obstáculos legales.

Desde ese momento, la afición de los red devils se declaró en rebeldía y comenzó a llevar bufandas de color verde y amarillo al campo (los colores originales que vestía el Newton Heath LYR Football Club, el embrión del Manchester United, fundado en 1878). La voluntad de MUST era recomprar el club a los Glazer, una voluntad que nunca obtuvo respuesta. De manera paralela, sin embargo, un grupo de aficionados, hartos y decepcionados con el devenir del club de su vida, optó por la ruptura. El 14 de junio de 2005, un mes después de la venta del club a la familia Glazer, el FC United of Manchester se registraba en la Asociación de Fútbol del Condado de Manchester y lo hacía con una idea sencilla y revolucionaria: que la dirección del club sea de sus aficionados. La Revolución –sin apellidos– al fin y al cabo, es siempre la misma. El FC United era el vehículo que buscaba, en medio de la tempestad, rescatar el alma del viejo Manchester United para repatriarla a su casa: la comunidad de aficionados. Sabían que perdían su nombre, su escudo y, al menos de manera oficial, su historia; pero el todopoderoso Manchester United también perdía algo. Lo real del fútbol –o lo que quedaba de real–, después de todo, no tenía nada que ver con aquello.

Howard Wood, periodista de la BBC crítico con la gestión de los Glazer, declaró en Informe Robinson (CANAL +) que nunca antes en la historia el “fan power”, el poder del aficionado, había hecho un movimiento en esta dirección. Nadie pensaba que el experimento fuese a durar y pesos pesados del Manchester United, como Alex Ferguson, criticaron al nuevo club (aunque otros como Eric Cantona y Steve Coppel lo han apoyado y colaborado con él), pero para sorpresa de los agoreros, mientras los aficionados no paraban de batir records de asistencia semana a semana, el club logró tres ascensos consecutivos en sus tres primeras campañas, empezando desde la décima división inglesa, nueve por debajo de la Premier League. Aún hoy se exhiben con orgullo camisetas que inmortalizan el fallido pronóstico de algunos de que no llegarían ni a la Navidad de 2005. El club ascendería por cuarta vez en la temporada 2014/15 –su décima temporada de existencia– a la National League (la sexta división inglesa). Mención especial merece el papel del equipo en la FA Cup de la temporada 2010/11, clasificándose para la primera ronda y derrotando al Rochdale –cuatro divisiones por encima– para caer en el partido de vuelta de la segunda ronda contra el Brighton & Hove. La última temporada el club repitió en la 13ª posición de la National League North. Así mismo, es obligada una mención a la creación de la sección femenina senior en 2012 y la escuela de fútbol femenina en 2015.

FC United of Manchester
Matthew Wilkinson

Pero más allá de la parcela deportiva, es la vertiente organizativa la que realmente resulta atractiva en esta historia. El hecho de que unos cuantos aficionados abandonasen a uno de los mejores clubs del mundo por desavenencias con los modos de gestión y algunas decisiones estratégicas podría llevarnos muy lejos. Más aún que decidiesen dar un paso tan radical: de oponerse a los primeros intentos de venta y organizar eventos y protestas, pasaron a soñar con su propio club y armarse del valor y la voluntad para intentar llevarlo a cabo. Las analogías políticas –e incluso religiosas– de un movimiento de estas características son evidentes y la historia está plagada de facciones o herejes que se separan de partidos, movimientos o credos que consideran que han traicionado sus principios o que ya no sirven a los objetivos que dicen buscar. Tal y como ya habían hecho otros clubs que no querían ser simples negocios entregados a la lógica comercial, redactaron su Constitución, un manifiesto con algunos principios fundamentales que debían ordenar la actividad del club: la directiva sería elegida democráticamente por todos los miembros del club, bajo la lógica de “un miembro - un voto”; se desarrollarían lazos sólidos con la comunidad local, luchando por hacer el club accesible a todos sin discriminación; se fijarían precios tan accesibles como fuese posible; se alentaría la participación de los jóvenes y se lucharía tanto como fuese posible para evitar el mercantilismo y por permanecer como una organización no lucrativa. En este sentido, el club ha recibido, desde el punto de vista organizativo, distintos galardones tales como el Premio a la Excelencia Cooperativa del Reino Unido y el título de Living Wage employer, otorgado por la Living Wage Foundation en 2014: todo el que trabajaba en el club, incluso empleados temporales o subcontratados, cobraba más de 7,65 libras esterlinas a la hora, más de una libra por encima del salario mínimo a nivel nacional.

La hinchada es otro de los baluartes del club. Hombres y mujeres con la historia red devil en las venas que un buen día se hartaron y rompieron con auténticas tradiciones locales y legados familiares vinculados a Old Trafford. El odio y el rechazo estuvieron presentes. Algunos hinchas les reprochaban que abandonasen el barco, pero ellos mantenían que no iban a quedarse en uno capitaneado por una familia de magnates estadounidenses a los que les daba igual el club de su vida y simplemente querían refinanciar su deuda. En Looking For Eric, la oda a Eric Cantona de Ken Loach, pueden apreciarse bien estas tensiones en una escena en la que un hincha del Manchester United y uno del FC United discuten: el primero le espeta al segundo que uno puede cambiar de pareja, de ideas políticas o incluso de religión, pero no de equipo de fútbol; el segundo sentencia con un rotundo “ellos me dejaron a mi”. Con una asistencia media que rondaba las 2000 personas en los partidos de casa durante 2010 y 2011, que contrastaba con las de algo más de 100 aficionados de los equipos de nivel similar, la hinchada del FC United es conocida a lo largo de la isla por lo incansable de sus gargantas y el amplio repertorio de cánticos. En este sentido, el funcionamiento también busca ser democrático: cualquier miembro puede proponer un nuevo cántico y si la mayoría está de acuerdo, pasará a formar parte del repertorio.
FC United of Manchester
Matthew Wilkinson

No obstante, la vida siempre es contradicción y la lucha por la dignidad en condiciones neoliberales, mucho más. En los últimos años se han hecho oír voces críticas dentro del propio FC United por la deriva que está tomando la forma de dirigir el club. Algunos aficionados criticaron la aceptación de la visita de un ministro tory en octubre de 2015, un día después de que parte de los aficionados participase en protestas antiausteridad y contra los recortes del gobierno conservador. Se alegaba el incumplimiento flagrante de uno de los principios fundamentales del club referente a no dejarse usar como medio de promoción política. En 2016, el periodista de The Guardian Daniel Taylor escribía que “detrás de los focos, un club basado en la unidad y los principios compartidos se ha visto socavado por un tipo de luchas internas que nunca podrían haber parecido imaginables”. En junio del mismo año Andy Walsh, aquel joven que impulso SUAM a finales de los años noventa, y que llevaba desde sus inicios como director general del FC United, presentó su dimisión desencantado ante cada vez más voces críticas y dimisiones dentro de la directiva. Un año antes ya había dimitido Tony Howard, el editor del programa para los días de partido, ante la subida de precios del mismo, en una decisión impopular por parte de la directiva, que algunos consideraban que quebraba otro principio del FC United: evitar la mercantilización. Las voces críticas iban principalmente en la dirección de carencias democráticas y falta de transparencia en este tipo de decisiones, con una creciente masa de miembros que no participaba en las votaciones. Creo que las lecturas y analogías de los problemas y retos que afronta el FC United respecto a la cotidianidad de la llamada nueva política en nuestro país también parecen evidentes y ponen de manifiesto las enormes dificultades que encuentra todo proyecto alternativo a lo establecido en un mundo que no parece dejar espacio alguno para ello. Tanto para un pequeño gran club que quería hacer las cosas de manera diferente, como para un partido político que dice querer hacer las cosas de forma diferente, el camino nunca será agradable y estará minado de trampas.

En tiempos de globalización, mercantilización y neoliberalismo, en los que el adaggio crítico no deja de recordar cómo el capitalismo ha disuelto la solidez de las identidades de grupo y cómo ha llegado a los últimos confines de la propia subjetividad, condicionando incluso la forma en que sentimos, deseamos o proporcionando el material con el que tejemos nuestros sueños, es cuando parece más complicado pensar en modelos de sociedad –de estar en el mundo– radicalmente distintos y que no le hagan el juego a la voracidad neoliberal extrema. El mundo del fútbol, como se ha visto, no es ajeno a estas dinámicas y presenta un reto similar: la dificultad del fútbol para reclamar su lugar, su relevancia y su esencia, fuera de unas coordenadas capitalistas que no parecen dejar espacio respirable alguno. En cualquier caso, el crimen no es perfecto y cada intento suma. Estas palabras no estarían siendo escritas si un grupo de aficionados a uno de los clubs más grandes del mundo no hubiesen tenido el valor y la voluntad de dar un paso al frente contra todas las razones, contra toda la lógica y todos los pronósticos. Cada intento provee a aquellos y aquellas que están por llegar de testimonios, ejemplos y experiencias sin las que todo sería más complicado. La leyenda del FC United of Manchester debería figurar ya en el corazón de todos aquellos que se resisten tanto a la mercantilización y el fútbol-negocio, como a una idea torticera y reduccionista de que el fútbol está podrido al completo. Tal vez, no son buenos tiempos para el matiz, pero es en el matiz donde hay vida y alegría. También es, no obstante, necesario despojarse de cierto idealismo: el fútbol puede no estar podrido completamente, pero aquellos vampiros que se alimentan de él no van a detenerse hasta que se quede completamente vacío y muerto. El camino es suicida, es cierto, pero es camino. Siempre hay flor que resiste el incendio y que encuentra la grieta en el cemento.

4 Comentarios
Hincha 1:43 16/1/2018
S.D.Logroñés, una vez desaparecido el histórico, creado y mantenido por sus aficionados. Hay muchos ejemplos en España, pero este llego a 2ªB en tres temporadas. Ahora en 3ª, con gran cantera y con superavit en todas sus temporadas. Un ejemplo.
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Antonio 16:07 11/1/2018
También podríais sacar al Club de Accionariado Popular Ciudad de Murcia que nada tiene que envidiar al FC United. https://es.wikipedia.org/wiki/Club_de_Accionariado_Popular_Ciudad_de_Murcia
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#6251 19:40 10/1/2018
Ourense Club de Fútbol, no hace falta ni irse a Inglaterra
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Sally Cinnamon 8:56 11/1/2018
Es cierto que ya hay varios clubs "populares" sin necesidad de pasar los Pirineos y eso es una gran noticia. Supongo que te refieres al caso del UD Ourense que tan bien contaron l@s compas de O Salto. Pero creo que es interesante el ejemplo del FC United por lo extremo del ejemplo: el año que este grupo de hinchas dejan al Manchester United, a pesar de su deuda puntuó como el 4º club más rico del mundo según la Deloitte Football Money League, por no hablar de que era un club que aspiraba todos los años a ganar Premier y Champions. Para encontrar un ejemplo de esas características tal vez si sea necesario irse a este caso, creo que ni el Athletic Club of Partners (hinchas del Atlético de Madrid descontentos), que se menciona en el artículo de O Salto, se acerca a la dimensión de este ejemplo. Dicho esto, grande el UD Ourense por supuesto
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