Barro, alma y fútbol
AD Orcasitas: tierra en las venas

Un club y un barrio que nacieron del barro —que nunca se avergonzaron de ello— pero jamás se rindieron a tener que morir también en él.

AD Orcasitas
Campo de la Asociación de Vecinos. Orcasitas Davit Ruiz

publicado
2018-01-15 10:00:00

Los orígenes de Orcasitas se remontan a los años finales de la década de los cuarenta y primeros cincuenta. En aquellos tiempos, habitantes de Extremadura, de La Mancha o de Andalucía comienzan a asentarse en lo que hoy es Orcasitas movidos por la aspiración de encontrar algún empleo en las numerosas fábricas cercanas, en un momento, además, marcado por el desarrollo industrial en la capital. La incapacidad de la ciudad para absorber las masas de población provenientes del campo provocó el levantamiento de poblados chabolistas y la autoconstrucción de infravivienda en todo el cinturón sur de Madrid. La gente que moraba en las conocidas como casas bajas en Orcasitas sufría unas condiciones de vida muy duras: habitando viviendas sin baño, húmedas y extremadamente calurosas en verano, sin servicio de alcantarillado y en unos terrenos irregulares que se convertían en auténticos lodazales cuando llegaban las lluvias, hasta el punto de que los coches no podían salir por el barro. No en vano, Félix López Rey, histórico militante vecinal, cuenta que las personas más creyentes rezaban para que no lloviese cuando una mujer embarazada estaba cercana al parto. España, anteayer.

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Más allá de la tierra y el barro, Orcasitas tiene también una cara luminosa. Un barrio que llegó a tumbar tres planes parciales de vivienda que pretendían tirar las chabolas sin dar ninguna opción de realojo a los vecinos, para finalmente participar activamente en el diseño del barrio que hoy conocemos, gracias, entre otras cosas, al impulso participativo desarrollado desde la Asociación de Vecinos. Los vecinos votaron distintos diseños, los nombres de las calles y hasta el tipo de baldosas que se iban a instalar en sus futuras viviendas. Orcasitas también es conocido por su sistema de calefacción central, gestionado en mancomunidad, con bajas cuotas y cajas de resistencia para cubrir, en la medida de los posible, a los vecinos con mayores dificultades. Podría decirse que en Orcasitas subsiste cierto espíritu de comunidad, es cierto que degradado y malherido, pero no completamente aniquilado. Evitando las idealizaciones, es necesario tener en mente que este espíritu mutilado toma, en ocasiones, formas monstruosas en condiciones de crisis y de políticas neoliberales. Pero haciéndole un quiebro también al derrotismo, esto sugiere que hay cierto sustrato que puede moverse en otras direcciones. Aquí es donde entra en juego la que probablemente sea la segunda institución más importante del barrio después de la Asociación de Vecinos y, sin duda, la de los jóvenes: la Agrupación Deportiva Orcasitas o, como decimos en el barrio, el Orca.

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Es una auténtica lástima la dificultad que entraña rastrear algo de información sobre los orígenes del club. El Orca se funda oficialmente en 1960 y nace de la fusión de otros dos clubes: el Club Deportivo Orcasitas y La Meseta de Orcasitas. Con la fusión pasaron a jugar en el campo que aún hoy conservan: el campo de la Asociación de Vecinos. Desde ese momento, comienzan a vestir su clásica indumentaria, la camiseta roja de La Meseta y el pantalón azul del CD Orcasitas. En Orcasitas se habla de las épocas en las que el club ha jugado en la Tercera División española como quien habla de Primera, y de aquella promoción de ascenso a Segunda B en la temporada 1994/95 como de una honrosa derrota en la final de la Champions League. En estos momentos, sin embargo, el club atraviesa serias dificultades e incluso encara el riesgo de desaparición. “Del barro al barrio” es el clásico lema del orgullo de barrio en Orcasitas. Viene a ilustrar el antes y el después de la historia de lucha vecinal mediante la que pasó de ser un ruinoso levantamiento chabolista de gentes llegadas de las partes más pobres de España, a un barrio humilde, con una pobreza que nunca llegó a irse del todo, pero también con una riqueza nueva creada por los propios vecinos. Pero para la AD Orcasitas, el lema “del barro al barrio” no se aplica del todo, aún en 2017. Su campo sigue siendo de tierra, el barro que pisan los chavales en los días lluviosos es el mismo que pisaron sus bisabuelas cuando llegaron desde Badajoz o Ciudad Real. Las suplicas para que no lloviese cuando una mujer estaba cercana al parto no están tan lejos de las de la víspera de un partido de alevines. 

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La reivindicación para la instalación de un campo de hierba artificial es ya veterana. Ricardo Galiano, secretario del club, nos hace sentir el hartazgo de los padres y vecinos. Después de seis años de luchas, movilizaciones, reuniones con políticos de todos los partidos y numerosas trabas administrativas o relativas a la titularidad de los terrenos, la situación ha pasado de estar olvidada por la Comunidad de Madrid al paso al frente dado por parte del Ayuntamiento de Madrid. En efecto, en junio de 2017, la Junta Municipal aprueba el plan con apoyo de PSOE, Ahora Madrid y Ciudadanos, sin embargo, no se asignaron fechas más allá del compromiso de resolver la situación dentro de la legislatura en curso, en un contexto, como sabemos, de extrema dificultad e incertidumbre a tenor de los obstáculos de rigidez financiera impuestos desde el gobierno del Partido Popular a los ayuntamientos. El problema es que, desde el punto de vista del club y del barrio, sencillamente, ya no hay tiempo. Económicamente la situación es de precariedad extrema. Galiano nos cuenta que, en estos momentos, el club tiene dificultades para llegar a cubrir los gastos mínimos mes a mes. Algunos de los carteles publicitarios que se ven dan una imagen engañosa, “ya no aportan nada, pero nos sale más caro quitarlo que dejarlo puesto”  declara Galiano. En estos momentos cuentan solo con dos patrocinadores, un dentista y un fisioterapeuta, también del barrio, que aportan 500€ al año cada uno. 

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Ricardo Galiano. Secretario de la AD Orcasitas Davit Ruiz
Todos los equipos que circundan a la AD Orcasitas ya han cambiado sus viejos campos de tierra o están en ello, y cada vez hay más problemas para lograr completar el número de fichas mínimo para el primer equipo (esta campaña en la Segunda División de Aficionados de la Comunidad de Madrid). Este año, sin ir más lejos, se han tenido que ir a jugar los partidos de casa a San Fermín, con campo de hierba artificial, para poder atraer jugadores y completar el mínimo de fichas. La situación de la escuela de fútbol es igual de desastrosa, al atraer cada vez menos niños, los cuales deciden marcharse a otros clubes de la zona que no jueguen en campo de tierra, lo que hace que tengan que fijar cuotas muy bajas para poder mantenerse. Galiano destila desazón con la clase política en general. Después de años de demasiadas palabras, palmadas en la espalda y algunos aunque insuficientes hechos, la tierra sigue aquí. Cada partido suspendido por un campo inundado, o cada nueva rodilla desollada por la tierra, hace mella en la paciencia y la confianza de un barrio que parece condenado a tener tierra en las venas. Uno no puede evitar pensar en las dificultades que va a tener cualquier proyecto reequilibrador en Madrid y en toda la comunidad después de años de abandono. Tal vez en ciertos lugares ya no hay tiempo y no saquear desde la institución no es suficiente: un disparo no se cura porque te dejen de disparar. En cualquier caso, la movilización constante en torno a la reivindicación por el campo de hierba “que no va a parar”, en palabras del secretario del club— parece poco a poco estar dando sus frutos: los técnicos del Ayuntamiento ya han estado visitando las instalaciones y esperemos que el nuevo campo pueda estar listo para el inicio de la próxima temporada. El proyecto incluirá además la remodelación de los vestuarios en peligro de derrumbe— y la creación de aulas. Al fin y al cabo, con un barrio que tumbó tres planes parciales de vivienda, la institución puede estar segura de que el aliento de Orcasitas no va a dejar de sentirlo cerca jamás.

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En el club tienen la fe inquebrantable en que llegarán tiempos mejores. No es una fe ciega, es fe en la lucha y el trabajo diario. Tienen sus obligaciones con Hacienda al día, no quieren préstamos o créditos bancarios y en su cabeza no hay lugar para delirios de grandeza: cada euro de más que logran reunir va destinado a eventos de apoyo a causas del barrio o del distrito que buscan, por un lado, refinanciarse y, por otro, devolverle al barrio algo de lo que este le da. El Orca siempre fue más que un club, siendo siempre tan pequeño que ya era heroico ser algo. El bar de Tomás y la grada cubierta. El fondo en memoria de Juan Mena (icono del club, asesinado en Conil en 2011). La lavandería y las camisetas tendidas en el patio. Los vestuarios y cada camiseta por orden numérico en cada percha. El túnel que te llevaba a salir directo desde debajo de la tierra. El éxtasis de aplaudirle a una grada desierta mientras girabas sobre ti mismo con la cabeza llena de fantasías. Eso era la dicha. Si el barrio te regala eso en medio de toda la mierda, imagina sin la mierda.

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Mural en memoria de Juan Mena. AD Orcasitas Davit Ruiz

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2 Comentarios
Q 11:56 18/1/2018

Gracias por artículos como este, que visibilizan un poco la realidad de nuestro barrio y le dan voz. No hay que olvidar la historia nunca!

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Antonio 24:32 17/1/2018

Gracias John por aportar tu esfuerzo a la visibilidad del abandono de nuestro "Orca"

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