Uranio
Nuclear estadounidense, combustible ruso
Articulo publicado originalmente en Beyond Nuclear International.
Viene de la primera parte.
La suspensión de las importaciones de uranio ruso se manifestó inicialmente mediante una ley firmada por el presidente Biden en mayo de 2024, que prohibió la importación de uranio poco enriquecido procedente de Rusia, con vigencia desde el 11 de agosto de 2024 hasta su expiración en 2040.
Sin embargo, al comprender que Estados Unidos no podría reemplazar el suministro ruso de la noche a la mañana, otorgó una exención temporal a las importaciones de uranio ruso de no existir fuentes alternativas viables o si ello redundadare en interés nacional.
Esta exención finalizará en 2028, fecha en la que, supuestamente, Estados Unidos podrá abastecerse de todo su combustible de uranio procedente de fuentes nacionales o de otras fuentes aliadas. (Nadie sabe qué países podrían seguir siendo considerados “amigos” para entonces, ya que India claramente se consideraba amiga de Trump y ahora no lo es tanto).
Mientras tanto, mientras Estados Unidos continúa importando concentrados de uranio rusos o asociados a Rusia, el Congreso ha impuesto fuertes sanciones a cualquier país que importe petróleo y gas ruso. El proyecto de ley fue presentado —de forma bastante apropiada— el 1 de abril de 2025 por el senador republicano de Carolina del Sur, Lindsey Graham. Dos de sus condiciones establecen:
Mientras tanto, mientras Estados Unidos continúa importando concentrados de uranio rusos o asociados a Rusia, el Congreso ha impuesto fuertes sanciones a cualquier país que importe petróleo y gas ruso. El proyecto de ley fue presentado —de forma bastante apropiada— el 1 de abril de 2025 por el senador republicano de Carolina del Sur, Lindsey Graham. Dos de sus condiciones establecen:
El presidente debe aumentar el tipo arancelario de todos los bienes y servicios importados de Rusia a Estados Unidos al menos al 500 % con respecto al valor de dichos bienes y servicios;
El presidente debe aumentar el tipo arancelario de todos los bienes y servicios importados a Estados Unidos desde países que, a sabiendas, participan en el intercambio de uranio y productos petrolíferos de origen ruso al menos al 500 % con respecto al valor de dichos bienes y servicios; “Si este proyecto de ley se aprobara, causaría una calamidad económica de una escala nunca antes vista en nuestro país”, escribió el senador Rand Paul, republicano de Kentucky, en un artículo de opinión publicado en mayo de 2025 en Responsible Statecraft.
Cortar el suministro de uranio ruso requerirá reemplazarlo de alguna manera y rápidamente. Esto ocurrirá, según la administración Trump, en virtud de la serie de órdenes ejecutivas que el presidente emitió el 23 de mayo, diseñadas para acelerar todo lo relacionado con la energía nuclear, incluida la producción de combustible de uranio.
Pero nada de esto sucederá de la noche a la mañana —y probablemente tampoco antes de la fecha límite de exención de 2028— dada la gran dependencia de Estados Unidos del concentrado de uranio importado.
Pero nada de esto sucederá de la noche a la mañana —y probablemente tampoco antes de la fecha límite de exención de 2028— dada la gran dependencia de Estados Unidos del concentrado de uranio importado.
Pero ni siquiera la administración Trump se muestra tan segura. En la orden ejecutiva sobre el suministro de combustible de uranio —Despliegue de Tecnologías Avanzadas de Reactores Nucleares para la Seguridad Nacional—, una de las cuatro que abarcan la energía nuclear, publicada el 23 de mayo, se establece: «En la medida de lo posible, el Secretario de Energía implementará planes para garantizar la disponibilidad de un suministro a largo plazo de uranio enriquecido para la operación continua de los proyectos mencionados en la primera oración de esta subsección, incluyendo el establecimiento de cadenas nacionales de fabricación y suministro de combustible para reducir la dependencia de fuentes extranjeras de combustible».
«En la medida de lo posible». ¿Y si no lo es? Esperen a que Trump encuentre nuevas razones para permitir que su amigo Vladimir siga enviándole los concentrados de uranio e incluso el combustible que necesita para hacer realidad sus sueños nucleares.
Incluso en mayo de 2025, los rusos ya lo advertían cuando el director general de Rosatom, Alexey Likhachev, señaló que Estados Unidos sigue comprando uranio enriquecido a Rusia y que, “en el contexto de las negociaciones en curso entre Estados Unidos y la Federación Rusa... podemos ampliar la agenda de esta cooperación”, según World Nuclear News.
Mientras tanto, India sigue siendo un balón de fútbol para que Trump lo patee en sus irresponsables juegos geopolíticos, incluso cuando ahora corteja a Pakistán, su enemigo, como su nuevo aliado. Como si trataran con un matón de patio, los líderes mundiales seguramente deben darse cuenta de que pueden ser amigos de Trump una semana y ser traicionados a la siguiente. Mientras tanto, Trump recibirá su pastel amarillo. Ojalá se lo comiera también.
Traducción de Raúl Sánchez Saura.
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