Derribando ídolos
Derribando ídolos #6: Europa inventó los derechos humanos
Es divulgadora científica
IG: @candeliousfang
Frente a nosotros un mapamundi. Europa, orgullosa, se halla en el centro y arriba, por supuesto ¿dónde si no? Un moderno símil de aquellos mapas medievales que situaban Jerusalén en el corazón del mundo conocido.
Imaginemos que comenzamos a moverlo, lentamente, rotándolo, sus formas se vuelven difusas, irreconocibles, la estructura de nuestras ideas, de nuestro mundo, parecen tambalearse. ¿Qué sucede cuando descentramos Europa de la historia de los derechos humanos?
Nuestro ídolo de hoy es la Ilustración europea, ese proceso de iluminación, ese faro moral, que baña el mundo con la magnánima invención de los derechos humanos. Nótese la ironía.
Eso sí, antes de derribar tan antiguo cuento definamos qué entendemos por “derechos humanos” y es que cuando hablamos de estos nos referimos a los derechos inherentes a todas las personas simplemente por ser humanas, universales e inalienables, codificados en la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948 (Donnelly, 2003).
A día de hoy la genealogía dominante sitúa el origen de los derechos humanos en la Ilustración europea del siglo XVIII en pensadores como Locke, Rousseau o Kant
Hechas las presentaciones, sigamos rotando el mapa y veamos si el ídolo que nos atañe sobrevive al cambio de perspectiva.
A día de hoy la genealogía dominante sitúa el origen de los derechos humanos en la Ilustración europea del siglo XVIII. Según esta narrativa, pensadores como Locke, Rousseau y Kant fueron los que articularon por primera vez la idea de derechos inherentes a la condición humana, cristalizados políticamente y ganados a fuego en la Revolución Francesa de 1789 y su Declaración de los Derechos del Hombre. El Preámbulo de la Declaración Universal de 1948 evoca explícitamente esta herencia con su referencia a la "dignidad inherente”.
Esta narrativa se apoya frecuentemente en la tradición judeocristiana como fundamento filosófico, y sostiene que aquello de la noción de imago Dei (el ser humano creado a imagen de Dios) habría proporcionado la base teológica para la dignidad humana universal (Clarke, 2022).
Sin embargo, hace falta obrar con más precisión, pues esta genealogía europea adolece de un vistoso problema metodológico. Y es que este corpus de derechos humanos funciona u opera como una cruzada civilizadora europea que ignora sistemáticamente textos asiáticos, africanos e indígenas sobre la dignidad humana (Mutua, 2002), por considerarlos preeminentemente primitivos, lo cual los despoja de cualquier atisbo de seriedad filosófica, y que, además pretende universalizar una particularidad histórica (sobre esto volveremos más adelante) (Donnelly, 2003)
Este corpus de derechos humanos funciona u opera como una cruzada civilizadora europea que ignora sistemáticamente textos asiáticos, africanos e indígenas sobre la dignidad humana
El mapa sigue girando, poco a poco. Las formas de los continentes se ensanchan y comprimen, nada parece en su lugar. Vemos el norte de América, pero no lo hallamos familiar. A la par, el ídolo se va descomponiendo, pedazo a pedazo.
El caso es que contamos con diversos ejemplos de sistemas políticos complejos más allá del ombligo europeo. Tal vez el más famoso es el de la Confederación Iroquesa, establecida antes de 1450, que desarrolló un sistema político sofisticado conocido como la Gran Ley de Paz (Kaianere'kó:wa), que incluía federalismo, separación de poderes y participación popular. Este sistema reconocía explícitamente el poder político de las mujeres (siglos antes de que Europa considerara el sufragio femenino); y es que aproximadamente un cuarto de las cláusulas de la Gran Ley reconocen el poder e influencia de las mujeres en la cultura iroquesa.
Huelga decir que la influencia de la Confederación Iroquesa en los Padres Fundadores estadounidenses está documentada. En 1988, el Congreso de Estados Unidos aprobó resoluciones reconociendo la contribución de la Confederación Iroquesa al desarrollo de la Constitución estadounidense. Aunque lo que es cierto es que el alcance exacto de esta influencia sigue siendo debatido, la evidencia histórica muestra que figuras como Benjamin Franklin conocían el sistema iroqués.
La Confederación Iroquesa, establecida antes de 1450, que desarrolló un sistema político sofisticado conocido como la Gran Ley de Paz (Kaianere'kó:wa), que incluía federalismo, separación de poderes y participación popular
Tal vez el clavo más decisivo al ataúd de la idea de Europa como centro difusor de las ideas de dignidad humana es el de Graeber y Wengrow (2021) sobre la “crítica indígena” a Europa. Basándose en los diálogos documentados por el barón de Lahontan (1703), los autores muestran cómo ciertos intelectuales nativos americanos, especialmente el líder wendat Kandiaronk, criticaron sistemáticamente la falta de libertad personal, la desigualdad económica y la coerción del Estado en las sociedades europeas del siglo XVII (Graeber & Wengrow, 2021).
La tesis provocadora: los discursos de la Ilustración europea surgieron, al menos en parte, como una reacción defensiva a lo que se denomina “la crítica indígena”, dirigida particularmente a la falta de libertad personal en Europa. Los pensadores ilustrados tuvieron que explicar por qué las sociedades europeas carecían de las libertades que los pueblos indígenas disfrutaban y defendían articuladamente (Graeber & Wengrow, 2021). Esta inversión causal desafía radicalmente la narrativa de Europa como origen único de las ideas de libertad e igualdad.
El centro del mapa es ahora África, el majestuoso continente, rico y orgulloso, nos devuelve la mirada con entereza. En sus contornos hallamos inspirados retazos de pensamiento de gentes silenciadas, aplastadas bajo el metálico peso del progreso.
Los discursos de la Ilustración europea surgieron, al menos en parte, como una reacción defensiva a lo que se denomina “la crítica indígena”, dirigida particularmente a la falta de libertad personal en Europa
Ubuntu, una filosofía africana precolonial, se expresa en el proverbio nguni: “Umuntu ngumuntu ngabantu” (Una persona es persona a través de otras personas). Aunque no existe una traducción exacta en español, podríamos decir que ubuntu se traduce frecuentemente como “humanidad” o “dignidad humana”, y este fascinante término abarca dimensiones tanto ontológicas como éticas.
A diferencia de nuestra concepción occidental individualista de dignidad, la filosofía ubuntu conceptualiza la dignidad como una propiedad relacional, es decir, que considera que la dignidad de una persona se realiza y afirma a través del reconocimiento y respeto de la dignidad de otros. Lo relevante es que esta perspectiva relacional implica derechos implícitos, pues en la filosofía Ubuntu, toda persona tiene derecho a todos los derechos humanos básicos, y además la sociedad “monitorea” o “supervisa” esto a través de diversas normas y tabúes (Jecker, 2022).
Hay aplicaciones contemporáneas de ubuntu que demuestran su relevancia para los derechos humanos. Por ejemplo, en salud global, ubuntu proporciona un marco ético para abordar pandemias como las del VIH/TB con el objeto de enfatizar la interconexión y la responsabilidad comunitaria (Anyikwa, 2025). Además, en lo que a justicia restaurativa respecta, por ejemplo los tribunales Gacaca de Ruanda post-genocidio integraron principios de ubuntu con el objetivo de priorizar la sanación comunitaria sobre el castigo retributivo. Esto puede usarse incluso en encrucijadas modernas, como en la ética de inteligencia artificial, donde ubuntu ofrece principios para garantizar que la tecnología promueva la dignidad humana y el bien común.
La filosofía ubuntu conceptualiza la dignidad como una propiedad relacional, es decir, que considera que la dignidad de una persona se realiza y afirma a través del reconocimiento y respeto de la dignidad de otros
Por supuesto, queda claro que esta concepción relacional contrasta fundamentalmente con el énfasis que ponemos los occidentales en la autonomía individual.
En el centro del continente africano, escrita con una hermosa caligrafía brota la frase: “Tu concepto occidental de derechos humanos es culturalmente específico y, por ende, dista mucho de ser universal”.
Por supuesto, queda claro que esta concepción relacional contrasta fundamentalmente con el énfasis que ponemos los occidentales en la autonomía individual. Y es que un marco de derechos humanos verdaderamente universal debería considerar sin atisbo de duda ese concepto de la dignidad relacional de ubuntu. Pues cualquier sistema de derechos humanos debe integrar tanto la autonomía individual como la interdependencia comunitaria.
El mapa detiene su rotación un momento. El ídolo se haya prácticamente descompuesto, aunque su núcleo, la dignidad humana como invención occidental, parece intacto.
Arriba a la izquierda, en una esquina, Asia emerge de la bruma y llama nuestra mirada.
Las tradiciones filosóficas asiáticas (como el confucianismo, el budismo, el hinduismo) desarrollaron conceptos francamente robustos de dignidad humana mucho antes de nuestra Ilustración europea. El confucianismo, por ejemplo, fundamenta la dignidad en las capacidades morales universales del ser humano, especialmente la capacidad de cultivar virtudes como ren (benevolencia) y yi (rectitud).
Sin embargo, la sombra del problema metodológico sobrevuela de nuevo el cómo Occidente ha interpretado estas tradiciones también. A pesar de tener una larga historia de prácticas que pueden equipararse con los principios de derechos humanos en la región asiática, seguimos considerando. Occidente como la cuna de los derechos humanos. El error, de nuevo, reside en cómo interpretamos la mayoría de los textos asiáticos antiguos, pues se analizan desde la lente de la religión. Y ello los etiqueta (de forma totalmente sesgada y con doble rasero) como poco más que folklore espiritual, quedando muy lejos del estatus de filosofía política que toman los mismos conceptos en occidente. Esta interpretación profundamente partidista invisibiliza las contribuciones no-occidentales al pensamiento sobre derechos humanos.
Nuestro mapa sigue rotando, poco a poco, a cada rato un continente se para unos segundos en el centro, ocupando el lugar preponderante en el pensamiento, en las consideraciones, en la tarea de escribirnos como humanidad.
El ídolo es poco más que polvo, pues ahora sabemos que Europa no inventó la dignidad humana ni los derechos humanos, lo que hizo fue codificarlos en un lenguaje jurídico específico
El ídolo es poco más que polvo, pues ahora sabemos que Europa no inventó la dignidad humana ni los derechos humanos, lo que hizo fue codificarlos en un lenguaje jurídico específico que luego se universalizó mediante procesos coloniales y poscoloniales (Mutua, 2002). La realidad es, que al igual que nuestro mapa rotativo, múltiples genealogías de dignidad humana coexisten globalmente, cada una con sus propias epistemologías y prácticas.
Lo que es seguro es que un sistema verdaderamente universal de derechos humanos debe ser pluriversal, es decir, que debe integrar perspectivas indígenas, africanas, asiáticas y otras tradiciones no-occidentales en diálogo genuino, no como mera apropiación o subordinación a marcos europeos. En definitiva, los derechos humanos del futuro deben construirse desde múltiples centros, no desde un solo mapa eurocéntrico.
Referencias
Aldawood, D. (2020). Decolonizing approaches to human rights and peace education. International Journal on Human Rights Education, 4 (1), 1-23.
Anyikwa, C. L. (2025). Global health and the dialectics of solidarity through Ubuntu. BMC Medical Ethics, 26(1), 1-12.
Clarke, S. (2022). The sanctity of life as a sacred value. Bioethics, 36(8), 847-856.
Donnelly, J. (2003). Universal human rights in theory and practice (2nd ed.). Cornell University Press.
Graeber, D., & Wengrow, D. (2021). The dawn of everything: A new history of humanity. Farrar, Straus and Giroux.
Mutua, M. (2002). Human rights: A political and cultural critique. University of Pennsylvania Press.
Una sección de ciencia crítica para tiempos confusos. Dirigida por Candela Antón, divulgadora científica.
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