Decrecimiento
El decrecimiento mueve fichas: deja el diagnóstico y empieza a forjar un movimiento político
Dentro de algunos años, cuando las políticas decrecentistas formen parte de la agenda política española, cuando la arena (crecimiento económico perpetuo) ya no se pueda seguir metiendo debajo de la alfombra (capitalismo), la Facultad de Ciencias de la Universidad Autónoma de Madrid será recordada como el lugar donde se plantó la primera semilla, donde esta corriente dejó atrás el diagnóstico -la insostenible extracción de recursos naturales y la acumulación de la riqueza en pocas manos son cimientos incompatibles con el desafío planetario de afrontar la emergencia climática sin dejar a ningún ciudadano en el camino- y empezó a forjar un movimiento social y político. Cuando se dejó atrás la teoría para pasar a la acción, a la estrategia, al cómo meterse dentro de la arena política, de la toma de decisiones.
Este objetivo sobrevoló las dos jornadas del Foro Social Más Allá del Crecimiento, un encuentro que contó con el respaldo de 124 organizaciones y el que más de 700 personas -activistas, estudiantes, académicos, profesionales- se dividieron en varios salones para delinear y trabajar en pactos ecosociales: desde cómo construir una organización de base hasta cómo aterrizar el lema “menos es más” -acuñado por Jason Hickel, exponente intelectual de esta corriente- en materia de alimentación, energía, trabajo, servicios y vivienda, entre otros ejes.
“Hay que pensar el decrecimiento como victoria, transmitir todo aquello que podemos ganar si dejamos atrás el capitalismo. Necesitamos narrativas que hagan estimulante este tránsito", expuso Fernando Valladares, divulgador.
La tesis de este movimiento, en palabras del científico y divulgador Fernando Valladares, quien participó de la conferencia inaugural del foro, es que el decrecimiento, pese a ser un término que choca, es “inevitable” y, guste o no, va a ocurrir. También que el capitalismo “carece de legitimidad para guiar la transición ecosocial” en un contexto de creciente autoritarismo y deterioro de las instituciones democráticas. El cambio climático, al cabo, no es más que “un indicador de fallo del modelo capitalista”.
Este acontecer -un nuevo sistema económico y social que rompa el espejo del PIB- necesita organización, consensos y un programa. “Con este foro zarpamos. Empezamos un proceso de estrategias y bases. Esperamos lograr fuerzas para llegar a un programa común a fin de año. Hay mucha incertidumbre de lo que saldrá, pero este paso es clave y determinante”, explicó Hugo Abad Frías, investigador y activista ecosocial, uno de los portavoces del evento.
La lección de las anteriores conferencias -la última en el Congreso de los Diputados- es que no basta con denunciar “las falsas soluciones del crecimiento verde”. Tampoco con advertir el “grave deterioro democrático que suponen las respuestas autoritarias”. “La cuestión es cómo organizamos de forma democrática, planificada, justa y deseable un descenso energético y material con criterios de redistribución”, explicó Abad.
El reto -agregó- para por “construir poder popular”. ¿Cómo se puede lograr? Una primera vía: transmitir a la sociedad que “los temas son transversales”, que la lucha por la vivienda es la lucha por la salud del planeta. “Necesitamos entrelazar todo esto. Pasar de ser escuchados por el poder, a construir un contrapoder”, lanzó.
El faro de Ada Colau
“¿Cómo podemos encarnar estas ideas desde la política?”, le preguntó Abad a Ada Colau, exalcaldesa de Barcelona (2015-2023), quien llevó gran parte de las reivindicaciones de su activismo a la política institucional. Durante su mandato, impulsó políticas de vivienda, feminismo, movilidad, alimentación y lucha contra la crisis climática, entre otras.
“La clave está en crear comunidad, en unir lazos, por más pequeños que parezcan”, respondió la líder catalana. Si esa comunidad está arraigada, cuando el contexto brinda una oportunidad -la crisis de la vivienda, en su caso- este tejido da sus frutos.
“No pudimos acabar con el capitalismo, nos hubiera gustado. Pero valió la pena. Hicimos muchas cosas disruptivas que sirvieron de espejo, que se institucionalizaron y que ya no hay forma de que vuelvan para atrás”, expuso. E insistió: “En cuanto a la estrategia a seguir, mi consejo es que cuando veais que alguna alianza es posible, por más chica que sea, hacedla. Sin perder los grandes objetivos, hay que avanzar todo lo que pueda. Las pequeñas grandes victorias generan una dinámica, una bola de nieve, que hace que uno se anime y vaya por más”.
Por tanto, en el contexto actual de crisis global, caos climático, genocidio, guerras y avance del fascismo, fortalecer las comunidades -vecinos, barrios, espacios de trabajo- es “indispensable” para aspirar a un salto político e institucional. Colau brindó otro consejo: “confrontar y responder” a los ataques orquestados del poder corporativo. “Cuando uno toca privilegios, los lobbies reaccionan. Nos metieron más de 20 querellas penales, todas archivadas. Fuimos víctimas de lawfare y de una campaña sistemática de fakes news. Respondimos tarde. Pensamos que lo mejor era ignorarlo y seguir con nuestras medidas. Fue un error”, reconoció.
Por último, Colau pidió a todo el auditorio “no olvidar de que somos la mayoría social y no la minoría, como se nos quiere hacer creer”. “Migrantes, feministas, ecologistas, trabajadores. No somos la periferia. Lo tenemos que recordar todo el tiempo. Ese es nuestro poder. No tenemos los poderes fácticos que rigen el capitalismo. Pero cuando nos organizamos se consiguen cosas maravillosas. Eso sí, no podemos ser ingenuas, tenemos que contrarrestar las estrategias que el capitalismo nos lanza”, reflexionó.
Revisar narrativas
En el intercambio de preguntas con el público, la exalcaldesa abrió el debate sobre cómo interpelar a esta mayoría social, cómo sumar voces al movimiento decrecentista. “Urge que revisemos nuestras narrativas. Un ejemplo: la mayoría de la gente no quiere que su río esté contaminado, hay que movilizar este sentido común. La extrema derecha nos está ganado mucho terreno en este sentido”, lamentó. En su opinión, el programa que salga del foro debe “reivindicar la felicidad y la alegría”. “Tenemos que dejar bien claro que hacemos esto para ser inmensamente felices”, concluyó.
Valladares propuso “darle una motivación” a esa mayoría que está convencida de que ser feliz es “conducir un todoterreno en una calle plana y asfaltada”. “Hay que pensar el decrecimiento como victoria, transmitir todo aquello que podemos ganar si dejamos atrás el capitalismo. En otras palabras, necesitamos narrativas que hagan estimulante este tránsito. O le contamos a la gente que esto es estimulante o la gente no va entrar”, planteó.
La construcción de un “relato deseable” fue también eje de la conferencia de septiembre en el Congreso. En aquel otro encuentro, Nerea Ramírez Piris, licenciada en Ciencias Ambientales por la UAM, responsable de ecofeminismo de Greenpeace, llamó a “plasmar que la agenda del decrecimiento no está ligada al sacrificio, sino a las oportunidades de vidas distintas”. “Para eso hay que vencer muchos relatos. Los datos y las evidencias las tenemos en la mano desde hace años. Nos falta construir imágenes de futuro que nos den ganas de romper con este capitalismo anclado al crecimiento”, resumió.
Vidas imperialistas
El crecimiento económico del Norte Global depende del “sufrimiento” del Sur Global dijo Abad al presentar a otra de las expositoras del foro, Luz Helena Ramírez Hache, madre, activista antirracista y defensora de derechos humanos colombiana. ¿Cómo forjamos esta alianza entre el decrecimiento y las personas migrantes trabajadoras?, preguntó el portavoz del foro.
Ramírez recordó que en España ya hay 10 millones de personas nacidas en el extranjero y que la regularización extraordinaria que ha puesto sobre la mesa el Gobierno “no alcanza” para alcanzar vidas dignas. “Necesitamos destruir el capitalismo. El planeta ya no da más. Tiene que quedar claro que no es posible transformar el capitalismo, que no lo podemos maquillar”, subrayó esta activista.
El genocidio en Gaza, el secustro de Maduro, la reforma laboral en Argentina y al avance sobre Groenlandia -enumeró- reflejan que el “expolio se agudiza” en esta fase terminal del capitalismo, que ya ni siquiera respeta el marco jurídico que permitía pequeñas reformas.
“No se puede hablar de decrecimiento sin enriquecer el tejido asociativo con la diversidad”, explicó la activista Luz Helena Ramírez Hache
“Se repite que la migración no se adapta. Esto es un mito. El capitalismo necesita mano de obra dócil y barata”, aclaró.
La organización del movimiento migrante en España, que generó una histórica recogida de firmas, paso clave de la regularización, tiene que servir de ejemplo al decrecentismo, dijo Ramírez. “Alianzas, acciones, estrategias y perseverancia”, resumió. Sin embargo, reconoció que “no se puede hablar de decrecimiento sin enriquecer el tejido asociativo con la diversidad”. “No veo personas racializadas en este auditorio. Nos necesitamos. Unámonos”, pidió.
Una ventana de oportunidad
La construcción de este programa ecosocial ocurre en un momento donde ya nadie puede ocultar que “el paradigma del crecimiento económico está fallando por todas partes”, explicaron los organizadores durante el foro. Y aunque se da por hecho que esto es “caldo de cultivo” para el avance de la ultraderecha, también es una “venta de oportunidad” para consolidar una organización política que levante las banderas del decrecimiento.
Días atrás, la sede de Naciones Unidas en Ginebra acogió una reunión de alto nivel en la que muchos economistas insistieron en “dejar atrás el PIB” como indicador estrella del progreso de los países. En ese cónclave, el secretario general de la ONU, António Guterres, pidió una “revisión urgente de sistemas de contabilidad existentes“ que están llevando al planeta al borde del desastre. “No olvidemos que cuando destruimos un bosque, generamos PIB. Cuando sobrepescamos, generamos PIB”, advirtió.
A esta reunión asistieron economistas de alto nivel de todo el mundo, entre ellos el premio Nobel Joseph Stiglitz, el destacado economista indio Kaushik Basu y la experta en acciones Nora Lustig, trío que lidera un grupo creado por Guterres para, justamente, diseñar un nuevo panel de medidas que tenga en cuenta el bienestar humano, la sostenibilidad y la equidad.
Lo paradójico, lamentó Guterres, es que el PIB no se diseñó para medir el progreso humano, “pero sigue siendo el parámetro dominante de éxito”. En Ginebra, estos economistas están intentando sembrar nuevas métricas y una nueva teoría económica. En Madrid, en el Campus de la UAM, 124 organizaciones y 700 ciudadanos han echado las primeras raíces de un movimiento social y político que ponga este nuevo paradigma en práctica.
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