Candidatures d'Unitat Popular (CUP)
Albert Botran: “El independentismo está viviendo un vacío estratégico desde el referéndum”

El diputado de las CUP, Albert Botran, defiende el “no” del partido independentista a la investidura de Pedro Sánchez para cumplir su promesa electoral pero anuncia que apoyarán lo que consideren “avances sustanciales para las clases populares”.

Albert Botran
Albert Botran, diputado de las CUP, en un mitin junto a Mireia Vehí.
28 ene 2020 06:27

Aunque Albert Botran (Molins de Rei, 1984) ha llegado a ser identificado por muchos como “el rostro tranquilo de la CUP”, su reciente trayectoria política ha sido cualquiera cosa menos calmada: fue diputado en el Parlamento Catalán en la agitada la legislatura que terminó con el referéndum unilateral del 1 de octubre y ahora es, junto con Mireia Vehí, uno de los dos parlamentarios de la formación de la izquierda independentista en el Congreso de los Diputados. En esta entrevista hablamos con Botran sobre el gobierno de coalición PSOE-UP, del papel de la CUP en Madrid y de posibles escenarios en Cataluña.

¿Sabes quién es Roger Peláez?
Sí.

Este humorista publicó el otro día un tuit diciendo que todos estos años había apoyado el independentismo, pero que ahora se volvía al anarquismo porque le parecía más factible.
[Risas]

La broma me sirve un poco para introducir la pregunta de la mesa de diálogo, que muchos ven como una manera de retornar al autonomismo. ¿Crees que hay alguna posibilidad de que el independentismo recupere su impulso?
El independentismo está viviendo un vacío estratégico desde el referéndum. Lo que ocurrió tras el 1 de octubre [de 2017] es la demostración de que no hay un camino pactado e institucional a la independencia. Ésta fue la idea con la que ERC creció como partido desde comienzos de los noventa y la manera de que Convergència se incorporase al independentismo. Al 1-O se llega con esta idea. El 1-O tuvo ese afán rupturista, a través de la fuerza de la movilización y con el Estado en contra, pero también la confianza en que el Estado aparecería al otro lado para negociar, o que un tercero que lo haría sentarse. Nada de eso ocurrió.

Ahora estamos en una fase que se divide entre digerir la represión que comportó el 1-O y el vacío estratégico que implica asumir que la independencia supone un proceso de ruptura, con todo lo que ello implica: represión y una movilización amplia más allá de las instituciones. El objetivo no es fácil, pero eso no quiere decir que renunciemos a él.

La mesa de negociación representa un avance del discurso con el que el PSOE se presentó a las últimas elecciones, pero no representa un gran avance en términos de autodeterminación

Una de las críticas que se ha realizado desde JxCat, pero que también ha expresado Carles Riera, es que el independentismo necesitaba un nuevo catalizador, como lo fue el 1 de octubre, y que tanto la respuesta a la sentencia del Tribunal Supremo como las decisiones de la justicia europea podía haber jugado ese papel, pero que la mesa de diálogo envía el mensaje contrario.
El problema de la mesa sería que el independentismo volcara en ella todas sus energías y esperanzas teniendo en cuenta que se trata de una negociación desigual. Una parte tiene a su favor el aparato del Estado, e incluso, como gobierno, juega a esconderse detrás de él, pero lo cierto es que te pueden atacar como gobierno y como Estado. Sólo en un escenario en el que el Estado tiene un problema de gobernabilidad y crisis en una parte de su territorio, o en todo su territorio, se plantea un diálogo en condiciones de igualdad. 

La mesa de negociación representa un avance del discurso con el que el PSOE se presentó a las últimas elecciones, eso es evidente, pero no representa un gran avance en términos de autodeterminación. En absoluto. Es una mesa entre dos gobiernos dentro de los límites de la Constitución.

Seguro que no te han preguntado nunca sobre el sentido de vuestro voto en la sesión de investidura, que una parte de la izquierda española os ha criticado. Así que con tu permiso...
[Risas] Hicimos un acto con colectivos madrileños que se llamaba “El pueblo quiere ser rey”, que era la alternativa a la recepción de Felipe VI, a la que no fuimos. En vez de dar explicaciones al rey preferimos dárselas a colectivos con los que compartimos muchas cosas. Uno de los objetivos de aquel acto era también sondear si nuestro discurso y nuestra posición en relación tanto al proceso independentista como la gobernabilidad del Estado se entendía fuera de Cataluña. Y vimos que había complicidad, que muchos sectores estaban de acuerdo con lo que habíamos defendido en campaña: que si no había unos mínimos para la resolución del conflicto no tenía sentido apoyar al gobierno. Otra parte de la izquierda, ciertamente, como forma parte del nuevo gobierno, sí que nos ha querido meter caña. Pero también es una manera de tapar sus propias contradicciones.

Hay quién se ha preguntado por qué simplemente no os abstuvisteis.
Hicimos un discurso en campaña. Hubiera sido decepcionante para buena parte de las 250.000 personas que nos votaron que nos aviniésemos a cambiarlo. Nos habíamos comprometido al fin de la represión, la amnistía y derechos democráticos. Sin esos mínimos todo el mundo sabe que el conflicto político en Cataluña no se resolverá. También creo que ERC fue más exigente en esta negociación que la anterior ocasión, en primavera, porque la CUP había irrumpido en el escenario político.

Llevamos dos años de desencuentros importantes con el resto del independentismo. La ausencia de horizontes políticos hace que la unidad sea complicada

¿Como veis el gobierno de coalición PSOE-UP?
Es un escenario que veíamos como poco probable. Entendíamos que el PSOE prefería repetir las elecciones porque se decantaba por cualquier otro pacto antes que con UP. Pero la política tiene estos giros de guión. A nosotros no nos parece un PSOE sustancialmente diferente. Seguramente tomarán los primeros meses las medidas más decididas, como mensaje a sus bases. Pero todos sabemos que el PSOE es uno de los pilares del orden del Estado. Lo vimos con el PSOE de Zapatero, que terminó aprobando la reforma del artículo 135. Este PSOE ha dejado de hablar con un tono hostil hacia Cataluña, pero durante la campaña dijeron que traerían de vuelta a Puigdemont, y el montaje de los CDR se produce con el ministro Marlaska, que arrastra un historial de no investigar denuncias. No pensamos que este gobierno vaya a cambiar el Estado español. La novedad es que un partido a la izquierda del PSOE participa en la gobernabilidad, pero quien llevará el peso serán los socialistas.

¿Se han tensado las relaciones con ERC? En el debate tuviste un cruce de palabras con Gabriel Rufián.
Bueno, eso debería quedar en la categoría de anécdota. No me pareció bien que retuitease a un periodista que parecía ironizar con que a Vox le parecía bien nuestro discurso porque al final votaba lo mismo, y que por eso regresaron a la cámara tras el discurso de Oskar Matute. Entiendo que lo diga alguien que nos quiere desacreditar. Que lo diga Antonio Maestre o alguien del entorno del PSOE, lo entiendo. Pero que lo diga el portavoz de un partido independentista me parece un error, aunque mantengamos posiciones diferentes.

Más allá de aquello, llevamos dos años de desencuentros importantes con el resto del independentismo. Hay una cohesión muy importante en materia antirrepresiva. Ahí sí es necesario un frente común. Pero la ausencia de horizontes políticos hace que la unidad sea complicada. Paradójicamente, en el gobierno anterior, aunque todo parecía mucho más inestable, y que la CUP y JxSí andaban a la gresca, el hecho de tener un horizonte, que era el referéndum, favoreció que hubiera momentos de acuerdo. Cuando no existe ese horizonte, como ahora ocurre, es más fácil que afloren las divisiones.

Se ha especulado que el cambio de posición de ERC esté relacionado con la posibilidad de un cambio de gobierno en Cataluña. Junqueras llegó a hablar en una entrevista de una coalición con comuns y la CUP.
Las alianzas se escogen en función del objetivo, no de las afinidades. Si tu objetivo es la independencia, construirás una alianza con ese fin. Si se priorizase una alianza con el PSC —y lo mismo vale para JxCat— entendería que es porque han aparcado el independentismo. Oficialmente, ERC no dice eso. Pero nosotros, como todo el mundo, también leemos entre líneas. El acuerdo de investidura se da el mismo momento en el que en el Ayuntamiento de Barcelona se cierra un acuerdo para los presupuestos y en un momento en que se están pidiendo elecciones, a veces con sordina, a veces más explícitamente, a la Generalitat, para volver a repartir cartas. Aquí es donde nos preguntamos: si en Madrid hay un acuerdo con el PSOE, en Barcelona otro con el PSC, ¿qué pasará en la Generalitat?

En cuestiones concretas donde podamos restar un espacio de influencia a la ultraderecha por descontado estaremos ahí

¿Qué papel creéis que tendrá la CUP en el Congreso de los Diputados? El resultado de la votación de investidura fue muy ajustado y los dos votos de la CUP podrían llegar a tener su importancia.
También cabe la posibilidad de que se abran a grandes consensos con el PP. Sánchez, en su discurso de investidura, extendió la mano al PP para la aprobación de leyes. Nosotros hemos dicho que si se trata de avances sustanciales para las clases populares, podemos dar nuestro apoyo, por descontado. En campaña, sin embargo, sí que dijimos que no creemos que tengan margen para hacer cosas importantes, y nos lo demostraron con el acuerdo entre PSOE-UP, cuyo punto 10 dice que se habrán de cumplir los compromisos fiscales con la UE, lo que quiere decir que no se podrán hacer políticas sociales muy avanzadas. Otro de los primeros pasos que se dieron fue la aprobación de la ley mordaza digital. Eso nos preocupa: hasta qué punto este gobierno puede llegar a ser diferente de haber pactado el PSOE con otro partido. En suma, no creemos que puedan haber grandes reformas sin una ruptura.

Vehí dijo que la CUP estaba abierta a un frente antifascista. ¿A qué os referíais exactamente?
Lo que se dio en la Mesa del Parlamento, por ejemplo. Tuvimos la opción de votar nulo para denunciar la represión, pero cambiando el voto a un candidato de UP, Gerardo Pisarello, podíamos cerrar el paso a Vox. En cuestiones concretas donde podamos restar un espacio de influencia a la ultraderecha por descontado estaremos ahí. Se ha querido criticar a la CUP por votar igual que Vox, como si no le importase la amenaza fascista. Es absurdo. No le estábamos dando el poder a Vox. En cambio, la repetición de elecciones sí que fue una frivolidad desde el punto de vista que había una ultraderecha en ascenso. Si honestamente les preocupaba el ascenso de Vox no hubieran repetido las elecciones.

Con todo, la candidatura de la CUP también ha generado controversia dentro de la propia izquierda independentista. En L’Accent se publicó un editorial que indicaba que la CUP no había tenido en cuenta algunos de sus principios, como presentarse por el País Valenciano y Baleares respetando el marco territorial de los Països Catalans, una rebaja en el tono del discurso (“derechos sociales” en vez de “socialismo”, “autodeterminación” en vez de “independencia”, etcétera), que se ha ha hecho el salto sin haber consolidado el proyecto…
Se sondeó a los colectivos en torno a la CUP en el País Valenciano y Baleares por si querían presentar una lista, no a efectos de resultados, porque hubieran quedado muy lejos de obtener representación, pero sí para poder participar en la campaña y poder dar una imagen de Països Catalans. Muy respetablemente, porque los plazos eran muy cortos, decidieron no hacerlo. Pero la CUP lo planteó.

En cuanto al discurso, no creo que se haya rebajado nada en absoluto. Otra cosa es que se hagan propuestas ligadas al momento. Mucha gente nos ha dicho: “¿Por qué no habéis hablado de independencia?” La independencia es nuestro objetivo, pero en campaña queríamos difundir la idea de que la autodeterminación es la herramienta para la consecución de la independencia. La autodeterminación también es la mejor vacuna contra la fractura social: al final hablamos de un referéndum donde puede votar todo el mundo, partidarios y detractores de la independencia.

Determinadas opiniones han conseguido desdibujar el hecho de que el independentismo es un movimiento genuinamente popular
También se ha criticado por una cuestión de oportunidad: con dos diputados no se puede hacer prácticamente nada.
No estoy de acuerdo. Es una plataforma para llegar a más gente y para señalar las contradicciones del Estado español y de los otros partidos independentistas. Haber hecho este salto contribuirá a que el proyecto madure, desde mi punto de vista, y se dé a conocer a mucha más gente. El debate de habernos presentado es positivo sin ninguna duda.

¿Con qué organizaciones políticas mantenéis contacto en Madrid?
Con quien mantenemos más relaciones es con Anticapitalistas y con Izquierda Castellana. Pero también nos reunimos y mantenemos buenas relaciones con otros colectivos, como por ejemplo ‘Madrileños por el derecho a decidir’. Nuestro objetivo es ampliar esas relaciones a otros colectivos y romper ciertas imágenes que existen fuera de Cataluña de la izquierda independentista.

Determinadas opiniones han conseguido desdibujar el hecho de que el independentismo es un movimiento genuinamente popular, que surge desde bajo y después condiciona a determinados partidos a asumir cambios. La visión que determinados periodistas y tribunas de opinión pública han promovido es que la historia del catalanismo es la historia de CiU y lo que estamos viviendo ahora es el resultado de unas decisiones que este partido tomó y a las que el resto de actores nos fuimos plegando. Aparte de mentira, se trata de una visión empobrecedora: no permite entender que el independentismo representa, en muchos elementos, lo que representó el antifranquismo rupturista en su momento, o el 15M en lo que tuvo de impugnación del régimen, cuestionamiento de la monarquía y el derecho a decidirlo todo. Es algo que saben muchos colectivos, pero parte de la sociedad del Estado español puede desconocer todavía.

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8 Comentarios
#46452 18:42 28/1/2020

es evidente que a la CUP no le importa lo que pase en el resto del estado. El forzamiento de la situación solo ha servido para que un partido de ultraderecha se alce en tercera fuerza. Cuanto peor, mejor...etc. Lo demás es hipocresia.

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#46571 12:19 30/1/2020

Quizas el problema de la extrema derecha no es de la CUP y del independentismo - en Catalunya no tienen representación - sino de una izquierda debil en el resto de españa, sumiso a la UE, sin proyecto territorial real que comprometa las partes "indepenentistas" y sin poner sobre la mesa expropiaciones, lucha contra los sindicatos amarillos, echar a airbnb i demas mierdas, etc y sin contar el paper politico de las massas en la calle.

Y cuanto peor, mejor... ahora luchar por la indpeendencia y el socialismo es lo peor. Pues a por lo peor que puede tener el capital y el estado español.

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#46451 18:23 28/1/2020

La verdad es que a mi me parece mas factible el anarquismo, que la independencia idealista. Están a años luz de conseguir la independencia. No quieren cambiar de sistema, solo no pertenecer al estado español. Por eso están perdiendo apoyos. La cuestion es: Con España Si o Con España No, pero el sistema tal como esta...

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#46444 17:49 28/1/2020

El plan continuara siendo el de reirse de los que les votan y no hacer nada mas

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#46439 16:09 28/1/2020

No es cierto que haya un vacío estratégico, todos sabemos cuál es la actual estrategia actual, quienes son los aliados y cuales son los objetivos a alcanzar:
https://stfeliuantifascistaction.wordpress.com/2019/09/05/caprichos/

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#46422 11:17 28/1/2020

Dan risa la verdad, mira que hay problemas reales en caraluña como para preocuparse por las tonterias del independentismo

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#46491 11:56 29/1/2020

Hombre, ciertamente, los nacionalismos varios (español, catalán, ...) son utilizados para no hablar de los problemas de la gente y envolverlo todas las corrupciones con las banderas. Pero se tiene que reconocer que existe un problema territorial en Cataluña,y que esté se tendrá que resolver mediante un pacto que, no tiene por que, ser el de la independencia.

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