‘Fueron tejidos’: Teresa Lanceta interroga a la escultura ibérica por sus telas perdidas

La artista Teresa Lanceta repiensa los tejidos de las salas de escultura ibérica del Museo Arqueológico Nacional y se interroga por la ausencia de aquellos tejidos que no han llegado a nuestros días.
Teresa Lanceta
La artista Teresa Lanceta, en su exposición ‘Fueron tejidos’, en el Museo Arqueológico Nacional en Madrid. Imagen cortesía del Museo Arqueológico Nacional.

Durante milenios, el tejido fue un trabajo de mujeres y, probablemente, una conversación entre ellas. En Los trabajos de las mujeres (Capitán Swing, 2026), uno de los estudios clásicos sobre el papel femenino en la historia textil, Elizabeth Wayland Barber las describe así: “Las mujeres trabajaban juntas en la preparación de alimentos y la confección de prendas de vestir, charlando mientras esperaban el regreso de los hombres de sus expediciones de pesca y buceo”. Se puede imaginar a esas mujeres mejorando técnicas y lidiando con la dificultad del trabajo mientras se divierten y crean preciosas piezas y bordados, cuyos diseños se repiten hasta nuestra época. De las piezas mismas, sin embargo, casi nada ha llegado hasta nosotros.

Algo parecido propone la artista, doctora en historia del arte y Premio Nacional de Artes Plásticas Teresa Lanceta (Barcelona, 1951) en Fueron tejidos, exposición que puede visitarse hasta el 15 de noviembre en el Museo Arqueológico Nacional (MAN), en Madrid. Junto a las comisarias Selina Blasco y Patricia Molins, la muestra repiensa los tejidos de las salas de escultura ibérica del museo y se interroga por la ausencia de esos tejidos que no han llegado a nosotros. Es una exposición que forma parte de Memoria, tejidos, museos. Los barrios bajos de la atención, un proyecto más amplio, centrado en revisar críticamente los relatos históricos construidos en torno al textil, y en el que han colaborado otros museos estatales como el Museo del Traje o el Museo del Romanticismo.

Según explican las dos comisarias, la propuesta que presentaron a la Subdirección de Museos del Ministerio de Cultura buscaba releer las colecciones de tejidos de algunos museos, en colaboración con sus técnicos y con una artista contemporánea que hubiera trabajado situando su práctica en un contexto crítico amplio, no solo desde su valor artesanal o metafórico. Lanceta era, en ese sentido, “quizás el nombre más evidente”.

Tanto Molins como Blasco se fijaron en ella porque la artista empezó a trabajar cuando el movimiento de la nueva tapicería, o arte de la fibra, había dado un giro radical al tejido como soporte creativo autónomo y superado la división entre artesanía, arte y diseño industrial. Además, desde su conocimiento directo del trabajo de las tejedoras bereberes, su formación como historiadora del arte y su familiaridad con el arte contemporáneo, su obra ha evolucionado hacia una práctica alternativa, planteada desde la instalación y el trabajo colectivo, que cuestiona el arte contemporáneo para hablar de lo silenciado, lo reprimido y lo ausente, tanto en las historias del arte como en el propio sistema artístico.

Al Arqueológico, sin embargo, la invitaron por otro motivo. Las comisarias cuentan que fue por su conocimiento de los tejidos musulmanes, tanto los de las mujeres bereberes como los mudéjares en España: sobre ambos había hecho exposiciones, y el museo conserva fondos de los dos. Lanceta, en cambio, prefirió dedicarse al tejido ibérico, un material ausente del museo, pero rastreable a través de las Damas, en concreto de piezas escultóricas como la Dama de Baza (siglo IV a.C) o la Dama oferente del Cerro de los Santos (siglos III-II a. C), además de servirse de las decoraciones cerámicas. Los tejidos, como indican las comisarias, han desaparecido, pero aún podemos imaginarlos.

“Hablamos de la Edad de Piedra, pero no de una edad del hilo. Parece que no cuenta, y es importantísimo. El hilo permitió, por ejemplo, hacer bolsas para recoger el grano, permitió muchas cosas”, comenta Teresa Lanceta

Y es que el tejido, sin duda, es una de esas grandes ausencias de la historia. Pese a ser uno de los inventos más importantes y más antiguos de la humanidad, no se ha llegado a considerar tan importante como otros inventos. Algo que Lanceta considera insultante: “No mencionar que antes de los escultores estaba el tejido es comerse gran parte de los hallazgos que ha hecho, sobre todo, la mujer. Yo no dudo de que también hubiera hombres en los telares, pero los telares estaban en los hogares, y en la mayoría del tiempo quienes estaban en ellos eran las mujeres”. Para la artista, el problema es que los materiales efímeros apenas tienen peso en la historiografía: “Hablamos de la Edad de Piedra, pero no de una edad del hilo. Parece que no cuenta, y es importantísimo. El hilo permitió, por ejemplo, hacer bolsas para recoger el grano, permitió muchas cosas”.

Tampoco lo confunde con la cestería, y defiende la complejidad técnica que hay detrás: “Los tejidos necesitan hebras largas, y la cestería puede tener hebras cortas. Para que el lino, la primera fibra, pudiera hacerse hilo, hubo que estudiar muy bien la botánica y cruzar bien a los animales para conseguir ovejas de grandes vellones. Y después había que hilar, y para ello había que descubrir el ovillo. Estos inventos son igual de importantes que tallar una piedra para lograr todo esto hizo falta mucha observación y acción, mucha ciencia”, explica la artista.

De ahí llega a la idea central de su trabajo, el telar como código binario: “El gran descubrimiento del telar es el del código 01, porque el telar es un hilo sí y un hilo no, y en la siguiente pasada, el otro. Luego se ha complicado, pero eso es el 01. Si los telares estaban fundamentalmente en manos de mujeres, y el descubrimiento del tejido está, según parece, sobre todo en sus manos, quiere decir que la mujer ha contribuido no solo con hijos, sino también con conocimiento y con ciencia”, precisa Lanceta.

Composición textil de la exposición ‘Fueron tejidos’ de Teresa Lanceta
Composición textil de la exposición ‘Fueron tejidos’ de Teresa Lanceta. Imagen cortesía del Museo Arqueológico Nacional.

Formado por varios telares y unas piezas que simulan los pliegues de los vestidos en diferentes colores, Lanceta es capaz de reconstruir un universo a través de fragmentos. Sirviéndose del universo textil que se intuye en las figuras de las damas y el ornamento de sus mantos, muestra la decoración y su simbología se entrelazan, y pueden servir como metáfora de los paisajes que los iberos tenían a su alrededor, como una observación a su vez de los procesos naturales. Especialmente de los paisajes de Baza en Granada y Montealegre del Castillo en Albacete. En el telar más grande, que tiene el mismo título que la exposición, se intuyen las figuras de las montañas y de los montes, como pequeños triángulos que forman a su vez rombos, y formas orgánicas ondeantes. “La tela completa también emerge como expresión marcada del tiempo métrico invertido al pasar cada hilo de la trama. Así, la tela pasa a ser a la vez una metáfora del tiempo y de la consumación de la tarea”.

Unos telares que, al comienzo, trajeron de cabeza a la artista. “Al principio —confiesa— no sabía si podía meter en un espacio como el del MAN. En realidad toda la exposición se me costó mucho saber cuál era el tema, pero enseguida fue consciente de las coincidencias en lo que decía todo el mundo sobre los vestidos de las damas”.

En esta cuestión, Lanceta se encontró con opiniones de arqueólogos y expertos que, según cuenta, han cuestionado mucho que algunas de las representaciones de los vestidos fueran reales y no una invención del propio escultor. “Sin embargo, yo pienso que esos tejidos que aparecen en la escultura podrían ser algo que el escultor vio en su día a día”, explica refiriéndose a las telas refinadas de la Dama del Cerro. La posición oferente de esta dama podría haber hecho que su ropaje también contuviera fuera más suntuoso, “incluso con un tipo de apresto que la hiciera más rígida”, aventura Lanceta. “La escultura es la piedra roseta del tejido, porque es la que nos habla de lo que había en aquella época. Antes también de la escultura”.

Más allá de esas discusiones, las comisarias destacan que la colaboración con el museo ha sido fluida. La conservadora de arte ibérico, Alicia Rodero, y la directora del museo, Isabel Izquierdo, también especialista en los iberos, han mantenido un diálogo continuo con la artista y con ellas. Reconocen que la entrada de un artista contemporáneo en un museo histórico siempre provoca cierta tensión, porque parte de presupuestos expositivos y conceptuales distintos, pero aseguran que aquí el diálogo ha sido fértil: el museo aportó su conocimiento e incluso Rodero consiguió alguna de las piedras del tipo de las que utilizaban los escultores. Y, sobre todo, ambas estuvieron de acuerdo en integrar la exposición en las salas y las vitrinas, algo poco frecuente en las muestras de arte contemporáneo en museos históricos.

La muestra continúa en el interior de la sala donde se conserva la Dama de Baza, allí Lanceta ha colocado los pigmentos que eran utilizados en la tintura de las telas, con las telas tintadas por la historiadora del arte y tejedora Lala de Dios.

Teresa Lanceta propone una mirada distinta, en la que los pliegues de los vestidos de las damas toman una importancia central: “La Dama de Baza es completamente naturalista, en la que podemos apreciar la flexibilidad del tejido por los pliegues que caen a los lados del peinado, algo que nos sugiere que estamos ante un tejido muy evolucionado ya”, explica la artista sobre una elasticidad que se contrapone a la rigidez de las ropas de La Dama del Cerro de los Santos.

Quizá lo más destacable de esta pequeña muestra reside en la cercanía que los tejidos producen en los visitantes. Si miramos con atención, podemos ver cómo, pese a la ausencia de restos materiales, los pliegues y también patrones como los rombos y los triángulos, que imitan las formas naturales que lucían aquellas damas en sus mantos, se pueden rastrear en la ropa que utilizamos hoy en día. Se crea así un vínculo invisible pero fuerte, que nos hace formar parte de una genealogía y una herencia que a menudo han sido invisibilizadas, pero que se siguen manifestando a través de nosotras.

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