Cuba
Cuentos cubanos

El país al que viaja el presidente español Pedro Sánchez dista mucho del que visitaron en 1998 José María Aznar y el rey Juan Carlos. Una crónica de la vida cotidiana en Cuba, entre las ansias de cambio, las herencias de la Revolución y la adaptación a los nuevos tiempos.

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Puesto ambulante de fruta en Habana Centro. Marina Pla

El amor y la Revolución

Andy trabaja como guía turístico para un cuentapropista en la ciudad de Trinidad. Heredó de su abuelo dos buenos caballos y recorre con ellos todos los días el Valle de los Ingenios, llevando y trayendo turistas desde la villa colonial a las cascadas de las montañas del Escambray. Hace seis décadas, la columna del Che inició desde estas mismas cumbres la ruta que le llevaría hasta Santa Clara, principio del fin del régimen de Batista. Se ha disculpado ante nosotros por su afonía, consecuencia, dice, del catarro que arrastra desde hace unos días. A duras penas se mantiene sobre el caballo, si no fuera porque, prácticamente, nació con uno entre las piernas.

El jugo de caña en la cabaña del Tío José le devuelve milagrosamente la voz. Lleva tres días emborrachándose, nos reconoce, para olvidar la discusión que mantuvo con su novia la otra noche. Ella está casada con un sesentón italiano al que conoció hace dos años en uno de los paladares del centro. Andy y su novia tratan de llevar una relación normal, pero la gente habla. El miedo a que se entere el abuelo y “cierre el grifo” recomienda tomar distancia por un tiempo, dejar que la cosa se calme. Pero Andy está enamorado e impaciente.

El reconocimiento de Trinidad como Ciudad Patrimonio de la Humanidad por la Unesco ha hecho que la llegada de turistas se multiplique en los últimos años. Andy puede ahora darle a su novia el triple de lo que le pasa cada mes el italiano, unos 150CUC. La apertura al turismo desde los años 90 ha convertido a esta pareja cubana en protagonista de un culebrón venezolano, al fin y al cabo, dice la radio, el pueblo hermano. Las jóvenes trinitenses practican como nadie la pesca del extranjero, deporte nacional. No es una cuestión baladí. Las remesas sostienen actualmente la realidad cubana como lo hiciera hace casi tres décadas la caña de azúcar.

El turismo matrimonial (cabe decir sexual) introduce la biopolítica como economía política del detalle. El cuerpo (de la mujer) irrumpe en escena permitiendo complementar a los mecanismos tradicionales del poder desde arriba con otros mucho más moleculares. La relativa liberalización del turismo ha hecho que ya nadie quiera cortar caña como un esclavo. Ahora las mujeres venden pedacitos de su cuerpo a cambio de pedacitos de futuro. La Revolución sigue viva.

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Montañas del Escambray desde Trinidad, en la provincia de Sancti Spíritus. Marina Pla

Hasta-la-victoria-siempre

Con este emblemático grito de guerra, y una mueca irónica en la sonrisa, nos despide Javier, el casero del apartamento en el que nos alojamos en Santa Clara. Al día siguiente, de camino a los Cayos del Norte, acabamos de entender lo que quería decir cuando dos mecánicos redirigieron el calentón del motor de nuestro Geely mediante un trozo de cable encontrado en el suelo. Los cubanos, supimos, hacen uso de lo que tienen a mano, en un ambiente generalizado de escasez provocada por el bloqueo, y tiran para delante. Así, con un trozo de puerta y el eje de una camioneta se monta un carro de caballos; con los restos de los últimos Ladas soviéticos que entraron en los 80, se mueven los últimos Chevrolet yanquis que entraron en los 50.

No es de extrañar que la superabundancia de mitología revolucionaria y su presencia masiva en la calle, en la escuela, en los CDR..., haya colmado el mercado negro de un vocabulario heroico de resistencia que, con el paso del tiempo, ha sido resignificado por unas subjetividades que tratan de vencer al tedio como proyecto de vida. El grito épico del Che solo remite residualmente ya al gran proyecto revolucionario, a la independencia de la nación de Martí o a Playa Girón. Queda lejos incluso el último esfuerzo colectivo, el de unir por carretera la Gran Isla con los pequeños archipiélagos del norte para generar una infraestructura hotelera que sostuviera la economía cubana tras la caída de la Unión Soviética. Todos recuerdan a Fidel ordenando echar más piedra sobre el Atlántico, una especie de Moisés Rojo que en apenas dos años había llenado Varadero y Cayo Coco de canadienses con pulserita all inclusive.

Hoy, el canto antiimperialista se estampa, superficial, en las camisetas de medio mundo y en el alma menesteroso de los cubanos, que han sustituido el mito revolucionario por los anhelos de progreso basado en el consumo del capitalismo globalmente triunfante, otro mito. “Los yanquis tienen dos cosas buenas: las películas y todo lo demás”.

Progreso cubano
Los "almendrones" recorren las zonas más turísticas de La Habana. Marina Pla

La realidad y el mito que la sustenta

Si, como dicen las paredes de hasta el más remoto lugar de la isla, Fidel es el pueblo, el Comandante, allá donde esté, debe ser una policromía de cuerpos ruidosos que ocupan las calles hasta las tantas de la mañana, de lunes a domingo, en La Habana Vieja; negros que esperan en cualquier cruce de carreteras que un carro pare a recoger los pesos que se agitan en sus manos; jineteros en las esquinas al acecho del turista despistado; niños jugando descalzos a pelota a la puerta de sus ruinosas mansiones en Habana Centro; conductores de almendrones con maestrías en finanzas internacionales que auguran el fin del sistema de dos monedas; jubilados a los que no les alcanza la pensión e improvisan una cafetería en el porche de su casa; moralistas bibliotecarios que prescinden de la espuma de afeitar para seguir conservando la dignidad; buscavidas con la vieja en venta para conseguir un trago o una pared más para su casa; la ironía fina de una universitaria, reconvertida en guía, en la que se mantienen vivas todas las esperanzas...

La Revolución le quitó las casas a los ricos, auténticos palacios, y se las dio a los campesinos. Construyó escuelas y centros de salud en todos los barrios y pueblos. Nacionalizó, primero, los sectores estratégicos de la economía para, acto seguido, completar el absoluto control gubernamental de todo lo que se mueve. Fidel Castro derrocó al corrupto y sangriento Batista y elevó a Martí a los altares de la nación. Derrotó al imperialismo en Bahía Cochinos y bailó con la Historia un guaguancón desde la periferia del mundo. Todo eso sigue estando ahí, tan presente como el primer día, y constituye la realidad actual de una manera determinante.

La generación que hizo la Revolución vive del recuerdo, y la que no la vivió, cree haberla vivido como los niños creen haber vivido las vacaciones de sus padres a fuerza de ver, una y otra vez, las fotos del pasado

Ciertamente, la práctica totalidad de los hitos tuvieron lugar hace más de cinco décadas, por lo que su actualidad se hace efectiva por medio del discurso de las conmemoraciones anuales, importantísimas para el sistema. La generación que hizo la Revolución vive del recuerdo, y la que no la vivió, cree haberla vivido como los niños creen haber vivido las vacaciones de sus padres a fuerza de ver, una y otra vez, las fotos del pasado y escuchar las cansinas historias. La metáfora es más que apropiada. El paternalismo del discurso oficial ha generado, sobre todo en los jóvenes, una necesidad cuasi biológica de matar al padre para crecer. Y a base de ridiculizar el tono bolivariano de la radio, en los márgenes comunitarios de los Comités de Defensa de la Revolución y la Unión de Juventudes Comunistas, la distancia entre lo que dicen las instituciones y lo que le pasa a la gente no ha hecho más que aumentar. Este espacio, aunque informe, precario y geográficamente variable, es intensamente político. En él, el orgullo de saberse una “maravillosa anomalía histórica” (sitúen a Cuba, para enjuiciarla, en el contexto caribeño y de la América Central) malvive con la falta de expectativas y la invitación tácita a hacer las maletas.

Playa Girón
Cartel conmemorativo de la batalla de Playa Girón, en las inmediaciones de Bahía de Cochinos. Marina Pla

El bloqueo y el gobierno de la escasez

Todo izquierdista occidental que se precie ha sido invitado alguna vez por un compatriota “de centro” a dejar su país e iniciar una nueva vida en el “paraíso socialista” cubano. Es el sistema pedagógico que han ideado los demócratas liberales para corregir los afanes de justicia social del pensamiento adolescente en los países que tienen la barriga llena. Ese sistema educativo pretende neutralizar la radicalidad por medio de la experiencia de la escasez: vayan a vivir a Cuba y ¡disfruten!
La otra posibilidad de lograr un mínimo abastecimiento es el mercado negro que, aunque los precios por cualquier chorrada disuadan a la mayoría, cumple a la perfección con su función

Cuba es un país pobre, eso es cierto, pero con una pobreza extrema residual, si existe. El sistema político impone la igualdad por decreto, salvo algunas excepciones, y el bloqueo yanqui la determina a la baja: todos igual de pobres. Lo básico está garantizado, pero ¿qué es lo básico hoy? Alimentación, vestimenta, higiene, educación, sanidad... La llegada del turismo desde los 90 y, posteriormente, el pintoresco acceso a la red han propiciado el crecimiento exponencial de lo que los cubanos consideran básico. Se necesita de todo y, aunque no lo crean, sobra dinero. Así, cuando alguna empresa o país consigue saltar el bloqueo o es tan poderoso como para ignorarlo (caso de China), las colas en las tiendas dan la vuelta a la manzana. Neveras, televisores, tablets, pasta de dientes... todo se agota en cuestión de una mañana, quedando las estanterías como cuando se avecina un huracán.

Cuba 3 La Habana
Panorámica de La Habana desde la terraza del emblemático paladar "La Guarida". Marina Pla

La otra posibilidad de lograr un mínimo abastecimiento es el mercado negro que, aunque los precios por cualquier chorrada disuadan a la mayoría, cumple a la perfección con su función. Sobre el tema, una chica nos contó una anécdota: desde hace unos años, los cubanos pueden acceder a todos los contenidos de internet a través de un archivo que llaman “el paquete de la semana”. En el paquete, vendido a través del mercado negro en tarjetas de memoria para teléfonos o pen drives, están descargadas todas las series internacionales, periódicos, videojuegos... en fin, todo lo que cualquiera en cualquier parte puede encontrar en internet, con la única particularidad de que con una semana de retraso y, claro, off line.

Al parecer, en la pasada temporada de Narcos, se hacía referencia a los lazos entre el narcotráfico internacional y la élite dirigente cubana, fragmento que a los cubanos de Cuba les llegó censurado, pero que los cubanos del exterior pudieron ver íntegro. La noticia corrió como la pólvora en cuanto entró en la isla, haciendo aumentar las sospechas del control gubernamental sobre “el paquete de la semana” y, por extensión, sobre la totalidad del mercado negro.

Aún sin la posibilidad de corroborar el rumor, la historia parece verosímil, al menos si conseguimos despojarnos de la carga ideológico-afectiva y pensamos en un sistema de poder que ha evolucionado, pragmáticamente, para sobrevivir. En este sentido, la “anomalía histórica” cubana no dista mucho de las dinámicas globales actuales —cosa por otra parte bastante ingenua de pensar—, que han generalizado la corrupción como forma de gobierno en un ambiente de profundas y regresivas transformaciones sociales e institucionales.

Habana pan
Guagua por los caminos entre Cienfuegos y Sancti Spíritu. Marina Pla

Moverse para mantenerse en el sitio

Tuvimos suerte de llegar a La Habana el mismo día que comenzaba el Festival Internacional de Salsa. Fue una gran coincidencia que la fábrica de tabacos Partagas celebrara esa misma semana su 150 aniversario con puros a mitad de precio en las cooperativas. Solo estos dos grandes acontecimientos, sumados a la conmemoración del natalicio de Fidel, podían explicar para dos turistas semejante jolgorio en las calles, una locura. Para cuando algunos pesos después descubrimos que todo era una farsa, ya habíamos quemado varios coibas y dominábamos a la perfección el paso cruzado.

La nueva Constitución establece como inamovible el carácter socialista del sistema cubano. En todos los barrios se celebran asambleas en las que se discuten los pormenores del articulado. La principal novedad es la relativa apertura a la iniciativa privada y los cambios en el acceso a la propiedad. Ahora los cubanos pueden montárselo por su cuenta y sacarle algo de provecho a la apuesta gubernamental por el turismo político. Los visitantes, más que viajeros, parecen haber comprado entradas a un parque temático en el que siempre es fin de año (1959, 1962, 1989...). Que falte casi de todo no deja de ser una paradójica forma de que al parque no le falte de nada. Es así como el mito cubano ha sobrevivido a la muerte de Fidel, nunca tan presente. Tantas veces hemos oído eso de “hay que ir a Cuba antes de que muera Fidel y todo cambie”, que hemos acabado por situar la isla fuera del tiempo y del espacio, en el terreno de una sentimentalidad más próxima al romanticismo que al socialismo.

La nueva Constitución establece como inamovible el carácter socialista del sistema cubano. En todos los barrios se celebran asambleas en las que se discuten los pormenores del articulado

Murales Habana
Los murales de la Revolución. Marina Pla

Pero solo los enemigos del pueblo cubano encontrarán en Cuba lo que estaban buscando: una maqueta a escala de todas sus ensoñaciones. Ningún pueblo vivo puede ser convertido en un museo, y el cubano menos. Ellos ya saben por sí mismos que los gusanos de Miami son cuatro viejos podridos de plata, con más interés en que todo siga igual que en que cambie algo y pierdan su posición privilegiada en Estados Unidos. No hace falta que lo repita la radio machaconamente. Hay, de hecho, un interés compartido por el Gobierno y esa disidencia en mantener en pie una representación que desde dentro hace aguas por todos lados.

En la película Sergio y Sergéi (2017), un profesor cubano de marxismo y radioaficionado logra contactar con un cosmonauta soviético en misión espacial en la MIR. Es 1991. Boris Yeltsin está acabando de desmantelar lo que queda de URSS y Castro improvisa con lo que tiene a mano lo que luego llamará el “Periodo Especial”. Sergéi partió soviético y regresará, cuando la cosa se calme, solamente ruso. Sergio ha perdido el nexo entre teoría y praxis y trata de encontrar un sentido a su vida en la de su hija, uno de los cien mil Elián González (el niño balsero) que naufragarán en los 90 junto al Malecón, inaugurando el clima intelectual post-heroico de la Trilogía sucia de la Habana.

Y en esas estamos.

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5 Comentarios
#26658 22:04 24/11/2018

"Cuentos tertulianos" es lo que dais.. Tirad pa antena3, Cuatro, Telecinco y la Sexta a dar lecciones de moral. FALSOS!

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#26539 23:18 22/11/2018

Para este viaje no hacían falta tantas alforjas. Nada nuevo en el frente con este aburrido y pretencioso artículo.

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Joan Esteve 22:36 22/11/2018

Estuve en cuba el año en que murió Fidel. 1.300 km en un mes. Debí de equivocarme de isla, ya que no reconozco casi nada de lo que describe este reportaje.

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#26553 10:17 23/11/2018

? Pues no sé qué Cuba visitaste...

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#26492 13:57 22/11/2018

https://www.lahaine.org/mundo.php/cuba-2018-pilares-socialistas-y
http://insurgente.org/brasil-perdon-a-mis-ninos-por-no-haberles-dicho-adios-emotivas-palabras-de-un-medico-cubano/
http://insurgente.org/cuba-contundente-y-esclarecedora-carta-de-un-medico-cubano-a-bolsonaro/
http://insurgente.org/cuba-respuestas-a-las-insidias-salario-titulos-familia-y-el-bien-de-los-colaboradores-cubanos-en-brasil/

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