Coronavirus
Coronavirus y lucha de clases: los trabajadores de Metro

Los Metros siguen abiertos en el marco de la brutal bifurcación histórica que significa la pandemia de covid19. Se está trabajando en el Metro. ¿En qué condiciones? 

Coronavirus día 16 centro de Madrid UME y Samur - 5
Los trabajadores del Metro son otro sector de trabajo invisibilizado en la crisis del coronavirus. Álvaro Minguito
José Luis Carretero

Instituto de Ciencias Económicas y de la Autogestión

19 mar 2020 09:39

Como afirmábamos en un artículo anterior en este mismo medio, la crisis del coronavirus está poniendo de manifiesto la crudeza de la lucha de clases en el seno de la sociedad española en una situación excepcional. Las tensiones, presiones, conflictos y pruebas de fuerza asociadas a la reivindicación por parte de los trabajadores del cumplimiento de la normativa de prevención de riesgos laborales y de las indicaciones de la comunidad médica en los centros de trabajo, están generando situaciones como el cierre de la planta automovilística de Mercedes en Vitoria por el Comité de Empresa —la representación unitaria de los trabajadores— o el más que previsible cierre de Konecta, la mayor empresa de telemárketing de España, en las próximas horas, ante la presión jurídica desarrollada por las secciones sindicales de CGT, Solidaridad Obrera y USO.

Coronavirus
Coronavirus y lucha de clases

La expansión de la pandemia del coronavirus, que ha provocado la declaración en nuestro país del Estado de Alarma, la intromisión más acusada en los derechos individuales de los ciudadanos desde la caída del franquismo, está mostrando, en su más palmaria brutalidad, las contradicciones sociales principales del capitalismo terminal. 

La situación no ha cambiado en los últimos días. Y no parece previsible que lo haga. Recordemos que los sectores que siguen trabajando en la calle, además del sanitario, pese al estado de alarma decretado por el gobierno, como el telemárketing, la limpieza, los transportes, el reparto a domicilio o la alimentación… están principalmente (aunque no únicamente) constituidos por toda esa fuerza de trabajo manual y muchas veces precaria, que el discurso dominante ha invisibilizado completamente en las últimas décadas.

Se trata de una clase obrera cuya misma existencia ha sido negada por los discursos altisonantes sobre el cognitariado, los knowmads o el trabajo inmaterial desde hace ya tiempo. Pero que, tozudamente, se convierte en estratégicamente decisiva para la sustentación de esa misma esfera virtual que la niega como su esencial condición de posibilidad. No hay trabajo inmaterial, sin la legión de limpiadoras, reponedores, cajeras, conductores de autobús, riders y personal de mantenimiento que constituyen la base material del trabajo socialmente necesario en la Smart City de nuestros días.

Y uno de esos trabajos necesarios e invisibilizados, sobre el que me voy a detener en estos momentos, es del transporte suburbano. Los Metros que articulan la posibilidad de que la fuerza de trabajo llegue allí donde es necesaria para el proceso de valorización del Capital, en las grandes urbes degradadas de nuestro tiempo, de manera cotidiana. Sin este medio de transporte, las grandes ciudades serían inviables y nuestra perdida normalidad, como estamos viendo estos días, hubiese sido radicalmente otra.

No se trata, en el imaginario de la mayoría de nuestra sociedad, de un sector especialmente precario. El hecho de que sea un sector estratégicamente decisivo para el proceso productivo, al garantizar que la mano de obra estará allí donde se la necesita todos los días, ha hecho que sus reivindicaciones recurrentes muestren la ambivalencia que muestran, en el discurso mediático, todas las manifestaciones de lucha de los sectores de la clase obrera que aún insisten, por estar fuertemente organizados, en autodenominarse orgullosamente como tal: mientras sus luchas pueden obtener éxitos más llamativos que las de otros sectores y garantizar condiciones de trabajo un poco mejores, su imagen pública es demonizada —“están siempre en huelga”. “son unos privilegiados”— para romper toda posibilidad de extensión de sus costumbres levantiscas entre el proletariado precarizado más atomizado, reconvertido por los media y la clase política en la silenciosa “ciudadanía de clase media y trabajadora” consumista.

Se engañan, sin embargo, quienes piensan que, en el suburbano, sólo trabajan privilegiados corporativistas, restos de una clase obrera en decadencia. La expansión de las contratas y subcontratas —limpieza, seguridad y otros marcos crecientes de actividad rápidamente externalizada— ha precarizado fuertemente el trabajo del transporte en el subsuelo en las principales ciudades, en la última década. Además, el trabajo en el Metro sigue estando marcado por la explotación, los horarios de órdago y la ubicuidad de contaminantes como el amianto, que en el caso del Metro de Madrid ya han provocado la muerte de varios trabajadores, pese a la recurrente conflictividad de los sindicatos más combativos, que han llegado a querellarse criminalmente contra los responsables políticos de que este material altamente cancerígeno y potencialmente dañino para trabajadores y usuarios, no haya sido aún retirado.

Y los Metros, obviamente, siguen abiertos en el marco de la brutal bifurcación histórica que significa la pandemia de covid19. Se está trabajando en el Metro ¿En qué condiciones?

Las tensiones, presiones y conflictos están encima de la mesa en estos momentos. Ya hay más de 18 trabajadores confirmados como enfermos, cerca de 340 afectados posibles y un fallecido por la pandemia

Antonio Rus, asistente habitual al Comité de Seguridad y Salud del Metro de Madrid por la parte sindical, nos cuenta que las tensiones, presiones y conflictos están encima de la mesa en estos momentos, como en el resto de sectores productivos que siguen abiertos. Con más de 18 trabajadores confirmados como enfermos, cerca de 340 afectados posibles —aislamientos, bajas que no se han confirmado, etc.— y un fallecido por la pandemia, la empresa se niega a dejar abiertos los torniquetes para que los usuarios puedan pasar sin tener que tocar ningún elemento físico, como reclama la sección sindical de Solidaridad Obrera. Escasea el gel hidróalcohólico, los guantes y las mascarillas.

Los trenes y cabinas de los maquinistas no se limpian entre turnos, sino sólo al acabar el día. Se ha hecho que algunos trabajadores acudan a realizar trabajos en taxis, en los que se suben varias personas. Se hacen evaluaciones unilaterales de los riesgos sin contar con la parte sindical, lo que impide conocer la importancia de que los maquinistas dispongan de guantes y mascarillas, ya que si caen enfermos y no se ha hecho la limpieza durante el día pueden haber contaminado a todos los trabajadores de la línea. También se deja en manos de los Jefes de Estación la toma de decisiones que deberían tomarse más arriba. Trabajadores que tienen familiares que son población de riesgo en sus casas siguen en las líneas, creando el peligro de infectarles al volver al hogar. La situación de las contratas es también dramática: sin protecciones especiales y mucho más precarizados y desorganizados sindicalmente.

En el Metro de Barcelona también falta el material de protección —guantes, gel, mascarillas—, nos indica Ángel González, miembro de la representación unitaria de los trabajadores

En el Metro de Barcelona también falta el material de protección —guantes, gel, mascarillas—, nos indica Ángel González, miembro de la representación unitaria de los trabajadores. La empresa pone la excusa de que legalmente no es considerado Equipo de Protección Individual y de que hay agua corriente en las instalaciones. Por ello, los operarios se han puesto a fabricar gel con alcohol, agua y glicerina en su tiempo de descanso. “Debemos seguir abiertos para que la gente que presta servicios básicos pueda acudir a sus puestos”, nos dice Ángel.

La lucha de clases se expresa en el suburbano con la misma brutalidad que en la superficie. Los trabajadores son el otro lado de la balanza de los beneficios del Capital. Si los recursos van para un lado, escasean en el otro. Desechables, reemplazables, así es como ve el mando social a los individuos de nuestra clase. Si actividades no esenciales siguen abiertas en la cuarentena, los trabajadores de las actividades esenciales se ven ante una vorágine creciente de riesgos. Riesgos que puede convertirse en un elemento más de tensión para el sistema sanitario.

Defender nuestras vidas, nuestro derecho al pan, pero también a las rosas (a todo lo bello de la vida) pasa por ser conscientes de que la lucha es el único sustrato material de los derechos. Y de que la sociedad de clases, el capitalismo, se tiene que acabar.

Relacionadas

Crisis económica
¿Hacia dónde vas, España?

El dictamen de la Comisión para la Reconstrucción Social y Económica establece las bases del futuro post covid-19. Un futuro que trata de acercarse a la Unión Europea y dejar atrás la España del ladrillo y la evasión fiscal, para centrarse en reindustrializar el país y caminar hacia el estado del bienestar. Pero, en medio, se han colado medidas neoliberales, como la mochila austriaca.


Europa
No te duele Nadia Calviño, te duele la Unión Europea

La derrota de Nadia Calviño en su carrera por presidir el Eurogrupo parece una oportunidad perdida para cambiar la Unión Europea. Pero que alguien como ella haya llegado y que haya ganado un irlandés solo demuestran que nada va a cambiar pase lo que pase.

Coronavirus
Las redes vecinales desmontan en Cibeles el mito de Almeida: “Los servicios sociales no cogen el teléfono”

Las redes vecinales exigen frente al Ayuntamiento que el alcalde Martínez-Almeida garantice la alimentación de las 50.000 personas atendidas por las despensas solidarias. Ante la falta de apoyo institucional y el desgaste de estas iniciativas de apoyo mutuo, miles de personas podrían quedarse este verano "varadas en tierra de nadie, sin recursos para alimentarse”.

0 Comentarios

Destacadas

Coronavirus
Los gigantes de la alimentación se embolsan 18.000 millones mientras el hambre se extiende por el covid-19

Las hambrunas provocadas por la pandemia pueden provocar más muertos que el propio virus, según un informe de Oxfam. Mientras, las mayores empresas de alimentación y bebidas reparten 18.000 millones de euros en dividendos a sus accionistas.

Crisis económica
¿Hacia dónde vas, España?

El dictamen de la Comisión para la Reconstrucción Social y Económica establece las bases del futuro post covid-19. Un futuro que trata de acercarse a la Unión Europea y dejar atrás la España del ladrillo y la evasión fiscal, para centrarse en reindustrializar el país y caminar hacia el estado del bienestar. Pero, en medio, se han colado medidas neoliberales, como la mochila austriaca.


Opinión
Naciones Unidas suspende a España por su maltrato al empleo doméstico

El informe del exrelator Especial de la ONU sobre la extrema pobreza y los derechos humanos Philip Alston destaca la desprotección social y la precariedad de las empleadas domésticas y urge a que España ratifique el Convenio 189 de la OIT. Ojalá que esa llamada de atención por parte de Naciones Unidas haga un poco más visibles nuestras demandas

Europa
No te duele Nadia Calviño, te duele la Unión Europea

La derrota de Nadia Calviño en su carrera por presidir el Eurogrupo parece una oportunidad perdida para cambiar la Unión Europea. Pero que alguien como ella haya llegado y que haya ganado un irlandés solo demuestran que nada va a cambiar pase lo que pase.

Catalunya
En el punto de mira de las patrullas de Mataró
Vecinos de la capital del Maresme han formado patrullas para “hacer frente” a los robos con fuerza y las ocupaciones ilegales que ocurren en el municipio. El Ayuntamiento de Mataró y las asociaciones vecinales se oponen a estas patrullas, en cuyos grupos de Telegram circulan mensajes abiertamente racistas, pero señalan que hay un problema de convivencia y seguridad que requiere una respuesta compleja.
Crisis climática
La Tierra podría sobrepasar el umbral de los 1,5ºC en los próximos cinco años

La Organización Meteorológica Mundial publica sus últimas predicciones y señala que, en 2020, la temperatura media será 0,8ºC superior a la media de los años 1981-2010.

Sanidad pública
Seis gráficas para entender los recortes en la sanidad

La pandemia ha demostrado cómo de importantes han sido los recortes en gasto sanitario, plantillas, atención primaria y salud pública en la Comunidad de Madrid.

Música
Sara Curruchich: porque fueron somos, porque somos serán

La cantante Sara Curruchich cree “totalmente” que la música y las artes pueden transformar un país y hasta el mundo entero para que sea más igualitario, equitativo y con mayor justicia social. Su disco Somos es un canto a los pueblos originarios de Guatemala, una llamada a abolir las fronteras y un manifiesto a favor de la tierra, “dadora de vida”.

Últimas

Coronavirus
Las redes vecinales desmontan en Cibeles el mito de Almeida: “Los servicios sociales no cogen el teléfono”

Las redes vecinales exigen frente al Ayuntamiento que el alcalde Martínez-Almeida garantice la alimentación de las 50.000 personas atendidas por las despensas solidarias. Ante la falta de apoyo institucional y el desgaste de estas iniciativas de apoyo mutuo, miles de personas podrían quedarse este verano "varadas en tierra de nadie, sin recursos para alimentarse”.

Infancia
El IMV deja fuera a dos millones de hogares en riesgo de pobreza con hijos
El IMV deja fueran al 70% de familias con hijos e hijas en riesgo de pobreza y a un 37% de las que están en riesgo de pobreza severa. Save the Children pide cambios en los criterios de acceso y complementarlo con ayudas autonómicas. La organización estima que uno de cada tres niños estará en situación de pobreza en 2020 si no se toman medidas.
Tecnología
El valor de la incomodidad

Tu móvil sabe dónde estás, dónde compras, dónde comes, dónde te desplazas y dónde te alojas. Te sugiere cosas, actividades que hacer y sitios que visitar. Es estupendo, porque es cómodo no tener que buscar lo que te apetece hacer.

Islas Canarias
Contra el hotel de La Tejita y su mundo (II): tierras arrasadas

En contraposición a lo que nos cuentan en el telediario acerca de las virtudes del turismo, los datos son demoledores: las zonas turísticas coinciden exactamente con las zonas con mayor índice de pobreza extrema no solo de Tenerife, sino de todo el Estado español.

Vivienda
Demanda del Sindicato de Inquilinas contra Blackstone, el gigante de los 250.000 millones de euros

El Sindicato de Inquilinas presenta una demanda contra las cláusulas abusivas que la mayor compañía inmobiliaria del planeta, Blackstone, incluye en los contratos de decenas de familias en Torrejón de Ardoz (Madrid).

Opinión
Una breve radiografía crítica de las elecciones gallegas

Si todo sigue el guión previsto, Feijóo volverá a ser presidente de la Xunta de Galicia. Si hay carambola y gobierna la izquierda, tampoco se esperan grandes innovaciones.