Colombia
María José Pizarro: “No solo Colombia, también Europa debe estar alerta sobre su propia soberanía”
@martincuneo.bsky.social
María José Pizarro es hija de dos integrantes del M-19, guerrilla colombiana que se hizo famosa con el robo de la espada de Simón Bolívar en 1974. Su padre era Carlos Pizarro, el máximo líder de este movimiento armado cuando entregó las armas en 1990. Pocos días después de firmar la paz, fue asesinado.
Tras pasar parte de su infancia y juventud en el exilio, María José Pizarro regresó definitivamente a Colombia en 2010. Desde entonces se desempeñó como artista y activista por la memoria histórica y por la resolución pacífica del conflicto armado.
Desde 2018, ha tenido una trepidante vida política en la que ha ejercido como diputada, integrante del Equipo Negociador del Gobierno con el ELN y vicepresidenta del Senado. Actualmente, es senadora por el Pacto Histórico, coalición de izquierda que reúne a más de una decena de partidos y movimientos políticos. Para las elecciones presidenciales del 31 de mayo de 2026, donde está en juego la continuidad del primer Gobierno de izquierda en la historia de Colombia, Pizarro ejerce de jefa de campaña. Junto al candidato a presidente, el histórico activista Iván Cepeda, Pizarro ha visitado Madrid para presentar la candidatura y pedir ayuda frente a una más que posible injerencia del Gobierno de Donald Trump en las elecciones colombianas.
Aunque Cepeda lidera las encuestas, el líder del nuevo partido Defensores de la Patria, el abogado Abelardo de la Espriella no ha dejado de crecer en preferencia de voto y reúne todas las características para convertirse en el candidato de Trump: ultraderechista, admirador de Javier Milei y de Nayib Bukele, perfil alto en redes sociales y pocos escrúpulos.
La intervención de Estados Unidos en Venezuela marca la conversación en un piso con vistas al Congreso de los Diputados. Las amenazas de intervención militar en Colombia se han relajado desde la conversación de una hora entre el presidente Gustavo Petro y Trump, pero tal como recuerda Petro en una entrevista, todo ha cambiado desde el 3 de enero: “Cualquier presidente en el mundo puede ser extraído si no concuerda con ciertos intereses”.
¿Cómo afecta a Colombia el ataque de Trump a Venezuela?
Nosotros hemos sido una colonia en distintas ocasiones de la historia y Estados Unidos siempre ha tenido aspiraciones hegemónicas sobre el continente. Durante las últimas décadas, América Latina ha ido progresando, superando la desigualdad, superando las dictaduras en el Cono Sur, muchas de ellas auspiciadas por los propios EEUU. Parecía que íbamos ganando autonomía, soberanía, se habían ido creando instancias latinoamericanas de integración. Lo que acaba de pasar va en la dirección contraria.
Mientras tengamos ese portaaviones en el mar Caribe, América Latina y Colombia van a estar en alerta en defensa de su soberanía, de nuestra autonomía y de nuestro derecho a tener relaciones libres con otras naciones del mundo
Lo que sucede en Venezuela es consecuencia de una decisión que ya había tomado EEUU y que hizo pública en los documentos de seguridad nacional sobre sus intereses en América Latina y en el hemisferio occidental. No solo Colombia y los propios países latinoamericanos, también Europa y África deben estar alerta sobre sus propias soberanías. Porque el documento dice claramente que no van a aceptar que ninguna nación cuestione la hegemonía de EEUU como país potencia en el hemisferio occidental. Los documentos incluyen una serie de medidas que ha seguido a rajatabla. Mientras tengamos ese portaaviones en el mar Caribe, América Latina y Colombia van a estar en alerta en defensa de su soberanía, de nuestra autonomía y de nuestro derecho a tener relaciones libres con otras naciones del mundo.
¿Están condicionando las amenazas de Trump al alcance que puedan tener las políticas transformadoras del Gobierno de Gustavo Petro?
Creo que el presidente Gustavo Petro en esta ocasión ha manejado el asunto con inteligencia. Por un lado, ha llamado a la movilización y las plazas de todo el país se llenaron. Esto implica que el presidente cuenta con un gran respaldo popular, un respaldo que se ve reflejado en las encuestas desde el año pasado. El presidente viene en una curva ascendente de favorabilidad y eso se expresa en la presencia multitudinaria en las calles. Y al mismo tiempo, ha abierto un canal de comunicación con EEUU. Esperamos que en esta lógica de diálogo y de respeto a los canales diplomáticos pueda mantenerse, pero lo que no vamos a tolerar es ningún tipo de amenaza contra el presidente, que ya ha sido incluido de manera injusta, sin pruebas, en la lista Clinton [de personas y empresas vinculadas con el narcotráfico] y le ha sido retirada la visa [para entrar en EEUU].
¿Crees que Trump intentará influir en las elecciones generales de mayo con amenazas veladas o directas, apoyando a su propio candidato, como ya ha hecho en Argentina, Ecuador o Honduras?
Esa es la razón principal de este viaje. Hemos venido para pedir a las distintas instancias la creación y el acompañamiento de misiones de observación electoral. La solicitud ya ha sido hecha al Parlamento Europeo. Hemos tenido reuniones también con distintos parlamentarios y lo mismo haremos con otras naciones. Creemos que este proceso electoral debe ser vigilado no solamente en Colombia, sino también en otros países con la votación de colombianos en el exterior.
Esperamos que en esta lógica de diálogo y de respeto a los canales diplomáticos pueda mantenerse, pero lo que no vamos a tolerar es ningún tipo de amenaza contra el presidente
¿Cómo se puede producir esa injerencia en las elecciones?
Una de las formas que puede tomar esa injerencia es la inversión de dinero a través de las redes sociales para influir en la conciencia y el voto libre de las personas a través de la desinformación y las noticias falsas. Es una dinámica que se vive en todo el mundo, pero una inversión millonaria de recursos en un país donde no se hace seguimiento del origen de estos recursos genera una competencia desigual. En todo caso, la injerencia se puede dar de múltiples maneras. Los medios de comunicación aquí juegan un papel fundamental, especialmente si se mantiene, como se ha mantenido hasta el momento, una persecución y una narrativa de desinformación y la construcción de un estado de opinión adverso a las fuerzas progresistas. Pero, además, tenemos un candidato como Abelardo de la Espriella, que ha sido abogado de mafiosos, que ha sido abogado de criminales, que ha litigado incluso en defensa de esos narcotraficantes en los Estados Unidos y que, además, fue socio de Marco Rubio.
Hablando de medios, ¿Prisa es uno de los grupos a los que te referías?
No voy a señalar un grupo en concreto. Es una narrativa que tienen la mayoría de los medios de comunicación en Colombia. Es más, son muy pocos los medios de comunicación, por no decir casi ninguno, los que han tenido una narrativa de respeto, equilibrada. Fíjate que ningún logro del Gobierno se muestra en los medios de comunicación. Y te pongo un ejemplo: empezamos el año con una subida histórica del 23% en el salario mínimo. Y si tú te ponías a ver las noticias en televisión o a escuchar la radio, los medios estaban generando una sensación de pavor en la población, como si fuera una noticia nefasta. Los mismos logros o decisiones del Gobierno en beneficio de la gente son presentadas en los medios como una noticia terrorífica para sus bolsillos y para su poder adquisitivo.
El 9 de enero, El País publicaba que la reanudación de fumigaciones con glifosato sobre plantaciones de coca era parte de un acuerdo secreto con EEUU. ¿Es cierto? ¿No es una contradicción con las promesas electorales de Petro?
Este tipo de medidas para el control del cultivo de coca en nuestro país por supuesto serían contrarias a lo que este Gobierno había planteado como su política de lucha contra las drogas, que implicaba una fórmula muy sencilla: asfixiar a los grandes narcotraficantes y dar oxígeno a los campesinos y a los pequeños cultivadores. La atención del Gobierno no se debe centrar en perseguir a aquellos campesinos que no tienen otras opciones, sino, por el contrario, avanzar en la construcción de infraestructura y satisfacer las necesidades básicas [de la población rural]. El 80% de los colombianos en las zonas rurales no tienen agua potable ni luz. No tienen acceso a lo básico para su vida. Perseguirles y llenar las cárceles de campesinos cultivadores de coca es un despropósito. El Gobierno de Gustavo Petro es el que más droga ha incautado y eso sí es, por supuesto, una medida que menoscaba el poder de los narcotraficantes y sus intereses.
Los mismos logros o decisiones del Gobierno de Petro en beneficio de la gente son presentadas en los medios de comunicación como una noticia terrorífica para sus bolsillos y para su poder adquisitivo
Sin embargo, aun cuando es una decisión del Gobierno, nosotros no estamos de acuerdo con la aspersión por glifosato, una estrategia que ha traído problemas gravísimos para la salud de las personas que viven en estas zonas del país y la contaminación de acuíferos. Así que, independientemente de la decisión que tome o no el Gobierno en relación con esta materia, nosotros, siendo parte de la bancada de Gobierno, pues tampoco estamos de acuerdo con este método, nunca lo hemos estado y así lo hemos hecho saber durante décadas. Creemos en la sustitución voluntaria de cultivos. Se ha demostrado con éxito que puede desarrollarse si hay políticas para ello, si en vez de financiar al Ejército para la aspersión con glifosato, se financia a los campesinos para que sustituyan de manera voluntaria sus cultivos.
En América Latina se está viviendo una ofensiva de la extrema derecha sin precedentes. Colombia se ha salvado por ahora. ¿Ha ayudado ya haber pasado por gobiernos cercanos a la ultraderecha como los de Álvaro Uribe en la historia reciente?
En Colombia tenemos un país partido en dos. Esta división antes se expresaba entre liberales y conservadores y ahora entre las fuerzas progresistas y los partidos de ultraderecha. Seguramente esto se vive en otras naciones del mundo, pero lo nuestro, tristemente, ha estado atravesado por distintos ciclos de violencia, de conflictos muy largos.
Colombia es un país que ha sido gobernado por una tradición de derecha. En ocasiones, como ocurrió con Álvaro Uribe Vélez, con una derecha radical en sus formas, no soslayada, con un estilo escandaloso, similar al que despliega ahora Abelardo de la Espriella. La apuesta por la doctrina de seguridad nacional, muy ligada a doctrinas militares que han sido cuestionadas a lo largo de la historia del país, incrementaron las cifras de violencia del conflicto armado de manera dramática, también en la actualidad. Las cifras que tenemos ahora son herencia, precisamente, de la decisión que tomó otro uribista, [el expresidente] Iván Duque, de hacer trizas la paz en un momento trascendental, cuando se iniciaba la implementación de los acuerdos en Colombia. El fortalecimiento de los grupos armados que estamos viviendo responde a esta decisión. Doctrinas como la lucha contrainsurgente, del enemigo interno o de la seguridad nacional resultan anacrónicas hoy en Colombia.
Con la victoria del Pacto Histórico se despertó una enorme expectativa, sin embargo muchas de las propuestas no se han concretado. ¿Qué se ha conseguido y qué se ha quedado sin hacer?
Lo más importante que se ha hecho es demostrar que se podía pasar con éxito de una economía extractivista a una economía productiva. El segundo logro más importante ha sido la reforma agraria. La tenencia de la tierra es el origen de la violencia en Colombia y este Gobierno ha entregado aproximadamente 700.000 hectáreas sin expropiar a nadie, comprándole la tierra a los grandes terratenientes y entregándosela a los campesinos que fueron despojados de sus tierras. También se han formalizado 1,6 millones hectáreas de campesinos que vivían en tierras sobre las que apenas tenían una promesa de compraventa, pero no tenían los títulos de propiedad. Y eso les permite poder acceder a algo tan sencillo como un crédito para tecnificar su propia producción.
Siendo parte de la bancada de Gobierno, tampoco estamos de acuerdo con este método [las fumigaciones de plantaciones de coca con glifosato], nunca lo hemos estado y así lo hemos hecho saber durante décadas
En materia social, se han aprobado dos medidas importantísimas: la reforma laboral y la reforma pensional, aunque esta última no la hemos podido implementar porque sigue bloqueada en la Corte Constitucional. Son medidas que ya empiezan a beneficiar al bolsillo de los colombianos y, sobre todo, de los colombianos más pobres en un contexto de buenas cifras económicas: tenemos una inflación del 5,1%, el dólar se mantiene estable, el desempleo continúa a la baja con cifras que no se veían desde hace décadas y dos millones y medio de personas han salido de la pobreza y de la pobreza extrema.
Muchas otras medidas no las hemos podido sacar adelante por el bloqueo institucional en el Congreso y en las altas cortes [de Justicia]. Partes importantes de la reforma tributaria progresiva y progresista se cayeron en la Corte Constitucional. En la parte de autocrítica, creo que las comunicaciones del Gobierno en relación a sus propios éxitos no han sido las mejores. Y el cambio constante de ministros ha hecho que lo que podría ir a un ritmo acelerado ha tenido periodos de ejecución que no son recomendables cuando tienes un Gobierno de tan solo cuatro años.
Has participado en las negociaciones con el ELN. ¿Qué crees que ha provocado que se haya roto el alto el fuego y vuelvan a las armas?
Yo soy hija de un firmante de paz. Mi padre fue asesinado 45 días después de dejar las armas como comandante del M-19, cuando era candidato presidencial. Lo primero que tienes que hacer cuando dejas las armas es tomar la decisión de hacer la paz y yo creo que el ELN no había tomado la decisión. La decisión íntima, profunda, inclusive individual y colectiva como organización, no había sido tomada. Así, avanzar es muy difícil. Lo que nos llevó a la suspensión definitiva de los diálogos, es lo sucedido en el Catatumbo hace un año, cuando el ELN entró en enfrentamientos con las disidencias de las FARC generando una situación de emergencia humanitaria en la región. Lo primero es que tomen esa decisión. Con esa base, todo es posible hablarlo y encontrar acuerdos. Si la decisión no está tomada, vamos a estar en un círculo vicioso que no nos lleva a ningún lado.
Nos quedan muchos retos por delante. Nosotros sabíamos que gobernar cuatro años no permitía poner a Colombia en una senda diferente, que se requería gobernar más tiempo
Ha habido muchas críticas desde la izquierda a los bombardeos ordenados por Petro a campamentos de la guerrilla, donde ha habido varios menores muertos, algo que desde el Pacto Histórico siempre se había criticado.
Esas son decisiones que toma el presidente Gustavo Petro en el marco de sus funciones de análisis de información y que no fueron públicas en su momento. Nosotros siempre vamos a rechazar el asesinato de menores y vamos a defender una política de prevención del reclutamiento forzado, algo en lo que sí ha avanzado el Gobierno, como, por ejemplo, con la construcción de oportunidades para la juventud en zonas donde hay presencia de grupos armados. También es importante cuestionar seriamente lo que hicieron gobiernos en el pasado, como el cierre de la frontera con Venezuela durante cuatro años: no solamente expusieron a los migrantes venezolanos a las mafias, que se apoderaron del territorio, sino que cerraron cualquier posibilidad de comercio a través de la frontera. Estas medidas lo que hacen es aislar una zona donde ellos [los grupos armados] en últimas terminan fortaleciéndose porque son los que realmente están presentes en ese territorio. Hay que prevenir el reclutamiento forzado, pero también construir condiciones materiales para la transformación de los territorios para que la gente pueda sentir algo más allá de la presencia militar y generar condiciones para que la gente pueda comerciar con el resto del país.
¿Cómo ha influido la lucha de años por la memoria, la verdad y la justicia en la victoria del Pacto Histórico y en unas encuestas que no dan la victoria, al menos por ahora, a un líder de extrema derecha?
No deja de ser llamativo que el mismo Iván Cepeda sea hijo de un senador asesinado [Manuel Cepeda, en 1994] en el marco del genocidio contra la Unión Patriótica y que quienes hacemos parte del Pacto Histórico en su mayoría hayamos sido perseguidos o seamos víctimas del exilio y del conflicto armado. Es la historia de nuestro movimiento político. Sin embargo, lo que nosotros buscamos es construir el modelo que tiene que regir Colombia, un modelo distinto al neoliberal. Esa es la discusión. Nos quedan muchos retos por delante. Nosotros sabíamos que gobernar cuatro años no permitía poner a Colombia en una senda diferente, que se requería gobernar más tiempo y por eso hemos presentado una candidatura que consideramos viable de un hombre valiente como Iván Cepeda.
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