Navidades en el CIE de Aluche: “Le dijeron que cómo podía tener un iPhone si es negro”

Tres jóvenes han pasado las navidades en el CIE tras una macrorredada el pasado 20 de diciembre que acabó con 18 personas detenidas. Hoy todos los detenidos se encuentran en libertad excepto tres personas originarias de Senegal. “Fue una redada contra personas negras”, denuncian sus amigos.

Fátima SOS Racismo
Fátima con su hijo en la sede de SOS Racismo Álvaro Minguito

publicado
2019-01-11 06:49:00

Abdu, Ngor y Dame han pasado las Navidades en el Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) de Aluche. Los tres fueron enviados allí después de una macrorredada acontecida en el barrio de Lavapiés el pasado 20 de diciembre. La Policía aseguró haber desmantelado cinco narcopisos y haber detenido a alrededor de 16 personas, según publicaba El Mundo. Hoy todos los detenidos se encuentran en libertad excepto estos tres senegaleses. Lo cuentan a El Salto Djiby Mbaye y Fátima El Haddaoui, dos de las personas que acuden periódicamente a visitarles y que quieren denunciar la situación en la que están sus amigos. “Los tres se encuentran retenidos por problemas de papeles y les están tratando muy mal”, asegura Djiby.

“Abdu tiene la residencia conseguida en Italia. Según la Policía, su residencia italiana es falsa y no entendemos por qué. Hemos contactado con su padre, que vive en Italia y fue quien le reagrupó, para conseguir un certificado de su residencia. Ellos le quieren repatriar a Senegal, pero no pueden”, afirma Djiby, quien toma un poco de aire antes de proseguir: “A Ngor le han pegado y le han quitado el móvil. Tenía un Iphone y le dijeron que cómo un negro podía tener ese móvil”, denuncia. “Dame ha sufrido también un par de golpes. Los policías le dijeron que cuando pasara delante de ellos tenía que agachar la cabeza. No lo hizo y le pegaron. Querían que fuera sumiso, pero no lo fue”.

“Los policías le dijeron que cuando pasara delante de ellos tenía que agachar la cabeza. No lo hizo y le pegaron”

Fátima El Haddaoui, otra de las personas que acude a visitar a estos tres senegaleses, añade más detalles. “Las visitas son hasta las 7.30h. Yo llegué un día a las 6:45 y me dijeron que no había visitas, que ya se habían acabado. Luego hablé con Abdu y había mucho ruido. Me dijo que Ngor estaba mal, se había dado un golpe en el hombro, le habían dado una medicación y le hizo reacción. Acabó en el hospital”, explica El Haddaoui. “Además, tuve que ir a su casa para coger la factura de su móvil para que comprobaran el IMEI y se lo devolvieran. Se la lleve pero no quieren devolverle el móvil”.

A su lado, Paula Guerra, presidenta de SOS Racismo, escucha atentamente. “Las condiciones que hay en el CIE son peores que las que hay en una cárcel —asegura—. Las cárceles por lo menos tienen un reglamento interno de funcionamiento. El funcionamiento interno de un CIE lo decide el director de cada centro. No hay normativa a nivel estatal”, denuncia Guerra.

Una macrorredada “que ha quedado en nada” 
Tras la macrorredada, tres personas fueron trasladadas al CIE, siete a la cárcel de Soto del Real y ocho fueron puestos en libertad, tal y como explica Fátima. En este último grupo está su pareja, quien fue detenido en la puerta de su casa. “Todos los chicos son amigos, casi todos proceden del mismo pueblo de Senegal, Kayar”, cuenta.

“A todos les acusan de organización criminal y de delitos contra la salud pública. El juez no ha visto pruebas suficientes para mantenerles en prisión y les ha dejado en libertad a espera de juicio, salvo a los tres que están en el CIE, que están ahí por problemas de papeles”, manifiesta rotunda mientras asegura que ella no tiene nada que esconder. “Vinieron a mi casa alegando que mi pareja tenía una citación judicial. Yo les dije que pasaran a casa porque no tenemos nada que esconder. Se llevaron a mi chico esposado hasta la comisaría de Moratalaz el jueves y el sábado lo sacaron”, asegura.

“Esta macrorredada deja al descubierto el racismo estructural que estamos viviendo siempre las personas migrantes racializadas. Es decir, fue una redada contra personas negras. Si hablas con los detenidos te van a decir que todavía no hay una acusación firme. Toda esta parafernalia que montaron en la redada que se publicitó a los medios como una operación contra los narcopisos al final ¿en qué ha quedado? En nada”, concluye rotunda la presidenta de SOS Racismo Madrid. “De hecho, el piso que está al lado del mío fue uno de los que abrieron de forma violenta y es un piso que lleva deshabitado desde el verano”, añade.

Paula SOS Racismo
Paula, de SOS Racismo, en la calle Lavapiés, Madrid. Álvaro Minguito

Clara Herrero, técnica de inmigración de SOS Racismo que atiende a la población del barrio, corrobora que estas situaciones son habituales. “Para nosotros no es raro, es lo de cada día. Tenemos otro caso en el que los acusados han estado un año en prisión preventiva y acaba de salir la sentencia que les considera inocentes”. “Tengo muchos casos de personas que estaban solo consumiendo y están acusadas de tráfico, y muchos casos ganados después”, asegura.

“En este caso se está exagerando. La macrorredada fue muy grande. Tienen que hacer ver al vecindario que están haciendo algo por el barrio para contener a algunos vecinos”, denuncia quien pide que se diferencie entre las actividades de menudeo y las acusaciones de organización criminal “porque entre una cosa y otra hay un trecho”.

A Djiby Mbaye le gustaría pasar más tiempo con sus amigos en la Plaza de Lavapiés, pero corrobora el acoso al que someten a las personas negras en el epicentro de la operación policial. “No puedes sentarte en la plaza de Lavapiés ni a tomar el sol. Yo no me suelo mover por esa zona, a veces quiero ir a verlos y es imposible. Pasan personas blancas y no se sienten acosados de esa manera, pero tú constantemente tienes que sacar la documentación. Así no se puede vivir”, sentencia.

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