Catalunya
Cinco razones para parar la ampliación del aeropuerto del Prat
Hace algunas semanas, la polémica en torno a la ampliación del aeropuerto del Prat volvió cobrar impulso, sobre todo después de que el Consejo de Ministros aprobara el plan de inversiones de AENA (el llamado DORA III) hasta 2031, que incluye destinar 1.765 millones de euros a esta infraestructura. La inversión debe servir, entre otras cosas, para elaborar los proyectos que permitan alargar una pista y construir una nueva terminal.
En 2025, el Prat registró más de 57 millones de pasajeros, con lo que superó los 55 millones que actualmente puede acoger. La futura ampliación que plantea el Gobierno de Catalunya quiere incrementar la capacidad hasta los 70 millones de pasajeros anuales en 2033. Pero ¿qué implicaciones tendría que se ejecutara el proyecto desde un punto de vista ambiental? ¿Cómo aumentarían las emisiones contaminantes? ¿Dispararía el turismo? ¿A qué intereses responde?
La ampliación del aeropuerto incrementaría un 22% las emisiones contaminantes en siete años
A mediados del mes de septiembre, el Observatori DESCA hizo público el estudio Barcelona en Overbooking de CO2, que, por primera vez, calcula el impacto en emisiones que tendría la ampliación del aeropuerto del Prat que propone el Gobierno de Catalunya. Ejecutivo prevé incrementar gradualmente la capacidad de la infraestructura hasta los 70 millones de pasajeros en los próximos siete años. Según los cálculos del Observatori DESCA, si esta propuesta acabara desarrollándose, las emisiones de CO2 escalarían como mínimo un 8,2% de aquí a 2030 y crecerían un 21,8% en 2033.
Esta conclusión deriva de los datos de emisiones de CO2 del aeropuerto del Prat en 2025, que muestran un aumento del 76,7% respecto a 2016. Sin embargo, desde el Observatori advierten de que las estimaciones son “a la baja” ante “la falta general de datos oficiales y completos de la Administración”. Para su obtención, solo se ha considerado la actual distribución de las rutas nacionales, europeas e intercontinentales, pero el objetivo de la ampliación es incrementar todavía más los vuelos intercontinentales. Tampoco incluyen la totalidad de las consecuencias climáticas no asociados al dióxido de carbono, ni el resto de las emisiones que genera el funcionamiento de la infraestructura y la actividad aeroportuaria en tierra, ni los vuelos con destino a Barcelona.
En los últimos 10 años, las emisiones de CO2 del aeropuerto del Prat han aumentado un 76,7%
Aun así, solo con lo que muestra este cálculo incompleto, la ampliación del aeropuerto representaría un incumplimiento frontal de las declaraciones de emergencia climática impulsadas por el Estado español, la Generalitat de Catalunya y el Ayuntamiento de Barcelona; y también de las dos leyes, española y catalana, contra el cambio climático. “Ya sufrimos las consecuencias del calentamiento global en forma de fenómenos meteorológicos extremos, pero insistir en este proyecto contribuirá todavía más a tales efectos”, explica Joan Manel Llano, miembro de la plataforma Zeroport. “El cambio climático es uno de los límites planetarios superados, y eso pone en riesgo la vida futura de la especie humana y de muchas otras especies que habitan el planeta”.
Descarbonizar la aviación no es realista a corto plazo
Entre 2023 y 2024, el sector de la aviación registró el mayor aumento porcentual de su actividad (un incremento del 10,4% anual) y de las emisiones que genera (un 6,4% más de un año a otro). El crecimiento se explica por la fuerte dependencia que este sector tiene de los combustibles fósiles, de modo que un aumento del número de vuelos conllevaría inevitablemente también un mayor consumo de combustibles fósiles.
Algunos de los defensores de la ampliación del aeropuerto utilizan la carta de los biocombustibles para argumentar que una aviación descarbonizada y que no genere emisiones contaminantes es factible. A pesar de esta justificación, los datos indican lo contrario. Los biocombustibles todavía no son una opción para la aviación, ya que la mayoría de los que existen aumentan las emisiones de gases de efecto invernadero, en lugar de reducirlas, y, además, tienen un impacto negativo en la biodiversidad y en las comunidades locales. En cuanto a los combustibles sintéticos, que son la apuesta de la Organización Internacional de la Energía, actualmente solo tienen capacidad para descarbonizar el despegue y el aterrizaje si provienen de energías renovables.
Para Zeroport, la única forma de hacer sostenible la aviación es decrecer en el número de vuelos
“El sector de la aviación se fijó el objetivo de emisiones cero para el año 2050 y, para conseguirlo, plantea utilizar tecnologías que justo ahora empiezan a desarrollarse, que son muy caras en términos energéticos y económicos, y que son ineficientes, porque implican muchos pasos de procesamiento, así como el consumo de combustibles fósiles”, expone Llano, que concluye que la única forma de hacer sostenible la aviación “es decrecer en número de vuelos”.
Además, desde Zeroport también advierten de que, en la actual crisis energética, se puede producir una competencia por los recursos, ya que “el combustible usado por la aviación puede competir con otros usos necesarios y esenciales para la vida diaria, como los de las máquinas de la agricultura”.
El proyecto es incompatible con la protección de la biodiversidad del delta del Llobregat
Desde que AENA planteó el proyecto de ampliación del aeropuerto, a finales de 2019, distintos colectivos ecologistas mostraron su rechazo. Entre otras cosas, denunciaban que sacarlo adelante supondría eliminar una parte de la laguna protegida próxima a La Ricarda. Este ecosistema está blindado por la Red Natura 2000, la principal iniciativa política europea de conservación de la naturaleza. Se trata de una de las zonas agrícolas más fértiles del Mediterráneo y acoge una gran biodiversidad, que ya ha sido destruida parcialmente por las últimas ampliaciones del aeropuerto.
De hecho, la de 2004 ha supuesto grandes costes ambientales, económicos y sociales, como daños en las cosechas o el descenso en la calidad del agua potable. “Hablando solo de aves, ha supuesto una pérdida muy importante: el 80% de las especies invernantes han desaparecido en los últimos 25 años, y el 91% de las especies protegidas, también”, ejemplifica Llano. Pero, al margen de las aves, también se refiere a “otros organismos y elementos biológicos del delta del Llobregat con funciones ecológicas muy valiosas que parece que no importan a nadie”.
Las compensaciones comprometidas por los perjuicios ambientales causados en aquella ampliación nunca se han hecho efectivas. En este sentido, la Comisión Europea ha expedientado al Estado español por no proteger el delta del Llobregat, y ha advertido de que la nueva ampliación puede suponer un riesgo para su supervivencia.
La ampliación responde a “intereses privados” y vulnera los derechos humanos
Según concluye el informe del Observatori DESC, ampliar la capacidad del aeropuerto también representaría una vulneración de los derechos humanos, como el derecho a la salud, a la vida privada y familiar, a la movilidad, a tener unas condiciones de trabajo dignas, al agua, a la alimentación y a la soberanía alimentaria, el derecho a un medio ambiente limpio, sano y sostenible, y también el derecho a la vivienda. De hecho, sobre el mercado inmobiliario, un reciente estudio elaborado por el think tank británico New Economics Foundation concluye que el crecimiento del turismo internacional impulsado por el transporte aéreo encarecerá el alquiler medio en el Estado español en 217 euros anuales durante los próximos cinco años, de 2026 a 2031.
Joan Manel Llano (Zeroport): “El negocio del aeropuerto es crecer indefinidamente para aumentar la actividad aeroportuaria y para hacer en él un gran centro comercial”
Zeroport comparte el análisis y concibe el proyecto como “una operación que solo responde a los intereses privados de grandes fondos de inversión, empresas y bancos”, remarca Llano. “El negocio del aeropuerto es el de crecer indefinidamente, pero no solo para aumentar la actividad aeroportuaria, sino también para hacer en él un gran centro comercial. De ahí es de donde AENA obtiene gran parte de sus beneficios: alquilando sus instalaciones”.
No impulsará un turismo sostenible, sino lo contrario
En diferentes ocasiones, representantes políticos e incluso empresarios del sector turístico se han posicionado (discursivamente) a favor del “turismo sostenible”. Pero ¿de qué forma puede ser sostenible esta industria si aumenta el número de vuelos? Según el estudio La huella de carbono del turismo en Barcelona, el 82% de los turistas que llegan a la ciudad lo hacen en avión, un medio de transporte que representa el 75% de la huella de carbono del turismo en Barcelona. De este modo, la apuesta por el viajero transoceánico dispararía todavía más las emisiones, teniendo en cuenta que un 25% de los que llega lo hace con vuelos transoceánicos que generan el 58,2% de las emisiones de transporte asociado al turismo de la capital.
Un efecto paralelo que puede tener la ampliación del aeropuerto en plena crisis energética es la elitización del turismo.
Además, desde Zeroport también advierten de un efecto paralelo que puede tener la ampliación del aeropuerto sobre la industria turística en un contexto de crisis energética: la elitización del turismo. Actualmente, el Prat es líder europeo —y octavo a escala mundial— en aerolíneas de bajo coste, pero la crisis de los recursos energéticos hará que el precio de los combustibles aumente “y que volar deje de ser tan barato como es ahora”. “De esta manera, el aeropuerto puede acabar convirtiéndose en una infraestructura inmensa usada solo por un tipo de gente, de manera exclusiva, que pueda pagar los billetes”, sentencia Llano.
Artículo traducido de Crític.
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