Carta desde Europa
La gran confusión

A mediados de junio de 2018, la política europea se halla en un estado caótico y no se acierta a vislumbrar cómo podría salir del mismo.

Pedro Sánchez y Jean Claude Juncker
Pedro Sánchez y Jean Claude Juncker durante la cumbre informal sobre migración y asilo. Foto de La Moncloa.
Wolfgang Streeck

Director emérito del Max Planck Institute for the Study of Societies de Colonia.

Todos sus artículos en El Salto.

27 jun 2018 05:43

A mediados de junio de 2018, la política europea se halla en un estado caótico y no se acierta a vislumbrar cómo podría salir del mismo. El Gobierno alemán se encuentra al borde del colapso, la “refundación de Europa” franco-alemana se halla empantanada en los mismos problemas que en teoría iba a resolver, el choque inevitable de las supuestas potencias hegemónicas alemana y francesa con el nuevo Gobierno italiano se perfila en el horizonte, y el Brexit se aproxima inexorable sin que nadie tenga la más remota idea de qué demonios va a suceder cuando se produzca.

Vayamos por partes. La estrategia de Merkel desde 2015 ha sido utilizar a los refugiados para recargar las reservas alemanas de fuerza de trabajo de baja remuneración y para estirpar de la memoria patria el aplastamiento del Gobierno griego. Ahora la estrategia se ha topado con sus límites infranqueables, entre los que se cuenta la postura de su propio partido, que teme ser pulverizado, como el SPD anteriormente, por ulteriores ganancias cosechadas por la extrema derecha.

El partido hermano bávaro de Merkel, la CSU, exige la reintroducción de controles fronterizos para impedir que los refugiados registrados en otros países puedan llegar a Alemania. Esto, cree Merkel, señalaría —se trata de su palabra favorita— el fin del “imperio liberal” de Alemania (Ross Douthat en The New York Times): un súper Estado integrado europeo dirigido por Alemania de acuerdo con los gustos y las preferencias alemanas.

Como siempre, Merkel prometía una “solución europea” tan solo para que su partido le recuerde que debe presentar una —aunque haya sido incapaz de hacerlo durante los últimos tres años— en el plazo de dos semanas durante la próxima cumbre del Consejo Europeo de finales de junio. Nada está claro a este respecto, aparte del hecho de que tal solución no será encontrada.

En idéntico estado de confusión se encuentra la “renovación europea” bajo la dirección franco-alemana concebida por Macron. Por ahora parece que se ha concretado en el incremento del gasto militar, que muy probablemente se invertirá en la financiación de tropas “europeas” destacadas en el África francesa, flanqueado por una iniciativa de asilo conjunta que se limitará básicamente a reducir la entrada de personas admitidas por las correspondientes oficinas de asilo situadas fuera de Europa.

Estas medidas serán difíciles de reconciliar con la Constitución alemana y con los sentimientos cuidadosamente cultivados por los partidarios de la línea de “Refugiados bienvenidos” auspiciada por Merkel. Al mismo tiempo, el proyecto favorito de Macron, el presupuesto independiente para la eurozona, del cual nadie sabe exactamente qué va a financiar, será ostensiblemente sostenido por Alemania, pero tan solo porque Holanda y otros países se oponen vehementemente al mismo, lo cual significa que nunca se hará realidad. Mas turbulencias, pues, a este respecto en el futuro próximo.

Entretanto, Italia reflexiona sobre cómo liberar a su economía del dogal de Alemania y del euro, y sobre cómo lidiar con un nivel de inmigración que sus ciudadanos no están dispuestos a tolerar por más tiempo.

Macron, cuya política de inmigración es más restrictiva —y más disímil de la Europa sin fronteras, tanto internas como externas, defendida por Merkel— que la de cualquier otro Estado europeo, con la excepción quizá de Dinamarca, ha utilizado el asunto del Aquarius para propinar un golpe, que le ha salido barato, al nuevo Gobierno italiano, el cual Francia, Alemania y la Comisión Europea han sido incapaces de malograr —no olvidemos que Macron quiere que Europa haga lo mismo que Italia, esto es, que a partir de ahora no admita más inmigrantes que crucen las fronteras externas de Europa sin el correspondiente permiso—.

Las acciones simbólicas continuaron cuando el nuevo Gobierno español invitó al Aquarius a atracar en el puerto de Valencia, sabiendo a ciencia cierta que será incapaz, por razones políticas y de otro tipo, de colmar las esperanzas que su comportamiento ha suscitado. Más pronto que tarde, “Europa” tendrá que contestar la “cuestión italiana”, que es, esencialmente, la cuestión griega, pero planteada esta vez por un país que no puede ser fácilmente sometido a la “tortura de la bañera financiera” (Varoufakis) que aplastó a Syriza.

Como guinda de todo esto, la fecha del Brexit se aproxima. Los dos partidos mayoritarios británicos se hallan divididos sobre la conveniencia y la modalidad del mismo y sus dos equipos dirigentes pueden ser expulsados de sus respectivos puestos de mando en breve plazo. Bruselas y la potencial codirección franco-alemana se afanan diligentemente para acelerar la caída de ambos. Pero incluso si un nuevo referéndum sustituyera al viejo, la UE ya no sería la misma. A qué se asemejará en todo caso, nadie lo sabe.

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3 Comentarios
#19453 13:51 27/6/2018

https://digitalsevilla.com/2018/06/26/como-otan-revento-libia-saquearla/

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Reset_ 11:19 27/6/2018

El casino U€ y su ficha €uro son los mayores problemas para el 90% de sus sociedades. €uropa es decadente y ell proyecto neoliberal es un fracaso total y absoluto.

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#19447 9:52 27/6/2018

http://insurgente.org/palabras-de-lenin-sobre-el-marxismo-y-el-reformismo-con-la-inclusion-del-video-chavez-radical-soy-enemigo-del-reformismo/

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