Bolivia
Crónicas desde La Paz cercada: ¿qué ha pasado en Bolivia desde el 20 de octubre?

¿Contra quién es este golpe? ¿Quién lo ha ejecutado? ¿Es realmente un golpe? Diferentes voces de los movimientos sociales y la izquierda boliviana cuentan a El Salto qué está pasando en el país tras las elecciones del 20 de octubre. 

Bloqueo de carreteras en El Alto, a cinco km de La Paz.
Bloqueo de carreteras en El Alto, a cinco km de La Paz. Marta Molina
La Paz

publicado
2019-11-19 09:40

La noche electoral del 20 de octubre desató una ola de protestas que pedían “democracia” y denunciaban un supuesto fraude electoral que, por aquel entonces, la Organización de Estados Americanos (OEA) todavía estaba investigando. Durante 17 días se sucedieron manifestaciones en varios puntos del país, sobre todo en La Paz, Santa Cruz y Cochabamba, que culminaron con el amotinamiento de la policía en los cuarteles, arropados en muchos casos por la misma ciudadanía a la que días atrás rociaban con gas lacrimógeno. El amotinamiento les había convertido en ciudadanos, como ellos. Les hacían llegar comida e incluso en algunos lugares como en Cochabamba marcharon juntos exigiendo “la recuperación de la democracia y la renuncia del presidente Morales”.

El domingo 10 de noviembre, en un solo día, Evo Morales convocó elecciones, temprano en la mañana, y por la noche, renunciaba y se preparaba para irse a México. Esa noche, en las calles del centro de La Paz, se escuchaban sirenas, gritos y gente corriendo. Se veían focos de fuego a lo lejos —“llegaron los mineros”, decían— y la recomendación, de vecino a vecina, era encerrarse en casa y no salir.

Bolivia
“Hay un comienzo de negociación entre el MAS y los golpistas”
Ha sido ministro durante los últimos once años. Vive en la clandestinidad desde el golpe de Estado y habla desde su escondite con ARGIA y Hala Bedi sobre las “complejas” negociaciones entre el MAS y los golpistas que acaban de comenzar.

Compañeras de El Alto decían que les había cortado el agua y que estaban asaltando comercios y farmacias, prendiendo fuego a casas de sindicalistas, líderes indígenas y partidarios del Movimiento Al Socialismo (MAS). Mientras, proliferaban los audios y vídeos sobre enfrentamientos entre ciudadanos —era imposible saber bien quién era quién— e incendios descontextualizados en grupos de WhatsApp y otras redes sociales. Nos enteramos por la radio que se estaban quemando las antenas de las televisiones bolivianas y algunas dejaron de retransmitir. Se viralizaron imágenes de policías quemando wiphalas, la bandera que representa los pueblos indígenas de los andes y el Estado Plurinacional de Bolivia. La gente empezó a tener miedo de una rebelión violenta.

El Alto en plena protesta contra el gobierno de facto de Jeanine Áñez.
El Alto en plena protesta contra el gobierno de facto de Jeanine Áñez. Marta Molina

¿Qué pasó en esas 24 horas? El país estalló y todas pensábamos que no llegaría a estos extremos. Sobre todo cuando a las 8h escuchábamos a Evo Morales convocar nuevas elecciones para que el país encontrara una rendija por donde respirar paz. “Mi misión es preservar la vida, paz, justicia social y la unidad de la familia boliviana. Por ello, escuchando a la COB [Central Obrera Boliviana], Pacto de Unidad, he decidido, primero, renovar todos los vocales del TSE [Tribunal Supremo Electoral]. La Asamblea legislativa en acuerdo con las fuerzas políticas establecerán los procedimientos para ello, y convocar a nuevas elecciones para elegir a sus nuevas autoridades. Quiero pedir bajar la tensión y pacificar. Llamo a todos garantizar la paz y la convivencia”.

El día antes, la OEA había hecho público su informe preliminar en el que aseguraba que era estadísticamente improbable que el presidente Morales consiguiera la diferencia del 10% respecto a su opositor, Carlos Mesa, antes de que “se parara sin motivo ni explicación, el conteo de votos. Morales no compareció públicamente hasta que la OEA emitió dicho informe. Horas después de la comparecencia de Evo en la televisión pública, el comandante en jefe de les Fuerzas Armadas, Williams Kaliman, pidió su renuncia: “Sugerimos al presidente del Estado que renuncie a su mandato presidencial” tomando en cuenta “la escalada de conflicto que atraviesa el país, velando por la vida y la seguridad de la población, permitiendo la pacificación y el mantenimiento de la estabilidad por el bien de nuestra Bolivia”.

“La derecha supo cooptar muy bien las movilizaciones que tuvieron lugar aquí en La Paz desde el 21 de octubre y hasta el día de hoy”, comenta Silvia Fernández, reconocida feminista y defensora de derechos humanos boliviana

Poco después, el comandante general de la Policía, Vladimir Yuri Calderón, también reclamó la dimisión del mandatario: “Nos sumamos al pedido del pueblo boliviano de sugerir al señor presidente Evo Morales presente su renuncia para pacificar al pueblo de Bolivia en estos duros momentos que atraviesa nuestra nación”.

No bastó la convocatoria de elecciones. Durante toda la tarde, los miembros del Gobierno del MAS renunciaron uno tras otro en una especie de efecto dominó. Hasta llegar al vicepresidente Álvaro García Linera y finalmente, a Evo Morales. Ambos comparecieron públicamente e hicieron un repaso a todas las conquistas sociales de estos 13 años, nueve meses y 18 días de mandato. Ninguna autocrítica. No dijeron nada del informe preliminar de la OEA. Morales denunció un “golpe cívico, político y policial” instigado por “grupos oligárquicos que conspiran en contra de la democracia”.

Y la verdad es que a primera vista, todo huele a “golpe” orquestado por la derecha empresarial fundamentalista y racista de Bolivia contra la gente y las organizaciones sociales que han sido parte del Proceso de Cambio con aires de contrarrevolución fascista. Pero dentro mismo de los movimientos de izquierda, no todos están de acuerdo.

“La derecha supo cooptar muy bien las movilizaciones que tuvieron lugar aquí en La Paz desde el 21 de octubre y hasta el día de hoy”, comenta Silvia Fernández, reconocida feminista y defensora de derechos humanos boliviana. “Eran jóvenes que, con todo el derecho pedían que se respetara su voto, pero tampoco tenían claro a quién dar su apoyo”, añade. Muchos de ellos coreaban “ni Evo ni Mesa” en sus marchas.

Hoy, La Paz está en guerra y se instaló una espiral de violencia y racismo que no dejó de incrementar desde la llegada del Presidente del Comité Cívico de la ciudad de Santa Cruz, Luís Fernando Camacho a la capital boliviana

Hoy, La Paz está en guerra y se instaló una espiral de violencia y racismo que no dejó de incrementar desde la llegada del presidente del Comité Cívico de la ciudad de Santa Cruz, Luís Fernando Camacho, a la capital boliviana. Empresario, vinculado con el escándalo de evasión fiscal de los Papeles de Panamá, católico, aliado con sectores evangélicos fundamentalistas y que llegó prometiendo, textualmente, que “Dios vuelva a estar en Palacio Quemado”.

Le preguntamos a Ruth Alipaz Cuqui, defensora del territorio, indígena quechua-tacana de la tribu Uchupiamonas, de las tierras bajas, qué opina sobre el “golpe”. “Golpe o no golpe, esto es lo que le importa a la gente que no vive aquí y que ve lo que aquí sucede con su óptica acomodada. ¿Por qué no echan la vista atrás y se dan el tiempo de entender de dónde vino todo esto? ¿Por qué nos posicionamos de un lado o de otro? Para mi pueblo no hay derechas ni izquierdas y la polaridad es lo más pobre. Hay que escuchar lo más que podamos en vez de tragar y tener prisa por decir. Además, ya está muriendo gente y hay que volver a tomar el rumbo y convocar a elecciones. Nada es para siempre. Ni el que viene, ni el que fue. Mientras, nosotros, seguimos luchando. Y ellos, desde ‘arriba’, intentando convencer y polarizar en vez de pacificar”.

Después de las elecciones el país se convirtió en una olla a presión hirviendo llena de frustraciones provenientes de todos lados, de los que siempre apoyaron a Evo y al MAS y de los que se sentían traicionados de nuevo por la sospecha de un fraude electoral. El descontento de algunos sectores que habían apoyado al Gobierno del Evo viene de lejos. Entre los motivos de esta desafección destacan no haber acatado los resultados del referéndum del 21 de febrero de 2016, en el que ganó el ‘no’ a la posibilidad de reelección de Evo; no haber trabajado por la postulación de otro candidato o candidata del MAS; el ataque y la represión a los indígenas del Parque Nacional Isiboro-Sécure (Tipnis), la coptación de varias organizaciones sociales sindicales por parte del Gobierno o las consecuencias del reciente incendio de la Chiquitanía.

Después de las elecciones el país se convirtió en una olla a presión llena de frustraciones provenientes de todos lados, de los que siempre apoyaron a Evo y al MAS y de los que se sentían traicionados de nuevo por la sospecha de un fraude electoral

Dentro de este descontento fueron los jóvenes los que empezaron a salir a la calle con las demandas de “democracia” y “Evo no”. Los masistas no salían. Ni los incondicionales a Evo ni los descontentos con él. Parecía que líder opositor Carlos Mesa aglutinaba las demandas de estos jóvenes que habían crecido con el Proceso de Cambio, durante estos 14 años de Evo, y ahora veían el globo desinflado. “No hay mejor caldo de cultivo para la ultraderecha que un proceso de despolitización y hacer creer que la ‘democracia’ lo es todo”, comenta la feminista Silvia Fernández.

A estos jóvenes se les sumaron personas que encontraron en ellos y en sus marchas una forma de canalizar su hartazgo y su forma de denunciar un fraude electoral que estaba siendo analizado por la OEA. Pero no había más demandas. Y tampoco había un apoyo directo y masivo a Carlos Mesa.

Manifestación en La Paz el 12 de noviembre en defensa de la wiphala y el racismo del gobierno de facto.
Manifestación en La Paz el 12 de noviembre en defensa de la wiphala y el racismo del gobierno de facto. Marta Molina

Muchos salían por primera vez con la bandera tricolor con el objetivo de “salvar su patria de otro ciclo de Evo”. Pero también estaban los que no querían ni a Evo, ni a Mesa. Tenían claro lo que no querían pero sin plantear opciones políticas claras ni demandas concretas. Y entonces, apareció Luis Fernando Camacho, postulándose como el mesías salvador de los “sin rumbo” y decidió instalarse en La Paz. Empezaron a proliferar los cortes en las calles, y las protestas, diarias en el centro de la ciudad y los actos racistas violentos y misóginos en otros estados: el caso del brutal ataque a la alcaldesa del municipio de Vinto -Cochabamba, Patricia Arce, perteneciente al MAS; la muerte de Limbert Guzmán, de 20 años, también en Cochabamba durante los enfrentamientos que se desataron entre opositores y partidarios del presidente boliviano, o la violación de dos mujeres que venían en una caravana que salió de Sucre y Potosí rumbo a La Paz.

El 11 de noviembre, nos despertaremos con un país que enfrentaba, en palabras de la feminista Silvia Fernández, “una terrible contrarrevolución fascista que recuerda a los años de la dictadura contra la que tanto luchamos

Bolivia estalló entre policías amotinados y frustraciones de todos lados metidas en esta olla a presión. Y al día siguiente, 11 de noviembre, nos despertaremos con un país que enfrentaba, en palabras de la feminista Silvia Fernández, “una terrible contrarrevolución fascista que recuerda a los años de la dictadura contra la que tanto luchamos. Ojalá podamos encontrar un rumbo después de este golpe que, de momento, solo está teniendo consecuencias para la población civil entre asaltos, ataques y enfrentamientos”, comenta Fernández, quien duda si a todo lo ocurrido se le puede llamar “golpe”.

Adriana Guzmán, aimara y de las “feministas antipatriarcales”, no tiene dudas: ha sido un Golpe de Estado. “Primero, porque se ha buscado la desestabilización social y política, se han articulado a grupos universitarios, paraestatales, paramilitares, grupos fascistas, racistas, que ya había desde 2008, como la Unión Juvenil Cruceñista”.

Según ella, sembrar el terror y desestabilizar políticamente, es la primera característica del golpe. Después, aliarse con la policía, que se amotina. Luego, convocar a los militares para que se sumen supuestamente a defender el pueblo. ¿Qué pueblo? “El que encabeza Camacho”, insiste. Finalmente, según Guzmán, lo que vemos el día en que Jeanine Áñez toma posesión no es a Carlos Mesa en Palacio de Gobierno. Quién sube al balcón es Luis Fernando Camacho, “representante de estos empresarios, de la Iglesia, del peor fundamentalismo de país”.

Bolivia
“No se acaba por ley con el racismo y en Bolivia ha habido un golpe racista y fascista”

Adriana Guzmán representa al feminismo comunitario antipatriarcal boliviano. Forma parte de los movimientos sociales que llevan días manifestándose continuamente para denunciar que lo que ha habido en Bolivia ha sido un golpe de Estado que ha derivado en la salida de Evo Morales del país.


¿Contra quién es este golpe? Hoy La Paz está cercada. Faltan suministros de gasolina, gas y alimentos de todo tipo. “Es un golpe que ha promovido enfrentamiento entre vecinos profundizando el racismo. Han salido vecinos a decir que ‘basta de gobierno de indios, de ladrones’. Además, todos los que tenemos cara de indios somos señalados como parte del MAS. Especialmente las que somos mujeres originarias indígenas. Comenta Guzmán. “El golpe de estado es también un golpe a las mujeres, a las organizaciones sociales. Por el amedrentamiento, por la humillación. Es un doble golpe. No es solamente en el Estado, en el gobierno, sino también a las organizaciones sociales”. 

“Todos los que tenemos cara de indios somos señalados como parte del MAS. Especialmente las que somos mujeres originarias indígenas”, dice Adriana Guzmán
El día 11 los vecinos de La Paz organizan por barrios y hacen hogueras y vigilias para, según dicen, “proteger su casa” de los violentos. El racismo sale de las cloacas y la gran mayoría, dice, “tenemos miedo de que bajen los de El Alto”. Esa noche nadie baja en masa a La Paz. Son las propias sombras de los vecinos lo que provocan el toque de sirenas avisando “que viene alguien”. Miedo de sus propias sombras... miedo de los vecinos que no conocen... Hasta hoy continúan algunas puertas de edificios de La Paz forradas de cartón para evitar roturas y contenedores situados en medio del paso que recuerdan las barricadas vecinales.

Mientras tanto, algunos vecinos y vecinas del Alto deciden organizarse en comités de barrio de forma independiente. Otros, como Karen, del Distrito Uno, declaran que algunos vecinos han sido obligados a salir a manifestarse y poner la wiphala en el balcón y han decidido hacer hogueras en su calle, “vigilias” para protegerse. “Las hogueras al menos nos sirven también para intercambiar opiniones sobre lo que está pasando. El Alto era ampliamente masistas y nos unimos en las luchas de 2003 —realmente era toda una ciudad en contra de un sistema— y ahora estamos divididos: los que tienen ánimo de autoorganizarse, los que queremos que la presidenta Añez convoque elecciones y los masistas convencidos”.

Unas comparten en la calle y al borde del fuego. Otras en el centro de La Paz, donde ha tenido lugar el Segundo Parlamento de las Mujeres dentro de una sala de cine en el barrio de Sopocachi. Son varios grupos feministas que se han acogido a la idea de la activista María Galindo de hacer un parlamento solo de mujeres, con propuestas ‘pluridiverses’ que ayuden a recomponer el país. Las feministas pluridiverses articuladas en bloque declaran que “no darán ni un paso atrás frente a la ola fascista que tiñe el país con el gobierno interino de Añez y que estarán vigilantes”. Exigen la convocatoria inmediata de elecciones y la retirada de las Fuerzas Armadas de las calles.  

María Galindo, de Mujeres Creando, cree que Bolivia se está convirtiendo en un campo de concentración para todo tipo de aventuras y de hipótesis. “No tengo una bola de cristal para saber si Evo Morales podría volver o no. Antes de las elecciones generales, Morales estaba profundamente agotado, por eso probablemente forzó un fraude para ganar un poco más de votos. Sin embargo, también hay que decir que hay sectores importantes de la población que siguen apoyándolo. Al mismo tiempo, hay que decir que el Gobierno de Evo Morales se había convertido en un Gobierno caudillista, sin renovación política, sin renovación generacional, sin respeto a la propia Constitución. Morales está intentando aprovechar esta crisis política para presentarse internacionalmente como la víctima del golpe de Estado y recuperar la legitimidad internacional y en la sociedad boliviana; pero él podría haber resuelto el conflicto mucho antes y de una manera menos dramática”. 

El 12 de noviembre, “los de El Alto” bajaron. Ahora sí. Y en masa. Se trataba de la primera marcha multitudinaria que llegó a La Paz después de las elecciones de octubre. Todos llevaban la wiphala, la bandera de los pueblos indígenas, y pedían respeto a su gente y a los símbolos que los representan. Le quieren devolver la dignidad a la bandera y a su pueblo que ha sido acusado de los actos vandálicos del 10 y 11 de noviembre. También rechazan que Áñez sea la presidenta interina, pues acumula una historia de desprecio contra los pueblos indígenas y campesinos. Le exigen, en el pliego de demandas de la manifestación, que pida perdón y que no tome posesión.

Es una marcha de memoria, dignidad y respeto donde encontramos personas de diferentes tintes políticos, pero juntas porque no quieren retroceder en los derechos conquistados y están hartos de ser tachados de violentos.

Muchos se sienten estafados por las irregularidades demostradas en el proceso electoral; otros, abandonados por Evo, y otros, traicionadas por las políticas llevadas a cabo en los últimos años. Pero en la manifestación del 12 de noviembre se tratana de respeto y dignidad. Mujeres de pollera con sus aguayos cargando wawuas (bebés) o comida, gente grande, muy grande, marchando al ritmo de los jóvenes y dejando claro que no darán ni un paso atrás en sus conquistas sociales. Unas conquistas que, según comentan, “no se las ha regaladas nadie”. “El Alto está presente”, corean. No están dispuestas a desaparecer de nuevo.  

“Existe mucho descontento con Evo Morales, pero hay que hablar claro: lo que está en curso es un golpe de Estado y nuestro descontento no lo puede capitalizar la derecha”, dice Violeta Tamayo de Lorci-Pan y Rosas

Durante la marcha nos encontramos con Violeta Tamayo, de la organización Lorci-Pan y Rosas. Comenta que existe un profundo descontento con lo que está pasando: “Se está consolidando un golpe cívico–militar que no se puede dejar pasar. Si bien existe mucho descontento con Evo Morales —por ejemplo, nosotros nunca hemos dado apoyo político al MAS—, hay que hablar claro: lo que está en curso es un golpe de Estado y nuestro descontento no lo puede capitalizar la derecha. Lo interesante de la marcha es que ha sido autoconcovada y, de hecho, han increpado y sacado de la marcha a una persona del MAS identificada y han dicho que ha sido el MAS el que ha entregado los movimientos sociales a la derecha y que han huido cobardemente. Y ahora los que vamos a enfrentar a esta derecha fascista que está subiendo, a esta derecha que también el Gobierno ha favorecido con políticas económicas pro-capitalistas vamos a ser los que siempre hemos combatido en las calles, no va a estar Generación Evo o la Columna Sur de la clase acomodada afrontando el golpe que está en curso sino que van a ser todas estas personas que han bajado determinados desde El Alto, que han bajado con toda fuerza y combatividad, que han bajado reivindicando que el Octubre de 2003 no se olvida”. 

Tal como señala Tamayo, la marcha del 12 de noviembre fue autoconvocada, independientemente del movimiento vecinal y social, profundamente divididos durante los últimos años de Evo Morales. Al final de la marcha, se unen grupos declaradamente masistas y gritan consignas por el regreso de Evo. Los primeros manifestantes insisten en que ellos son independientes e intentan separar de la marcha el partidarios de Morales y los silban. 

Pero esa noche, después de la marcha, Áñez se convierte en presidenta interina del país con una escena inesperada: sale al balcón presidencial acompañada de las fuerzas armadas, los dos representantes de los comités cívicos de Santa Cruz y de Potosí (Camacho y Pumari) y con la Biblia bajo el brazo y la wiphala en manos de Camacho, entre gritos de “sí se puede”, “sí, pudimos” y proclamando solemnemente que “la Biblia ha vuelto” al Palacio. Una escena que da pie a la confirmación del “golpe de Estado cívico-policial-militar” y crispa los ánimos de mucha gente que empieza a recordar entre lágrimas y tensión, la época de la dictadura.

La histórica activista y pensadora Silvia Rivera Cusicanqui reivindica “la política del silencio ante la excesiva saturación discursiva”, añadiendo que “esta coyuntura nos ha dejado una gran lección contra el triunfalismo.

Colas de hasta tres horas para comprar en las tiendas de La Paz.
El bloqueo provoca colas de hasta tres horas para comprar en las tiendas de La Paz. Marta Molina

“Yo no creo en las dos hipótesis que se han manejado. El triunfalismo de que con la caída de Evo hemos recuperado la democracia me parece un exceso, es un análisis que se sale de foco. Mucho falta para recuperar la democracia, falta un trabajo de hormiga, falta un reconocimiento de cómo están en este momento las compañeras de Rositas, de Tariquía, las compañeras del Tipnis, doña Marquesa, Doña Cecilia... Algunas de ellas incluso han sido candidatas, pero nos falta hacernos cargo de esas realidades en las que la democracia es todavía una meta muy lejana porque todavía están manejadas por sindicatos, están capturados por la misoginia, por intereses de todo tipo que se acercan con intenciones tenebrosas y también hay gente que ha puesto el cuerpo, que ha luchado y, que sin embargo, a la hora de figurar en los espacios públicos se le ha privado de la palabra”.

La segunda hipótesis “equivocada y peligrosa”, comenta Cusicanqui es la hipótesis del golpe de Estado que simplemente quiere legitimar, “enterito, con paquete y todo, envuelto en celofanes, a todo el gobierno de Evo Morales en sus momentos de degradación mayor”.

“Estoy entristecida porque se ha ido el Evo. Pero no se ha ido la esperanza de que la wiphala nos represente y tenemos que seguir juntando fuerzas para recuperar la democracia en el día a día”, añade.

En los días siguiente Jeanine Añez formó un gabinete con personas de tendencia de ultraderecha mientras se suceden manifestaciones en todo el país en favor de Evo Morales. Desde el inicio del conflicto, la CIDH ha registrado 23 muertes en todo el país. La comisión denuncia como “grave” un decreto del gobierno interino que autoriza a los militares a controlar el orden público a la vez que los exime de responsabilidades penales. 

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Partidarios de Evo Morales continúan llegando a La Paz procedentes de todo el país. Los bloqueos de carreteras, alimentos y gas continúan y se empieza a notar en la capital. El cerco a La Paz dura ya ocho días. No hay gasolina, escasea el gas, los mercados están vacíos y los precios no paran de subir. Largas colas en las tienditas para comprar carne. Hay gente que debe esperar hasta tres horas para comprar pollo.  

Este lunes, miles de indígenas y campesinos partidarios de Evo Morales se manifestaron para exigir la renuncia de la presidenta interina de facto, Jeanine Áñez, y para pedir justicia para las víctimas de la represión ejercida en el contexto de la crisis política. Al mismo tiempo, esta semana está previsto que comience también el diálogo entre el Gobierno de facto, el MAS y el poder legislativo, unas conversaciones apoyadas por la Unión Europea, la ONU y la iglesia. El primer punto que discutirán será la convocatoria de nuevas elecciones presidenciales.

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5 Comentarios
Jesús Rodriguez. 25:31 20/11/2019

Vivo en Cantabria , España. Desde mi más absoluta ignorancia y el mayor de los descnocimientos de lo de que ocurre en Bolivia(país que ojalá pueda disfrutar) , puede tener algo que ver en los altercados el que los mayores yacimientos de litio del mundo se encuentren en los salares bolivarianos(baterías para móviles, etc...)??? No creo que en este mundo los poderes economicos sean los responsables de derrocar o imponer gobiernos por únicamente el interés del dólar o euro.
Seré ingenio?

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A.M 11:59 20/11/2019

Creo que para tener un artículo equilibrado habría que haber contrastado las reiteradas acusaciones de fraude que se expresan a lo largo del artículo. No soy boliviano y no tengo información de primera mano sobre el terreno, pero si se que hay muchos organismos independientes que están poniendo en duda el informe de la OEA y que sostienen que no ha habido fraude. Creo que este dato debía figurar en el artículo también.

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Claudia 23:46 20/11/2019

Gracias, cómo boliviana sumida en la preocupación por mi familia en Bolivia, apoyo que haya gente cómo tú qué se informa y no saca conclusiones de una sola opinión, en Bolivia hubo FRAUDE, no Golpe!

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#43458 11:25 21/11/2019

El golpe es claro como el agua.

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Lucas 19:46 19/11/2019

Bastante rabia siento de leer este artículo, a mi juicio tan errado y tan pueril. Hay un claro golpe de estado y no se puede venir con este relativismo y esta falsa pureza ideológica, que en su afán de ser una especie de Pepito Grillo de la izquierda, derrapa en toda la derecha. Sí, "ojalá logremos crear una alternativa" mientras por meter a Evo en el mismo saco, se está dando todo el campo a la derecha. "Ni un paso ante el fascismo"... 50 pasos atrás lleva este artículo y la mayoría de entrevistadas.

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