Opinión
Reconfiguraciones ideológicas, derecha y campo popular en la Argentina de Milei

Resulta inevitable desenterrar el eje izquierda-derecha para explicar la disputa político-ideológica en Argentina.
La policía custodia el Congreso durante las movilizaciones contra la reforma laboral de Milei
La policía custodia el Congreso durante las movilizaciones contra la reforma laboral de Milei

Parte Hartuz Ikerketa Taldea

7 jun 2026 05:00

Aunque durante ocho décadas el eje izquierda-derecha no ha sido especialmente relevante para explicar la disputa político-ideológica en Argentina, debido a la centralidad que ha ocupado la identidad política por excelencia, el ‘peronismo’ (capaz de subsumir casi todo el espectro ideológico), en la actualidad resulta inevitable desenterrar dicho eje, por lo menos en uno de sus polos, la ‘derecha’, para entender con más claridad el momento presente: el proyecto de Gobierno de Milei, y de su partido, La Libertad Avanza y, la crisis de representación del denominado ‘campo popular’.

Proceso histórico

El profesor de la Universidad de Buenos Aires (UBA), Ariel Goldstein, considera que es importante hacer una lectura histórica para entender el momento presente. Destaca la existencia de cuatro olas en la historia de la derecha latinoamericana: una primera, en los años 20 y 30, en la época de los fascismos, con la experiencia de la Liga Patriótica Argentina; una segunda, post-revolución cubana, caracterizada por el anticomunismo y el macartismo; la siguiente, la época del neoliberalismo populista de fines del siglo XX, con el Gobierno de Menem como ejemplo; y la actual, de la extrema derecha globalizada, una especie de neo-macartismo del siglo XXI.

El eje peronismo-antiperonismo ha configurado el imaginario político argentino durante décadas, proyectando un antagonismo clasista entre los sectores populares

El eje peronismo-antiperonismo ha configurado el imaginario político argentino durante décadas, proyectando un antagonismo clasista entre los sectores populares (los ‘cabecitas negras’, los ‘descamisados’) representados por el ‘peronismo’ y la elite anti peronista (los ‘gorilas’). Aunque estos últimos han sido la encarnación de la derecha, no se puede negar que, al interior del peronismo, desde sus primeros tiempos, ha habido sectores conservadores. Basta con señalar un par de ejemplos paradigmáticos: el enfrentamiento entre la derecha peronista y 0 la izquierda peronista (‘Montoneros’) en los años 70 y, el ya citado Gobierno de Menem de los años noventa, cuyo programa fue un referente de la derecha neoliberal de la época.

Macri y el PRO

Los 12 años consecutivos de gobiernos kirchneristas (2003-2015), como expresión de un peronismo progresista, eclipsaron a la derecha, tanto en la oposición como al interior del propio Partido Justicialista. Sin embargo, durante esa época se fue forjando una nueva derecha que cristalizó en la experiencia del PRO liderada por uno de los grandes empresarios del país, Mauricio Macri. No hay que olvidar que Macri fue jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires durante 2 periodos (de 2007 a 2015), antes de convertirse en presidente de la Nación.

Diversas/os analistas señalan que hay una serie de hitos que explican el ascenso de la derecha y que constituyen un hilo conductor para que una experiencia disruptiva y distópica como la actual de Milei y La Libertad Avanza haya conquistado la Casa Rosada. En primera instancia, a pesar de la hegemonía lograda por el kirchnerismo durante el Gobierno de Néstor Kirchner y el primero de Cristina Fernández, el conflicto con la patronal agraria desatado en 2008 supuso un punto de inflexión. Según Ricardo Aronskind, economista y profesor de la Universidad Nacional General Sarmiento (UNGR), resulta significativo que una minoría privilegiada (productores sojeros) logró articular un bloque social amplio contra el aumento impositivo en una época de altos precios en el mercado internacional. La disputa por las llamadas ‘retenciones’ hizo de catalizador para la movilización de la derecha y marcó el inicio de una ofensiva creciente.

Los 12 años consecutivos de gobiernos kirchneristas (2003-2015), como expresión de un peronismo progresista, eclipsaron a la derecha, tanto en la oposición como al interior del propio Partido Justicialista

El desgaste de la experiencia kirchnerista, especialmente durante el tercer mandato (2011-2015), posibilitó la victoria electoral del PRO y un gobierno de derechas de 2015 a 2019. Sin embargo, la desastrosa gestión de Macri permitió la vuelta a la presidencia del peronismo, está vez bajo una versión mucho más moderada, la encabezada por Alberto Fernández.

Es sabido que el rotundo fracaso del Gobierno de Alberto Fernández (2019-2023) fue clave para la victoria de Javier Milei, pero es necesario también poner el foco en la evolución (¿involución?) que se dio en la derecha macrista. Pablo Avelluto, ministro de cultura de Macri, señala que el PRO nació como un intento de crear una nueva derecha más moderna y moderada, pero tras la derrota en 2019, los sectores más conservadores convencen a Macri que el fracaso se debió a que “fuimos demasiado tibios”. Esto explica que la candidata en 2023 fuera Patricia Bullrich, un perfil más radical que Horacio Rodríguez Larreta, con fama de gestor sobrio y con una trayectoria de ocho años (2015-2023) como jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires. Para Avelluto, esta radicalización de Macri y del PRO ayudó a crear las condiciones para el desembarco de Milei.

Milei

En el ascenso de Milei, el papel de los medios de comunicación fue clave, ya que como señala el periodista Sebastián Lacunza, los grandes conglomerados mediáticos como Clarín y La Nación normalizaron su figura. A su vez, es fundamental el giro de una parte de la elite, que pasa de despreciarlo a sostenerlo. El apadrinamiento por parte de Eduardo Elsztain, magnate del mundo inmobiliario, será decisivo para lograr el visto bueno del ‘círculo rojo’ de la elite y establecer la articulación con el capital financiero y tecnológico y con la comunidad judía ortodoxa, según la investigadora Valeria Di Croce.

Exceptuando la CTA (minoritaria), la histórica CGT siempre se acomodó al poder establecido (incluso en la dictadura) y, ahora, está más preocupada por subsistir que por confrontar

La evolución ideológica del personaje también es un aspecto a tener en cuenta, ya que en sus inicios se destaca por su discurso ultraliberal y, más adelante, integra el conservadurismo cultural, articulando tradiciones que antes eran dispersas y posibilitando un ‘fusionismo’ (Sergio Morresi) de derechas en el país. En la etapa más reciente, según Juan Luis González, periodista y autor del libro ‘Las fuerzas del cielo’, el perfil político de Milei se acentúa en su versión mesiánica, con una retórica que apela la misión divina que debe cumplir en la lucha entre “el bien y el mal”.

A su vez, para entender con más profundidad el fenómeno conviene combinar el análisis psicológico con el sociológico. Aunque no sea lo más determinante no se puede obviar que la historia personal de Milei en su infancia (maltrato familiar y bullying escolar) proyecta una persona maltratada, “rota”, que conecta con una sociedad también rota y maltratada tras años de gestión política deplorable (González). En este contexto, la figura de su hermana Karina es central, porque es su sostén emocional y porque es un personaje clave del actual círculo de poder, asegura la periodista Victoria de Massi.

El papel de los medios de comunicación fue clave, ya que como señala el periodista Sebastián Lacunza, los grandes conglomerados mediáticos como Clarín y La Nación normalizaron su figura

De cualquier manera, más allá de los perfiles psicológicos y de las disputas personalistas al interior del círculo de poder (Karina VS Santiago Caputo —asesor presidencial—), lo relevante, en términos materialistas, es que el programa del Gobierno de Milei no es algo improvisado, ni fruto del capricho de un ‘anarco-capitalista’ (sic), sino un proyecto que fue diseñado previamente por grandes estudios jurídicos y que había sido redactado en principio para el candidato del PRO (Aronskind). Vilma Ibarra, quien fuera secretaria legal del presidente Alberto Fernández, asegura que el famoso DNU (Decreto de Necesidad de Urgencia) que modificaba decenas de leyes y que fue impulsado por Milei en sus primeros días de Gobierno, contó con un apoyo técnico-jurídico de alto nivel.

Campo popular

Otra dimensión ineludible para entender el auge de la extrema derecha es analizar las responsabilidades de las diferentes estructuras del campo popular (peronismo progresista, sindicalismo, movimientos sociales). En primera instancia, como indica Goldstein, falta una autocrítica más profunda sobre los errores de la experiencia progresista. Pablo Semán, antropólogo de la UBA, señala algunos aspectos trascendentales, como la corrupción, la soberbia y la desconexión con la sociedad.

En cuanto a los sindicatos, exceptuando la CTA (minoritaria), la histórica CGT siempre se acomodó al poder establecido (incluso en la dictadura) y, ahora, está más preocupada por subsistir que por confrontar. El reciente pacto con Milei para garantizar el control de la obra social, a través de la cual se financia, a cambio de mirar de perfil ante la contrarreforma laboral, es especialmente significativo, asevera Hugo Godoy, secretario general de la CTA-Autónoma. Respecto a los grandes movimientos sociales, muchos han perdido prestigio por la gestión desacertada de los programas sociales, la cual les ha arrebatado ahora Milei astutamente.

La izquierda por fuera del peronismo, sigue siendo minoritaria, a pesar de que el trotskista Frente de Izquierda (FITU), ha logrado que su líder Myriam Bregman, tenga un nivel popularidad mucho más alto de lo habitual.

Falta año y medio para las siguientes presidenciales, por lo que resulta difícil hacer pronósticos. Aunque Milei está en su momento de popularidad más bajo (con más de un 60% de desaprobación), el peronismo progresista sigue desgastándose en su disputa interna (Cristina VS Kicillof). Mientras tanto, las otras derechas (ya sea del PRO, del peronismo conservador o incluso un nuevo outsider ultra) siguen esperando su turno.

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