Opinión
Argentina: más allá de la reforma laboral

La noticia de la sanción en la Cámara Baja a la polémica reforma laboral de Javier Milei recorre las portadas de los periódicos de todo el mundo y abre una pregunta global sobre el rumbo que ha elegido el gobierno neoliberal para el país.
El presidente Trump se reunió con el presidente Milei en Washington el 22 de febrero de 2025.
El presidente Trump se reunió con el presidente Milei en Washington el 22 de febrero de 2025.
23 feb 2026 05:00

De aprobarse las modificaciones en el Senado en los próximos días, Argentina no solo modificaría su legislación laboral, sino que se consolidaría como protagonista de un repliegue internacional en materia de derechos, en un contexto en el que muchas democracias discuten ampliaciones mientras en otras se ejecutan recortes y retrocesos.

El argumento oficial de la reforma es conocido en Latinoamérica: flexibilizar para atraer inversiones, reducir cargas para formalizar empleo y aligerar al empleador para dinamizar la economía. Lo que se traduce en la realidad en jornadas extendidas hasta 12 horas, indemnizaciones reducidas y una transferencia del riesgo económico desde la empresa hacia el trabajador. 

A pesar de que la historia se repite y gobiernos anteriores (integrados por los mismos ministros del gabinete actual) ya han ejecutado programas de ajuste similares, lo que llama la atención de este presente es el consenso social que acompaña estas medidas.

Lo que se traduce en la realidad en jornadas extendidas hasta 12 horas, indemnizaciones reducidas y una transferencia del riesgo económico desde la empresa hacia el trabajador

Porque lo que plantea esta modificación no es simplemente un cambio en los papeles, sino la consolidación de un modelo social que lentamente lo va inundando todo: el de la optimización del individuo como valor moral supremo, por encima de la conciencia colectiva. El sujeto, eficaz y competitivo, es el aspiracional de una sociedad libertaria en la que los derechos no son un piso civilizatorio sino un obstáculo (o un curro, como le gusta decir al presidente actual, Javier Milei). En este laboratorio de la ultraderecha que es Argentina, se atribuye la vulnerabilidad a la responsabilidad individual y cuando eso ocurre, lo que está en debate no es una cuestión política, sino moral. 

El prolongado aislamiento de la pandemia en 2020 fue caldo de cultivo para la proliferación de comunidades digitales que instalaron estas ideas por primera vez. Atravesadas por un rechazo radical a las instituciones —terraplanistas y antivacunas, incels y traders— viralizaron formas de ver el mundo que reforzaban la dimensión individual por encima de cualquier responsabilidad colectiva. Se instalaron en ese momento mandatos como que emprender era mejor que ser empleado o que hacer cursos online era mejor que ir a la universidad.

La reforma laboral que hoy se debate no es tampoco una anomalía sino uno de los tantos coletazos que pega de vez en cuando esta idiosincrasia ya muy instalada y que no se limita a Argentina

Por eso, el triunfo de Milei en 2023 no fue una irrupción violenta e impredecible en el esquema partidario tradicional, sino que significó la cristalización de este sentir de época. 

La reforma laboral que hoy se debate no es tampoco una anomalía sino uno de los tantos coletazos que pega de vez en cuando esta idiosincrasia ya muy instalada y que no se limita a Argentina; otros países también ponen a prueba fórmulas anti-Estado. Pero el caso argentino tiene una singularidad: es un país construido sobre la promesa de la solidaridad y del trabajo obrero como ascensor social. De ser aprobada finalmente esta reforma laboral, el sur global abandonaría el histórico pacto de solidaridad colectiva que, durante generaciones, sostuvo la vida en común.

Aún escucho a mi papá de vez en cuando contarme cómo a su abuela, una inmigrante italiana que vivía en un conventillo, le cambió la vida la ampliación de derechos laborales de la década de los cuarenta, llevada adelante durante el mandato de Juan Domingo Perón. En ese momento, mi bisabuela María ya contaba con una artrosis avanzada en sus dedos por culpa de los trabajos forzosos y las largas jornadas que le tocaba hacer en la fábrica de alpargatas en la que trabajaba. Las nuevas leyes laborales no solo le permitieron dejar de hacer tareas insalubres, sino tener vacaciones pagas, aguinaldo y una jornada reducida. 

El mundo observa con atención si los representantes serán capaces de desempolvar las antiguas maquinarias de esclavitud de la revolución industrial en nombre de la libertad

La historia de María es la historia de muchos argentinos y argentinas que, durante esos años, pudieron dignificar su vida gracias a un modelo productivo que colocaba al trabajador en el centro y que situaba al país a la vanguardia de los derechos laborales y sociales.

Hoy, sobreestimulados por los mandatos de la eficacia y de la mercantilización de todo, el pueblo argentino volvió a invertir la relación de fuerzas para reivindicar el rol hegemónico y dominante del patrón. 

El mundo observa con atención si los representantes serán capaces de desempolvar las antiguas maquinarias de esclavitud de la revolución industrial en nombre de la libertad o si lograrán ponerle un freno a la desensibilización de esta época.

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