Análisis
La guerra de EEUU contra el pistacho iraní

La industria del pistacho estadounidense depende de la destrucción de Irán. Por eso, el matrimonio de Beverly Hills Lynda y Stewart Resnick parecen interesados en una guerra que tiene en ese fruto una de sus claves.
Mercado Shiraz
Puesto en el mercado central de Shiraz, Irán. Álvaro Minguito
10 may 2026 05:59

La guerra de EEUU e Israel contra Irán se ha diseñado para paralizar a la sociedad iraní: escuelas, hospitales, bloques de viviendas, aeropuertos y toda infraestructura de importancia a la hora de la verdad. Hace unas semanas la campaña de bombardeos tuvo un giro (para algunos) inesperado cuando Israel y EEUU atacaron un depósito de pistachos en la provincia de Kerman, el centro de la industria del pistacho del país. ¿Fue este ataque contra un depósito de pistachos algo hecho a propósito? A quien haya seguido mi trabajo o visto el documental Pistachio Wars no le cogerá por sorpresa. El lobby del pistacho en California es uno más de los intereses empresariales que está trabajando para que la política exterior estadounidense siga siendo agresiva y asesina.

La industria del pistacho estadounidense depende de la destrucción de Irán. En 2013 escribí A Journey Through Oligarch Valley, una guía de viaje para el turista misántropo que quiera explorar el lado oscuro de California más que los destinos aburridos más habituales, como el Golden Gate o Yosemite. Uno de los capítulos trata de Lynda y Stewart Resnick, el matrimonio de Beverly Hills que ha convertido a California en el centro mundial de la producción de pistachos y se ha enriquecido en el proceso, y que ha estado invirtiendo el dinero para que esta guerra contra Irán fuese una realidad.

Los Resnick (salida 253)

Conduciendo en dirección norte a velocidades propias de Nascar me lleva al hogar de uno de los últimos y más curiosos terratenientes del Valle de los Oligarcas: los multimillonarios del agribusiness Lynda y Stewart Resnick en Beverly Hills. Puede que no reconozcáis su nombre, pero habréis visto las botellas de lujo Fiji Water en vuestro 7-Eleven, o quizá hayáis visto a Levi Johnson, la oveja negra de la familia Palin, promocionar los pistachos de Paramount, la marca de los Resnick, en televisión. Seguro que algunos habéis comido naranjas de Sunkist, que son suyas.

El agua de Fiji Water viene de Fiji, como todo lo demás que los Resnicks venden viene de este valle, en el que poseen cientos de hectáreas de terreno. Buena parte de su imperio se encuentra a un lado y el otro de la autovía 33, al norte de Taft y justo al lado de la gasolinera en la que James Dean se detuvo para tomar un refresco de cola antes de empotrar su Porsche de carreras tuneado en el Ford Tudor de un desdichado estudiante universitario.

La viabilidad económica de estas tierras pistacheras depende de mantener el bloqueo económico a Irán de manera permanente

Los Resnick compraron estos terrenos a Mobil y Chevron décadas atrás y transformaron un desierto manchado de petróleo en exuberantes cultivos repletos, a lo largo de cientos de kilómetros, del verde de los almendros y las pistacias. Los árboles están plantados con una precisión futurista: una cuadrícula perfecta hasta donde alcanza la vista, cuyas hileras interminables se extienden más allá del horizonte. En el centro se alza una gigantesca factoría con hileras e hileras de brillantes silos metálicos donde la compañía prepara, empaqueta y distribuye los alimentos.

La dimensión de esta granja nubla el sentido. Es un asentamiento autosuficiente que tiene su propio aeródromo. ¿Cómo, si no, van a desplazarse los oligarcas de este valle? Y esta extensión agrícola no es más que una pequeña parte de un agribusiness diversificado por todo el globo que genera tres mil millones de dólares al año en beneficios. Ahora viene lo bueno: la viabilidad económica de estas tierras depende de mantener el bloqueo económico a Irán de manera permanente. Depende tanto de ello que los Resnick han unido fuerzas con rabiosos neocon y derechistas duros, fundado think tanks y lobbies que magnifican la amenaza iraní y promueven la guerra.

Controlando el agua

Descubrí a los Resnick cuando empecé a investigar el sistema público de agua, dominado por los multimillonarios de California. La familia de este Valle de los Oligarcas que ganó con facilidad 74 millones de dólares vendiendo agua al suburbio de Victorville, en el desierto, estaba conectada a los Resnick. Ambas familias poseen acciones en el Kern County Water Bank, un acuífero natural en el extremo meridional de Central Valley que ha sido convertido en un depósito de agua privatizado.


El banco de agua fue diseñado por el Departamento de Recursos Hídricos de California para funcionar como una reserva de emergencia. En años de lluvia recogería el exceso de agua procedente del acueducto del norte de California y mantendría suficiente agua como para abastecer a Los Angeles durante casi dos años en caso de sequía prolongada.

A la hora de la verdad los Resnick dominaban y controlaban el banco de agua hasta tal punto que se convirtió de facto en una extensión de su agribusiness privado

Este banco hídrico supuestamente debía servir como último recurso para proteger a los usuarios de las ciudades. Pero en 1995 los burócratas de California retorcieron un par de arcanas regulaciones del agua y entregaron el banco a un puñado de terratenientes del valle. Una vez el agua entraba en el banco, dejaba de ser un bien público: a partir de ese momento el propietario podía venderla a quien pujase más por ella. “Lo que significa que se convirtieron en intermediarios que se beneficiaban del agua suministrada públicamente”, informaba el periódico Searchlight, “si así lo decidían, podían dejar sin agua a grandes superficies de terreno agrícola productivo y enviar el agua a los municipios al sur del Tehachapi.”

El arquitecto de este sistema fue Stewart Resnick, quien emergió como accionista mayoritario del nuevo Kern County Water Bank. A la hora de la verdad los Resnick dominaban y controlaban el banco de agua hasta tal punto que se convirtió de facto en una extensión de su agribusiness privado, y lo dirigían desde unas oficinas cerca de Bakersfield, California.

El esquema de Resnick hizo mucho más que privatizar una infraestructura pública: creó un marco legal novedoso que proporcionó a los granjeros del Valle de los Oligarcas el poder para crear agua de la nada. Resnick creó los llamados “títulos de agua”. Como los valores que respaldaban las hipotecas subprime y otros instrumentos exóticos de deuda fabulados por Wall Street, los “títulos de agua” estaban construidos sobre la pura fantasía y el fraude fiscal innovador. El hecho era que la mitad de los “títulos de agua” de California, agua para venderse, comprarse y comerciarse con ella en el mercado, simplemente no existía, y nunca lo había hecho. Suena como una locura, pero es verdad.

Todo está relacionado con el Proyecto Hídrico del Estado de California comenzado por el gobernador Pat Brown. El proyecto estaba compuesto por varias presas, acueductos y bombas de agua para extraer agua desde California septentrional y enviarla a través del valle hasta California meridional. Cuando el sistema comenzó a construirse en los sesenta, el Estado entregó derechos hídricos garantizados a los granjeros del valle. Estas obligaciones contractuales no estaban basadas en la realidad, sino usando la capacidad estimada del sistema de distribución del agua estatal cuando estuviese terminado del todo. Y ése era el problema: el proyecto nunca se terminó. Se ha intentado varias veces engatusar a los votantes de California para que sufragasen los costes para terminarlo, sin éxito. Contractualmente, el estado estaba obligado a entregar cuatro millones de acres anuales, pero a la hora de la verdad sólo podía suministrar la mitad del agua que había prometido.


En los noventa estalló el conflicto conflicto cuando una coalición de empresarios agrícolas encabezada por Stewart Resnick amenazó con demandar al estado de California por incumplimiento de contrato. ¿Qué hacer? Stewart Resnick propuso una solución simple e ingeniosa, basada en la ingeniería contable de Wall Street: en vez de entregar el agua, California simplemente pretendería que el agua existía y luego permitiría a los oligarcas del valle venderla. Así de simple. Y eso es lo que hicieron. La legislación estatal obliga a todo empresario inmoobiliario de California a demostrar que los futuros residentes tendrán asegurado el suministro de agua.

Los acuíferos están sobreexplotados, por lo que no se trata de descolgar el teléfono y que el agua llegue hasta la puerta de tu casa. Los títulos de agua resolvieron este problema de una vez por todas. Desde mediados de los noventa los promotores inmobiliarios podían resolver las exigencias de planificación asegurándose estos títulos para sus proyectos. Ni estaban recibiendo agua ni transfiriéndola, todo era virtual: un mero truco contable que decía que legalmente se habían asegurado cierta cantidad de agua para entregar en cierto momento en el futuro, cuando el proyecto estuviese terminado. ¿Pero qué pasaba si el agua no llegaba, pongamos por caso, por una sequía extrema? Ningún problema: California tendría que salir al rescate de sus residentes. Los nuevos acuerdos hacían al estado explícitamente responsable de los contratos por el agua, de manera independiente a que hubiese agua o no.

El mercado de títulos hídricos de Stewart Resnick era la envidia de todo estafador financiero del país. Era una idea tan brillante e innovadora que los vendedores de crecepelo de Enron no podían sino intentar meterse en el negocio. A comienzos de los 2000, Enron compró una extensión de terreno en el valle encima de una reserva subterránea natural y comenzó a trabajar en un banco de agua propio. Enron prometió liderar el brillante futuro del mercado de acciones de agua con una operación llamada Azurix que, a través de internet, iba a convertirse en el comercio virtual del recurso. Los agentes de bolsa podían conectarse desde todo el mundo para comprar y vender agua, hacer apuestas y comerciar con los títulos. Así lo explicaba Chris Wasden, el cerebro detrás de Azurix: “el mercado hidríco funciona de tal manera que no estás en realidad comerciando con una molécula de agua que posees por la molécula de agua de otro. Tengo una cantidad de agua, intercambiémosla de tal manera que tenga acceso al agua cuando la necesite, pero no se trata de agua que exista lo que se mueve, sino de los derechos de uso”.

Los Resnick saquean el agua de los habitantes de Fiji con la misma facilidad con la que la extraen a sus compatriotas

La operación especulativa de Enron se estrelló en buena medida porque a los propietarios del valle no les gustaba que otros de fuera se metieran en su territorio. Mr. Wasden cayó de pie, con todo, y ahora trabaja en PriceWaterhouseCoopers como director ejectutivo de “innovación y estrategia en sanidad”. Aunque no le funcionó a Enron, estos títulos auparon a Lynda y Stewart Resnick a una nueva dimensión de riqueza y poder. Gracias al acceso a agua barata y abundante abrieron miles de hectáreas del valle al terreno agrícola, casi duplicando el suelo cultivado sólo tres años después de sellar el histórico acuerdo sobre el mercado hídrico en California. Ha tenido tanto éxito que sus envidiosos vecinos han pedido al Estado que intervenga y distribuya el agua de los Resnick, que, entretanto, no han dejado de crecer.

Los orígenes de los Resnick

La empresa privada de los Resnick, Roll Globall, obtiene unos ingresos anuales de prácticamente tres mil millones de dólares. Cinco años atrás obtenía dos mil milllones. Este crecimiento es, quizá, el mayor de todo el agribusiness en el valle. Tienen prácticamente el monopolio de la almendra y el pistacho y dominan un enorme porcentaje del mercado de la naranja y la mandarina. Además, los Resnick han conseguido poner de moda la granada como alimento saludable y se embolsan montañas de dinero sacando el agua de Fiji, una nación pobre y pequeña gobernada por una junta militar que aplica políticas neoliberales. La mayoría de sus habitantes vive miserablemente y carece de acceso a agua potable, pero los Resnick amenazaron con abandonar el país después de que su gobierno intentase imponer un impuesto irrisorio de ocho céntimos por litro. Los Resnick saquean el agua de los habitantes de Fiji con la misma facilidad con la que la extraen a sus compatriotas.

A pesar de toda su riqueza, poder y descaradas intrigas, Lynda y Stewart Resnick no son los típicos terratenientes del valle. En un país dominado por familias anglosajonas de rancio abolengo y derechistas reaccionarios, los Resnick son orgullosos liberales de la jet set. El matrimonio dona generosamente al Partido Demócrata y financia con liberalidad el Aspen Institute, pro-empresa y liberal, se codean con Arianna Huffington y reciben a la crema de la sociedad de Beverly Hills en su palacete hortera de Sunset Boulevard. Con los años han ampliado esta casa comprando y destruyendo propiedades adyacentes, lo que les ha permitido añadir un invernadero, un enorme jardín con esculturas, una piscina, un aparcamiento para una buena veintena de coches y un huerto de naranjos. Incluso en Beverly Hills, donde no escasea el dinero y las exhibiciones ostentosas de riqueza, los Resnick destacan.

“Exagerados, extravagantes, crudos, ridículos, un poco indecentes.” Así los describió Michael Gross en su libro, Unreal Estate. Los Resnick también pasan buena parte de su tiempo en su hogar en Aspen, con un lago a sus espaldas. Es una propiedad que aman. Tanto que, a comienzos de los 2000, los Resnick libraron una batalla legal contra Aspen para evitar que se construyese un edificio de viviendas asequibles para los trabajadores municipales. Los Resnick se quejaban de que este proyecto —a poco menos de un kilómetro de su casa— restaría valor a su propiedad.

A pesar de todo, en comparación con otros terratenientes del valle, los Resnick son new money. No se benefician de la riqueza heredada a través de generaciones: sus tierras y propiedades las amasaron ellos mismos. Llegaron a finales de los setenta y, en unas pocas décadas, forjaron una de las mayores operaciones verticalmente integradas del agribusiness en todo Estados Unidos, más grande y más rentable que cualquier otra del valle.

Stewart Resnick nació a mediados de los treinta en Highland Park, Nueva Jersey, en el seno de una familia inmigrante judía ucraniana. De acuerdo con Stewart, su padre era propietario de un bar y era un hombre violento. También era un alcohólico, un jugador y tenía vínculos estrechos con el submundo criminal y la mafia judía. “Mi padre fue un modelo negativo importante, las lecciones que saqué de él eran sobre todo lo que no tenía que hacer”, explicó Resnick al periodista Mark Arax en una entrevista para una biografía que nunca se completó.

Stewart abandonó sus hogar a los 18 años, se trasladó a Los Angeles y se financió con su trabajo los estudios de Derecho en la UCLA. Comenzó un negocio de limpieza de mucho éxito que generó 7,4 millones anuales. A comienzos de los setenta se expandió al sector de la seguridad privada, que entonces empezaba a despegar. En unos pocos años, la empresa de Stewart —American Protection Industries (API)— creció hasta convertirse en una de las mayores empresas de seguridad privada de Los Angeles. API empleaba a más de un millar de guardias de seguridad que patrullaban el centro y el Westside de la ciudad. Instalaba y monitoreaba sistemas antirobo y de seguridad contra incendios en miles de hogares. La compañía gozaba de excelentes conexiones: daba trabajo a antiguos agentes de los servicios secretos y estaba dirigida por un antiguo comisario jefe de la policía de Los Angeles. La empresa consiguió muy pronto un lucrativo contrato para gestionar la seguridad de la terminal internacional del aeropuerto de Los Angeles: los empleados de API dirigían los controles de seguridad —lo que hace actualmente la TSA— y vigilaban los aviones internacionales que aterrizaban hasta que podían ser inspeccionados por el servicio de aduanas.

A mediados de los setenta, la empresa de seguridad de Resnick se vio implicada en una investigación federal por crimen organizado y narcotráfico después de que tres de sus guardias de un aeropuerto fuesen detenidos entregando casi un kilo de heroina “blanca china” pura a agentes encubiertos. Stewart culpó en su día a unas cuantas manzanas podridas, y afirmó que ya habían sido despedidos por conducta indebida. También sugirió que había sido un intento de venganza por un antiguo empleado descontento. Pero según Los Angeles Times, las revelaciones de la operación fueron lo suficientemente serias como para poner en marcha una investigación más amplia del Grupo de Trabajo contra el Crimen Organizado y el Crimen de Extorsión por una “posible infiltración de la seguridad aeroportuaria por el crimen organizado”.

El diario informaba de todo ello así: “La investigación arranca de un caso de narcotráfico que implica a tres exempleados de American Protection Industries, que tiene el contrato de seguridad para la terminal internacional del aeropuerto. Los documentos de los tribunales de este caso y otras fuentes apuntan a que un potencial fraude a escala masiva contra las aerolíneas está siendo investigado por agencias federales, estatales y locales. Fuentes próximas a la investigación sostienen además que se ha conseguido ‘documentación extremadamente sólida’ sobre vínculos entre empleados de API y el crimen organizado. Cinco personas, tres de ellas identificadas por las autoridades como antiguos empleados de API, fueron arrestados antes esta semana acusados de vender casi un kilogramo de heroina ‘china blanca’ virtualmente pura a agentes de narcóticos encubiertos. Durante la investigación de cinco meses que ha llevado a los arrestos, varios de los sospechosos explicaron a los agentes encubiertos que habían tenido acceso a un suministro mayor, de hasta 45 kilogramos en una ocasión, de heroina de procedencia oriental, que, aseguraron, entraba en el país a través de aerolíneas comerciales”.

Dos años antes de que los empleados de API fuesen detenidos traficando con heroina, Stewart se había casado con Lynda. Propietaria de una pequeña agencia de publicidad en Melrose Avenue, Lynda era la hija de un productor cinematográfico, famoso por haber estado detrás de The Blob. Unos años antes Lynda había protagonizado su propio escándalo. A finales de los setenta salía con Aaron Russo, el analista hippy de pelo largo que trabajaba en la Rand Corporation y amigo del también empleado de Rand Daniel Ellsberg. A Russo rara vez se lo menciona por su papel a la hora de filtrar los Papeles del Pentágono, pero lo hicieron él y Ellsberg. Cuando los documentos se filtraron, en 1973, fue la fotocopiadora de Lynda la que se usó para obtener copias de los documentos clasificados.

En Unreal Estate se recoge este capítulo: “Lynda estaba saliendo con Aaron Russo, quien trabajaba con Ellsberg en el think tank en el que tenían acceso a los documentos. Aunque se había manifestado en contra de la guerra, Lynda era apolítica. ‘Siempre estaba pensando en cómo ganar dinero’, explicó Russo al biógrafo de Ellsberg, Tom Wells. Pero aún así, ‘quedó impresionada’ cuando le preguntaron si podían tomar prestada su fotocopiadora y le explicaron por qué. Incluso ayudó en las sesiones nocturnas de fotocopiado durante dos semanas, ahuyentando a la policía la primera noche, cuando se disparó accidentalmente la alarma contra ladrones, cortando con tijeras los sellos de ‘Top Secret’ de la parte superior de los documentos para ‘desclasificarlos’, y por el uso de su equipo fue remunerada por cada página. ‘Era tan ingenua’, explicó Lynda a Wells.” Sí, Lynda y Stewart eran toda una pareja.

El embargo de Carter de 1979 a Irán cortó a los cultivadores de pistacho iraníes del mercado estadounidense y creó la necesidad de una producción alternativa de pistachos

Poco después de casarse, los dos pusieron sus mentes empresariales a trabajar y se metieron en el negocio de las baratijas: compraron la Franklin Mint –que vende monedas “de coleccionista” falsas, platos decorados y muñecos de Elvis a la masa de consumidores– e hicieron una fortuna vendiendo figuras de porcelana de la princesa Diana. Incluso demandaron con éxito al Memorial de la Princesa Diana por 13,5 millones de libras esterlinas después de que esta fundación intentase impedir que los Resnick vendiesen las figuras.

Pero su mayor éxito vino en 1978, cuando Lynda y Stewart Resnick, que no tenían ninguna experiencia en el agribusiness, decidieron entrar en el sector agrícola. Comenzaron adquiriendo huertos de naranjos y una planta de empaquetamiento de cítricos, comprando el control de la Paramount Citrus Association. Stewart Resnick más tarde describiría la agricultura como una inversión puramente pasiva, como un método para aparcar su dinero de manera segura y escapar de los efectos de la inflación galopante de los setenta que arrasaba con la riqueza.

Pero los Resnicks no se quedaron quietos mucho tiempo. En 1979 Irán tomó a 52 estadounidenses de la embajada como rehenes. En represalia, el presidente Carter aprobó el primero de varios paquetes de sanciones económicas y comerciales contra el país. Irán era el principal proveedor de pistachos desde hacía décadas. No obstante, el embargo de Carter de 1979 al país cortó a los cultivadores de pistacho iraníes del mercado estadounidense y creó la necesidad de una producción alternativa de pistachos, que era virtualmente inexistente en los Estados Unidos.

Viendo una inmensa oportunidad, los Resnick empezaron a hacerse con miles de hectáreas de Mobil Oil y Texaco para cultivar huertos de almendros y pistacias. Fueron comprando tierra cultivable constantemente a lo largo de todos los ochenta, a precio de saldo debido a un largo período de sequía. A finales de la década los Resnick habían amasado suficiente tierra cultivable como para rivalizar con los mayores y más antiguos clanes del valle: unos 100.000 acres (más de 40.000 hectáreas) en las que crecía algodón, pistachos, almendras, naranjas, limones y pomelos. No sólo los cultivaban, sino que los empaquetaban, procesaban y distribuían.

Guerra al pistacho iraní

Las sanciones económicas contra Irán se renovaron e intensificaron con cada presidente después de Carter mientras el cultivo del pistacho en EEUU se disparó. En los últimos treinta años ha dejado de ser algo que cultivaban un puñado de granjeros por diversión a convertirse en una industria que genera cerca de mil millones de dólares. Los Resnick tienen prácticamente el monopolio de su comercio. Paramount Farming, propiedad de los Resnick, es hoy el mayor productor, procesador y vendedor de pistachos, controlando cerca del 60% de la industria. Los pistachos son muy importantes para los Resnick: les proporcionan casi el 20% de sus ingresos agrícolas.

Las sanciones económicas son lo que ha permitido a los Resnick construir su imperio, que sufriría un duro golpe si se normalizasen las relaciones con Irán. Los pistachos iraníes son considerados superiores a los estadounidenses, tanto, que los israelíes siguen comprando pistachos iraníes comercializados a través de Turquía. Sin ninguna duda, los Resnick serían incapaces de competir con Irán en el pistacho en un mercado libre.

Así que los Resnick hicieron lo que todo estadounidense despiadado y astuto haría: hicieron causa común con las compañías petrolíferas, los islamófobos, los neocon y los likudniks, y comenzaron a canalizar dinero hacia los think tanks y grupos de presión política que abogaban por un endurecimiento de las políticas a Irán. Sanciones económicas, sabotaje, demonización: todo valía para defender los intereses de los Resnick. Bombardear los campos de pistacias en Irán tampoco sería mala idea… Stewart Resnick y su mujer Linda son miembros del consejo de administración del muy influyente think tank Washington Institute for Near East Policy, creado como una escisión de la AIPAC [Comité Estadounidense-Israelí de Asuntos Públicos, NdT] en los ochenta.

No importa lo mucho que teman y odien a Irán, a los israelíes les encantan los pistachos iraníes y los prefieren a los estadounidenses

En los círculos de política sobre Oriente Medio del gobierno estadounidense y los medios que informan sobre la región, este think tank está considerado como uno de los más influyentes del país. También es agresivo hacia Irán hasta extremos ridículos, pidiendo sanciones aún más duras y ataques militares contra el país. En el año 2005, la Fundación Resnick dio 20.000 dólares al Washington Institute for Near East Policy. Por desgracia, la cantidad real de dinero que los Resnick han dado al instituto es difícil de averiguar, ya que los fondos que no se canalizan a través de su fundación personal no han de detallarse en cualquiera de sus documentos a hacienda.

Stewart Resnick es también miembro del consejo de administración de American Friends for IDC, una organización sin ánimo de lucro que sirve como el brazo recaudador del Interdisciplinary Center Herzliya, un think tankcon vínculos estrechos con los servicios de inteligencia y el establishment militar israelí. Como el Washington Institute for Near East Policy, Herzliya está considerado el think tank más influyente en Israel en materia de seguridad. Los amigos estadounidenses del IDC canalizaron 10 millones de dólares a Herzliya en 2006. No es claro cuánto dinero Resnick ha donado personalmente a esta asociación, pues las organizaciones sin ánimo de lucro no están obligadas a revelar ni los nombres ni las direcciones de sus donantes. Con todo, el hecho de que Resnick esté en su consejo de administración es una muestra de su participación directa en una organización poderosa que promueve una política dura anti-iraní. Stewart Resnick se sienta después de todo en el consejo de administración con una larga lista de conocidos neocon, islamófobos y promotores de la guerra contra Irán, incluyendo al magnate de Las Vegas Sheldon Adelson, fundador de Freedom Watch, que promovió la guerra Irak-Iran y el infame apoyo de todo lo neocon.


Los actos de Herzliya tienen como asistentes a poderosos actores políticos tanto de EEUU como de Israel: William Kristol, Mitt Romney, Wesley Clark, Ariel Sharon, Moshe Katsav, Richard Perle, James Woolsey y Nicolas Sarkozy son algunos de los nombres más conocidos. ¿Cuál es la posición de Herzliya sobre Israel? The Week Standard informaba sobre la conferencia anual del think tank como sigue en 2010: “Irán recibió una considerable atención en Herzliya esta semana. Dos días antes que Netanyahu, el presidente Shimon Peres habló elocuentemente sobre la necesidad de enfrentarse a Irán no sólo como una cuestión de seguridad, sino de preocupación moral para Occidente, afirmando que Irán era el origen del mal para todos los que buscan la paz y la libertad. El socio de coalición de Netanyahu y ministro de Defensa, Ehud Barak, también llamó a la comunidad internacional a imponer sanciones a Irán, especialmente teniendo en cuenta el lanzamiento con éxito de un satélite iraní esta semana.”

La documentación presentada a hacienda muestra que la Fundación Resnick canalizó 1.125 millones de dólares al Comité Americano Judío en un período de cinco años entre 1999 y 2004. El Comité Americano Judío (que también responde al nombre de Federaciones Judías) fue uno de los grupos de presión más activos para que se aprobasen amplias sanciones contra Irán en 2009. Le hacían compañía Halliburton, la Cámara de Comoercioo, ExxonMobil y Lockheed Martin.

En 2008, Paramount reafirmó su misión de continuar quedándose con una porción del mercado iraní. “No nos importa robar un porcentaje a los iraníes”, afirmó el vicepresidente de ventas de la compañía. La mayor ironía es que en ningún lugar es más difícil su aplicación que en Israel, que tiene el mayor consumo per capita de pistachos del mundo e importa decenas de millones todos los años. No importa lo mucho que teman y odien a Irán, a los israelíes les encantan los pistachos iraníes y los prefieren a los estadounidenses.

“Durante años”, escribía Los Angeles Times en 2009, “EEUU ha estado presionando a Israel para que deje de comprar pistachos iraníes desde terceros mercados como Turquía, cerrando un ojo al embargo (…) A los israelíes les apasionan los pistachos. En una entrevista reciente, el presidente Shimon Peres recordaba con nostalgia los maravillosos fistouk shammi (pistachos de Alepo) que degustaba años atrás en Irán como invitado del sha”. “Como orgulloso nativo del estado dorado (California), creo que los israelíes deberían comer pistachos americanos, no iraníes”, manifestó Stewart Tuttle, portavoz de la embajada estadounidense en Tel Aviv, a Associated Press.

Pistachio Wars
Yasha Levine es periodista, autor de Surveillance Valley (2018) y creador del documental Pistachio Wars (2025). Artículo original publicado en su Substack. Traducido por Àngel Ferrero con permiso del autor.
Análisis
Utopía inodora
La disponibilidad continua, ilimitada, de agua corriente durante las veinticuatro horas del día de cada uno de los trescientos sesenta y cinco días del año sin movernos del recinto de nuestro domicilio es una condición recientísima (y efímera) limitada por el nivel de bienestar de nuestro país y por nuestra situación de clase.
Internet
La fiebre de los centros de datos sube la temperatura de la crisis energética global
Los centros de datos han pasado a un crecimiento anual de dos dígitos merced al boom de la Inteligencia Artificial. Los síntomas de la burbuja son evidentes con respecto a un sector que emplea dosis descomunales de electricidad y agua dulce.
Estados Unidos
‘Yanquis vs. Cowboys’: dos maneras de entender la política exterior estadounidense
La tesis ‘yanquis vs. cowboys’, enunciada a finales de los años 70, ofrece un marco útil para describir dos estrategias diferentes de la política exterior estadounidense.
Cargando valoraciones...
Comentar
Informar de un error
Es necesario tener cuenta y acceder a ella para poder hacer envíos. Regístrate. Entra en tu cuenta.
Cargando...
Cargando...
Comentarios

Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.

Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!

Cargando comentarios...