Análisis
Las elecciones presidenciales portuguesas y el “momento Le Pen”

Mientras el establishment europeo celebra la victoria de un socialista moderado como José Seguro, el extremo centro portugués se desangra ante la ruptura de los campos político-electorales tradicionales.

Este pasado domingo se ha celebrado la primera vuelta de las elecciones presidenciales portuguesas. Los quintos comicios en dos años desde que, en noviembre de 2023, un caso de corrupción se llevara por delante a António Costa y a su Ejecutivo, uno de los pocos en Europa donde aún los socialistas mantenían una mayoría absoluta. Desde entonces, Portugal ha entrado en una espiral de inestabilidad política que nos permite hablar de una auténtica crisis del régimen pos-Revolución de los Claveles, y cuyo último episodio ha sido esta primera vuelta de las elecciones presidenciales.

Desde 1976 no había en Portugal unas elecciones presidenciales tan abiertas. Hasta este domingo, el resultado de las presidenciales solía conocerse de antemano, al menos en la mitad de los casos. De hecho, hacía 40 años que Portugal no vivía una segunda vuelta presidencial: fue en 1986, cuando ganó Mario Soares, primer civil elegido presidente desde la restauración de la democracia, y única segunda vuelta hasta la fecha. Así, las presidenciales —último reducto de la estabilidad turnista— ha saltado por los aires este domingo, dejando un buen puñado de titulares.

Quizás el más importante es la histórica segunda vuelta que tendrá lugar el próximo 8 de febrero, entre el ganador de este pasado domingo, el socialista António José Seguro, con el 30%, y el ultraderechista de Chega (que significa “basta”), André Ventura, con un 25% de los votos. Los socialistas consiguen, con esta victoria parcial, levantar un poco el vuelo después de los malos resultados encadenados desde la crisis del gobierno de Costa en 2023. Asimismo, José Seguro representa una de las figuras más centristas de la constelación de líderes socialistas portugueses, su victoria no significa ningún giro a la izquierda. Además, los pobres resultados de la izquierda —los tres candidatos que concurrían por el Partido Comunista, Bloco de Esquerda y Livre no consiguen superar conjuntamente el 4 % de los votos— favorecerán un giro aún más a la derecha de José Seguro para intentar seducir a un fragmentado electorado conservador.

El resultado de Ventura es todo un terremoto político: por primera vez la ultraderecha consigue alcanzar la segunda vuelta de las presidenciales, manteniendo su tendencia al alza

En cambio, el resultado de Ventura es todo un terremoto político: por primera vez la ultraderecha consigue alcanzar la segunda vuelta de las presidenciales, manteniendo su tendencia al alza, que ya el pasado mayo le permitió convertirse en la segunda fuerza parlamentaria. Un “momento Le Pen” para la ultraderecha portuguesa, que afrontará una segunda vuelta con pocas expectativas de victoria, pero con el objetivo —como en su momento Le Pen— de erosionar al turnismo portugués. Ayer mismo, tras salir de misa en la iglesia de São Nicolau, en Lisboa, Ventura señaló como objetivo “agrupar a toda la derecha en Portugal y derrotar al socialismo”. Esta segunda vuelta pondrá a prueba el aguante de las bases conservadoras ante los cantos de sirena de la extrema derecha en un escenario sin candidato propio.

En Francia, en la segunda vuelta de las presidenciales de 2002, cuando se enfrentó el candidato de la formación de centroderecha gaullista, Jacques Chirac, contra Jean-Marie Le Pen, se inauguró una suerte de estrategia de cordón sanitario a la extrema derecha conocida como “frente republicano”. Concentrar el voto para que la extrema derecha no consiga mayor poder institucional; pero para que este tipo de estrategias sean efectivas a corto plazo es imprescindible el compromiso del conjunto de las fuerzas democráticas o antifascistas. La principal responsabilidad de mantener el cordón recae, precisamente, en el partido que tiene menos alicientes para firmarlo: el cálculo electoral ha hecho fracasar muchos de ellos en una buena parte de países. De hecho, en el Estado español ha sido imposible aplicar un cordón sanitario a Vox porque la derecha nunca se ha comprometido a ello, gobernando en numerosos ayuntamientos y en unas cuantas comunidades autónomas.

El primer ministro, Luís Montenegro, no ha querido esperar a las especulaciones. La misma noche electoral del domingo descarto el cordón sanitario a la ultraderecha: el Partido Social Demócrata (PSD) no apoyará a ningún candidato en la segunda vuelta

El primer ministro, Luís Montenegro, no ha querido esperar a las especulaciones. La misma noche electoral del domingo descarto el cordón sanitario a la ultraderecha: el Partido Social Demócrata (PSD) no apoyará a ningún candidato en la segunda vuelta de las presidenciales: “El PSD no estará involucrado en la campaña presidencial”. Una muestra más de la quiebra del extremo centro portugués y de la profunda crisis, no solo de los socialistas, sino también de una derecha cada vez más trumpista ante la competencia de Chega. En este sentido, el pasado mes de julio el gobierno conservador creó una nueva unidad dentro de la Policía Nacional, encargada de combatir la migración irregular y coordinar las deportaciones, y en octubre alcanzó un acuerdo con Chega para modificar la Ley de Nacionalidad y endurecer los requisitos y los tiempos de espera para lograr el pasaporte portugués.

Una vez más, comprar la agenda programática de la ultraderecha solo favorece su legitimación y normalización. En este sentido, un estudio reciente del académico Lie Philip Santoso, titulado De la colaboración a la convergencia: actitudes nativistas entre los partidarios de la derecha no radical, observa que cuando un partido tradicional pacta con la extrema derecha, esto lleva a que sus votantes adopten postulados de la agenda ultra. Así, a pesar de que la derecha portuguesa parecía impulsada por una dinámica electoral favorable desde que recuperara el gobierno en 2024, esta vez ha mostrado sus debilidades frente a la pujanza de Chega, pagando su fragmentación electoral en tres candidaturas de un arco ideológico muy parecido, lo que le ha impedido revalidar la presidencia después de las dos últimas legislaturas de Marcelo Rebelo de Sousa.

En este sentido, buena parte de la campaña electoral de Chega ha consistido en una intensificación del discurso antiinmigración —dirigido en particular contra personas procedentes de India, Bangladesh y Pakistán—. Sus carteles de campaña proclamaban “Aquí no es Bangladesh”. Una forma de redirigir la indignación popular hacia abajo, sintonizando con la subjetividad de la escasez y los sentimientos de inseguridad generados por las políticas neoliberales, recurriendo a soluciones propias del discurso de coach influencers, combinadas con las viejas y eficaces pasiones movilizadoras del fascismo: Dios, patria y familia, presentadas como “comunidades de pertenencia” frente a “el otro” (inmigrantes, globalistas, woke), que supuestamente amenaza con destruirnos.

La presidencia portuguesa se había convertido en el último reducto de estabilidad institucional en la convulsa política lusa. Rebelo de Sousa, una especie de Macron a la portuguesa o caudillo del extremo centro, ha presidido el país los últimos diez años con cuotas de popularidad que parecían ajenas al descrédito político que sacude a los grandes partidos portugueses y que ha encontrado en la extrema derecha de Chega un vehículo para expresarse.

De hecho, además de Chega, el almirante en la reserva Henrique Gouveia e Melo —que partía el pasado mayo, cuando presentó su candidatura, como el principal candidato a la presidencia— representaba una suerte de candidatura impugnatoria del régimen del turnismo portugués en clave autoritaria. La candidatura de Gouveia e Melo se sustenta sobre su popularidad, adquirida como coordinador del operativo encargado de organizar la vacunación durante la pandemia, en febrero de 2021, y en su supuesta independencia política: ajeno a los grandes partidos. Presentándose como un liderazgo capaz de cohesionar el país, su lema de candidatura, “Unir Portugal”, no deja lugar a dudas. Una forma de conectar con la corriente antipolítica, cada vez más importante en la sociedad portuguesa, ofreciendo una figura de autoridad y orden. La duda es cuánto voto del 12 % que consiguió Gouveia e Melo podrá atraer Ventura.

El momento de incertidumbre actual tiene graves consecuencias, debido al papel que desempeña el presidente de la República en el sistema portugués. Que, lejos de ser puramente parlamentario, es un sistema semipresidencialista: aunque el presidente no gobierna ni nombra ministros, sí tiene competencias para disolver el Parlamento, vetar leyes aprobadas por este, denunciarlas ante el Tribunal Constitucional y convocar referendos. De hecho, el presidente saliente, Rebelo de Sousa, ha llevado estas competencias al límite, combinando hábilmente un uso extensivo de las sutilezas que ofrece la Constitución —como la disolución— y un recurso desenfrenado a las redes sociales. Por ello, es importante entender que no estamos ante una elección meramente simbólica, sino que tendrá muchas repercusiones en el convulso escenario portugués.

Mientras el establishment europeo celebra la victoria de un socialista moderado como José Seguro, el extremo centro portugués se desangra ante la ruptura de los campos político-electorales tradicionales. Una crisis en toda regla que la ultraderecha aprovecha como voto de protesta, que no deja de crecer y de alcanzar nuevas cotas en Portugal: desde la jefatura de la oposición el pasado mayo, hasta el resultado histórico de este domingo con el pase a la segunda vuelta de las presidenciales.

A finales de octubre pasado, Ventura pidió desde la tribuna de la Asamblea Nacional “uno, dos o incluso tres Salazar” para “enderezar Portugal”: una ostentación de la dictadura y una impugnación de la tradición democrática de los claveles, impensable hace unos años, que muestra hasta qué punto la crisis de régimen es profunda en Portugal. Las presidenciales, elecciones que abren el año electoral europeo, han dejado de ser un mero trámite del turnismo para convertirse en un test, tanto luso como europeo, sobre el nuevo tiempo histórico en el que nos adentramos. En el que Portugal se parece cada vez más a esa Europa azotada por la quiebra de los campos políticos tradicionales y la emergencia de una ola de autoritarismo reaccionario.

Portugal
Elecciones
Portugal frena a la extrema derecha y da aire al Partido Socialista en la primera vuelta de las presidenciales
António José Seguro pasa a segunda vuelta con una victoria clara. Los resultados electorales niegan la victoria que las encuestas daban a André Ventura. El socialdemócrata y el xenófobo se disputarán la presidencia el 8 de febrero.
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