Opinión
Con retórica sólo, no se construye un muro contra el fascismo
El artículo del secretario general de CC.OO en CTXT del 9 de octubre, me sonó honesto en la retórica empleada, para llamar a la HG del 11 de noviembre, que por una vez no ha sido instrumentalizada (al menos en su convocatoria) por el sindicalismo institucional, lo mismo que no existe instrumentalización por parte de los autodenominados sindicatos alternativos, CGT, —mi sindicato—, como la expresión más organizada y con presencia real en todo el Estado y la mayoría de los sectores productivos y de servicios.
La HG del 11 de noviembre, podríamos ponernos de acuerdo sin demasiados matices, que ha sido “provocada y convocada” por un buen montón de malestares, donde la vivienda y el “símbolo de Maricarmen”, más el trabajo y la inteligencia del Sindicato de Inquilinas, la ha hecho posible y, además, ha penetrado emocionalmente en la mayoría de la sociedad que en más del 64% se encuentra de acuerdo con las razones de la Huelga, fundamentalmente con la “intervención del mercado de la vivienda” por parte del legislativo[1], para garantizar la vivienda como un derecho fundamental y universal.
El primer argumento retórico es inapelable… Impresionan los niveles de sadismo que anidan en la mente de quienes tienen concepciones casi psicopáticas de la relación con el más débil o la más dependiente. La configuración moral de las nuevas formas de extrema derecha, hoy ya normalizadas culturalmente en sus ecosistemas mediáticos, es una degradación de época que apunta enormes riesgos…
La crueldad que han manifestado las clases poderosas (financieras, rentistas, empresariales, etc.) por medio de sus representantes políticos, ante el desahucio de Mari Carmen y su posterior muerte (¿”asesinato”?), supone una quiebra del consenso cultural normalizado por la derecha y extra-derecha que hasta ahora venía siendo compartido por una gran parte de las clases medias y bajas.
Este error garrafal, sustentado por personas o personajes como IDA[2], donde todo es prototerrorismo o simplemente comunistas desarrapados y piojosos, no ha calado tan fácilmente en las conciencias de una ciudadanía que aún siendo “rentista” (el 54% de tenedores de pisos de alquiler —1 o 2 viviendas—, son clases obreras medias) y en gran medida “beneficiándose” de esa lógica extractivista, tienen nietas, hijas, sobrinas, familia, la cual se ve atrapada en el gran expolio que tiene montado el capitalismo con el bien tan básico y esencial como la vivienda.
Las emociones actúan en doble sentido y si bien hasta ahora el autoritarismo, el fascismo expresado en las derechas políticas, lo tenía fácil con ese discurso “tramposo, bárbaro, deshumanizado…” de culpabilizar de los malestares a los más vulnerables: mujeres, migrantes, todo lo público, es decir los comunes: educación, salud, cuidados, etc. y el patinazo de “meterse” con el Sistema Público de Pensiones[3], al pasarse de frenada, dejan de ser tan “queridos” y la emoción cambia de bando, para sentir como propia la “muerte” de Maricarmen a manos de un “mercado buitre” donde la humanidad de los que no sean de su clase, no sólo no se reconoce sino que se convierte en mero estorbo, pues impiden seguir con la especulación y la rentabilidad[4].
Las clases obreras, las precarizadas que son más de 70% de la población que tiene empleo[5], viven o sobreviven de sus salarios y se encuentran atrapadas en el ciclo perverso de la explotación (sus salarios devaluados), una inflación que recorta su poder de compra de bienes esenciales para vivir (alimentación, energía…) y una parte muy importante (desde un 35% hasta el 70%) de sus rentas salariales son arrebatadas por “los rentistas” (grandes tenedores, medianos o pequeños) bien del alquiler de la vivienda, bien de la compra.
Las clases obreras, las precarizadas que son más de 70% de la población que tiene empleo, viven o sobreviven de sus salarios y se encuentran atrapadas en el ciclo perverso de la explotación
Los precios, los salarios y la vivienda, son determinantes para esta mayoría de clase obrera y muestran una realidad de vida, no sólo precaria, sino incierta en cuanto en tanto la vida de estos millones de personas, carece de certezas en las cuales las personas puedan liberarse del miedo, la ansiedad y el malestar cotidiano.
Estas clases obreras —más allá de cómo se perciban sociológicamente, por ejemplo, clase media—, si han percibido de la calle, que el problema de la vivienda, tiene mucho que ver con los malestares y sus rentas salariales cada vez más disminuidas, a la vez que son conscientes —al menos materialmente—, que están pagando con sus trabajos (salarios), los beneficios empresariales y el bienestar de una minoría cada vez más autoritaria y deshumanizada.
Lo estratégico (sin que suene a grandilocuencia) se encuentra en si la gente que lucha y quienes hacen retórica también, somos capaces de hilvanar estos malestares concretos que nos condicionan la vida y decidir dónde situamos el conflicto; de señalar los malestares que se juegan en este conflicto de intereses y valores de clase, y la movilización por ciudades, barrios, pueblos, sectores productivos y de servicios, es posible a poco que trabajen todas las organizaciones sindicales y sociales y, además se pongan todos sus recursos (delegados y delegadas sindicales, secciones sindicales, dineros…), al servicio de esta Huelga General, que no es sino un paso importante, pero no finalista, en la pelea contra un capitalismo y sus representantes políticos, que niega cualquier derecho humano fundamental (casa, salarios, educación, sanidad, cuidados, medioambiente…), a la inmensa mayoría social.
[1] El conflicto en la calle llegó a convertirse en propuesta en el BOE, a través de dos decretos, los cuales decayeron por los “votos de clase de PP, VOX, JUNTS”… y han vuelto al BOE para su votación por el parlamento ahora por su Diputación permanente.
[2] Isabel Díaz Ayuso (presidenta de la CM)
[3] Mas de 9 millones de pensionistas, son un elemento clave en política electoral. El PP de Rajoy ya cometió ese error y les costo el “gobierno”, además de por otros factores.
[4]En muchas ocasiones la vivienda es concebida por su propietario como el seguro ante la vejez, “por lo que pueda pasar”. Hay que desarrollar un sistema de cuidados que, ante el envejecimiento y las situaciones de dependencia, dé certezas y seguridad a las personas y las haga menos dependientes del patrimonio acumulado. La vivienda y los cuidados deben ser pilares del contrato social para el siglo XXI que tenemos que reconfigurar (Unai Sordo, artículo citado).
[5] Sectores enteros que engloban los servicios en todos sus subsectores: hostelería, comercio, turismo, plataformas digitales, cuidados (residencias, ayuda a domicilio, trabajadoras del hogar…), logística, transportes, contratas y subcontratas, etc., etc.
Los artículos de opinión no reflejan necesariamente la visión del medio.
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