Elecciones
Reflexiones libertarias sobre la situación política tras las elecciones en Andalucía

La abstención es un derecho

Abstencion

publicado
2019-01-07 00:42:00

La promesa democrática, la promesa social, todo sirve para mantener en pie la torre blindada de la explotación de las multitudes. Y sirve naturalmente para acaudillar masas, para gobernar rebaños y esquilmarlos libremente... Aun cuando se intenta redimirnos del espíritu gregario, aun cuando se procura que cada cual se haga su propia personalidad y se redima por sí mismo, nos estrellamos contra los hábitos adquiridos, contra los sedimentos poderosos de la educación y contra la ignorancia forzada de los más. Los mismos propagandistas de la real independencia del individuo, si no son bastante fuertes para sacudir todo homenaje y toda sumisión, suelen verse alzados sobre las espaldas de los que no comprenden la vida sin cucañas y sin premios.
Ricardo Mella. Revista Blanca, noviembre de 1930

Tras la celebración de las elecciones políticas al Parlamento Andaluz el pasado 2 de diciembre de 2018, Andalucía ha sido noticia y se ha situado en el tablero político mundial, no por su oferta turística de sol y playa (que ya lo era para miles de personas enriquecidas de Alemania, Inglaterra, Francia, Rusia…); no por ser la frontera sur de Europa y, en consecuencia, espectadora en primera fila de la muerte de miles de migrantes del continente africano y asiático; no por ser una de las regiones más subdesarrolladas y empobrecidas de la Unión Europea con porcentajes insultantes de desempleo (a pesar de que ha sido gobernada desde 1982 por un partido apellidado socialista); sino que Andalucía ha saltado a las portadas de los grandes medios de comunicación de todo el mundo, y por supuesto de nuestro país, cosa que no había sucedido jamás, como consecuencia de que un partido de extrema derecha (Vox) ha obtenido una representación parlamentaria de importancia, hasta el punto de convertirse en el partido que tiene la llave para que se produzca el cambio y la derecha gobierne por primera vez en Andalucía desde la dictadura franquista.

Prueba de que esto es así la tenemos en las felicitaciones recibidas por Vox de parte de la presidenta del Frente Nacional, Marine Le Pen, de Francia; miembros del Ku Klux Klan de Estados Unidos; o el copresidente, el eurodiputado polaco Ryszard Legutko, del grupo europeo de los conservadores y reformistas (ECR) de la eurocámara.

Ante esta situación, no ha habido ni un mínimo signo de inteligencia política por parte de ninguno de los otros partidos que han obtenidos representación parlamentaria para impedir que sea el partido de extrema derecha quien marque y decida el ritmo de la vida política de Andalucía, como por ejemplo, la asunción del fracaso por parte del PSOE y su ofrecimiento a Ciudadanos (Cs) de la Presidencia de la Junta de Andalucía con la abstención de Adelante Andalucía (Unidos–Podemos); o por ejemplo, un acuerdo a tres bandas PP, Cs y PSOE que reduzca al ostracismo a Vox, etc.

No ha habido ningún gesto de tolerancia y democracia política por parte de esos partidos. El PSOE, enrocado en sí mismo pensando en cómo mantener sus sillones y puestos de trabajo —se estipula que el cambio de gobierno puede afectar a más de veinticinco mil personas de la Junta— con una candidata que practica el socialismo rociero y ni se plantea dimitir. Adelante Andalucía simplemente se ha inhibido al quedar en estado de shock tras su sangría de votos; el PP frotándose las manos en clave estatal viendo cómo, a pesar de tener los peores resultados de su historia, puede y quiere conseguir gobernar sin escrúpulos con el apoyo de la extrema derecha; Cs pensando también en clave política estatal, ignorando que ha gobernado los últimos años con el PSOE de Andalucía, viendo cómo puede conseguir llegar al gobierno desde una ambivalencia trápala, creyendo que el pueblo no se entera de que el pacto en Andalucía implica todo el espectro de la derecha (conservadora, liberal y extrema). Finalmente, Vox, desde la grandilocuencia, el supremacismo y la provocación, echando la campanas al vuelo.

Nadie hace autocrítica. Y es que en Andalucía, después de 36 años de gobierno socialista, el balance deja mucho que desear.

¿A quién se pueden quejar? Ciertamente muchas personas han dejado de votar a este partido porque están hartos de caciquismo socialista, de amiguismo, de clientelismo, de enchufismo, de mediocridad, de demagogia, de chabacanería, de formación nula a través de la televisión andaluza...

Sol, fiestas, turismo, conservadurismo casposo, apego a las tradiciones más medievales, cesión ideológica y pérdida de las señas de identidad como la laicidad, la igualdad, la defensa de lo común, de lo público. Estas son algunas de las señas de identidad y huellas dejadas por el socialismo ramplón en Andalucía. Quizás, como señala Rafael Cid en un reciente artículo, esta huella ha sido quien ha propiciado el surgimiento del neofranquismo precisamente en Andalucía con lemas alusivos a la unidad de España, el constitucionalismo, la xenofobia, lgtbifobia, misoginia, el racismo, etc. Este es el lamentable panorama político que se sufre en la milenaria Andalucía.

Análisis estadístico de los resultados

Desde la óptica libertaria, merece la pena que dediquemos alguna reflexión a esto que está sucediendo.

Exponía con rotundidad y clarividencia el pensador anarquista Ricardo Mella en su ensayo La ley del número, escrito entre 1893 y 1894, que en los sistemas parlamentarios, la ley suprema es la ley del número, es decir, se entiende la democracia parlamentaria como la dictadura de la mayoría, la dictadura del número, al ser esa mayoría quien coge el todo por la parte y se otorga la representatividad global del pueblo, ignorando cualquier opción de consenso, de empatía, hacía cualquier otra opción o alternativa. “La mayoría tiene derecho de reglamentar la vida política, religiosa, económica, artística y científica de la masa social. Tiene el derecho enciclopédico de decidir sobre todas las materias y disponer de todo a su leal saber y entender”. Para Mella, en el fondo se trata de una ficción democrática mayoritaria que finaliza con que unos pocos se encaramen en la “cucaña del poder”.

Hablemos, en primer lugar de números, de resultados, porque es hora de llamar a las cosas por su nombre. En relación con los resultados de las elecciones de 2015:

- Censo de Andalucía: 6.298.862 personas, 100%
- Votan: 3.691.859 personas, el 58,65%
- Abstención: 2.602.546 personas, el 41,35%

Resultados:
- PSOE: 33 escaños con el 27,95% de los votos
- PP: 26 escaños con el 20,75%
- Cs: 21 escaños con el 18,27%
- Adelante Andalucía: 17 escaños con el 16,18%
- Vox: 12 escaños con el 10,97%
- PSOE pierde 399.799 votos, un 7,48% de apoyo y 14 escaños.
- Adelante Andalucía pierde, en relación a la suma de IU y Podemos de 2015,279.901 votos, un 5,5% de apoyo y 3 escaños
- PP pierde 314.893 votos, un 6,01% de apoyo y 7 escaños.
- Cs gana 290.643 votos, sube un 8.99% y 12 escaños.
- Vox gana 377.961 votos, sube 12 escaños y gana 10.52%

Resumiendo:

Es decir, de cada 100 personas, algo más de 58 van votado y 41 no lo han hecho, por tanto, de cada 10 personas con las que te cruzas por la calle, menos de 6 han votado y más de 4 no han votado.

Por otro lado, de cada 100 personas, han votado al PSOE menos de 17, lo que supone que de cada 10 personas que toman café en el bar de tu barrio, menos de 2 han votado al PSOE.

De cada 100, votan al PP algo más de 12, es decir, de cada 10 personas con las que convives tan solo algo más de 1 votan al PP.

En el caso de Cs, de cada 100 personas tan solo algo más de 10 lo votan, es decir, 1 cada 10 personas con las que haces cola en el supermercado.

Si hablamos de Unidos-Podemos, Adelante Andalucía, la proporción es que de cada 100 personas no llega a 10 las que lo votan, por lo que de cada 10 menos de 1 es votante de Unidos-Podemos.
Finalmente, en el caso de Vox, el partido de extrema derecha, de cada 100 personas, lo ha votado algo más de 6, lo que implica que de cada 10 personas que ves por la calle, bastante menos de 1 persona ha votado a ese partido.

Por tanto, menos lobos, más seriedad y menos dictadura de “la ley del número”
Sobre la extrema derecha. Basta de cinismo.

Vistos estos resultados y valorados estadísticamente, conviene también una reflexión ideológica y política de los mismos y lo primero a resaltar es: basta de cinismo y llamemos a las cosas por su nombre. Ha habido y sigue habiendo un especial interés del sistema en poner altavoces, airear todo lo que tiene que ver con ese partido neofranquista, de extrema derecha. Además cabe preguntarse si no sucedió lo mismo con el surgimiento hace pocos años del nuevo partido Podemos, e incluso de Cs. En aquella ocasión, el sistema utilizó a Podemos para favorecer una nueva división de la ya maltrecha y compartimentada izquierda, al hacerle sombra al Partido Socialista, eso sí, después de que el PSOE de Alfredo Pérez Rubalcaba le sirviera para, junto con el PP, gestar la segunda transición, reflotando la desprestigiada Monarquía mediante la jugada de la abdicación del Rey padre en su hijo heredero Felipe VI. Así, el sistema quedaba salvaguardado de posibles tempestades que pudieran fraguarse desde el PSOE de Pedro Sánchez. Retomando el discurso cínico (según la RAE, cinismo es la desvergüenza en el mentir o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables) que la sociedad mantiene respecto a Vox cabe preguntarse ¿por qué no se da cobertura mediática a las grandes movilizaciones que se llevan a cabo por los movimientos sociales, las Marchas por la Dignidad, Caminando Juntos lo cambiamos Todo, el anarcosindicalismo, el sindicalismo crítico, el feminismo? La respuesta es bien simple, el sistema se autoprotege y reduce al ostracismo a todo aquello que plantea cambios del sistema y obviamente Vox no plantea cambios del sistema sino justo lo contrario, máxime en estos momentos en el que nacionalismo, el populismo, el extremismo de derechas está configurando un nuevo orden mundial que las grandes corporaciones multinacionales están definiendo en función de sus privilegios e intereses.

Y es que Vox ha llegado en el momento justo, está en la onda de la ola populista que arrasa el mundo en este periodo del siglo XXI. La onda de Jair Bolsonaro en Brasil, Donald Trump en Estados Unidos, Matteo Salvini en Italia o la presencia de la extrema derecha en países como Francia, Polonia, Austria, Hungría, Noruega, Finlandia, Grecia, Alemania, Eslovaquia, Dinamarca, Holanda, Gran Bretaña, quizás, como escribe Rafael Cid, “al haber sabido galvanizar el rencor social desatado contra las élites financieras causantes del austericidio”.

El liberalismo es hegemónico en el mundo y el sistema político de la democracia parlamentaria ha sido incapaz de ponerle freno, detectándose un incremento brutal de las desigualdades sociales con motivo de la última crisis económica.

La nueva clase social del precariado, como la denomina Guy Standing, actualmente carece de claras señas de identidad revolucionaria, ha detectado que la democracia resuelve la crisis a su costa y está optando por opciones autoritarias con la esperanza, falsa e imposible, de que desde el populismo se generen procesos revolucionarios que mejoren sus condiciones de vida. Craso error como se ha encargado de documentar la historia.

La realidad es que tras los resultados de Vox, todas las alarmas se han disparado, especialmente entre los autodenominados partidos constitucionalistas, representantes de la actual sociedad democrática.

Pero el asunto a destacar es que ha existido y existe toda una campaña mediática a favor de Vox para que ocupe espacios de comunicación por doquier, tanto o más que los propios partidos que ya tienen representación parlamentaria.

Qué decir de las largas horas de publicidad que se le otorgan actualmente en los medios de comunicación, con un apoyo que roza la provocación. ¿Por qué tanto interés de hablar de Vox, por qué dedicarle tanto tiempo? Se comentaba, que prácticamente se le ha hecho la campaña electoral al estar hablando tanto de este partido. Si con Podemos la campaña propagandística fue para dividir a la “izquierda”, la pregunta ahora es ¿la campaña con Vox es para dividir a la derecha o era para llamar al voto de la derecha?

Todo el mundo habla de Vox como partido de extrema derecha, pero al fin y al cabo todo el mundo habla de Vox. El expresidente José María Aznar ya lo dijo hace unos meses casi de forma literal: “Se trata de volver a unir a las derechas; entregué un partido y una derecha unida a Mariano Rajoy y ahora me encuentro con un partido dividido en tres partes”. Descaradamente, Vox junto el PP y Cs se sienten, integran y perciben como la derecha. Fruto y ejemplo de ello, el pacto alcanzado en Andalucía.

El franquismo está presente, no es que haya vuelto, es que nunca se ha ido.

El franquismo, su sistema sociológico, su ideología, sus valores han estado inmersos en el partido hegemónico de la derecha hasta ahora (posiblemente al estar abrasado por la corrupción, el sistema haya precisado blanquear su imagen creando espacios como Cs o Vox). Que ahora voten cuatrocientas mil personas a Vox no significa que se han hecho franquistas de repente sino que ya estaban ahí, camuflados, inmersos en el partido de la derecha extrema y derecha más liberal.

La extrema derecha se caracteriza, en el plano económico, por garantizar los privilegios de la patronal, de la clase dominante, del empresariado frente a la precariedad, explotación, recorte asfixiante de derechos laborales, sociales y libertades, especialmente de la clase trabajadora llegando a la radicalización de la injusticia social. La extrema derecha cree abiertamente en las diferencias sociales, en la clases sociales, ahora bien en su política de gestos, ejerce la caridad con las clases populares, repartiendo migajas y consiguiendo el seguidismo de las personas más desfavorecidas. Pero no solo eso, sino que la extrema derecha es garantía de corrupción al considerar en su ideología que la desigualdad social es algo natural.

En el plano político, la extrema derecha considera que el sistema debe ser autoritario, jerárquico, centralista, controlador, dictatorial si es posible y necesario. Los valores sociales que defiende varían según el país del que hablemos pero hay unas señas de identidad claras como son el rechazo al extranjero, a la mujer, a la homosexualidad, precisando, además, de signos emocionales, identitarios, de pertenencia a una comunidad muy claros como son la bandera, el himno, y algunas especificidades que les identifiquen como pueden ser, en nuestro país, los toros, la caza, el sentimiento religioso, las tradiciones…

La abstención es un derecho

Por último queremos finalizar analizando la situación política desde el punto de vista libertario y más concretamente desde la posición de la abstención activa ya que, como casi siempre, el sistema a través de sus partidos voceros se encarga de responsabilizar de todos los males políticos a la abstención. En este caso concreto de Andalucía el argumento mediático de la caverna progresista es que la abstención ha propiciado el éxito de la extrema derecha, siendo muy frecuente, especialmente desde la “izquierda”, escuchar el eslogan de que quienes no habéis votado provocáis que los votos neofranquistas adquieran más relevancia y mayor representatividad.

Antonio Pérez en su libro Votar o decidir. Guía rápida para electores remisos de 2014, desmonta muy didáctica y eficazmente todos los grandes mitos y tópicos que nos han vendido sobre el deber de votar y la irresponsabilidad de abstenerse como, por ejemplo, “si no votas no te puedes quejar”; “no votar es hacerle el juego a la derecha”; “no dais una alternativa”; “las leyes se hacen en el Parlamento”… La auténtica verdad es que “los que deciden qué candidatura sale ganadora son los que emiten su voto, no los que se abstienen… los culpables de que gane la derecha son aquellos partidos supuestamente de izquierdas que han defraudado a sus electores aplicando políticas a favor de los ricos”.

Los votos que ha recibido el partido de extrema derecha, que en España huele a franquismo renovado, son suyos; los votos que han recibido el resto de partidos son propios y el PSOE dejará de gobernar porque han recibido menos votos no porque una serie de personas han decidido no votar, porque ese es su derecho legítimo, esa es su forma de expresión que tiene que ser respetada.

La abstención, con total contundencia la abstención activa, es un derecho, no un deber y como tal derecho tiene que ver con la condición de ser humano, con los derechos humanos y no con la condición de votante.

La abstención representa, ni más ni menos, que la no participación en este sistema político económico y social que es el capitalismo actual y como derecho humano debe ser respetado porque representa la aspiración de otro modelo social que no esté basado en la delegación del poder a través de la democracia representativa. Con la postura ideológica de la abstención, se apuesta porque la sociedad funcione con criterios de participación horizontal, de autogestión, de federalismo e internacionalismo. Quien se abstiene está indicando que no quiere participar en esta supuesta “fiesta de esta democracia” caracterizada por un día votando y cuatro años obedeciendo.

El gran discurso compartido por todos los partidos que se prestan a este juego es siempre el mismo: ¡Hacemos un llamamiento a la participación en la gran fiesta de la democracia!, pretendiendo inculcarnos que votar es un deber, que quien no vota no tiene derecho a exigir. Un discurso absolutamente falto de ética, fraudulento, incapaz de aceptar la existencia de la diferencia, de la diversidad ideológica, un discurso intolerante que no respeta los derechos humanos.

Afortunadamente, la semilla de la Idea siempre encuentra surcos en los que florecer, si no ¿cómo es posible que con tantísimas horas de bombardeo informativo llamando a votar, todavía más de cuatro personas de cada diez se rebelen y dejen de hacerlo? Simplemente están ejerciendo su derecho a abstenerse, su derecho a reivindicar esa forma de luchar ese día. Negar ese derecho es actuar desde el autoritarismo, desde el pensamiento único, negando el derecho a la libertad y el libre pensamiento.

No voto porque no creo en este sistema, no creo en esta democracia representativa, no creo en este modelo social de jerarquización y de un reparto de papeles en que unos mandan y la mayoría obedece, no creo en que la participación electoral sea una buena herramienta para cambiar el mundo como así se viene demostrando durante siglos. Por el contrario, creo en una sociedad autogestionaria, libertaria, federalista que no precisa de la toma del poder para construirla. Desde el abstencionismo reivindico el mismo respeto hacia esta opción como el abstencionismo ejerce hacia el electoralismo. Exijo el derecho a pensar, soñar y actuar de manera propia, libre.

Como señala el politólogo German Paul Cáceres “no votar es una opción justificada que sostiene un cuestionamiento de fondo a la legitimidad del régimen, con base material capitalista”. No votar es un verdadero acto político que pretende mostrar que la democracia representativa no nos sirve, que no nos representan, que la democracia debe ser directa.

¿Qué nos encontramos, qué sucede en la sociedad durante los cuatro años que dura una legislatura? Para el abstencionismo, desde el pensamiento libertario, hemos descubierto, hace siglos, que se trata de un juego-estafa ya que quienes han salido elegidos pierden la capacidad de escuchar, pervierten el sentido de la elección democrática y se siente investidos de un halo de autoridad y representación creyéndose y sintiéndose señorías responsables de los destinos del país, de la ciudadanía, con la capacidad de legislar para que todo el mundo obedezca, cumpla, acepte su sumisión.

El mensaje es muy claro y contundente, tienes que votarnos y así pensaremos y decidiremos por ti.

Y son todos los partidos lo que juegan con las mismas reglas de juego, todos aceptan la dictadura de la mayoría y se toman el todo por la parte, pasando a hablar, impúdicamente, en nombre de todos y todas. Ese es el juego, esa es su democracia, ese es su sistema político por el que diariamente nos bombardean para que nos incluyamos en él.

Saben que son una minoría, que se tienen que juntar todos lo partidos para sentirse representativos porque por separado están en la minoría y deberían ser honestos consigo mismos, con la democracia directa y no otorgarse la representatividad de la mayoría.

A modo de conclusión

La vida sigue su curso, afortunadamente. La mayoría de la población está buscándose, literalmente, la vida, incluidas muchas de esas personas que se han acercado a votar el día de las elecciones porque, con tanta presión mediática, consideran que son culpables, los hacen sentirse culpables de los males del sistema, de la infelicidad en el mundo por no votar por ellos.
La gente está viviendo, creando, investigando, leyendo, pintando, componiendo, trabajando, trapicheando, en la normalidad gris del día a día, ajena a la inmundicia del circo de la vida de los partidos políticos y sus entramados burocráticos e institucionales.

La mayoría de la población sufre la democracia parlamentaria, tiene la sensación de estar sometido a sus leyes, su normativa, a obedecer y cumplir con sus dictámenes y resoluciones.
Jugamos a juegos diferentes. Desde la abstención, jugamos a construir vida solidaria, tejido social de apoyo mutuo, conscientes de nuestras limitaciones como seres humanos pero responsables como para que no podamos permitir ni esperar a que nadie nos resuelva los problemas.

Como señala también el antropólogo y anarquista David Graeber, la democracia parlamentaria es el mejor modelo que se adapta al sistema neoliberal ya que enseña a competir y no a cooperar. Así, quien gana las elecciones se lo lleva todo, decide por y sobre todo, en consecuencia, sin sentirse en la obligación de llegar a acuerdos para gestionar la sociedad.

Ese sistema, ese modelo de darwinismo social, no nos interesa y por ello no participamos en legitimarlo. Así desde el abstencionismo activo, trabajamos a diario por mejorar la sociedad en la que vivimos, mejorar las relaciones humanas que tienen lugar provocando que estén basadas en la cooperación, la solidaridad, el apoyo mutuo, la acción directa, la autogestión.

Sobre este blog
Alkimia es un espacio de reflexión donde miembros o personas afines al Anarcosindicalismo dan su punto de vista sobre temas de interés general. En una sociedad en la que los medios de desinformación moldean la realidad al antojo de los poderes económicos y políticos, cualquier nueva vía de contrainformación se hace necesaria para lograr que se pueda conocer la realidad de la vida cotidiana de las personas a la vez que pueda servir para su transformación.
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9 Comentarios
#28820 19:25 7/1/2019

Ingenuidad o mala fe. Eso me sugiere esta loa del abstencionismo, porque pensar que todos los que se abstienen (o ni siquiera un 10% de ellos), se abstienen por ser anarquistas o libertarios es una forma más de ese infantilismo que se achaca a la izquierda (sea lo que sea la izquierda hoy día).
Pero desprecia que la sopa abstencionista también está compuesta de quienes creen que una dictadura sin derecho a voto es lo mejor para nuestra sociedad.
Sin embargo, la abstención esta mayoritariamente por desasaptados (no solo inadaptados), por gente que algún día votaron con fe y fueron traicionados por prácticas y políticas que le decepcionaron (una casa de 600.000 euros, unos sinvergüenzas que se embolsaron millones destinados a ERES o a la Formación).
De hecho gran parte de esa abstención clásica que cree en la dictadura, votó a Vox.
Y, efectivamente, la fidelidad del votante de derechas es mayor y menos exigente que el de izquierdas. Al votante de derechas desideologizado solo le tienes que asegurar los toros, la caza y las procesiones y se moviliza contra todo que lo amenace.
Ese desperdicio de votos de izquierda ha dado paso a la derecha.
Y el libertario que critica todo en las redes o el bar pero que jamás votó es tan minoritario como contradictorio para sus objetivos. Mirlos blancos que esperan la dictadura para decir que ya lo decían ellos, que el sistema nunca fue sincero y que tenemos lo que nos merecemos.
"Libertarios" que ni siquiera cuestionan el capitalismo en el que pretenden sobrevivir porque ellos "se buscan la vida solos" o sea, practican el darwinismo social que denuncian.
Hoy día ser anarquista tiene que ver más con no celebrar las Navidades o no comprarse coche, que con no votar.
Que como se ha visto en Andalucia es muy contraproducente.

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#28914 23:28 9/1/2019

Déjame ser contradictorio y deja de darme lecciones morales, yo no te digo a ti que no votes

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#28875 11:28 9/1/2019

La izquierda parlamentaria lleva decenios mostrándose inútil e incapaz, en el mejor de los casos, y en el peor, riéndose de vosotros en la cara. Cuántos decenios más hacen falta para que os deis cuenta?

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#28885 14:00 9/1/2019

Presentar vuestro programa alternativo en la arena política.
El criptodarwinismo solipsista de algunos anarquistas es esteril.

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#28838 13:29 8/1/2019

Totalmente de acuerdo, es de una ingenuidad alarmante pensar que no votando se defienden ciertas posturas ideológicas o políticas, ahora vemos que pasa en Hungría o en Polonia o en Brasil, en Andalucía ya nos han entrado y esto es el principio, o se moviliza el voto de izquierdas en las urnas o la calle será sólo una anécdota.

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#28913 23:24 9/1/2019

Gracias, de uno que siempre se lleva aquí votos negativos

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Anders 11 15:17 9/1/2019

Durante mucho tiempo voté a los verdes en Alemania a sabiendas de que una vez en el poder dejarían de representarme. Dejé de votarles cuando gobernaron con los socialdemócratas. Ahora voto a la Izquierda (die Linke). Creo en la necesidad de votar en protesta para que esos votos propicien políticas que favorecen la creación de cooperativas, ayuda mutua y una democracia de base.

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Anónimo 15:33 8/1/2019

Votar no es incompatible con actuar en el día a día para cambiar el estado de cosas. Y abstenerse no es sinónimo de compromiso y activismo; puede ser (y es con harta frecuencia) una forma pura y dura de desentenderse. No quiero la bota autoritaria sobre mi espalda, prefiero un margen de libertad que me permita cambiar(me) y educar(me).

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#28834 11:23 8/1/2019

Ser anarquista o libertario no necesariamente implica no participar de la política burguesa. A fin de cuentas la democracia liberal implica derechos arrancados a los estados, y por tanto no se puede ser ambiguo ni equidistante en esto. Una democracia por muy burguesa que sea, es mejor a los intereses de la clase obrera que una dictadura o un gobierno autoritario.

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