No son invasores, vienen a trabajar

El anuncio del gobierno de un plan para regularizar a 500.000 inmigrantes sin papeles ha desatado una oleada de protestas por parte de los partidos de derechas y sus medios afines. Los más ultras ya están hablando de invasión y del fin de los valores y la cultura occidentales en nuestro país.
31 ene 2026 01:11

Ninguno de estos políticos y comentaristas ha pronunciado todavía la palabra invasión en referencia a los 100 millones anuales de turistas que vamos a recibir. Fenómeno este del turismo de masas que está suponiendo ya graves problemas para la vida en las ciudades más visitadas (escasez y carestía de la vivienda, ruido y suciedad en las calles, incremento del tráfico y de los precios, etc.) y una amenaza para el medio ambiente en las zonas de playa o montaña: construcción intensiva de hoteles, autovías, puertos deportivos, urbanizaciones, piscinas, campos de golf y otras infraestructuras reclamadas por los operadores turísticos que acabarán cubriendo de cemento nuestros bosques y costas

Pero las campañas contra las personas que se ven obligadas a abandonar sus países para intentar llegar a Europa y aquí ganarse la vida desempeñando los trabajos que los europeos ya no quieren, obedecen a razones de diversa índole y no tiene mayor justificación que el odio a quienes son diferentes y, sobre todo, más pobres. La sustitución de lo que llaman nuestra cultura —que es el producto de siglos de influencias, migraciones e intercambios con infinidad de pueblos— se debe más a los usos y ritos que nos vienen facturados desde el mundo USA a través de sus potentes medios de manipulación: redes sociales, cine, series de televisión, moda, música, comida-basura, etc. que a las fruterías o fiestas familiares que montan los trabajadores inmigrantes.

Y, aunque esas diferencias culturales fueran un problema y no una aportación a la diversidad y enriquecimiento del conjunto social, se da la circunstancia de que el 60% de los inmigrantes que recibe nuestro país proceden de Latinoamérica —muchos de ellos con antepasados españoles—, por lo que esa supuesta amenaza a la lengua, la religión y las tradiciones sería un bulo más.

Seguramente las razones humanitarias y la pura lógica de la historia no van a convencer a los sectores reaccionarios y racistas, por lo que habrá que plantear argumentos recogidos de su propio bando. Me refiero, lógicamente, a los informes de la banca y la patronal, dos instituciones nada sospechosas de sentimentalismo que desde hace años vienen señalando la falta de mano de obra en sectores como la construcción, la industria, la hostelería y los servicios, al tiempo que proponen la contratación de trabajadores extranjeros.

Otros países de nuestro entorno no es que también sufran la falta de trabajadores locales, es que ya los vienen sustituyendo por foráneos desde décadas anteriores. Los datos no dejan lugar a dudas sobre la necesidad de la mano de obra extranjera, puesto que Alemania cuenta con 13.800.000 extranjeros (el 15´79% de su población), Reino Unido con 11.500.000 (el 11´5%), Francia con 8.300.000 (un 12´38%), Bélgica con 1.900.000 (el 17´20%), Austria con 1.700.000 (casi el 20%),  Suecia con 2.000.000 (el 19´42%) y Suiza con 2.500.000 (cerca del 30% de su población). España tiene alrededor de 6´5 millones de extranjeros (lo que representa el 12´90% de la población total).

Los datos anteriores se han tomado de un informe de 2025 elaborado por Naciones Unidas, por parecer de los más realistas; existen otros muchos más, con cifras considerablemente diferentes en función del alarmismo que se quiera generar. De la observación de esas estadísticas se desprende que son curiosamente los países que antes y en mayor proporción han recurrido a la entrada de trabajadores extranjeros, para paliar su déficit en natalidad y el consiguiente envejecimiento de la población, los que cuentan con unas economías más potentes y una calidad de vida mucho más desarrollada.

Tampoco los índices de criminalidad de Suiza, Austria o Suecia están disparados, como sería lógico si todos los inmigrantes y refugiados vinieran a Europa con el firme propósito de dedicarse a delinquir. El racismo y la xenofobia no tienen ninguna justificación racional; sirven a grupos ultras para sembrar el miedo y el odio con la inconfesable intención de ganarse votos de gente desinformada y así llegar al poder para desde allí imponer sus ideologías totalitarias, racistas y reaccionarias. Es, en definitiva, volver a la Edad Media en la cultura, los derechos y las normas de convivencia. No nos invaden otros seres humanos, nos invaden ideas autoritarias.

 

Sobre este blog
Alkimia es un espacio de reflexión donde miembros o personas afines al Anarcosindicalismo dan su punto de vista sobre temas de interés general. En una sociedad en la que los medios de desinformación moldean la realidad al antojo de los poderes económicos y políticos, cualquier nueva vía de contrainformación se hace necesaria para lograr que se pueda conocer la realidad de la vida cotidiana de las personas a la vez que pueda servir para su transformación.
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