Irán
Guerra cibernética y embargo para implosionar la República Islámica de Irán (I)

Irán es un país donde más del 80% de su territorio es un desierto y por lo tanto desde tiempos inmemoriales el pueblo ha tenido que adaptarse a un medio ambiente muy extremo y hostil. Paradójicamente, allí es donde ha surgido una de las más grandes civilizaciones del planeta.

Natanz Irán
Entrada a la población de Natanz, en Irán, don de se encuentra una de las instalaciones nucleares del país. Álvaro Minguito
15 sep 2019 18:35

La religión y el nomadismo estaban directamente ligados, pues Dios nació en el desierto. Dios solo se revela a los peregrinos, es decir, a los que caminan y observan las estrellas. En Irán existen miles de kilómetros de túneles subterráneos o Qanat donde brotaban los pozos de agua y que servían de refugio a las caravanas de la ruta de la seda o de las especias que cruzaban su territorio. Hoy apenas quedan algunas ruinosas fortalezas y edificaciones de adobe como fiel recuerdo de ese pasado milenario.

En estas latitudes el sol puede convertirse en una caldera en verano y un gélido témpano de hielo en invierno. En medio de la nada, el silencio se ve alterado por las ráfagas de viento que levantan una irrespirable polvareda. Este paisaje áspero y reseco engendró un ser humano de una alta perfección espiritual que se conectaba directamente con el creador del universo. Los místicos sufistas o irfán, los santos ascetas del Tasfir dedican la vida a meditar y estudiar cada verso y cada palabra del Corán para llegar a la iluminación.

La televisión nacional iraní, como de costumbre, inicia desde muy temprano sus emisiones con programas dedicados a los poetas Saadi, Hafez o Ferdowsi. Los locutores recitan sus poemas más sublimes mientras en la pantalla se proyectan paisajes de ensueño plagados de rosas, amapolas y tulipanes. Pero las verdaderas estrellas televisivas son los imanes que, con tono imperativo, van adoctrinando a la audiencia para que se comporten como buenos musulmanes y recen por la salvación de sus almas.

En la carretera que conduce de Yazd a Teherán, sobre el kilómetro 100, se distinguen perfectamente las baterías cañones antiaéreos que vigilan la planta atómica de Natanz, cavada en las entrañas de un cerro en prevención de un ataque aéreo israelí o norteamericano. Aquí comenzó a desarrollarse en secreto el programa atómico iraní. En el año 2010 un espía insertó en la computadora de mando una llave USB infectada con el gusano o virus informático Stuxnet (creado en laboratorios de Israel) que le dio la orden de autodestruirse a las más de 1.000 centrifugadoras que enriquecían el uranio. El programa atómico sufrió un serio retraso por culpa de este sabotaje, hasta que con el tiempo pudo recuperar sus funciones. La misión del sionismo, en alianza con el imperialismo norteamericano, es la de impedir que Irán obtenga el arma nuclear.

En Irán se libran en la actualidad dos batallas; una a nivel militar en el Golfo Pérsico y el estrecho de Ormuz y otra en el ciberespacio. Esta última quizás sea la más encarnizada, pues occidente intenta lobotizar los cerebros y manipular las mentes para crear un clima enrarecido que provoque la implosión del sistema.

El ministro de Comunicaciones, Azari Yahromi, confirmó a la prensa que Irán ha neutralizado millones de ataques cibernéticos lanzados tanto por el Departamento de Defensa de EE.UU. como el Mosad israelí. En todo caso, el territorio iraní está vigilado atentamente por los satélites espías, drones o los aviones awaks (las bases de la OTAN se hallan en Turquía).

La administración Trump califica a Irán de "entidad patrocinadora del terrorismo" y unos de los ejes del mal, junto a Corea del Norte, Siria, Cuba y Venezuela. El Departamento de Estado hace poco ha incluido a los Guardianes de la Revolución en la lista de organizaciones terroristas.

Los movimientos de protesta se han multiplicado en los últimos años, pues la sociedad iraní exige reformas urgentes. Los opositores (buena parte de sus líderes han sido encarcelados) reclaman democracia real y libertades. Pero, como de costumbre, la única respuesta del régimen teocrático no son más que falsas promesas. Estamos asistiendo a una confrontación entre la vieja guardia y las nuevas generaciones que reclaman poder político.

El pueblo iraní está desesperado ante la extraordinaria magnitud de la crisis económica. Por ejemplo, en Teherán, la megalópolis de 13 millones de habitantes, la gente vaga por las calles cabizbaja y deprimida. Para colmo escasean los productos básicos o las medicinas que se cotizan a precios desorbitados en el mercado negro. Ante tantos sacrificios el único consuelo que les queda es resignarse religiosamente a los designios del destino.

La noticia se publicó en grandes titulares: "Donald Trump se retira unilateralmente del acuerdo nuclear firmado en el 2015 con el P5+1 (China, Francia, Rusia, Gran Bretaña, EE.UU. y Alemania)". Acusa a Irán de seguir enriqueciendo uranio en secreto con el fin de obtener una bomba atómica.

De inmediato el dólar llegó a cotizarse a 128.000 riales cuando unos días antes estaba a 45.000 riales -algo que provocó el pánico en los mercados de Teherán. A partir de entonces la gente desesperada busca refugio en el oro o a la compra de dólares como una forma de ahorro ante el fantasma de la devaluación, la inflación y la recesión. La palabra mágica es oro, oro de 18 quilates, que como de costumbre es el regalo que se le ofrece a las mujeres en sus aniversarios o como dote matrimonial. La alta sociedad, las clases medias y muchos comerciantes invierten su patrimonio en barras y monedas de oro en un intento por atenuar la pérdida de poder adquisitivo. El Banco Central de Irán ha sido desconectado del sistema Swift, lo que le impide liquidar facturas de importación y exportación con el que se realizan las transacciones a nivel internacional. Ese es el talón de Aquiles de la economía iraní.

Se prohíbe usar dólares, vender petróleo (con las que obtiene las divisas del país), las tarjetas de crédito extranjeras, vender oro, autos, acero la importación de alimentos o medicinas o alfombras. Igualmente las operaciones con puertos y empresas marítimas, El turismo, que era una importante fuente de ingresos, también se ve seriamente afectado. Todas las compañías extranjeras deben cancelar sus negocios con la República Islámica: "quien siga comerciando con Irán que se atenga a las consecuencias".

La sociedad iraní contemporánea experimenta un desgarrador choque entre la tradición y la modernidad.

Estamos ante una santa cruzada cibernética que forma parte de la guerra de cuarta generación (guerra psicológica y guerra sucia), una agresión muy bien planificada gracias a una compleja maquinaria de propaganda que no tiene otra finalidad que despojarlos de su identidad cultural y destruir la Revolución Islámica. En el ciberespacio se desarrolla una cruenta batalla en la que occidente, como la madre de todos los vicios, enajena a la masa con el fuego fatuo del consumismo capitalista. A su favor tiene a millares de científicos expertos en inteligencia artificial, computadores cuánticos, robótica y nanotecnología. Sus misiles y obuses cargados de pornografía y lujuria apuntan directo al corazón de los creyentes. Las televisiones, antenas parabólicas, internet, redes sociales, computadores o teléfonos celulares transmiten el virus del erotismo, el adulterio, el divorcio, las relaciones prematrimoniales, la homosexualidad, las drogas, el alcoholismo, los casinos y burdeles. Los genios maléficos se encarnan en: Google, Facebook, Instagram, Twitter, YouTube, Appel, Amazon, Windows, Coca Cola, McDonald´s, Hollywood, Disney Channel, Netflix, la BBC o la CNN.

La misión del Tribunal de la Promoción de la Virtud y Prevención del Vicio es la de arrestar a todos aquellos que se dediquen a la corrupción e inmoralidad. Ante la creciente ola de materialismo que invade la vida diaria se necesita una respuesta contundente para erradicar las perversiones que envenena el alma de los fieles.

Ciberpolicía iraní (FATA) se dedica las 24 horas del día a perseguir los crímenes en internet. En la última década se han producido millones de ciberataques dirigidos a los centros de control hegemónico de las redes informáticas tanto físicas como virtuales. Los usuarios de los cibercafés o los ciudadanos particulares requieren de una identificación especial para prevenir la más mínima amenaza a la seguridad nacional. El régimen se entromete en los asuntos más íntimos de la vida en un sistemático rastreo de activistas y opositores. La contrarrevolución se mimetiza, se esconde y se disfraza, es un enemigo tanto interno como externo que en el momento menos pensado lanza su zarpazo siniestro.

El Gobierno realiza denodados esfuerzos por promover un Internet sano y moralista coartando la libertad de expresión y de opinión. Su prioridad es impedir al público el acceso a las redes sociales y webs tóxicas que fomentan el ateísmo. Pero la población busca ansiosa el oasis del libertinaje virtual que le evada de la cruda realidad.

Existen mil maneras para saltarse la censura desde las llaves USB que entran de contrabando, cargadas con los contenidos de internet en los que se incluye cine, música, series, apps, hasta los antifiltros o servidores que se encuentran fuera de Irán VPN. La penetración de Internet en Irán es de un 55%, lo que se traduce en 45 millones de usuarios. Irán está conectado al sistema GSM de telefonía celular que supera los 96.000.000 de unidades.

Las violaciones a los derechos humanos son más habituales de lo que uno se piensa, como lo demuestra el caso del bloguero iraní Sattar Beheshnti, que por sus críticas contra el gobierno publicadas en la red social Facebook fue torturado hasta la muerte por agentes de la FATA. "El Islam no reporta soluciones efectivas y por eso es mejor evadirse en alucinaciones como es el caso de los 3.000.000 adictos a estupefacientes como el speed, cristal, anfetaminas, heroína, opio, cocaína, crack o drogas sintéticas" –subrayó en una alocución en París la opositora iraní Rajavi del CNRI. "La mente de la mujer iraní es propiedad de la revolución islámica", ha llegado a afirmar el Consejo de Guardianes, constituido por venerables ancianos dedicados a estudiar los libros sagrados y recitar de memoria el Corán. Ellos informan parte de ese "gobierno celestial" que con sus fatwas deciden las políticas de Estado.

"Hay que preservar la pureza y la virginidad de la mujer que es el símbolo del honor de la República Islámica", "porque la mujer iraní está siendo abusada y violada por el satán occidental", "su finalidad es quitarles el hijab, desnudarlas y prostituirlas", "a nuestras madres, a nuestras hermanas e hijas se les ha inoculado el virus del hedonismo, el narcisismo y la vanidad" –Gran ayatolá Yazdi.

La única solución (de los ulemas) para corregir las "desviaciones antinatura" es castigar con las máximas penas la homosexualidad y el lesbianismo. Primero con 100 latigazos y, si el reo reincide, con el ahorcamiento. "Los actos inmorales e insultantes contradicen la Sharia y los culpables han de llorar lágrimas de sangre para purificar sus pecados", el puritanismo chiita considera al cuerpo humano algo sucio y fuente de todas las tentaciones.

Pero a estas alturas del siglo XXI, las mujeres comienzan a emanciparse de la tutela ejercida por el patriarcado y exigen derechos de igualdad. Han escalado posiciones en la sociedad y ocupan puestos de relevancia tanto a nivel público como privado.

La mitad de la población iraní son mujeres (de ellas un 40% universitarias) pero solo el 4% está representado en el Parlamento. Es increíble que una fuerza tan mayoritaria esté excluida de la toma de decisiones políticas. ¿Podrá el naciente feminismo destronar a la dictadura machista? Me temo que estamos ante un fenómeno muy poco representativo y cuyo "proceso revolucionario" se alargará indefinidamente en el tiempo.

La República Islámica tradicional y patriarcal es una especie de barricada o trinchera que se resiste a claudicar a ante las múltiples agresiones de los "cruzados occidentales" en complicidad con el sionismo y los wahabitas saudíes. "Allah ha elegido al pueblo iraní para construir un mundo más justo y mejor". Irán, tras la victoria de la revolución islámica en el año 1979, guiada por el imam Jomeini y después de siglos de colonialismo, por primera vez en su historia logró su independencia. Desde ese instante se ha venido forjando un hondo sentimiento ultranacionalista en defensa de sus raíces e identidad. Por algo se jactan de ser la "superpotencia comercial, industrial y cultural de Asia central".

Las exigencias de la República Islámica al grupo de los 5+1 son bien claras: poder seguir vendiendo petróleo y que se liberen las transacciones bancarias.

De lo contrario, seguirá enriqueciendo uranio. Es una forma de chantaje para que se deroguen las sanciones que comienzan a crear un clima social insoportable, en especial entre las capas más humildes que son las que cargan sobre sus hombros todo el peso de la crisis. El PIB iraní depende de sus exportaciones de petróleo y de ahí sus grandes pérdidas económicas a causa del bloqueo que igualmente golpea al sector energético, bancario y comercial.

La ultraconservadora Asamblea de Expertos es la máxima expresión del principio conocido como el Velayat-e Faqih, doctrina impuesta por el iman Jomeini y que es la herencia de los imanes descendientes y sucesores del profeta Mohamed. En el aspecto jurídico, la Sharia determina las leyes que rigen la vida de la comunidad según lo establece el Corán. Estos principios son de riguroso cumplimiento y aquel que los contradiga será considerado un apóstata y blasfemo. Así lo ha decidido el sector más fundamentalista y puritano del Gobierno que cada semana condena a varios delincuentes a ser colgados en plena la plaza pública. Sembrar el terror es el mejor método de control social.

El 8 de mayo del 2018, el presidente Donald Trump anunció la retirada de EE.UU. del tratado nuclear con Irán por "su comportamiento provocador y desestabilizador" y, soberbio, amenazó que si continúan con su programa atómico, tomará represalias militares.

Irán no está resuelto a dar su brazo a torcer y sigue desafiado a EE.UU.: "Cualquier agresión contra Irán será respondida con contundencia". Existen grupos proiraníes en Irak, Siria, el Líbano (Hezbollah), la Franja de Gaza (Hamas) y Yemen (Hutíes) decididos a realizar atentados contra intereses americanos o sionistas. Un serio desafío que hizo recapacitar a Donald Trump cuando quiso dar la orden de atacar las baterías de misiles iraníes en represalia por el derribo de un dron de vigilancia americano en el estrecho de Ormuz. Pero al final se arrepintió porque sus consejeros le comunicaron que la ofensiva podría causar más de 150 muertos. Muertes que sin duda alguna hubieran sido aprovechadas por el régimen para convocar manifestaciones de exaltación patriótica en homenaje a los mártires. Lo única respuesta punitiva fue un ciberataque efectuado por la USCC para desactivar sistemas informáticos y centros de control de las bases de misiles subterráneas de Khorramabad e Isfahan.

EE.UU. no olvida la humillante toma de rehenes en su embajada en Teherán (1979) y la voladura del cuartel de los marines en Beirut (1983). Movidos por la sed de venganza el máximo objetivo es derribar al régimen de los ayatolás.

Ya lo dijo el presidente Rohani: "Si alguna vez EE.UU. y sus aliados intentan boicotear nuestras exportaciones de petróleo entonces ningún país del golfo podrá hacer lo mismo".

(Continuará)

Sobre este blog
Alkimia es un espacio de reflexión donde miembros o personas afines al Anarcosindicalismo dan su punto de vista sobre temas de interés general. En una sociedad en la que los medios de desinformación moldean la realidad al antojo de los poderes económicos y políticos, cualquier nueva vía de contrainformación se hace necesaria para lograr que se pueda conocer la realidad de la vida cotidiana de las personas a la vez que pueda servir para su transformación.
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