La AEP cobró más de dos millones de euros en cinco años por prestar su logotipo a productos infantiles

Empresas de alimentación, farmacéuticas y marcas de puericultura pagan cada año cientos de miles de euros a la Asociación Española de Pediatría entre acusaciones de conflicto de intereses.


publicado
2018-06-05 06:06:00

Grandes marcas de la industria alimentaria, farmacéuticas y empresas de puericultura pagaron a la Asociación Española de Pediatría (AEP) alrededor de 2,3 millones de euros entre 2013 y 2017. A cambio, la AEP autorizó a estos fabricantes usar su logotipo en el envase y en los reclamos promocionales de productos destinados al mercado infantil. La mayor parte de estos ingresos provenía de fabricantes de dulces y bollería.

Esta práctica ha sido duramente criticada por diversos colectivos y profesionales, que consideran que las marcas usan de manera confusa este y otros logos de organizaciones sanitarias: en teoría, el reclamo permite que el fabricante pueda reivindicarse como una empresa que "colabora" con la AEP, pero quienes compran estos productos pueden percibir estos sellos de manera equívoca, como un aval o recomendación, cuando en realidad se trata de productos muy cuestionados en el ámbito de la salud pediátrica.

Según ha podido saber El Salto, marcas como Dinosaurus o TostaRica, pertenecientes al grupo Adam Foods (Artiach, Cuétara), o los cereales azucarados Chocapic (Nestlé) pudieron lucir el logotipo de la AEP en sus envases en diferentes momentos a lo largo de los últimos cinco años gracias a diferentes acuerdos comerciales con el organismo, quien percibió cantidades que oscilaron entre los 332.000 euros en el año 2013 y los 633.000 de 2016, el año en que el logo de la AEP resultó más lucrativo.

Según sus propias cuentas de resultados, estos acuerdos han supuesto la principal fuente de ingresos de la AEP desde hace al menos un lustro, el periodo investigado por este medio. Bajo el epígrafe de “Prestación de servicios”, las cuentas anuales de la asociación vienen recogiendo estas y otras cantidades que, de media, suponen una inyección de casi 470.000 euros anuales. Según reconocen desde la AEP, “la colaboración con las empresas a través de diferentes vías es una de las principales fuentes de ingresos de la AEP”. No obstante, la asociación no ha respondido a las peticiones de concreción que este medio le ha formulado durante las últimas semanas.

El logo que vale 13 veces más que las afiliaciones

A lo largo de estos años el importe ha fluctuado y la partida proveniente de cada sector empresarial también ha variado. En el año 2016, la AEP hizo público un informe de transparencia elaborado con la consultora E&Y, antes Ernst & Young. En aquel documento se desglosaba la partida de ingresos proveniente de las autorizaciones para el uso del logotipo de la AEP durante al año previo: la AEP había ingresado más de medio millón de euros por este servicio, 13 veces más que lo que ingresó por las cuotas de sus socios (40.465 euros). La industria alimentaria fue la más generosa: pagó 289.500 euros para poder imprimir en sus envoltorios que colaboraban con la AEP. La industria de los productos de puericultura y cuidados infantiles fue el segundo mejor cliente de la AEP durante aquel ejercicio: pagó 221.000 euros por la autorización para usar las siglas de la AEP. Muy por detrás, la industria farmacéutica y otros sectores entregaron 47.000 euros a cambio de lucir el sello de la AEP.

La AEP recoge en sus estatutos una mención expresa al potencial de su marca como fuente de ingresos. En el artículo 42, al referirse a las posibles fuentes de ingresos, señala, solo por detrás de las cuotas de socias y socios, “los rendimientos de su patrimonio”. ¿Y cuál es ese patrimonio? Los estatutos solo hacen referencia concreta a un único bien mobiliario de la AEP: “El nombre, rótulo y logotipo de la asociación”.

Donaciones y publicidad

Además de estos cobros por el uso de su logotipo, la AEP añade otra partida considerable de ingresos en forma de donaciones. En el citado ejercicio de 2015, la AEP recibió 219.223 euros por este concepto. ¿Quién hizo estas donaciones? En este caso, la industria farmacéutica aparece como el principal donante, con 181.223 euros, seguida de la industria de la alimentación y bebidas, con 38.000 euros. Al menos esto es lo que se desprende del informe de transparencia, ya que la memoria económica del mismo año solo recoge 30.000 euros en donaciones. La AEP ha declinado en varias ocasiones dar explicaciones sobre esta discrepancia en sus números.

La tercera gran fuente de ingresos de la AEP es la inserción de publicidad en su revista Anales de Pediatría. En 2015, la AEP percibió 194.750 euros por esta vía. Pero, ¿quién se anuncia en esta revista? Al tratarse de una revista científica para un público especializado y muy concentrado en el ámbito sanitario, cabría esperar que empresas médicas o farmacéuticas fuesen los principales anunciantes, pero no. Más del 50% de la inversión publicitaria —105.200 euros— salieron de los departamentos de marketing de la industria alimentaria y de bebidas. La industria farmacéutica, con 72.800 euros, y el negocio de la puericultura, con 16.750 euros, coparon el resto del espacio publicitario de la revista.

A pesar de ser una asociación sin ánimo de lucro y dedicar buena parte de su presupuesto a tareas de divulgación o formación, este modelo de ingresos ha sido muy criticado en varias ocasiones por encerrar posibles conflictos de intereses. El episodio que tuvo mayor repercusión estalló en 2015. Durante aquel año, un buen número de profesionales de la nutrición, en gran parte vinculados a la asociación Dietética Sin Patrocinadores, emprendieron una fuerte movilización en blogs y redes sociales contra la presencia del sello de la AEP en galletas y dulces: la polémica saltó a los grandes medios de comunicación y la AEP salió al paso con un comunicado en el que se reafirmaba en que “las galletas son un buen alimento para el desayuno y la merienda” y que su sello en productos industriales no era un aval, sino una muestra de colaboración del fabricante con la asociación.

La queja de la Organización Médica Colegial

El escándalo motivó que la Comisión Central de Deontología de la Organización Médica Colegial analizara este tipo de casos y emitiera un dictamen desfavorable: “El prestigio de las instituciones, organizaciones y sociedades científico-médicas y de los médicos que las dirigen debería aprovecharse para promover estilos de vida saludables a la población, y no promocionar productos de dudoso beneficio para la salud y mucho menos cuando puedan ser incluso perjudiciales”.

Hoy, las galletas TostaRica o los cereales Chocapic ya no lucen el sello de la AEP, pero este sigue apareciendo en otros productos industriales controvertidos, como las gamas Peques o Max de Puleva y los lácteos Mi Primer Danone.



Este tipo de productos protagonizan el reciente informe Mi primer veneno, de la asociación Justicia Alimentaria VSF, sobre cómo la industria alimentaria lanza productos cuestionables especialmente orientados al público infantil. Según este informe, se trata de “un botín de 500 millones de euros y 60.000 toneladas de producto” cuyas cualidades nutricionales carecen de respaldo científico sólido y que, más bien, son una maniobra de marketing para captar clientela infantil y familiar desde los primeros meses de vida de las criaturas. 

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Un congreso pediátrico financiado con galletas

La AEP mantiene también acuerdos con estas empresas a la hora de organizar sus congresos anuales. Marcas de alimentación industrial infantil como Nestlè o Danone y laboratorios farmacéuticos como GSK o Novartis patrocinan desde hace años esta cita anual. Este año el congreso se celebra en Zaragoza, entre el 7 y 9 de junio. La política de patrocinios se mantiene: Danone esponsoriza la página web, Nestlé patrocina el sistema de acreditaciones y GSK apadrina el área Wi-Fi y los USB con las ponencias.

Estas marcas también organizan un área comercial y de promociones en los pasillos del congreso. El año pasado, por ejemplo, estuvieron presentes en este mercadillo marcas de alimentación como Artiach, Danone, Hero, Nestlé, Nutribén y Ordesa. Entre los laboratorios habituales: Astrazeneca, Novartis, Diepharmex, Pfizer, GSK o Johnson & Johnson. A esto hay que añadir otras empresas de material médico o productos de puericultura como chupetes, biberones o higiene como Dodot.

A pesar de este listado de patrocinadores y de los ingresos anuales que acumula la AEP para financiarse gracias a la industria, la inscripción mantiene unos precios privativos: desde 146 euros para profesionales ajenos a la enfermería o pediatría por asistir el sábado —ese día se cierra el congreso y las jornadas terminan antes— hasta los 777 euros para las inscripciones de participantes que no pertenezcan a la AEP y se registren en los últimos días.

5 Comentarios
Highlander 3:46 7/6/2018

Articulo cargado de datos sobre la financiación pero ..................... donde esta la información relativa a como se ha empleado el dinero recibido?. Si E&Y hizo la memoria de sostenibilidad, seguro que aparece el detalle de los gastos. La información sesgada solo desvirtúa la realidad, creando confusión y recelo.

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Laura 13:02 10/6/2018

No solo la AEP nos cobra por poner sus logo. La mayoría de asociaciones cobran dinero, es una vergüenza pero más vergüenza me parece el que lo paga aún sabiendo que su producto no es beneficioso para la salud de los niños. Las pequeñas empresas como la mía www.salvandovidas.es tiene un montón de reconocimientos pero no ponemos los sellos en la web por la cantidad de dinero que nos supone

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Jose 5:28 7/6/2018

Gracias por el artículo.

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#18117 20:02 5/6/2018

Vergüenza.

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Carlos 13:05 5/6/2018

Conflictos de intereses de manual:
- Fomentar la alimentación infantil saludable a la vez que te financia la industria de la bollería.
- Fomentar la lactancia materna a la vez que te financia la industria de las leches de sustitución.
- Fomentar el uso racional de vacunas (no todas valen para todo) a la vez que te financia la industria de las vacunas.

Injustificable desde el punto de vista ético y científico. Desde el punto de vista financiero hay mil opciones mejores que depender económicamente de las industrias a las que hay que enfrentar o, por lo menos, vigilar con cuidado.

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