Opinión
Una jueza que no acepta a los testigos de la defensa: así transcurre el juicio-farsa de los cinco de Ulm
Los últimos días han mostrado a todas las personas presentes en la corte la vital importancia de seguir el juicio de los Cinco de Ulm. Tras 22 sesiones de juicio, cuando el equipo de defensa intentó oír al primero de sus testigos, la jueza no lo permitió. En sus explicaciones en contra de oír al doctor Shir Hever, experto en armas, parece que ésta pre-dictó sentencia con sus argumentos. El derecho de la defensa a presentar sus pruebas y testigos está protegido en la misma constitución. Si este despropósito continúa, el Estado alemán y su Estado de derecho resultarán gravemente heridos.
Todos aquellos que hayan estado siguiendo desde el año pasado el proceso iniciado en septiembre del 2025 contra los activistas por los derechos humanos que causaron daños en la fábrica armamentística de Elbit Systems en Ulm, conocidos como los Ulm5, son conscientes de que todo el proceso desde la detención de los activistas, el régimen de prisión preventiva, con algunos de ellos en régimen de aislamiento hasta 23 horas diarias y ahora el juicio, es un cruel espectáculo concebido para castigar ya antes del veredicto a las personas acusadas y amedrentar a todo aquel que se oponga al militarizado statu quo alemán.
El equipo de abogados, familiares, amigos, periodistas, miembros de diversos parlamentos y observadores legales que han asistido a alguna de las 25 vistas de este juicio han coincidido en que este juicio como poco se queda corto de los estándares legales reconocidos en la ley alemana y la mayoría lo ha clasificado de juicio-espectáculo.
La jueza Kathrin Lauchstädt ha establecido que los cinco de Ulm merecen las mismas medidas de seguridad que una banda de extrema derecha acusada de intentar derrocar al Estado alemán
Desde el día de su detención y encarcelamiento preventivo el 8 de septiembre del 2025, tras la acción realizada en el laboratorio Tactical Data Links (TDL) de la fábrica de armas de Elbit Systems de la ciudad alemana de Ulm, Leandra, Vi, Zo, Daniel y Crow han sido víctimas de la vengativa violencia institucional alemana. Se les acusa de destrucción de la propiedad privada, allanamiento y pertenencia a una organización criminal, pero el proceso destaca por el tratamiento excepcional dado a las personas acusadas.
Sin ninguna explicación creible, el juicio se trasladó del Tribunal Regional (Landgericht) de Stuttgart al famoso Tribunal Regional Superior (Oberlandesgericht) de alta seguridad de Stammheim, donde se realizaron los juicios a la RAF en los años 70 y donde actualmente se celebran juicios con delitos de sangre o acusaciones de terrorismo. La jueza también dio la orden de presentar a estos cinco activistas, esposados y de separarles de sus abogados y el público por un cristal antibalas.
Con ello, la corte presidida por la jueza Kathrin Lauchstädt ha dejado claro que en su “imparcial” opinión que estas personas que intentaron parar el genocidio aunque fuese una hora, merecen las mismas medidas de seguridad que los Reichsbürger, una banda de extrema derecha acusada de intentar derrocar con las armas al Estado alemán. El juicio a ese grupo ultra se está celebrando en la sala contigua, y en el cual varias de las personas acusadas, a diferencia de los Ulm5, no están en prisión preventiva y se pueden sentar con sus abogados.
Testigos negados
Durante las primeras 21 sesiones del juicio contra Ulm5, la fiscalía presentó su investigación y las pruebas. Entre otras cosas, se incluyeron los vídeos que grabaron los propios acusados y que publicaron en las redes sociales; el documental completo “To Kill a War Machine”; cientos de fotos de los daños, especialmente en el laboratorio TDL (que los Ulm5 han reconocido); un vídeo en el que se abrían paquetes que contenían monos de trabajo rojos; y unas investigaciones policiales sorprendentemente desorganizadas, basadas principalmente en publicaciones en redes sociales y fotos seleccionadas encontradas en los teléfonos de los acusados. Un testigo policial declaró ante el tribunal que Leandra y Vi hicieron un viaje a El Cairo en 2025, pero no sabía por qué. Alerta de spoiler: para participar en la multitudinaria marcha internacional hacia Gaza en 2025 e intentar entregar alimentos y medicamentos cuando Israel había cortado todos los suministros.
Decir que la investigación y las pruebas presentadas por el fiscal general Stengel en el juicio rozan lo patéticamente cómico es quedarse corta, si no fuese porque la libertad de estos activistas está en juego en un juicio que sentará precedente.
En la sesión 23 del juicio, el 14 de octubre, el equipo de defensa intentó presentar a su primer testigo y anunció su intención de invitar a su segunda testigo el 16 de octubre. Mathes Breuer, abogado de Leandra explica: “El tribunal nunca mostró ningún interés en investigar en torno a la empresa donde tuvieron lugar los hechos. Nunca mostraron ningún interés en investigar el genocidio. Y eso es lo que hemos intentado hacer nosotros en lugar del tribunal, porque creemos que es importante comprender por qué actuaron los cinco y por qué también estaba justificado que actuaran de esa manera”.
La defensa no está siendo escuchada
La defensa de los activistas y ellos mismos siempre han mantenido que actuaron como un acto de emergencia, un acto de defensa de una tercera persona, en este caso Gaza, y parar el genocidio. Sus motivaciones deben ser esclarecidas en su juicio para poder dictar una sentencia justa.
Primero invitaron el 14 de octubre al doctor Hever, un experto en armas, que ha realizado una investigación sobre como la tecnología producida en el laboratorio TDL de Elbit Systems dañado por los Ulm5 es crucial para el genocidio de Gaza, ya que el sofware que exporta es el que coordina los ataques del ejercito israelí, y está involucrado en la obtención y reparto de información de personas objetivo y los “daños colaterales” permitidos, entre otras cosas.
Como el doctor Hever explicó en la posterior rueda de prensa:
“Las radios definidas por software son un tipo de TDL. TDL son las siglas de Tactical Data Links (enlaces tácticos de datos), que permiten a las unidades combinar información en tiempo real con gran rapidez, no solo para que los soldados se comuniquen entre sí verbalmente, sino también para transmitir información táctica compleja, como la ubicación de los objetivos (… ) Así pues, la forma en que se está produciendo este genocidio en Gaza no tiene precedentes, ya que se trata de una generación industrial y exponencial de datos agregados con el fin de crear objetivos más rápido de lo que cualquier ser humano podría hacerlo. Y hay una nueva película que acaba de estrenarse, se llama Naza (Yuval Abraham y Rachel Szor, 2026). Naza, en hebreo, es un acrónimo que hace referencia a un daño colateral colectivo. Y dado que la película está siendo objeto de numerosas críticas en Israel y el Gobierno israelí intenta negarlo, muchos soldados han dado un paso al frente en los últimos días y han aportado testimonios adicionales que he incluido en mi informe al tribunal. Estos testimonios revelan cuántos civiles pueden morir sin autorización por cada uno de esos objetivos que, en realidad, son generados por ordenadores a partir de información transmitida a través de las radios desarrolladas en Alemania por Elbit Systems Germany. Y estos informes de los soldados, estos testimonios de los soldados, son impactantes. Muestran el grado de desprecio por la vida humana”.
Ese 14 de octubre, tras dos pausas para que reflexionase la corte, la jueza decidió que no iba a decidir ese día y que daría su opinión el viernes.
El 16 de octubre, para sorpresa de nadie, Kathrin Lauchstädt decidió no escuchar lo que el experto tenía que decir. En su argumentación, que sonaba más bien como un dictamen de sentencia final, declaró: “La solicitud tiene como objetivo fundamental demostrar el papel central que desempeña la empresa Elbit Systems Deutschland en las operaciones bélicas israelíes en Gaza. Si se demostraran los hechos probatorios en los que se basa la solicitud, estos —según una valoración preliminar— no modificarían la sentencia condenatoria ni la declaración de las consecuencias jurídicas.”
Continuó Lauchstädt: “Tras un examen preliminar, no demuestran ni que se actuara contra un agresor, ni que el 'acto de defensa' alegado por los acusados fuera adecuado para poner fin, mitigar o, siquiera, retrasar un conflicto armado virulento en Gaza” y “las personas jurídicas y otras agrupaciones de personas, en su calidad de sujetos de derecho sin existencia física, no están en condiciones de llevar a cabo un ataque”.
La protección que el Estado brinda a las grandes empresas, eximiéndolas de cualquier consecuencia jurídica, no es nada nuevo, sino que forma parte integrante del sistema capitalista. Ya se describió en el documentalThe Corporation (Mark Achbar y Jennifer Abbott, 2003) que explicaba que estas grandes empresas que son “personas jurídicas”, si fuesen personas físicas cumplirían con todos los rasgos que definen la psicopatía. Y cómo en sus peores comportamientos psicopáticos son protegidas por gobiernos serviles que protegen los intereses de los inversores frente a los de su pueblo.
Lauchstädt también mostró su profunda ignorancia en lo que ella llama el conflicto en Gaza al afirmar: “Además, según el Estado actual de la práctica probatoria, no se da el carácter inminente del ataque. Un ataque es inminente cuando la vulneración del bien jurídico está a punto de producirse, se está produciendo en ese momento o aún persiste”.
No sé en qué mundo vive, pero el genocidio en el 2025 llevaba ya años y ha seguido desde entonces. Y continuó: “El suministro de material de defensa y su posible uso en el extranjero no constituyen ataques inminentes ni que se estén produciendo en ese mismo momento contra bienes jurídicos individuales. Se trata más bien de peligros persistentes o de acontecimientos futuros que no entran dentro del estrecho concepto de legítima defensa. Por lo tanto, la opinión dominante rechaza la 'legítima defensa preventiva' frente a ataques futuros; la interrupción de los preparativos de un ataque no constituye una situación de legítima defensa. Incluso si el armamento se utilizara posteriormente con fines de ataque, la investigación, la producción o el suministro en sí mismos no pueden calificarse como un ataque actual”. Es decir, alterar el flujo de armamento que acaba siendo usado y va a ser usado en un conflicto armado, según la jueza, no tiene efecto en dicho conflicto.
Después de haber sugerido que los actos de defensa deberían realizarse contra personas físicas y no jurídicas para ser considerados de “legítima defensa” afirmó: “La actuación en estado de necesidad —suponiendo que existiera tal situación— debería haber sido necesaria, es decir, adecuada para poner fin de inmediato a un peligro o, al menos, para mitigarlo, y debería haber sido el medio menos severo disponible”.
No hay un medio directo menos severo que dañar sólo lo que daña, como hicieron los Ulm5. No está claro qué sugiere la jueza: quizá mirar mal al material o insultar al software para herir sus sentimientos. Y sin embargo sigue “Un acto de estado de necesidad se considera adecuado cuando, desde una perspectiva objetiva y ex ante, puede contribuir a evitar o, en cualquier caso, a reducir el peligro concreto; los meros efectos a largo plazo o simbólicos no son suficientes” O sea, que tiene que ser un acto inmediato y sólo cuenta ponerse entre la bala y la víctima, ya que sabotear la pistola es a largo plazo a la par que simbólico.
Después pasó a hablar de que los actos motivados políticamente que buscan ejercer presión en las instituciones, como por ejemplo para que Alemania deje de envíar el 30% de las armas usadas para cometer el genocidio en Gaza no son adecuados para defender a nadie de ningún peligro. Y tras una larga retahíla sobre el tipo de protesta que es adecuada en la sociedad burguesa y aburguesada, qué actos son legítimos para parar un genocidio y qué es apropiado dentro de la “desobediencia civil” (que a oidos de los espectadores presentes sonó como que lo mejor es quedarse en casa firmando peticiones mientras reflexionas de la cantidad de libertades que gozamos en este pais) la jueza también tubo tiempo para finalizar con una autentica traca: “En caso de condena, la motivación de los acusados de querer salvar vidas humanas ya debería tenerse en cuenta como circunstancia atenuante, a la luz de las pruebas recabadas hasta la fecha—en particular, teniendo en cuenta las declaraciones de los acusados y los hechos del caso—”.
Las declaraciones de la jueza dejaron al público con la impresión de que el veredicto ya está pensado, que la corte asume que la única forma de protesta aceptable es no hacer nada
Es decir la motivación de los Ulm5 para la destrucción de un laboratorio crucial para prevenir el genocidio en Gaza puede ser un factor atenuante, pero Kathrin Lauchstädt no necesita oír a más expertos de la defensa sobre el tema, o pruebas o testimonios o nada más, ya que las personas acusadas dicen que eso fue su motivación y eso ya le vale a ella para ser la jueza más objetiva que puede haber.
Como dijo Benjamin Düsberg, abogado de Daniel, en la rueda de prensa del viernes: “Eso significa que la única, la única posibilidad que ve el tribunal es que el juez lo juzgue a posteriori, pero la resistencia preventiva —para detener la injusticia o impedirla— no es una opción en este caso. Y por eso están haciendo todo lo posible para no permitirlo y no les importa ignorar y socavar los derechos más básicos de la defensa, como el derecho a llamar a testigos. Y eso supone un ataque a los derechos de la defensa penal, también en otros casos”.
El viernes 16 de octubre la defensa invitó a testificar a la experta en derechos humanos doctora Isabel Feichner, que iba a testificar sobre el genocidio en Gaza, qué constituye legalmente un genocidio y como en Gaza se cumplen los requisitos para clasifircarlo como un genocidio de manual.
Tuvimos que esperar una semana hasta el viernes 23 de noviembre, para escuchar a la jueza de nuevo rechazar escuchar a la famosa abogada experta en derechos humanos con una decisión del tribunal que era en su mayor parte un corta y pega de la decisión anterior con un par de párrafos nuevos. Este viernes el tribunal dejó claro que va a ponerle muy difícil al equipo de la defensa presentar sus pruebas para defender su caso, ya que para el genocidio, y las leyes y convenciones internacionales no son relevantes para la jueza para dictar sentencia.
Como dijo Mathes Breuer, el genocidio, o la producción llevada a cabo en Elbit Systems Ulm, no solo no se ha tematizado en ninguna de las pruebas de la acusación, sino que de hecho por declaraciones de testigos de la policía, sabemos que el fiscal General Stengel dio órdenes a la policia de no investigar a Elbit Systems desde el primer día.
Las declaraciones de la jueza dejaron al público con la impresión de que el veredicto ya está pensado, que la corte asume que la única forma de protesta aceptable es no hacer nada. Ya que toda protesta contra las empresas armamentisticas son vistas como un ataque al estado alemán y a su estado de derecho. Y los son. El estado alemán y sus élites están haciendo de nuevo el agosto con la guerra. La violencia en los cuerpos de los palestinos pagan sus yates y cervezas.
Y es que hay violencia aceptable para el Estado alemán como el genocidio o las brutales cargas policiales contra manifestantes pro palestinos, o tener a activistas por los derechos humanos encerrados desde hace más de un año en régimen de aislamiento, y actos directos inaceptables, como entrar en una fábrica de armas y ejercer una acción directa, o bloquear puertos desde donde salen dichas armas.
Como decía Dom Hélder Cámara Arzobispo de Brasil (1909-1999) “Hay tres tipos de violencia. La primera, madre de todas las demás, es la violencia institucional, la que legaliza y perpetúa las dominaciones, las opresiones y las explotaciones, la que aplasta y cercena a millones de hombres y mujeres en sus engranajes silenciosos y bien engrasados. La segunda es la violencia revolucionaria, que nace de la voluntad de abolir la primera. La tercera es la violencia represiva que tiene por objetivo asfixiar a la segunda haciéndose cómplice y auxiliar de la primera violencia, la que engendra todas las demás. No hay peor hipocresía que llamar violencia solo a la segunda fingiendo olvidar la primera, que la hace nacer, y la tercera que la mata”.
En estos momentos tan violentos de la historia, donde los estados cómplices de las empresas armamentísticas se creen amos del monopolio de la violencia, recortando derechos mundialmente para financiar genocidas guerras infinitas en terceros países, y acabando con los presupuestos sociales en los suyos, es importante comprender la estructura de la violencia y cómo combatirla, en las calles y en las instituciones. ¡No pasarán!
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