Albacete
Detenciones y represión policial en la Big Fucking Party de Albacete
Este 2025 la organización de la Big Fucking Party, una rave o free party para despedir el año, eligió las inmediaciones del embalse del Cenajo en Albacete, entre los términos municipales de Férez y Hellín, para celebrar lo que pretendía ser una fiesta sin problemas y que, sin embargo, sí que ha registrado incidentes.
Según la información facilitada por la Guardia Civil en una nota de prensa, la benemérita detuvo a 63 personas, mayoritariamente de nacionalidad francesa, italiana y británica. Veinte de ellas fueron arrestadas por su implicación en los disturbios registrados durante la madrugada del 31 de diciembre, en las inmediaciones de la pedanía de Cordovilla, cuando una caravana multitudinaria trataba de instalar la macrofiesta. Otras 38 personas fueron detenidas por su papel en la organización del evento ilegal y cinco más por delitos contra la salud pública, en su modalidad de tráfico de drogas, o por requisitorias judiciales en vigor. Este medio ha tenido acceso a una de las acusaciones que incluye organización criminal, desórdenes públicos contra la seguridad colectiva y delitos contra el medio ambiente. También intervinieron 16 vehículos pesados que transportaban el material destinado a la infraestructura de la Big Fucking Party, los cuales han quedado a disposición de la autoridad judicial.
La Guardia Civil cifra la asistencia al evento en unos 2.000 vehículos y alrededor de 3.500 personas procedentes de distintos puntos de España y de varios países europeos. Los asistentes hablan de muchas más.
La Guardia Civil cifra la asistencia al evento en unos 2.000 vehículos y alrededor de 3.500 personas procedentes de distintos puntos de España y de varios países europeos. Considera este tipo de encuentros un riesgo para la seguridad ciudadana, la salud pública, la seguridad vial y el medio ambiente, al carecer de medidas básicas de prevención. Durante el operativo, informan en el comunicado, “cerca de 300 conductores dieron positivo en controles de alcohol o drogas y se advirtió del impacto ambiental en un espacio protegido catalogado como Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA), además de tratarse de un terreno inestable e inundable”.
La Guardia Civil también dio cuenta del amplio dispositivo perimetral que dispuso desde el principio con unos 300 agentes para limitar el acceso al entorno natural y controlar el tráfico en carreteras y caminos rurales. Una actuación que, según el cuerpo, impidió que la fiesta alcanzara la magnitud de ediciones anteriores. Aunque efectivos del Grupo de Reserva y Seguridad (GRS) de Valencia -los antidisturbios de la Guardia Civil- en declaraciones al periódico El Mundo, manifestaron que el diseño del operativo fue deficiente y el número de agentes especializados destinado a dispersar, y en su defecto contener la rave “era insuficiente”. Dieron como ejemplo un problema a la hora de identificar a uno de los hombres a los que se le atribuye la convocatoria de la fiesta, “Paramos la furgoneta que conducía con la intención de proceder a su identificación. Opuso una fuerte resistencia. Ya estaba engrilletado pero una multitud de más de un centenar de personas vino hacia nosotros y tuvimos que irnos ante la inferioridad numérica. Se nos echaron encima. Nos tuvimos que replegar porque nos mataban. Fue imposible”.
Represión y desproporcionalidad
Algunos participantes en la fiesta denuncian el uso de la violencia por parte de las fuerzas de seguridad en el dispositivo policial del 31 de diciembre. Este medio ha tenido acceso a imágenes de los daños sufridos por un vehículo y a los partes médicos de dos personas heridas, que atribuyen sus lesiones a golpes presuntamente infligidos por agentes durante la intervención.
Según relatan, los agentes realizaron disparos al aire y emplearon gas para contener a las personas que esperaban atravesar el control policial. Dos personas afirman que, sin causa aparente, un agente golpeó con una porra las ventanillas de su vehículo, rompiéndolas, lo que provocó que algunos fragmentos de cristal alcanzaran a las dos personas que se encontraban en su interior, impactándoles en los ojos.
Ambas fueron atendidas inicialmente por un médico de urgencias, que las derivó al servicio de oftalmología del hospital de Hellín. Ante la gravedad de una de las lesiones, las dos personas fueron posteriormente trasladadas al hospital de Albacete. Según los informes médicos a los que ha tenido acceso este medio, una de ellas sufrió una “erosión corneal en el ojo izquierdo”, mientras que la otra presentó una perforación ocular que requirió una intervención quirúrgica urgente y varios días de hospitalización con tratamiento antibiótico y analgésico.
“La represión contra el movimiento de las fiestas libres es cada vez más violenta y se está normalizando”, manifiesta una asistente a la BFP.
La persona con la lesión más grave señala que actualmente padece un 80 % de astigmatismo en el ojo afectado y que los profesionales sanitarios le han advertido de posibles secuelas a largo plazo, como el riesgo de glaucoma secundario, desprendimiento de retina o catarata traumática, lo que podría implicar nuevas intervenciones quirúrgicas en el futuro.
Ambas personas aseguran encontrarse profundamente afectadas a nivel psicológico, con episodios de ansiedad y pesadillas, por lo que han iniciado tratamiento terapéutico. En su testimonio denuncian que “la represión contra el movimiento de las fiestas libres es cada vez más violenta y se está normalizando”, y subrayan que “no hicimos daño a nadie; solo queríamos bailar, reunirnos y ser libres”. A su juicio, la banalización de esta violencia “es alarmante, porque deja secuelas físicas y psicológicas duraderas y acaba destruyendo vidas”.
Dejarlo todo tal y como estaba
La Protectora de Animales y Plantas de las Sierras del Segura y Alcaraz (APAP TIERRA) y la Asociación de Profesionales del Trabajo Social Tejiendo Redes TS, en contacto con este medio, han expresado su profundo agotamiento e indignación ante lo que califican como una “gestión negligente y falta de coordinación por parte de las administraciones” tras el desalojo de la rave celebrada en el entorno de Férez.
Ambas entidades explican que pusieron en marcha de manera autónoma un dispositivo de reducción de daños que incluyó la búsqueda de un joven italiano —finalmente localizado— y la activación de un protocolo específico ante la posibilidad de abandono o extravío de Animales del Entorno Familiar (AEF). Según denuncian, tras las detenciones de algunos asistentes no se activó ningún mecanismo de protección animal ni se estableció comunicación con las entidades locales de rescate. APAP TIERRA confirma que todos los animales reportados como desaparecidos han sido ya recuperados.
Las organizaciones también cuestionan la desproporción del dispositivo policial, al considerar que impidió a los participantes cumplir con su política de “no dejar rastro”, obligándoles a abandonar el lugar antes de concluir las tareas de limpieza. Ante la existencia de bolsas de basura ya preparadas y el riesgo de que los residuos se dispersaran en un entorno natural sensible, la organización de la rave convocó para este sábado, 10 de enero, una recogida ciudadana. Durante la mañana recogieron metódicamente toda la basura en camiones que los propios asistentes a la fiesta y la organización financiaron de forma privada, cumpliendo la promesa de dejar todo tal y como estaba. Según algunos vecinos que colaboraron en la recogida: “el espacio se quedó más limpio que antes”.
Todo funciona porque nos cuidamos entre todos
La rave de 2023 en La Peza, Granada, supuso un punto de inflexión en la opinión pública sobre las raves en nuestro país. El encuentro congregó a unas 4.000 personas en un entorno rural, ubicado en una de las zonas señaladas como parte de la llamada España vaciada, sin que se registraran incidentes relevantes. Más allá del habitual foco mediático puesto en los dispositivos de control desplegados por las fuerzas y cuerpos de seguridad, la cobertura informativa incorporó una perspectiva poco frecuente: la de los propios vecinos y vecinas del municipio. Lejos de protestar por el carácter ilegal del evento, muchos expresaron su satisfacción por haber sido el lugar elegido, valorando positivamente el impacto social y simbólico de la cita.
Un año después, en 2024, la rave para despedir el año se celebró un circuito de velocidad abandonado en Fuente Álamo, en la comarca murciana del Campo de Cartagena, y llegó a reunir a más de 8.000 personas. De nuevo, las crónicas coincidieron en subrayar la ausencia de conflicto con la población local. Las personas residentes en las inmediaciones afirmaban no percibir el evento como una molestia y relataban cómo numerosos vecinos y vecinas se acercaron por curiosidad, para observar el ambiente e incluso participar de momentos de ocio y convivencia. En palabras recurrentes, se trataba de una excepción en territorios donde, habitualmente, “no pasa nunca nada”.
Este año, quienes participaron en el encuentro de Albacete coinciden en señalar la seguridad como una prioridad absoluta durante los siete días que duró la rave. La organización se coordinaba de forma constante y mantuvo siempre libre un carril de emergencia, incluso a costa de largas esperas hasta de 20 horas para acceder al recinto. En una de las ocasiones en las que fue necesaria una ambulancia, la música se detuvo por completo y los propios asistentes movieron sus vehículos para facilitar el paso, una escena que muchos describen como un ejemplo de organización colectiva.
El cuidado mutuo formaba parte del día a día: había puntos de información sobre reducción de riesgos, botiquines de primeros auxilios, agua potable gratuita y hogueras encendidas de manera permanente para combatir el frío. La limpieza interna fue otro de los elementos clave: se distribuyeron bolsas de basura en escenarios, carpas y zonas de acampada, como bolsas colgadas en los retrovisores de los vehículos para recoger los propios residuos y llevárselos al abandonar el lugar.
“Aquí todo funciona porque nos cuidamos entre todos. Nunca he sentido que nadie se sobrepasara, ni conmigo ni con mis amigas; si ocurre algo, se avisa y se actúa”, M. una asistente a la rave.
Más allá de la música, el espacio se vivía como un entorno cultural y comunitario, con cine, mercadillo, biblioteca y espectáculos, y con una atención constante a la responsabilidad individual como base para la convivencia: “Aquí todo funciona porque nos cuidamos entre todos”, resume una asistente. Esa lógica se traducía también en una tolerancia cero frente a cualquier actitud machista o racista. “Nunca he sentido que nadie se sobrepasara, ni conmigo ni con mis amigas; si ocurre algo, se avisa y se actúa”, añade una de las participantes, que también contó que los vecinos y las vecinas del pueblo se acercaron a la fiesta para disfrutarla, “las familias vinieron a pasear por el mercadillo, tomarse una cerveza o comer algo”.
La bibliotek
Quique es un joven valenciano que convirtió su Trabajo de Fin de Máster en el libro Free party is not a crime, una investigación en la que analiza el fenómeno de las fiestas libres y el papel que desempeñan entre las generaciones más jóvenes, que tienen “una conciencia y voluntad de sostenerlo todo y que todo conviva “frente al desenfreno de generaciones anteriores”, algo que requiere “una responsabilidad individual y colectiva”. Para Kike, la base de las free parties reside en un sistema de autorregulación: “Hay personas y colectivos que ejercen esa responsabilidad de forma muy consciente y otros que lo hacen menos, pero el conjunto se equilibra. Si algo se cae por un lado, se sostiene por otro, ya sea a través del apoyo mutuo, la previsión o el cuidado”. También apunta que la menor presencia de colectivos españoles en algunas ediciones y la convivencia de culturas procedentes de distintos países influyen directamente en la organización y en las dinámicas internas de las fiestas.
En los últimos encuentros, ha percibido además una llegada creciente de gente joven que se aproxima al tecno desde la curiosidad. “Es gente nueva, que quizá no sabe muy bien dónde va, pero a la que le gusta la música y tiene ganas de conocer”, explica. Esa necesidad de transmisión de conocimientos fue lo que le llevó tanto a escribir el libro como a impulsar 'la bibliotek', un puesto itinerante donde comparte libros e información sobre la cultura del tecno y las free parties.
“Cuando yo empecé, hubiera agradecido que alguien me explicara que esto es autogestionado, que cuando terminas tienes que recoger lo tuyo y llevártelo contigo”, Quique sobre la bibliotek.
“Es información que siempre ha estado muy escondida, casi sólo accesible en internet y en inglés. Cuando yo empecé, hubiera agradecido que alguien me explicara que esto es autogestionado, que cuando terminas tienes que recoger lo tuyo y llevártelo contigo”, señala. Tras tres fiestas con la bibliotek en marcha, valora la experiencia de forma muy positiva: “La gente se acerca, pregunta, toma notas, se apunta títulos. Con mi libro pensé que no habría mucho interés y ya he vendido más de 500 copias, todas en raves. Eso demuestra que hay una curiosidad real y ganas de aprender”.
Control social
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