África
Una semana de dolor e incertidumbre para la primavera sudanesa

Del brutal desalojo de la acampada de protesta que forzó la caída del presidente Omar al Bashir a la jornada de huelga general tras siete días de represión y detenciones. La última semana ha puesto en la encrucijada a la revolución democrática sudanesa. 

Protesta solidaridad Sudán
Manifestación en apoyo al pueblo sudanés. Londres, 8 de junio. Foto de David Holt.

publicado
2019-06-09 10:16

El pasado lunes 3 de junio una brutal represión golpeó con firmeza uno de los movimientos populares democráticos más perseverantes y prometedores que ha habido en el continente africano en los últimos tiempos. El gobierno sudanés, dirigido por el Consejo Militar de Transición (CMT), desalojó la acampada de protesta que esta semana hubiese cumplido su tercer mes de resistencia frente al Cuartel General del Ejército en Jartum, y que exige una transición democrática liderada por civiles.

Tras seis meses de protestas, no exentas de víctimas mortales, miles de heridos y múltiples detenciones, los militares daban el lunes su golpe de mano más fuerte, dejando más de un centenar de muertos y miles de heridos, según el Comité Central de Médicos de Sudán, una de las organizaciones de la sociedad civil más activas en el proceso de impugnación del régimen.

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Las Fuerzas de Apoyo Rápido, un cuerpo militar creado por al Bashir cuyos efectivos provienen de las milicias janjaweed conocidas por los crímenes cometidos en la aniquilación a sangre y fuego de las revueltas en Darfur, serían responsables de la matanza. Durante la semana, que se ha cerrado con la visita del primer ministro etíope, Abiy Ahmed, con el fin de mediar entre las partes, los cuerpos de los manifestantes han ido apareciendo en las aguas del Nilo, río que atraviesa la capital.

La población está atemorizada por la presencia de los janjaweed, que han protagonizado numerosos ataques y no respetan la autoridad policial. En consecuencia, un día después de la masacre, pocas eran las personas que salían a celebrar el Aid Fitr, la fiesta que cierra el Ramadán y que constituye una ocasión de encuentro familiar y social.

Mientras, continúan las detenciones en las filas de la oposición. Yasir Arman, Ismail Jalab y Mubarak Ardol, tres de los seis representantes de la oposición democrática que participaron el 8 de junio en la reunión con el primer ministro etíope, fueron arrestados horas después. Hoy 9 de junio, el pueblo se ha declarado en desobediencia civil convocando una huelga general que ha vaciado las calles.

Golpe a una revolución inesperada

Las protestas sudanesas, junto a las argelinas, ha sido en este 2019 objeto de la atención internacional y han sorprendido al lograr una de sus metas compartidas, expulsar del poder a sus respectivos jefes de Estado. Mientras que los argelinos forzaron la salida de Buteflika —quien estaba decidido a presentarse para un quinto mandato, tras veinte años en el poder, y a pesar de su grave deterioro físico— los sudaneses lograron el 11 de abril que el ejército pusiera bajo arresto a quien hasta entonces había sido su máxima autoridad, el presidente Omar al Bashir, quien se puso al frente del país tras liderar un golpe de estado en 1989. 

El camino hacia la democracia parece mucho más complicado que un mero recambio de líderes, pues implica que las castas gobernantes renuncien a sus negociados y privilegios, por no hablar de los intereses extranjeros comprometidos en el país

Pero para ambos pueblos, la apuesta va más allá del relevo de sus mandatarios: se trata de disputarle el poder a las élites militares afines a los hasta hace poco presidentes, conquistando una ruptura real que desemboque en la democracia que exigen amplias capas de la población, sobre todo los jóvenes. Esta empresa sin embargo parece mucho más complicada que un mero recambio de líderes, pues implica que las castas gobernantes renuncien a sus negociados y privilegios, por no hablar de los intereses extranjeros comprometidos en ambos países.

La contundencia de la operación que arrasó el lunes con la sentada de Jartum ha motivado que la Unión Africana suspendiera el pasado jueves 6 la membresía del país. El organismo transnacional africano exige que Sudán complete una transición democrática. En Naciones Unidas se baraja la posibilidad de enviar una misión de observación. Los esfuerzos de Abiy Ahmed, quien se ha sentado a conversar también con el CMT, habrían caído en saco roto tras las detenciones de ayer. Así, los movimientos en el plano internacional dan cuenta del temor de que esta semana traumática tras la que el diálogo entre las partes parece imposible de retomar, suponga el prólogo a una eventual confrontación civil que castigaría aún más a un estado inmerso en una profunda crisis económica.

Las partes

Pero, ¿quiénes son las partes en disputa y qué posibilidades tienen de imponerse? Si se trata de contraponer las fuerzas enfrentadas, la asimetría entre una población civil desarmada y pacífica y un ejército que ha controlado el poder en los últimos treinta años, más que a una guerra fratricida apunta a una restauración de la dictadura sustentada en la represión de la protesta. Sin embargo, no parece haber acuerdo dentro del CMT, y las desavenencias dentro del ejército sí podrían generar choques violentos.

Durante casi tres décadas, el régimen del general Omar al Bashir se ha sustentado en el ejército. 30 años marcados por la guerra con el Sur (1983-2005) —que derivó en la partición del país, con la secesión de la región meridional en 2011— la represión de las revueltas en Darfur  (desde el 2003), y una apuesta por el islamismo político como instrumento para ejercer control sobre la sociedad. La imposición de una línea religiosa conservadora, tuvo lugar principalmente en los primeros años, de la mano del referente Hassan al Turabi y sus seguidores próximos a los Hermanos Musulmanes. La ruptura con el líder islamista comenzó a mediados de los 90, culminando con la primera de sus detenciones en 2005. Turabi estuvo múltiples veces detenido y falleció en 2016.

Tras la independencia del Sur los ingresos del país se redujeron drásticamente. El entorno de al Bashir mantuvo el poder en un país azotado por una crisis económica marcada por el deterioro de la vida cotidiana

En el plano económico, el espectacular incremento de la producción de petróleo en la primera década de este siglo, trajo una bonanza que fue aprovechada sustancialmente por las élites. Tras la independencia del Sur, donde se ubican el 80% de los yacimientos, los ingresos del país se redujeron drásticamente. El entorno de al Bashir mantuvo el poder y sus negociados en un país azotado por una crisis económica marcada por el deterioro de la vida cotidiana.

En 2017, el mismo año que Estados Unidos levantaba las sanciones al gobierno de al Bashir, comenzaron las conversaciones entre el régimen y el Fondo Monetario Internacional. El gobierno asumió así nueva deuda, y con ella las viejas políticas de ajuste que implican eliminar subvenciones a recursos básicos. Fue la multiplicación del precio del pan y los carburantes la que motivó, tras un largo proceso de desesperación económica y descontento social, las protestas de diciembre de 2018 que se extendieron desde la ciudad nororiental de Atbara, de larga tradición de lucha sindical, al resto del territorio del país.

Así, frente a un régimen deslegitimado, la población civil sudanesa alentada por un clima de solidaridad y protesta que se extiende por amplias capas sociales y alcanza a la enorme diáspora del país —muy activa en las redes— ha salido a las calles durante meses hasta que decidió plantarse en abril en la misma sentada que fue sangrientamente disuelta esta semana.

En la articulación de la resistencia, tiene un papel central la Asociación de Profesionales Sudaneses, una organización civil y apartidista que surge de la unión de médicos, periodistas y abogados en 2016 y se alimenta de las clases medias universitarias. En torno a este actor, la Coalición por la Libertad y el Cambio, que lidera la interlocución con los militares, une a sindicatos, diversas organizaciones activistas, asociaciones de mujeres o partidos minoritarios.

Difícil negociación

El derrocamiento de al Bashir no ha sido el único triunfo de la población civil, solo un día después de anunciarse su detención la presión popular logró la retirada de quien había sido nombrado cabeza del CMT, Ahmed Awad Ibn Auf, ministro de Defensa de al Bashir. Desde entonces han seguido presionando para que el organismo transicional no supusiera la continuidad en el poder de la cúpula militar y estuviera liderado por elementos civiles.

El relevo del efímero primer líder del Consejo, Abdel Fattah Abdelrahman Burhan, un alto oficial del ejército cercano a al Bashir, había sido presentado como un perfil más dialogante entre los generales que siguen repartiéndose el poder en el país. El segundo de a bordo, Mohamed Hamdan Dagalo, conocido como Hemedti y proveniente de Darfur, es el líder de las Fuerzas de Apoyo Rápido, y un aliado clave de al Bashir en los últimos años. 

No es la primera vez que el régimen se sirve de los janjaweed para reprimir las revueltas. Son estas mismas tropas las que luchan en la guerra de Yemen, a las órdenes de Arabia Saudí

No es la primera vez que el régimen se sirve de los janjaweed para reprimir las revueltas. Son estas mismas tropas las que luchan en la guerra de Yemen, a las órdenes de Arabia Saudí. Pocos días antes del fatídico lunes Hemedti se reunió con el príncipe heredero Mohamed bin Salmán en Riad. Por su parte, Burhan visitó también a finales de mayo al príncipe Mohammed bin Zayed al Nahyan, príncipe al frente de los Emiratos Árabes Unidos —aliados de los saudíes en la guerra en Yemen— y a Abdulfatah al Sisi, presidente de Egipto.

Así, mientras que la participación en la guerra de Yemen garantiza el apoyo de los saudíes y emiratíes a las fuerzas armadas sudanesas, al Sisi —quien llegó al poder mediante un golpe de Estado tras la matanza de cientos de hermanos musulmanes— no ve con buenos ojos una revolución democrática en el país vecino, y agita el fantasma del islamismo y el caos en apoyo a los militares sudaneses.

Conscientes de la voluntad de injerencia del mandatario egipcio, el canto “¡dile a Al Sisi que esto es Sudán, tus fronteras están en Asuán!”, es repetido desde hace meses en las manifestaciones. Por otro lado, los sudaneses no olvidan la complicidad del islamismo con el régimen, por lo que no parece que un giro hacia opciones islamistas sea probable en la ruta hacia la democracia. 

Mientras en las calles se canta “si se cayeron una vez, pueden caer de nuevo” en el ejército no hay unidad. De un lado, la gran ambición de Hemedti, que proviene de una familia de camelleros y no cuenta prácticamente con formación, tensiona a oficiales más formados del entorno de al Bashir, como es el caso de Burhan. Por otro lado, choca la fidelidad al régimen de los militares más veteranos, con las generaciones más jóvenes entre las que se extiende la simpatía hacia una transición democrática. Oficiales de medio y bajo rango han apoyado en más de una ocasión a los manifestantes. 

Este fin de semana las manifestaciones en apoyo a la revolución sudanesa se han extendido por capitales como Londres, Roma, Berlín, Washington o Beirut. La diáspora también ha denunciado los cortes de internet que están dificultando dar testimonio de los acontecimientos a la población residente en el país. También desde las redes sociales se repiten hashtags como #IAmTheSudanRevolution #SudanCivilDisobedience, manteniendo la esperanza de que la presión popular lleve finalmente a un gobierno de transición que conduzca a unas elecciones democráticas. No sería la primera vez que ocurre: en 1964 y 1985 sendas revueltas populares permitieron abrir dos de los breves periodos democráticos que ha vivido el país. Tras una semana de represión, terror y detenciones, este no parece ser el camino elegido por el régimen.

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2 Comentarios
#35696 16:38 10/6/2019

Gracias por el artículo!

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Yassin Elamin 19:44 9/6/2019

Felicito al buen reportaje, que está verídicamente elaborado y que refleja el trágico momento que está atravesando el pueblo Sudanés, nosotros como Sudáneses residentes en España, seguimos consternados la brutalidad con la cual se está recompensado la larga y pacífica lucha contra la dictadura y que había terminado con el dictador después de dejar caídos y heridos por el camino y en vez del triunfo nos encontramos con el gran engaño de los militares secundados por las milicias paramilitares (Janjawid) Guiadas por los gobiernos del golfo persíco que no quieren una democracia en un país vecino y para garantizar el abastecimiento de tropas para sus guerras en Yemen y Libia.
Estos reportajes ayudan a que el pueblo español conozca la situación y nuestra noble y pacífica lucha.

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