África
Cinco cosas importantes que están pasando en África ahora mismo

En el continente africano están pasando muchas cosas: las relaciones  entre personas del mismo sexo se han despenalizado en Angola y la mutilación genital femenina ha sido prohibida en Sierra Leona. Mientras, en Sudán, Zimbabwe y Camerún, el descontento político y económico ha generado protestas multitudinarias en las calles con sus correspondientes respuestas represivas.  

Asociación Iris Angola
Asociación Iris Angola

publicado
2019-01-30 17:51:00

La noticia de la despenalización de las relaciones entre personas del mismo sexo en Angola se ha abierto un hueco en los medios internacionales. Información que proviene de África en un ecosistema mediático generalmente impermeable a la actualidad del continente.

El avance en los derechos de la comunidad LGTBI de la antigua colonia portuguesa encabeza este breve repaso a la actualidad africana atravesada por algunos avances en los derechos humanos, pero también por la costosa puja de la sociedad civil por abrir brechas democráticas en regímenes que se resisten a ceder poder mientras someten a su población a cada vez más duras condiciones económicas.

Angola

El pasado miércoles 23 se aprobó un nuevo código civil en Angola que despenalizaba las relaciones sexuales no heterosexuales. Así, Angola se convertía en el primer país en dar este paso en el 2019. Queda atrás un código civil que databa de 1886 —instaurado durante la colonia portuguesa— en el cual las relaciones entre personas del mismo sexo eran castigadas con penas que iban desde el trabajo comunitario a condenas de hasta tres años de prisión.

El nuevo texto —fruto de un debate que duró una década— trae otros avances. Despenaliza el aborto en las siguientes circunstancias: cuando existe peligro para la vida o salud de la madre o del feto, y si el embarazo es consecuencia de una violación. Fuera de estos supuestos, la interrupción voluntaria del embarazo será castigada con penas que van de los dos a los ocho años de cárcel.

“Todos estos años de lucha por derechos e inclusión social empiezan a tener sentido ahora, fue necesario que proyectásemos nuestra propia voz y protagonizásemos nuestra historia”, afirmaba la Asociación Angoleña por los Derechos de las Minorías Sexuales, Iris, en sus redes sociales.  De los 193 países reconocidos por Naciones Unidas 68 todavía criminalizan las relaciones entre personas del mismo sexo, entre ellos varios países africanos, incluyendo los más poblados: Nigeria, Uganda y Sudán.

Sierra Leona

Nueve de cada diez niñas sierraleonenses han pasado por la mutilación genital femenina (MGF), práctica cultural que implica la remoción de parte del órgano sexual femenino. Desde el pasado 25 de enero, día en el que gobierno del país africano comunicó su prohibición, entre otros rituales de paso, esta costumbre tradicional —que tiene graves consecuencias físicas y psicológicas en la vida de las mujeres—  debería comenzar el camino de su erradicación.

Sucede que la MGF, en el contexto sierraleonés, es una practica de iniciación a sociedades secretas de mujeres conocidas como bondo que suponen un desafío al poder. Ha sido esta la motivación para la prohibición inmediata de la ablación, pero se desconoce si esta decisión será definitiva. Así, la activista contra la MGF, Rugiatu Turay, Amazonian Initiative Movement pese a admitir que la iniciativa supone un paso en la dirección correcta, señaló la necesidad de vigilar cómo el gobierno materializaba la prohibición. Su organización promueve la adopción de prácticas alternativas de iniciación que no generen daño a las mujeres y permitan al mismo tiempo preservar las tradiciones.

Sierra Leona está entre los pocos países africanos que aún no han legislado contra la ablación, junto a Chad, Liberia, Malí, Somalia y Sudán.  Pero el problema trasciende el plano legal: a pesar de que la Unión Africana prohibió la MGF en 2016, y de que múltiples estados la persigan, la práctica continúa persistiendo por su fuerte arraigo cultural. Por otro lado emergen nuevos fenómenos, como la MGF en centros hospitalarios, una actualización de la tradición que supone un desafío para los Estados.

Sudán

Después de varias semanas de continua movilización, no parece que el pueblo sudanés esté dispuesto a retirarse de las calles. En este país del Sahel, una insurrección que arrancó en la ciudad de Atbara —población ubicada en el noroeste del país de fuerte tradición contestataria— como consecuencia de la subida del precio del pan, se extendió por todo el territorio. Manifestaciones, huelgas de profesores y doctores, concentraciones de solidaridad en muchas de las capitales del mundo donde reside parte de la gran diáspora sudanesa, la revuelta se convirtió en una exigencia masiva por el fin del régimen.

El presidente Omar Al Bashir, en el poder desde 1989, se ha resistido desde el inicio a tomarse en serio las protestas, que han sido duramente reprimidas por las fuerzas armadas, dejando un saldo de decenas de muertos y cientos de heridos. El pasado domingo 27 de enero, desde el Cairo, arropado por su aliado, el presidente egipcio Abdelfatah al Asisi, deslegitimó a quienes llevan semanas exigiendo su renuncia, acusándoles de intentar emular las primaveras árabes aún sabiendo cómo acaban estas. El pulso, de momento se mantiene, mientras el país sigue hundiéndose en una crisis económica que ahoga a la población.

Zimbabwe

También la represión se ha cebado con la población de Zimbabwe, donde fueron numerosos los muertos, detenidos y heridos después de las revueltas que iniciaron el 14 de enero en la capital, cuando el gobierno del presidente Emmerson Mnangagwa ordenó una subida del precio del petróleo del 130%. Las protestas, que se convirtieron en una huelga general que duró tres días, fueron contestadas con una campaña organizada en la que las fuerzas de seguridad se enfrentaron a la población con munición real.

Curtido en la lucha anticolonial, Mnangagwa estuvo a la sombra de Robert Mugabe, hasta que este fue destituido en 2017 por un golpe de estado. Al aliarse con los golpistas, el político tomó la presidencia que convalidó en verano de 2018 con poco más de la mitad de los votos. Por su astucia política es conocido como Ngwena que significa “el cocodrilo”. Según publicaba The Guardian ayer 29 de enero, el mandatario habría perdido el control de parte de su partido, que ha fomentado la continuidad de la campaña represiva, que se ha traducido en la persecución de activistas en las semanas posteriores a la protesta.

Camerún

A Paul Biya, que lleva al frente de Camerún desde 1982, tampoco le está resultando fácil dejar el poder. Tras las elecciones del pasado octubre donde renovó su mandato, la tensión no ha parado de crecer. En las últimas semanas, los seguidores del candidato opositor, Maurice Kamto, del Movimiento por el Renacimiento de Camerún, han incrementado las protestas en las que impugnan su mandato y denuncian la su intención de legar la presidencia del país a su hijo Frank. La noche del 27 de enero ocuparon las embajadas camerunesas en París y Berlín.

Mientras las cifras oficiales de los comicios dieron un 71% a Biya frente a Kamto, que habría alcanzado un 14% de los votos emitidos, este último, señalaba un conteo alternativo por el cual habría obtenido un 39%, un punto más que el 38% que, siempre según este escrutinio, habría alcanzado el presidente.

Ayer, 29 de enero, Kamto y otros miembros de su partido fueron detenidos en las ciudades de Duala y Yaundé. En el trasfondo de la crisis política, está el precario estado de la economía atravesada por un elevadísimo paro juvenil, junto al desafío a la integridad territorial planteado por el noroeste y suroeste del país, anglófono, frente a la mayoría de la población que estuvo bajo dominio francés.

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