Adicciones
El soma tecnológico

Uno de cada cinco jóvenes españoles realiza un uso abusivo de las nuevas tecnologías asociado al bajo rendimiento académico y la depresión, según datos oficiales. La sociedad se niega a oír hablar de riesgos de unas tecnologías de la comunicación a las que está enganchada.

No piques
El 21% de los jóvenes españoles entre 14 y 18 años usa de manera abusiva las tecnologías de la información, según la encuesta Estudes. Álvaro Minguito

publicado
2019-05-01 06:01

En su película Días de radio, Woody Allen hace una crónica sentimental de sus primeros años en Brooklyn. El film pone de relieve la influencia que el fenómeno radiofónico tuvo en su infancia. En su otra película, La rosa púrpura de El Cairo, el director neoyorquino narra como el cine sirve de válvula de escape para una camarera que lleva una vida gris e insatisfactoria. La radio y el cine, en las décadas de los 30 y 40, son descritos como vehículos para la evasión y la fantasía de los protagonistas. Estos films en tono de comedia nos cuentan como los medios de comunicación no solo informan, sino que permiten crear un universo paralelo en la mente de los oyentes y espectadores.

Hasta el comienzo de la televisión, la radio y el cine significaron además de la apertura de la mente, un gran placer y consuelo para las masas que a veces vivían en situaciones difíciles. De este placer y consuelo a la necesidad compulsiva o adicción que proporciona el “producto” solo hay un par de pasos. De la “apertura de la mente” a la deformación de la visión de la realidad hay poca distancia. Hemos de tener en cuenta que estos productos audiovisuales se diseñaban principalmente para satisfacer y no para proporcionar cultura o mejorar el saber de los consumidores.

Sin embargo, escuchar la radio ocupaba un solo canal perceptivo y permitía al mismo tiempo atender a tus quehaceres, y el cine era un momento y lugar acotado que no duraba más que unas pocas horas a lo largo de la semana. Así pues, aunque estas actividades contemporáneas de escuchar la radio y asistir al cine ya tuvieron un impacto en la mentalidad de las nuevas generaciones, no se consideró que implicasen un peligro para los individuos.

No sabemos desde cuando en el hombre se producen las adicciones. En el reino animal los etólogos no han observado el fenómeno. Sin embargo, los científicos sí han conseguido por medio de altas recompensas establecer este tipo de comportamientos en ratas de laboratorio.

Las primeras nociones históricas las tenemos primero con el opio y luego con sustancias sintéticas como la heroína y la cocaína. Quizás la clave precisamente esté en que se den unas circunstancias que posibiliten la disponibilidad de las sustancias adictivas. Al hablar de disponibilidad no quiero apoyar posturas prohibicionistas que se han demostrado inefectivas, ni restar importancia a los aspectos culturales, sociales y psicológicos en los seres humanos; no en vano algunos estudiosos de las drogas destacan que la diferencia en el impacto que tienen dos sustancias tan parecidas químicamente como el crack y el aderall son los factores psicosociales.

Aunque las adicciones se han asociado comúnmente con ciertas drogas, en realidad pueden producirse en relación a cualquier actividad que proporcione placer o una recompensa. En ese sentido, más recientemente se ha hablado de adicción al trabajo, adicción al sexo, adicción a la comida —bulimia— y, sobre todo, de adicción al juego. Llama no obstante la atención que en su momento no se clasificase la adicción a la televisión y que a pesar de su tendencia a catalogar conductas como patológicas, el DSM5 no haya caracterizado la adicción a internet o la adicción al teléfono móvil.

Llega la TV

Cuando llegó la televisión la situación respecto de la influencia de los medios audiovisuales en las personas cambió. La radio ocupaba solo un canal perceptivo y el cine era una actividad acotada, sin embargo la televisión se encontraba plenamente accesible y captaba toda la atención. Los expertos realizaron recomendaciones sobre el tiempo máximo de televisión diaria para los niños, pero las distintas encuestas constataron que los tiempos frente a la pantalla excedían con mucho dichas recomendaciones.

La televisión constituía un excelente negocio y un poderoso medio para colonizar las conciencias, de modo que no hubo interés en informar sobre los riesgos de su consumo excesivo. Desgraciadamente, la propuestas comerciales y dependientes de los anunciantes se fueron imponiendo sobre los usos sociales y educativos en el nuevo medio de comunicación. Algunos filósofos inclusive han llegado a afirmar que la televisión, que se ve y escucha pasivamente, inculcó en las nuevas generaciones una actitud pasiva muy conveniente a las instancias de poder.

Según Estudes, el 21% de los jóvenes españoles entre 14 y 18 años usa de manera abusiva las tecnologías de la información

En el tema de la salud respecto de los nuevos medios de comunicación hubo bastante poca información. Sobre el efecto de la radiación proveniente de la pantalla del televisor prácticamente no se realizaron investigaciones, considerando que se trataba de un elemento al que estaba expuesto toda la población durante varias horas al día.

Sobre las estaciones emisoras de radio y televisión no fue hasta los años 80 que hubo investigaciones sobre sus efectos en la salud y las que se realizaron se pueden considerar testimoniales a pesar de que encontraron aumentos en la incidencia de cáncer en torno a las mismas. Como dato anecdótico podemos citar un estudio realizado alrededor de la potente emisora de radio Vaticano publicado en 2002 en el que se encontró un aumento de leucemia infantil hasta en un radio de 6Km; de modo que la radio católica además de fe y esperanza a los ciudadanos europeos también llevó el cáncer a los hogares cercanos a su antena.

Móviles y cáncer

La llegada de la telefonía móvil significó un nuevo panorama en relación a la salud, puesto que los terminales se convirtieron en emisores de radiación, utilizados además pegados al cerebro; así que el aumento de cáncer alrededor de las antenas de radio y televisión se convirtió en un aumento de cáncer en todos los usuarios, como pudieron constatar los estudios epidemiológicos sobre tumores cerebrales que llevaron a la IARC, a pesar de los manejos del lobbie de la industria, a clasificar a la radiación de radiofrecuencia de telefonía como posible carcinógeno en 2011.

Con el desarrollo y la popularización de internet la situación respecto a la influencia del nuevo medio de comunicación volvió a cambiar. En el lado positivo de la nueva tecnología podemos considerar la amplitud de la oferta y su interactividad; el internauta tiene una mayor participación en la elaboración y elección de los contenidos en comparación con el pasivo televidente. En el lado negativo de internet está su gran capacidad para ofrecer “recompensas”, que aumenta con mucho su potencial adictivo.

Por supuesto, la web global tiene enormes posibilidades culturales y educativas, pero una vez más, por desgracia, el uso habitualmente se realiza para el entretenimiento y está diseñado desde las páginas más populares para “capturar” al usuario y rentabilizar comercialmente su presencia. Desde el punto de vista político o ideológico, internet ha ofrecido algunas ventajas como la posibilidad de publicar con facilidad, pero más bien se ha convertido en un terreno en el que triunfa la desinformación y los usuarios se mueven en “microcosmos” que retroalimentan su punto de vista.

Abuso

El relativo problema que representaba el abuso de la televisión, se ha ido convirtiendo en un problema mayor con el desarrollo y la accesibilidad de internet. Según datos de la última Encuesta estatal sobre uso de drogas en enseñanzas secundarias (ESTUDES), realizada en 2017 entre 35.000 estudiantes, el 21% de los jóvenes españoles entre 14 y 18 años usa de manera abusiva las tecnologías de la información. Esta cifra ha crecido un 4.6% respecto de la anterior encuesta realizada dos años antes. Estos datos en aumento pueden ser la punta del iceberg respecto del estado real de “enganche” de la población a su teléfono móvil, su tablet, internet o la televisión.

La situación podría considerarse alarmante, puesto que el abuso de las nuevas tecnologías se relaciona con bajo rendimiento académico, comportamientos compulsivos, infelicidad, depresión, problemas del sueño e inclusive suicidio; pero a pesar de que hay algunas voces alertando de los distintos riesgos, no hay información clara ni medidas destinados a atajar un problema que tiende a empeorar.

Cuando se aprobó la ley antitabaco en España en 2006 hubo bastante rechazo social. Desde las tribunas periodísticas se apelaba a la libertad individual y se avisaba del daño que sufrirían los negocios hosteleros. Sin embargo, la sociedad se adaptó y los resultados dieron la razón a la nueva normativa que no fue retirada por siguientes ejecutivos. Parte de esa resistencia a la nueva ley que defendía la salud de los no fumadores procedía de los adictos al tabaco, que no querían verse en la tesitura de tener que abandonar su adicción. Había hecho falta medio siglo para que los fumadores fueran debidamente informados y aún más tiempo para que las personas expuestas al humo del tabaco fueran protegidas.

Se realizan similitudes entre la radiación de las telecomunicaciones y el humo del tabaco, tanto por ser sustancias cuyo riesgo ha pasado inadvertido, como por tener un poderoso lobbie industrial que ha ocultado la peligrosidad del producto. Si la información y la defensa de la salud tardó mucho en llegar para el tabaco, no parece cercano el momento en que se informe y se tomen medidas sobre los aspectos de salud en relación a las nuevas tecnologías de la telecomunicación; tanto porque son un poderoso negocio que manipula a la ciencia y a las administraciones, como por servir de herramientas de difusión de ideología que el poder considera útiles, como sobre todo por haber conseguido convertir en adictos a una mayoría de la población que se rebela ante las informaciones acerca de los riesgos de su “sustancia” adictiva.

La tecnología de alguna manera imita a la naturaleza. La cámara fotográfica replica el ojo, y el micrófono y los altavoces a la voz y el oído. En su complejidad los aparatos fabricados por el hombre reproducen funciones cada vez más trascendentes. El ordenador personal se asemeja a la mente. La conectividad que nos ofrece internet y la telefonía tiene reminiscencias con los vínculos telepáticos y sincrónicos que tenemos entre sí todos los seres humanos, y el acceso a la Inteligencia artificial remite a una conexión más profunda con el saber que proviene de lo psíquico y lo espiritual. Lo triste es que cuanto más nos conectamos externamente, menos capaces parecemos de conectarnos internamente; cuanto más disfrutamos de los sucedáneos tecnológicos, menos nos conectamos con el 'todo', con nuestra esencia, con la naturaleza, con lo trascendente. Cuanto más hambrientos estamos de 'ser' menos lo encontramos en estos sustitutos tecnológicos.

Algunas películas de ciencia ficción como Ready player one, nos relatan un futuro depauperado en el cual la población sobrevive enganchada a la realidad virtual. No sabemos cuánto mejorarán las interfaces hombre-máquina para aproximar lo virtual a la experiencia “real”; pero puede que esa sociedad escapista mediante lo digital no quede tan lejana.

“Todo está escrito”. Hace cuatro siglos Cervantes inauguró una nueva forma de narrar en la que abordaba el problema de la evasión de la realidad por medio de la fantasía. No me atreveré a considerar la realidad como un suceso objetivo y empírico como hacen algunos cientifistas, pero sin embargo afirmaré que si el noble hidalgo enloqueció leyendo novelas de caballerías, la sociedad actual se encamina al precipicio con la pantalla de las nuevas tecnologías en su retina.

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3 Comentarios
#33863 23:03 4/5/2019

Buenísimo

Responder
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0
#33734 24:42 1/5/2019

Joder... me ha dado un zasca ahora mismo que no veas...
Gran reflexión

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0
#33686 9:12 1/5/2019

Breve reflexión de 6 minutos sobre esta sociedad y las redes sociales: https://www.youtube.com/watch?v=0kNVmqTW5gs Si encima le suman la televisión basura y los debates crispados... no se a donde vamos.

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