1492: La guerra justa colonial y la creación del indio (del otro y la alteridad)

La colonialidad del ser para el indígena podría ser entendida como la manera impuesta de no sentir la existencia, de intentar sobrevivir con su deshumanización y bajo un racismo estructural inherente al régimen de 1492.

"América"
América. Grabado de Jan van der Straet (ca.1600) describe el "bien vendido descubrimiento"

publicado
2017-10-12 09:02:00

"Serían buenos sirvientes... 
Con cincuenta hombres podríamos subyugarlos y que hicieran lo que quisiéramos". 

12 y 14 de Octubre de 1492 del diario de Cristóbal Colón 

Tampoco queremos prolongar la sociedad colonial actual, 
la más malvada que jamás se haya podrido bajo el sol. 
Precisamos crear una sociedad nueva, con la ayuda de todos los hermanos esclavos, 
enriquecida por toda la potencia productiva moderna, cálida por toda la fraternidad antigua.” 

Aimé Cesáire 

1492 es una falacia. El año de nuestra creación es el año de nuestra desaparición. 525 años después continuamos defendiendo la importancia de entender nuestra historia porque ella aún no ha sido reconocida. Y esto nos duele, pero también nos alienta a defender nuestra existencia política con una tarea concreta, el des-cubrimiento del ego blanco europeo constitutivo de la modernidad.

1492 da comienzo a una historia que marca un abismo en nuestra memoria histórica, ya que se convirtió en la historia de dominación del hombre blanco moderno colonial, quién quiso vencer, violar y controlar otros cuerpos, a la alteridad. La historia de destrucción del mundo del “otro” se hizo en nombre del mundo moderno, un mundo supuestamente más justo, un proyecto civilizatorio. Es la Modernidad que crea a Europa y al ser colonial imperial blanco capitalista patriarcal como su máximo representante y quien continúa teniendo el poder de negar la dignidad y la humanidad de los otros.

El mito de la hazaña de Cristóbal Colón, primer hombre moderno y quizás creador de la colonialidad, se des-cubre en la introducción violenta de procesos como la deshumanización y la racialización del indio, el despojo de sus tierras, la acumulación de sus “bienes”, su sometimiento para producir plusvalía llevándolos casi a su exterminio, la violación sistemática de niñas y mujeres indígenas, la expansión patriarcal heterosexual cristianocéntrica, la relación binaria que coloca al humano sobre la naturaleza y el eurocentrismo de carácter universal.

Las crónicas escritas, cuales han sido encubiertas por la epistemología blanca eurocéntrica, a penas nos brindan un acercamiento a una historia colonial de brutalidad y devastación. Fray Bartolomé de las Casas, Obispo de Chiapas y autor de la Brevísima relación de la destrucción de las Indias, escribe:

“... entraron los españoles (…) Y otra cosa no han hecho de cuarenta años a esta parte, hasta hoy, e hoy en este día lo hacen, sino despedazarlas, matarlas, angustiarlas, afligirlas, atormentarlas y destruirlas por las extrañas y nuevas e varias e nunca otras tales vistas ni leídas ni oídas maneras de crueldad, de las cuales algunas pocas abajo se dirán, en tanto grado, que habiendo en la isla Española sobre tres cuentos de ánimas que vimos, no hay hoy de los naturales de ella docientas personas… Una vez vide que, teniendo en las parrillas quemándose cuatro o cinco principales y señores (y aun pienso que había dos o tres pares de parrillas donde quemaban otros), y porque daban muy grandes gritos y daban pena al capitán o le impedían el sueño, mandó que los ahogasen, y el alguacil, que era peor que el verdugo que los quemaba, no quiso ahogarlos, antes les metió con sus manos palos en las bocas para que no sonasen y atizoles el fuego hasta que se asaron de despacio como él quería. Yo vide todas las cosas arriba dichas y muchas otras infinitas.”

De las Casas explica también como el repartimiento y la encomienda serían prontamente utilizadas para subyugar al pueblo indígena bajo el argumento de impartir la fe cristiana e hispanizarlo. Estos modelos de esclavitud y su carácter institucional colonial demuestran la dimensión racial del capitalismo, uno de los múltiples aspectos de las lógicas de poder del proyecto de la modernidad que mostrará su lado más decadente en la práctica sistemática deshumanizadora mercantilista/esclavista de la población negra extendida a través del Atlántico.

Se hará imposible – y tampoco deseamos- narrar la larga historia colonial y todas sus atrocidades, que sólo en el caso del Abya Yala, duraría más de tres siglos. Los pueblos indígenas serán evidentemente unos de los primeros en ser colonizados y dominados en todos los niveles posibles. Sin embargo, es necesario comprender que en 1492 España venía construyendo los fundamentos del racismo moderno con la creación de una identidad racial y religiosa europea que causaría la negación y expulsión de musulmanes y judíos de la Península Ibérica, como bien señala Hatem Bazian. Y, a más tardar, en 1499 el racismo antigitano - también producto de la modernidad - queda expuesta con la promulgación de la primera prágmatica contra la población gitana por los Reyes Católicos en España, como lo describe Helios F. Garcés.


El colonialismo europeo instaura una jerarquización que atravesará toda expresión de vida subjetiva, política, epistemológica, sexual y económica. La idea de raza se instaura como patrón de poder y principio organizador que estructurará todas las demás jerarquías del sistema global actual. En la primera modernidad la clasificación racial codifica el fenotipo blanco del hombre europeo asociándolo con una capacidad natural para pensar, lo que le garantiza su superioridad sobre el indio y más tarde sobre el resto de la pirámide jerárquica de castas.

Mientras en España, a mediados del siglo XVI, se debatía sobre la justicia de la guerra en contra de los pueblos que habitaban el Abya Yala, una nueva subjetividad ya había sido creada. Una subjetividad animalizada, sin alma, y a disposición de lo que sería un nuevo mundo a partir de la modernidad. El indio.


A pesar de que el Papa Pablo III, en su bula Sublimis Deus en 1537 – instrumento de conquista para la monarquía española - declara que: “los indios son verdaderos hombres y que no solo son capaces de entender la fe católica, sino que, de acuerdo con nuestras informaciones, se hallan deseosos de recibirla”, la animalidad del indio y la existencia de su alma continuaba en cuestión.
En 1550 Bartolomé de las Casas debatía en la Junta de Valladolid con el jurista y humanista español Juan Ginés de Sepúlveda en torno a la humanidad indígena y la legitimidad de la invasión de sus pueblos. Según Sepúlveda, los indios serían esclavos por naturaleza y defendía así, la justa causa de la guerra colonial, lo que llevaría consigo la pérdida de su libertad y el despojo lícito de sus bienes.

Si la humanidad del indio, le fue reconocida - “en teoría” - fue solo para justificar las atrocidades de la colonización. Desde un paradigma eurocéntrico, la modernidad y el ego del hombre blanco colonial salvaba al indio de su deshumanización permitiéndole la posibilidad de “ser civilizado” como él. Puede resultar doloroso des-cubrir que la humanidad del indígena no fue – y continua siendo - más que un argumento creado a favor de la civilización y la dominación política del hombre blanco moderno. Ese argumento se transformaría en la idea que la subyugación ejercida sobre “el otro” es en realidad su emancipación. El indio está condenado a ser inferiorizado por el blanco autodefinido como superior. La cultura del indio es presentada como subdesarrollada y está condenada a ser modernizada. El indio será condenado a ser el culpable de su propia colonización. El blanco ya no es victimario, es salvador. La guerra colonial es justa y la guerra justificada significa su naturalización. Las nuevas subjetividades colonizadas, productos de las guerras que vendrán, serán las nuevas categorías de los condenados de la tierra.


El nuevo mundo que se crea en 1492 será un sistema que coloca el ego moderno blanco europeo como señor del mundo, como la voluntad del poder y no es una metáfora. El pecado originario de la modernidad recae en la negación del “Otro sagrado” y su cosificación como un mero instrumento dentro del mundo de la dominación nord-atlántica, diría Dussel. La colonialidad se instala en el origen mismo del mito de 1492 y sobrevive al colonialismo a pesar de los procesos de decolonización institucional. Des-cubriremos que la deshumanización y el despojo de la dignidad de las comunidades indígenas y racializadas no se podrá recuperar de la noche a la mañana a través de la instauración de nuevos regímenes independientes. La colonialidad del ser para el indígena podría ser entendida como la manera impuesta de no sentir la existencia, de intentar sobrevivir con su deshumanización y bajo un racismo estructural inherente al régimen de 1492.

El racismo es, entonces, intrínseco a la idea de Europa y por lo tanto Europa no se puede pensar como un proyecto sin culpa. Europa no nació para decir nunca más a la deshumanización, Europa nació sobre la deshumanización de las poblaciones colonizadas. Europa, después de más de 500 años, continúa siendo reproductora de la supremacía blanca, moral e imperialista. Sí, “es en el nombre del espíritu de Europa, que Europa ha usurpado, ha justificado sus crímenes y legitimado la esclavitud en la cual retiene a cuatro quintos de la humanidad”, reconocería Fanon. Pero también nos dirá que debemos encontrar algo diferente. La decolonialidad sería el camino para superar la repugnante subjetividad moderna y la diferencia colonial creada desde una sociedad que escogió el camino de la muerte.

Hoy son las izquierdas blancas quienes reproducen esa supremacía, aún así con sus buenas intenciones de lucha contra las nuevas formas de fascismo. Esas nuevas formas no aparecieron de la noche a la mañana, sino que han reciclado prácticas racistas y coloniales, que protegen bajo el capitalismo neoliberal del Estado. Eso no significa que el auge de la extrema derecha no nos preocupe, es más, conocemos bien su violencia y nos duele.

Pero probablemente hoy, las comunidades racializadas poscoloniales seremos invisibilizadas por la izquierda blanca, porque aún no han reconocido su complicidad en el mantenimiento del nuevo orden creado en 1492, ni mucho menos nuestra humanidad en la diferencia. Saldrán a la calle sin reconocer al enemigo principal. Debemos cuidar constantemente que su intervención en nuestros espacios de lucha no sea eurocéntrica ni colonial. El diálogo con la izquierda blanca será un diálogo asimétrico hasta que reconozcan que los fundamentos de ese diálogo recaen en una historia de dominación, explotación y devastación eurocentrista que los sitúa en una posición estructuralmente privilegiada.

Ya ven, es inevitable retroceder a 1492, si queremos entender las opresiones estructurales que afectan a las comunidades provenientes del Abya Yala, a las negras, moras-musulmanas y gitanas, aquí y ahora en el Estado Español, ni que decir en Europa.

Es inevitable entender la colonialidad, como heredera del colonialismo e intentar superar la lucha anticolonial. La respuesta a la colonialidad exige ir más allá, abrazar la decolonialidad, entendida como un proceso cuidadoso, que aspira al fin de la violencia sistémica del proceso civilizatorio y una forma de ser que definió la modernidad hace 525 años, y amoroso, porque busca reconocer, desear y reconectar con el otro, con el indio, con la alteridad para terminar con la naturalización de la guerra que aún perdura.

Nosotras, las comunidades racializadas dentro del territorio español somos herederas de las luchas indígenas por el reconocimiento de su humanidad y dignidad, independientemente del momento en el que 1492 atravesó nuestras subjetividades o los territorios, de donde provenimos.

España tiene una historia colonial, y un presente, que se materializa en el sistema ideológico, político, institucional y de explotación racista e imperialista y que afecta a todos sus indígenas.

El proceso histórico de decolonización no ha terminado. La decolonización significa romper con el mito de la modernidad y el eurocentrismo. La decolonización nos reta, nos da la fuerza y la alegría para comenzar un reconocimiento sincero de nuestras posiciones subjetivas hermanadas. El sistema-mundo que conocemos y habitamos descansa sobre la supremacía blanca, heredera del genocidio y de los procesos de dominación sobre otras comunidades no-europeas y racializadas, es un sistema político que siempre estará dirigida en contra de ellas, en contra nuestra. Por eso la decolonización es una lucha antisistémica y un cambio de ética. La decolonización no significa "diversidad" ni “integración”, significa crear acciones políticas cuyos objetivos sean desaparecer por completo esas palabras de nuestros imaginarios. La decolonización es una lucha por recuperar la humanidad de la que hemos sido despojadas y aquí, esto implica romper la continuidad colonial del Estado Español. El año de nuestra reaparición, será el año de nuestra aparición política.

12 de Octubre de 2017, Reino de España, Europa. 


4 Comentarios
Anónima 14:30 16/10/2017
Excelente articulo
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Anónima 19:35 12/10/2017
Qué necesario este texto hoy y cada día, muchas gracias Natalí!
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Anónima 17:59 12/10/2017
Potentísimo artículo que desvela la cara real de la Europa colonizadora, no solo desde su nacimiento sino también hoy día. ¡BRAVO!
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Anónima 10:58 12/10/2017
A ver si ahora la esclavitud resulta que fue inventada por El Reino de España con El Descubrimiento. En aquella época creo que el mundo ya estaba lleno de siervos y esclavos a los dos lados del Atlántico. Otra cosa que el fenómeno se intensificara con las tecnologías hasta límites insospechados, que creo que tubo su culminación en el Congo belga.
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