Yemen
Las ambiciones de Emiratos Árabes en Yemen desencadenan una “guerra civil dentro de la guerra civil”
En el archipiélago de Socotra han desaparecido todas las banderas de Yemen, el país al que oficialmente pertenece. En la entrada de los edificios oficiales, en el uniforme de policías y soldados, en las pegatinas adheridas a los coches, e incluso en el principal estadio de fútbol del país, la enseña nacional ha sido sustituida por otra que incluye una franja triangular azul celeste con una estrella roja en el centro. Se trata de la bandera de Yemen del Sur, la antigua república socialista que existió entre 1967 y 1990, entre la descolonización británica y la unificación del país. La guerra civil que estalló en el 2015, y que sigue ahora produciéndose a baja intensidad, ha fragmentado Yemen en tres gobiernos. El ejecutivo que controlaba, hasta hace apenas unas horas, una franja en el sur, con el apoyo o incitación de los Emiratos Árabes Unidos (EAU), apuesta por impulsar la independencia y volver a las fronteras previas a 1990. Ayer, 4 de enero, y con el respaldo de Arabia Saudí, el gobierno yemení recuperó las gobernaciones de Hadramout y al-Mahra del Consejo de Transición del Sur (CTS), de talante secesionista y apoyado por los Emiratos Árabes Unidos. También recuperó el control del puerto de Mukalla. .Estos enclaves habían sido ganados por el CTS en diciembre.
Aziz Alggashian: “Antes EAU se conformaba con ser un hub logístico regional en Oriente Medio, pero recientemente, ha querido elevar su influencia y proyectarse en África”
El caso de Yemen no es único. En otros países árabes, como Sudán y Somalia, Abu Dhabi ha prestado un apoyo militar y logístico clave a movimientos rebeldes que desafían a los gobiernos reconocidos como legítimos por la comunidad internacional. De hecho, en estos países existen estructuras gubernamentales paralelas en regiones que escapan a cualquier tipo de control del Estado, lo que equivale a una fragmentación del país. Según los expertos, el apoyo de Emiratos responde a una estrategia para convertirse en una potencia regional. “Antes, EAU se conformaba con ser un hub logístico regional en Oriente Medio, pero recientemente ha querido elevar su influencia y proyectarse en África, controlar puertos estratégicos y el comercio de minerales claves para el desarrollo de la inteligencia artificial. Y para eso es útil el apoyo a las milicias rebeldes”, sostiene el analista político saudí Aziz Alggashian.
Acusaciones de terrorismo y petróleo
En una plaza del centro de Hadibo, la capital de Socotra, situada en el Océano Índico, a medio camino entre Somalia y Yemen continental, están instaladas de forma permanente una carpa y una plataforma con pancartas reclamando la independencia de Yemen del Sur. Cada tarde se concentran cientos de personas entre discursos, bailes y consignas a favor de la secesión. El cántico más popular entona: “¡Con nuestra alma, con nuestra sangre, nos sacrificaremos por el [Yemen del] sur!”. “Esta es una concentración indefinida por nuestra independencia. No nos vamos a ir de la plaza hasta que lo logremos. La comunidad internacional debe escucharnos”, proclama Mukhtar Hanqasi, responsable de una ONG caritativa islámica muy bien conectada con el gobierno de Socotra.
En 2019, la presión de Abu Dhabi forzó la dimisión del gobernador de Socotra, que ahora es Refaat Ali, afín a los Emiratos. Su jefe de gabinete, Fahmi al-Thaqly, define las relaciones entre ambos territorios como de “hermandad”, y asegura que así son desde hace siglos. En cambio, es muy crítico con el gobierno de Yemen. “Su gobierno patrocina el terrorismo en el sur por parte de milicias tribales. En el sur queremos la paz, y no un sistema basado en las tribus”, remacha al Thaqly. Entre los independentistas, se argumenta también que desde la unificación, Saná ha ignorado las necesidades del sur al tiempo que explotaba sus recursos, entre ellos, sus yacimientos de petróleo.
Aunque la secesión de Yemen del Sur no está en la agenda internacional, no es una simple quimera. Su gobierno, el Consejo Transicional del Sur (CTS), creado en 2017, ya ostenta un control considerable de buena parte de las cinco provincias de la antigua república socialista. El CTS, apoyado por Emiratos, formaba parte de la alianza que apoyaba al gobierno de Yemen en su lucha contra los houthis, la milicia chií que dio un golpe de Estado en 2014 y que desde entonces rige la capital, Saná, y la práctica totalidad del norte del país.
Una guerra civil dentro de la guerra civil
El conflicto en esta nación árabe no puede entenderse sin la intervención y las ambiciones de sus vecinos, especialmente Arabia Saudí y Emiratos Árabes. Dada la afinidad de los houthis con Irán, enemigo histórico de Arabia Saudí y Emiratos, estos dos países decidieron intervenir militarmente en su país vecino con el objetivo de sostener el gobierno depuesto por los houthis, que entonces se trasladó a Riad. Se iniciaba así un conflicto armado que ha devastado al país. Algunas estimaciones sitúan las muertes provocadas por la guerra en más de 300.000 y, según Naciones Unidas, cerca de 20 millones de personas, un 60% de la población, necesita ayuda humanitaria para sobrevivir.
Las tensiones entre ambos países escalaron hace unos días, cuando el gobierno de Yemen, afín a Riad, bombardeó un almacén en el puerto de Mukalla
La incapacidad de la alianza anti-houthi para recuperar el control del país ha desembocado en una agria ruptura entre Riad y Abu Dhabi, que ahora compiten por la hegemonía en la Península Arábiga. Las tensiones entre ambos países escalaron hace unos días, cuando el gobierno de Yemen, afín a Riad, bombardeó un almacén en el puerto de Mukalla, en el sur de Yemen, donde supuestamente había un cargamento de armas, varios vehículos de combate y municiones que habrían traído dos buques emiratíes el día anterior y destinadas a la milicia del CTS. En las horas siguientes, Emiratos anunció la retirada de sus tropas de Yemen, y el pasado viernes 2 de enero, el gobierno yemení lanzó una contraofensiva contra el CTS en la provincia de Hadramaut con el apoyo del ejército saudí. “Está empezando una especie de guerra civil dentro de la guerra civil, lo que es muy peligroso para el futuro de Yemen”, apunta Alggashian.
La injerencia de Emiratos en Sudán
De todas las injerencias de Emiratos en la región, quizás aquella con unas consecuencias más nocivas es la que se está llevando a cabo en Sudán. Si bien Abu Dhabi siempre ha negado públicamente haber dado apoyo militar y logístico a las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR), el grupo paramilitar que controla buena parte del sur del país y que está acusado de graves crímenes de guerra, las evidencias son innegables. Así lo han concluido tanto los servicios de inteligencia de Estados Unidos, como Naciones Unidas, y ONG como Amnistía Internacional. El año pasado, el diario The New York Times reveló que Emiratos Árabes estaba utilizando una base militar en el país vecino de Chad para proporcionar armamento a las FAR de forma encubierta, ya que oficialmente la instalación está dedicada a hacer llegar ayuda humanitaria a Sudán.
Desde el inicio de la conflagración en Sudán, en abril de 2023, se estima que las víctimas mortales podrían superar las 150.000, y los refugiados y desplazados se acercan a los 15 millones de personas
Sin el respaldo de Abu Dhabi a las FAR, la guerra civil entre los paramilitares y el Ejército de Sudán difícilmente habría causado tantos estragos. Desde el inicio de la conflagración, en abril de 2023, se estima que las víctimas mortales podrían superar las 150.000, y los refugiados y desplazados se acercan a los 15 millones en un país de 45 millones de habitantes. La cifra podría aumentar sensiblemente una vez se evalúe el impacto de la reciente y sanguinaria toma por parte de las FAR de la ciudad de el-Fasher, en Darfur, que algunas voces han calificado de “genocidio”. Entre los intereses de Abu Dhabi en Sudán está la explotación de las minas de oro del sur del país. No en vano, este es el negocio que ha convertido en multimillonario el clan del líder de las FAR, Mohamed Hamdan Dagallo, conocido como “Hemedti”.
Intervenciones en Libia, Somalilandia y Puntlandia
La intervención emiratí en Yemen y Sudán se ha inspirado en su experiencia en Libia, la primera de este tipo. Allí, respaldaron a un ambicioso general, Khalifa Hafter, que tras forjar una alianza con varias milicias locales aspiraba a hacerse con el control del país. De momento, Hafter ha fracasado en su intento, pero ha logrado establecer una estructura militar y administrativa en el este de Libia que goza de una independencia de facto.
Por último, los tentáculos de Abu Dhabi también han alcanzado Somalia. En este caso, el líder emiratí, el jeque Mohamed Bin Zayed, aspira a tomar posiciones en el golfo de Adén, la puerta de entrada al Mar Rojo y el Canal de Suez. Después de evaluar que su asociación con el Gobierno de Mogadiscio no era suficientemente fructífera, optó por pasar a respaldar a las regiones de Somalilandia y Puntlandia, que desde hace más de dos décadas cuentan con un gobierno independiente, aunque no reconocido por la comunidad internacional. En ambos países, Emiratos ha construido bases navales.
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