Venezuela
La guerra de las notas: una milicia de dos millones frente a los 5.000 soldados de John Bolton

El presidente de la Asamblea Nacional Constituyente, Diosdao Cabello, responde con una nota al desliz de John Bolton. Estados Unidos y sus aliados intentan asfixiar al Gobierno de Maduro y calientan motores para una intervención con un equipo de expertos en la guerra sucia. 

Diosdao y John Bolton
El presidente de la Asamblea Nacional Constituyente, Diosdao Cabello, y el consejero de Seguridad Nacional de EE UU, John Bolton.

El 29 de enero, el consejero de Seguridad Nacional de EE UU, John Bolton, reveló parte de la estrategia del Gobierno de Donald Trump en la crisis venezolana. “5.000 soldados en Colombia”, se podía leer en su cuaderno de notas. Cuando le preguntaron por el significado de estas palabras se limitó a repetir el mantra de la última semana: “Todas las opciones están sobre la mesa”.

La respuesta del Gobierno venezolano no se hizo esperar. Este miércoles 30, en el programa de televisión Con el Mazo Dando, conducido por el presidente de la Asamblea Nacional Constituyente, Diosdao Cabello, este político dejó ver una nota —bastante más visible que la de Bolton— donde se podía leer: “2.000.000 milicia listos”.

Sobre la frase, se podía leer otra anotación, bastante más críptica que la primera, al menos para las personas no iniciadas en la historia latinoamericana: “Rondón no ha peleado”.Juan José Rondón era un héroe de la independencia venezolana. Durante la batalla del Pantano de Vargas, fechada el 25 de julio de 1819, las tropas españolas llevaban la delantera y el libertador Simón Bolívar hizo llamar a Rondón.

—Coronel, salve usted a la patria —al parecer le dijo Bolívar.
—Es que Rondón no ha peleado todavía —le respondió.

Tambores de guerra

Ese 29 de enero, John Bolton comparecía para anunciar una nueva batería de sanciones al Gobierno de Venezuela, entre ellas el congelamiento de activos por valor de 11.000 millones de dólares de la empresa petrolera estatal venezolana PDVSA. Una medida que se suma al rechazo del Reino Unido a permitir que el Gobierno de Nicolás Maduro retire 1.200 millones de dólares en oro depositados en el Banco de Inglaterra.

El objetivo de asfixiar al Gobierno de Venezuela apunta directamente a su principal fuente de financiación: las ganancias de PDVSA suponen el 90% de los ingresos del país. La filial estadounidense Citgo Petroleum es el activo venezolano de mayor valor fuera de Venezuela.

Pero no se trata solo de asfixiar al Gobierno de Maduro, sino también dotar de recursos al “presidente interino”, según las palabras del portavoz del Departamento de Estado, Robert Palladino, al firmar el 25 de enero el traspaso de las cuentas de Venezuela en Estados Unidos a Juan Guaidó.

Mientras el Gobierno de Pedro Sánchez se alinea con los Gobierno de derecha latinoamericanos y europeos para un inminente reconocimiento oficial de Guaidó como presidente legítimo —reconocimiento que esta misma mañana se ha producido en el Parlamento Europeo—, la escalada del conflicto parece inminente.

Como responsables de la operación, el secretario de Estado, Mike Pompeo, y el director del Consejo de Seguridad Nacional, John Bolton, dos halcones de larga trayectoria, representantes del ala dura de la diplomacia estadounidense.

Bolton lideró las negociaciones para que la Administración de George W. Bush se retirara del Tratado de Antimisiles Balísticos firmado por Nixon en 1972 y fue acusado en tiempos de la guerra de Iraq de intimidar a especialistas de inteligencia para encontrar datos que justificaran la invasión. Mike Pompeo, cuando todavía era director de la CIA, en julio de 2017, reconoció públicamente que estaba trabajando con Colombia y México —en ese momento gobernado por el derechista Enrique Peña Nieto— para derrocar al Gobierno de Venezuela.

Como enviado especial de EE UU para Venezuela se ha sumado recientemente Elliot Abrams, un “operador de las guerras sucias y las actividades clandestinas de la Agencia Central de Inteligencia en América Latina en los años 80”, según cuenta Carlos Fazio, periodista del periódico mexicano La Jornada.

Como subsecretario de Estado para los Derechos Humanos y Asuntos Humanitarios con Ronald Reagan, Abrams mostró su respaldo al genocidio de 200.000 indígenas en Guatemala y a la guerra sucia en El Salvador. Ante la matanza de El Mozote en 1981, donde el Ejército salvadoreño masacró a más de 800 personas en la mayor matanza de la historia de América Latina, Abrams se limitó a afirmar que los informes “no eran creíbles”.

Abrams, ahora convertido en el máximo responsable del Gobierno de Trump en Venezuela, fue condenado por mentir al Congreso durante el escándalo Irán-Contra (1986-1986), en el que Estados Unidos vendió armas de forma ilegal a Irán para financiar la contra nicaragüense. Fue perdonado por el Gobierno de George Bush en 1992.

Ya en en siglo XXI, como colaborador cercano de su hijo, George W. Bush, se le considera como uno de los arquitectos de la invasión de Iraq en 2003.

Para Fazio, analista uruguayo radicado en México, el objetivo de Estados Unidos “es encontrar un Pinochet o un Videla en el seno de la patriótica Fuerza Armada Nacional Bolivariana y potenciar una contra venezolana, como la que desangró a Nicaragua a comienzos de la revolución sandinista”.

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