La prisión permanente de lo revisable

La realidad se (re)construye a través de unos medios de comunicación y un discurso político que priman la búsqueda de carroña para (re)conducir la agenda política hacia unos derroteros específicos.


publicado
2018-03-17 07:41:00

La decisión del Congreso de rechazar las dos enmiendas a la totalidad a la Proposición de Ley que pretende derogar la prisión permanente revisable continúa levantando ampollas en el debate acerca de su adecuación al marco constitucional, controversia alimentada en estos últimos días por la presión mediática ejercida a través de los casos de Gabriel Cruz y Diana Quer.

Quienes defienden su derogación piden que no se politice el dolor de las víctimas ni se utilice con fines electorales, mientras que los sectores a favor de su endurecimiento recogen dicho dolor para proclamar que, tras lo sucedido y ante lo que podría suceder, es mejor que a ciertas personas se las recluya en la cárcel, y de por vida. Y aquí es donde aparece el primer concepto que debería ser objeto de revisión de esa prisión permanente que se vende como remedio infalible: ¿los delitos los cometen ciertas personas? Es decir, ¿se trata de individuos que, debido a ciertas características patológicas tienen una desviación congénita que les impide formar parte de la sociedad?

Cuando se habla de una serie de delitos como violación, maltrato, terrorismo, o incluso asesinato, parece afirmarse que quienes los cometen son personas incivilizadas, frías, calculadoras, poco empáticas, asociales, bárbaras, radicales, que han nacido con un je ne sais quoi que les hace más propensos al crimen y, por ende, es mejor encerrarlos tras los muros para que no puedan elevar su naturaleza humana al máximo exponente. Este tipo de definición es la que se esconde tras unas creencias muy presentes en el imaginario colectivo acerca de la particularidad de los criminales. Personas que parecían normales, pero que, fíjate tú. Cuestión de suma relevancia si tenemos en cuenta que, clásicamente, ese je ne sais quoi ha sido definido en términos de raza o clase social para justificar incluso científicamente actitudes de rechazo y formación de fobias y odios hacia ciertos colectivos.

En el caso de los delitos como violación o violencia de género ha quedado muy claro, o al menos debería, la construcción social de los mismos, en un ambiente social que los favorece y legitima

Sin embargo, si partimos de la base de que el crimen tiene una parte social que no se ha de relativizar ni menospreciar, entonces quizás esa fórmula mágica dependa de reformar otros factores. Es necesario tener en cuenta los aspectos estructurales del delito en una sociedad donde se recortan cada vez más los mecanismos o herramientas para evitarlo, y analizarlo de forma transversal, haciendo especial hincapié en la formación de dichas supuestas carencias empáticas o de sociabilidad que se trata de reducir al plano de error biológico, y donde elementos culturales, económicos y sociopolíticos tienen bastante que decir en la configuración de dichos perfiles psicosociales que cometen los hechos que se juzgan. En el caso de los delitos como violación o violencia de género ha quedado muy claro, o al menos debería, la construcción social de los mismos, en un ambiente social que los favorece y legitima.

Recluir a las personas en jaulas donde puedan esperar sin molestar al resto no es propio de sociedades que se nombran a sí mismas como civilizadas, especialmente si tenemos en cuenta que no todos los hechos son condenables de la misma manera en función del perfil que los comete, y en un contexto en el que la ampliación de los factores agravantes para aplicar la prisión permanente aparece en un marco legal en el que los delitos de odio y enaltecimiento al terrorismo se aplican con una arbitrariedad tan pasmosa que merecería, cuanto menos, un ejercicio de reflexión.

La realidad se (re)construye a través de unos medios de comunicación y un discurso político que priman la búsqueda de carroña para (re)conducir la agenda política hacia unos derroteros específicos

Asistimos cada día a un panorama en el que la realidad se (re)construye a través de unos medios de comunicación y un discurso político que priman la búsqueda de carroña para (re)conducir la agenda política hacia unos derroteros específicos, en el que la justicia se pasea con los brazos en jarras mirándonos con sorna y estableciendo una auténtica jerarquía en términos de la condenabilidad o no de los sujetos, tanto física como simbólicamente.

Una prisión no es un agujero negro donde lo que se introduce en él desaparece, ni una sala de espera al juicio final divino. Una prisión es un lugar de reforma y reinserción social, que debe ser contemplada como medio, no como un fin en sí mismo, aspecto que parece haber sido olvidado tras definir la justicia como venganza.

3 Comentarios
#11314 23:09 19/3/2018

¿Y los crímenes de Huelva: M. Luz, Breton,...?
En esta ciudad hay que tener cuidado: muchos inmigrantes cabreados, gentes muy violentas, pasión por el decano...

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Pelotudo 18:58 17/3/2018

Los genocidas de la dictadura argentina fueron condenados a cadena perpetua, a mi parecer de forma justa. Creo que no tienen ningún eximente, crecieron en una sociedad que los hizo así, los pobres no tienen la culpa, la educación recibida los llevo a cometer estos crímenes, la familia influyo. A mí personalmente me da igual, me gustaría que cumplieran su condena completa. Mi dignidad se vería ofendida si los viera libres paseando sin remordimientos.

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#10962 6:19 17/3/2018

los mismos que han cometido el mayor atentado contra los derechos humanos de las personas simplemente por el género al que pertenecen, en leyes como es la ley de violencia de género y el pacto de Estado contra el hombre, robando su presunción de inocencia y pisoteando el artículo 14 de igualdad ante la ley, pretenden dar lecciones de constitucionalidad y buenísmo? es posible que Zapatero este recibiendo premios por su contribución a los derechos humanos siendo responsable de la mayor inconstitucionalidad de la historia de la humanidad en un estado supuestamente de derecho? Las leyes de autor son todas terriblemente anticonstitucionales cómo es la ley de género de Zapatero y las leyes de Núremberg. son y representan el mayor atentado contra los derechos humanos

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