Siria
Mil años de Guerra Santa en Siria

El 15 de marzo de 2011 empezó la guerra en Siria, un conflicto que no parece tener fin. El autor, periodista sirio refugiado en Madrid, indaga en las causas de la contienda, desde sus raíces históricas hasta sus laberintos presentes. 

Alepo ruinas
Una mujer sentada sobre las ruinas de su vivienda en Alepo, al norte de Siria, en febrero de 2013. Foto: William Proby
15 mar 2020 10:22

En días como estos, en aquellas semanas de febrero y marzo de 2011 —hace ya nueve años— yo era uno de esos estudiantes que soñaban una Siria nuestra, no una Siria de Al Assad, soñábamos con tener una identidad, una pertenencia a una nación, en un país donde nuestra única identidad parecían ser los soldados del régimen.

En aquel entonces planeábamos comenzar una serie de manifestaciones por todo el estado, esperando conseguir al menos un piso mínimo de libertades que nos permitiese participar en el futuro de nuestro país.

Ahora, y después de todos estos años, he de admitir que fuimos muy ingenuos, pensamos que desde las calles se podría conseguir un cambio en la actitud del régimen, en un país que sigue a Corea del Norte en cuanto a supresión de las libertades. Malinterpretamos la situación en Siria, debido a nuestra poca experiencia en política, pues la política era la única línea roja en el país, así que nunca habíamos hecho política antes. En el caso de Siria, no se nos permitía mencionar la palabra “política” en público, y si teníamos que hacerlo, lo hacíamos en susurros.

He de admitir que fuimos muy ingenuos, pensamos que desde las calles se podría conseguir un cambio en la actitud del régimen. Malinterpretamos la situación en Siria.

No sabíamos en aquel momento, hasta qué punto la sociedad siria estaba dividida —y por supuesto aún lo está —en grupos étnicos, raciales, sectarios que, como identidad, iban antes que la siria. No sabíamos que los únicos políticos en este país son los generales del ejército, y nosotros, los civiles solo alcanzamos a ser gente que paga impuestos. Simplemente desconocíamos que vivíamos en un país con lógicas de la edad media, pero con un armamento moderno de gran capacidad destructiva.

Una larga historia de guerras civiles

Para entender mejor la guerra en Siria, y en el Medio Oriente, el lector o lectora europeos deberían ver el conflicto desde la perspectiva de la Guerra de los Treinta Años, hace ya cuatro siglos. Pero la guerra de los Treinta Años, acabó bien, aceptando que nadie gana en una guerra por religión, que es un juego donde todos pierden. Siento que no es así como acabará la guerra en Oriente Medio, y especialmente en Siria.

La guerra que estamos presenciando ahora, no es otra cosa que la última en una serie de conflictos religiosos y étnicos por el poder que comenzaron en el siglo XIX en el Levante, en los últimos días del agónico Imperio Otomano. Esta lucha que se reactivó 600 años después de la victoria suní sobre las demás confesiones en el siglo XIII.

En el Medio Oriente, donde la gente se identifica en base a la religión más que en función de la etnia, es muy difícil construir una identidad nacional que lleve a la unificación del país, por lo que no resulta sorprendente que se produzcan guerras civiles de manera recurrente.

Sociedades secretas, violencia comunitaria en las calles, masacres y revueltas, así es como la sociedad afronta cuestiones políticas y económicas. En la Segunda Guerra Mundial el país sufrió una guerra civil entre musulmanes sunís ortodoxos que apoyaban al imperio musulmán otomano y musulmanes laicos, entre otros grupos religiosos, que apoyaban a los aliados.

Cuando la guerra terminó con la victoria de los aliados, el General Allenby dijo: “Es solo ahora que las cruzadas acaban”. Mientras, dicen que el General Gouraud, tras entrar en Damasco, fue a la tumba de Saladino, la pateó y dijo: “Despierta Saladino, hemos regresado. Mi presencia aquí da constancia de la victoria de la cruz sobre la media luna”: Se trataba de una obvia declaración para impugnar la hegemonía Suní en Siria y comenzar una nueva etapa.

Tras el retiro de las tropas francesas de Siria en 1946, el presidente del momento, Shukri Alquoatli, pidió ayuda a un general del ejército inglés para restaurar el ejército sirio, que consistía básicamente en componentes de las minorías. Después de estudiar la situación dentro de la armada, el General británico encaró al presidente: “Esto no es un ejército, es un conglomerado de milicias: tienes la milicia suní, la alauí, la cristiana, la kurda, la hamawi. Esto que llamas ejército no se puede restaurar, deberías acabar con estas milicias y construir un nuevo ejército desde cero”, dijo el general.

Por supuesto, el presidente, no consciente de la fuerza inherente del ejército, rechazó disolverlo, pagando —tanto él como el país— el precio de esta decisión tres años después, cuando aquellas milicias lideradas por el jefe kurdo Alzaem protagonizó el primer golpe de Estado militar en Medio Oriente.

La guerra que estamos presenciando ahora, no es otra cosa que la última en una serie de conflictos religiosos y étnicos por el poder que comenzaron en el siglo XIX, en los últimos días del Imperio Otomano

La guerra civil en Siria ha durado más de un siglo, se tradujo en golpes militares —junto a intentos fallidos— por 24 años, desde la independencia en 1946 hasta que el General Hafez Al Assad (padre de Bashar Al Assad) alcanzó el poder en 1970, declarando la victoria de la milicia alauí sobre el resto de los grupos que componen el ejército. Esta secuencia da fe de la situación caótica entre estas milicias heterogéneas conocidas oficialmente como el ejército sirio, al tiempo que revelaba la composición de la sociedad Siria en aquel momento.

En los años setenta y ochenta del siglo pasado, cuando se suspendieron las libertades y las elecciones fueron interrumpidas, ante la dificultad de infiltrarse en el ejército, la sociedad siria y la suní en particular empezó a pensar en formas no tradicionales para recuperar el poder que perdieron, como la lucha guerrillera o las huelgas sindicales. Vuelve la guerra civil, pero esta vez no mediante golpes militares, sino a través de escaramuzas entre el ejército (mayoritariamente alawí) y los rebeldes. Estas escaramuzas acabaron con la destrucción total de la ciudad de Hama en 1982 y la ejecución de miles de personas.

Los rebeldes perdieron el primer round en los ochenta, después de esto, el derramamiento de sangre se detuvo por un tiempo.

En 2010 la profunda ira subyacente alcanzó un punto de inflexión. El caos se extendió por toda la región, y por supuesto llegó a Siria, donde las mayorías sometidas estaban esperando su momento.

Como dije al principio, el plan era solo conquistar un nivel aceptable de libertades políticas, eso era todo, pero en Medio Oriente cualquier acto de oposición de la mayoría suní será considerado como un intento de eliminar a las minorías, y el régimen jugará ese juego para mantener el poder.

Siguiendo el juego más viejo del mundo el régimen liberó a los yihadistas de las prisiones, para manipular a las minorías y no dejarlas otra opción que apoyarle. Los yihadistas fueron útiles en Iraq y ahora son muy requeridos en Siria. Lo vi yo mismo, cuando fui detenido por lo que en Siria conocemos como policía política. El régimen iba liberando a quienes estaban acusados de terrorismo, y cuando yo mismo fui puesto en libertad, encontré a muchos de quienes lucharon en Iraq —gente de mi ciudad—. Los yihadistas después tomaron el control de todo.

Las cosas se fueron de control, el régimen no pudo jugar bien este juego, aunque consiguió su objetivo de activar los miedos profundos de la minoría. En poco tiempo esta bestia, que el régimen había creado, avanzó realmente sobre el terreno lo que provocó la intervención de Irán en 2012, y después de Rusia en 2015 con el beneplácito de Barack Obama.

Reviviendo viejos imperios

Lo que hizo la guerra en Siria tan brutal, fue el hecho de que el país estuviera rodeado por países más grandes planificando revivir sus viejos imperios. Para empezar la República Islámica de Irán, desde el momento que los islamistas conservadores tomaron el poder en 1979, tuvo el objetivo de expandir la influencia iraní sobre el Mediterráneo oriental para revivir el imperio persa de Ciro el Grande.

Irán logró tomar el control de Iraq y Líbano tras la guerra en Iraq en 2003, aunque el régimen sirio dependía parcialmente de la República Islámica para su supervivencia, no estaba del todo bajo su control. Por ejemplo el rechazó entrar en guerra con Israel en caso de que este estado atacara Irán, del mismo modo, no permitió a la Guardia Revolucionaria Iraní expandir su presencia en Siria.

El estallido de la guerra en Siria dio una gran oportunidad a Irán para tomar el control del país, mientras el régimen se iba debilitando, pero su mala gestión de la guerra en Siria hizo que tuviera que retirarse de muchas áreas en el país, especialmente en 2015, cuando la oposición consiguió rodear Damasco. Ahí fue cuando entró en la guerra otro proyecto de recuperación imperial.

Cuando Putin alcanzó el poder en 1999, tenía el objetivo estratégico de superar el desastre geopolítico después del colapso de la Unión Soviética. La guerra en Chechenia y Georgia era parte de la restauración del imperio ruso. En Syria, Rusia tiene una base naval en el puerto de Tartus, la única base naval de Moscú fuera del país, por lo que conservarla es fundamental para que Rusia mantenga su apariencia de poder global, que tiene bases militares y navales fuera de sus fronteras.

En 2015, cuando el régimen sirio estaba a punto de colapsar, Rusia, con la aprobación de Obama, decidió implicarse directamente en la guerra para proteger sus intereses. Putin tenía como objetivo eliminar toda la oposición en Siria del mismo modo que lo hizo en Rusia. Desde ese momento, la oposición comenzó a perder territorios durante años. Y cuando estaba por perder sus últimas fuerzas, el tercer proyecto de restauración de un imperio entró en la contienda.

Lo que hizo la guerra en Siria tan brutal, fue el hecho de que el país estuviera rodeado por países más grandes planificando revivir sus viejos imperios. 

Dede 1923, Turquía siguió la doctrina política de no intervención en otros países, hasta que el partido islamista fue elegido en 2000, con su sueño de resucitar el viejo imperio otomano. Cuando empezó la guerra siria, Turquía encontró una posibilidad de expandir sus fronteras meridionales y su única aliada era la oposición suní siria que ve a Turquía como un jefe, aún siendo la parte más débil de la guerra en curso, controlando solo el norte del país.

Mientras estos países intentan expandir su influencia fuera de sus fronteras, pudimos ver a los Estados Unidos intentando apartarse del Medio Oriente, desde que Obama decidó focalizarse en el Extremo Oriente. Pero pasó algi inesperado: ISIS tomó el control sobre Mosul en Iraq lo que empujó a la superpotencia a desplegar sus tropas en Siria e Iraq. Tras la derrota del estado islámico, Trump decidió mantener las tropas en Siria para contrarrestar la creciente influencia iraní en la región.

Mientras todos estos países tienen una clara idea de su rol en Siria, los estados del Golfo intervinieron en la guerra siria por miedo a los proyectos de expansión de los otros. Primero apoyaron a la oposición contra Irán preocupados por su creciente influencia, después de 2015, decidieron abandonar a la oposición temiendo las consecuencias de las primaveras árabes en sus países si la oposición ganaba, y al final terminaron apoyando al régimen siria contra Turquía, que es ahora considerada la enemiga principal.

La guerra no acabará pronto

Esta fase de la guerra comenzó el 15 de Marzo de 2011, y ahora, nueve años después, parece —para muchos— estar llegando a su fin, especialmente después de que el régimen sirio lograra recuperar el 60% del país con la ayuda de Rusia e Irán. Pero las apariencias engañan, el contros de Al Assad de este 60% no es estable, y el otro 40% está bajo el control de Estados Unidos, en el Este y Turquía, en el Norte, lo que lo hace muy difícil de recuperar.

El cinco de marzo de este año Rusia y Turquía acordaron un alto al fuego en Idlib, tras las largas batallas entre el régimen sirio, apoyado por sus aliados —Irán y Rusia— y la oposición apoyada por Turquía. Fue sorprendente que durante esas batallas en el Norte, el Ejército Sirio Libre en el Sur —donde supuestamente el régimen había tomado el control en 2018— comenzó una guerra de guerrilla contra el ejército sirio mostrando la dificultad del régimen de recuperar el control sobre el país.

Ahora la intensidad de las batallas parece estar decreciendo, pero eso no implica una mejora de la situación, y la guerra continuará, como en Iraq o Yemen, pues las causas persisten. Y nunca terminará hasta que los sirios aprendan a llegar a negociar, a llegar a acuerdos, en el parlamento, y no en los campo de batalla.

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2 Comentarios
#61178 18:49 20/5/2020

Quien detiene a los q masacran y permiten las guerras y la miseria, en Siria?
No veo a nadie poniéndose las pilas, solo llamar racistas a Europa por no asumir la llegadas incesantes de Siria, África, países del Este y América latina.

Las multinacionales, los bancos y los gobiernos de origen, son los causantes de tanta miseria, bueno y del bobo de turno capitalista q envía a sus tropas, a masacrar a gente por sus recursos mas valiosos...
Pero nadie mueve un dedo, la onu para q esta... Es un desastre

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#56078 12:13 9/4/2020

Que articulo mas manipulado, EEUU destruyo Siria, ocupando las regiones petroleras y cortando vias de acceso al pais. Siria nunca se recuperara mientras unos piratas continuen ocupando su territorio. Si EEUU se retira como corresponde, Siria recuperará la paz. Como reconstruyes sin dinero?? sin tu petroleo??

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