Sexualidad
¿Pueden las mujeres cosificar a los hombres?

Shannon Ridgway explica las diferencias entre objetivización y deseo sexual.

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Traducido por Sara Carrasco Granger

publicado
2017-12-20 07:04:00

¿Puede un hombre ser cosificado por una mujer? La pregunta surge una y otra vez en círculos feministas y la respuesta no es sencilla. Mirado de manera simple, una podría pensar que sí. Porque si definimos la objetificación sexual como la consideración de una persona tan sólo como la suma de sus partes y para lo que esas partes pueden servirnos sexualmente, entonces, por supuesto, las mujeres pueden objetificar a los hombres.

Al fin y al cabo, hay mujeres ahí afuera que “usan” a los hombres sin apreciar sus personalidades, sentimientos o deseos, tal y como lo hacen los hombres. Este anuncio de Kraft es sólo uno de tantos ejemplos de un nuevo patrón comercial conocido como “hunkvertising” (publicidad a través de hombres ‘cachas’).

Obviamente estos hombres –aquellos utilizados para fines sexuales y aquellos expuestos en su gloria desnuda para la apreciación de mujeres en el mercado heteronormativo– están siendo cosificados, ¿no? Desgraciadamente, la respuesta no es tan simple.

La diferencia entre la objetificación sexual y el deseo sexual

La objetificación sexual y el deseo sexual no son lo mismo. El deseo sexual y la atracción que conlleva es una parte normal y natural de la vida. Implica a dos (o más) personas afirmando su deseo de la una a la otra, ligado a un consentimiento de mutuo acuerdo que se establece previamente a cualquier actividad sexual. Se sobreentiende que el deseo permanece deseo y no lleva a la acción a no ser que se tope con otro deseo recíproco.

Así que, en esos casos en los que se habla de una persona que “usa” a otra con fines sexuales consensuados, realmente no se trata de cosificación ya que ambas personas han acordado previamente la actividad sexual.

La cosificación sexual, en contraposición, implica que una persona adquiera el rol de sujeto y la otra el rol de objeto; y en el caso de relaciones heterosexuales estos roles se reparten a menudo de manera que el hombre toma la posición de sujeto, y la mujer la de objeto.

La objetificación sexual requiere que una persona elija unilateralmente lo que quiere sexualmente y la otra se someta a esos estándares. Y esta forma de pensar está tan permeada en nuestra cultura que a veces ni si quiera la reconocemos como objetificación sexual. Para entender cómo funciona esta cosificación, tenemos que poner la mira en el nivel macrosocial.

La cosificación social como el status quo

El status quo, la norma predominante en torno a la cosificación sexual, coloca al hombre en el lugar de sujeto y a la mujer en el lugar de objeto. Profundamente arraigado en nuestra sociedad, lo encontramos día a día. La cosificación sexual está en todas partes.

Lo vemos en la publicidad cotidiana. Las compañías utilizan modelos apenas vestidas para vender sus productos –y esto se ve tanto en revistas de hombres como de mujeres–. Lo vemos en la televisión: los personajes femeninos –incluso aquellos personajes de mujeres poderosas como puede ser la administradora del hospital Dr. Lisa Cuddy en House– llevan ropa apretada y faldas cortas mientras que sus contrapartes masculinos visten trajes o ropa suelta.

Aparece también en los discursos cotidianos sobre la vestimenta adecuada para hombres versus mujeres, con las contradictorias presiones que aparecen en las escuelas donde se les dice a las chicas que no lleven ropa que pueda “distraer” a sus compañeros.

Dicho todo esto, aunque la objetificación del cuerpo masculino se pueda dar de manera ocasional –normalmente en un contexto publicitario–, no podemos olvidar el contexto en el que opera.
A menudo, la cosificación del cuerpo masculino se lleva a cabo a través de referencias irónicas en anuncios que llevan siglos objetivando los cuerpos de mujeres.

Y aun cuando los anuncios cosifican a un hombre, este se suele mostrar de cuerpo entero con plena conciencia de sí mismo a diferencia de las mujeres, a quienes se les suele mostrar de espaldas o cortándoles la cabeza de la imagen, deshumanizándolas en la práctica.

Los hombres objetificados en las imágenes publicitarias parecen estar diciendo: “Ven aquí y verás lo que puedo darte”, mientras que las mujeres de las imágenes suspiran: “Esto es para ti”.

¿Sexismo a la inversa?

Aunque en ocasiones el hombre pueda ser cosificado, no se compara con la vida diaria bajo una estructura de opresión. Se puede comparar a instancias donde personas blancas afirman que existe racismo a la inversa: no puede equipararse. Porque la gente blanca nunca ha experimentado una opresión sistemática y secular, tal y como lo experimentan las personas de color. Y los hombres no han experimentado una opresión sistemática y secular por su condición de hombre, mientras que las mujeres sí. 

¿Se puede dar que los hombres se sientan insultados o menospreciados por mujeres que hacen comentarios sobre penes grandes o abdominales enormes? Claro. De la misma manera que un hombre blanco puede sentirse ofendido si una mujer negra le llama cracker [nota de El Salto: término despectivo hacia las personas blancas]. Pero esas instancias no son ni de cerca tan frecuentes, ni contribuyen a un sistema más grande de opresión como el sexismo o el racismo. Si empezamos a referirnos a estas instancias como instancias de opresión, entonces estaremos trivializando y reduciendo la cosificación y el racismo sistémicos institucionalizados a meras riñas interpersonales. 

O, como dijo Jamie Utt en su increíble artículo ¡Eso es racista en contra de los blancos! Una discusión sobre privilegio y poder: “Necesitamos reconocer que no todas las palabras o acciones dañinas son equivalentes cuando algunas están sostenidas por una historia y un presente sistema de dominación, violencia, opresión, represión, deshumanización y humillación”.

Cosificación Sexual y Su Rol en la Misoginia

La cosificación sexual no sólo forma parte del satus quo, sino que además juega un papel en la corriente subyacente de misoginia que recorre nuestra sociedad. La misoginia se define como el “odio hacia las mujeres”, pero se trata de algo mucho más complejo que eso. Es deshumanización.

La misoginia niega que las mujeres puedan tener pensamientos, sentimientos y derechos. Les roba todo lo que nos hace humanos. Y cuando reducimos a las mujeres a la suma de sus partes físicas –eso es misoginia–, se equipara a la creencia de que sus pensamientos, sentimientos y opiniones no tienen valor, que lo único que tiene valor es su cuerpo. Cuando se utiliza a la mujer para propósitos puramente sexuales y se la desecha, la estamos desestimando como persona. 

Esto, francamente, no sucede con hombres –por lo menos, no al mismo nivel–, porque no existe ese sistema de opresión hacia los hombres que existe hacia las mujeres.

De nuevo, esto no quiere decir que no haya alguna mujer que use a algún hombre para satisfacer sus necesidades sexuales y nada más. Pero esto cae más en una categoría de excepcionalidad y menos dentro de un marco de cosificación y opresión.

Por lo tanto, ¿es posible que las mujeres cosifiquen a los hombres? Posible a un nivel micro e interpersonal. Pero como la objetificación sexual está tan imbricada con la cultura de la misoginia, sería una falsedad equiparar la objetificación del cuerpo masculino con el del cuerpo femenino.
A fin de cuentas, aquellos comentarios del tipo “¡Eh! Los hombres también pueden ser cosificados” tan sólo nos distraen del problema real: la misoginia y la opresión sexual de las mujeres profundamente arraigadas en nuestra sociedad.

Texto original publicado en everyday feminism.

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7 Comentarios
Anónimo 13:36 21/11/2018

Naturalmente que si, de hecho lo hacen ya casi tan constantemente como nosotros a ellas, que si realmente nos importara un rabano seria un problema,lo cierto es que ni a hombres ni a mujeres les importa que los cosifiquen si digamos hay un provecho ya sea economico por vanidad ego satisfaccion fisica o narcisismo, lo que yo veo que esta mal es cosificar a quien no lo desea como en general me parece mal forzar a nadie a hacer nada contra su voluntad, ahora bien que es mas cosificante subirse a una pasarela de moda por digamos cien mil euros la hora o trabajar sobre los tacones que lleva el uniforme en el corte ingles por ejemplo en una jornada laboral, cada cual que piense lo que quiera faltaria mas, si alguna mujer bella y sobretodo sin sobrepeso me quiere cosificar el fin de semana le paso mi telefono por privado sin problema alguno, si es simpatica con don de gentes y muy valida preparada inteligente le paso a mi contable ya que mi intencion no es montar una sociedad ni cerrar un contrato, mi intencion es intimar ojala algun dia se hable con menos hipocresia y se llame a las cosas como son, el amor no necesita firmas ni contratos y el sexo seguro y consentido no da problemas, por hablar claro no es tan dificil a que no?.

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Elias 12:07 22/12/2017

Poniendo en claro: Si; las mujeres (y los hombres) pueden cosificar a los hombres, los hombres pueden ser cosificados. Que haya una estructura machista y que esa cosificación sea muy inusual no quita que eso suceda.Lo mismo para racismos de negros a blancos, etc. Señalar esa posibilidad no es necesariamente trivializar la cosificación. Aunque suceda que los machistas (racistas y demas) usen ese argumento para trivializar la opresion general de las mujeres (o los negros, etc).
Segundo, sobre la "cosificacion sexual". El deseo sexual siempre cosifica, objetiva porque lo que nos excita son rasgos de una persona (el culo, los brazos fuertes, la dureza de una polla, el pelo, etc); uno no se excita de la persona en tanto ser humano (vaya, quizas alguno si, pero no dejaria de cosificar como una persona sabia", por ej). La cosificación de las mujeres (y hombres, menos usual) contra la que pienso que debemos oponernos pasa por considerarlas siempre (o mayormente) como un objeto sexual.
Saludos y gracias por el articulo

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Anónimo 21:52 21/12/2017

Cuantas palabras para resistirse a reconocer que los hombres cada vez más son cosificados. La mujer no sale de cuerpo completo o sugiriéndome "tómame" porque pondríamos el grito en el cielo por semejante sexismo. Lo curioso es que no se haga lo mismo cuando es el hombre el objeto sexual. Ahora resulta que se nos están creando los cánones de belleza y atractivo sexual a nosotros y vosotras, feministas, torcéis el gesto y dirigís la mirada a los libros con tal de no reconocer la evidencia. Recuerda a los filósofos que tanto tiempo justificaron el patriarcado con cierto lamento y paternalismo.

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#30764 18:30 19/2/2019

Decepciona leer este artículo. Primero dice que no, luego que sí, pero que no tanto como al revés, por lo que mejor decir que no porque decir que sí "tan sólo nos distraen del problema real". O sea, mejor negar que también existe esa cosificación, no vaya que nos olvidemos que la cosificación de la mujer es un problema mayor.

En lugar de... 1) señalar que es mayor la cosificación de la mujer en la sociedad; 2) identificar que, en menor medida, también existe a la inversa; y 3) tratar de construir una sociedad mejor, señalando la cosificación allá donde se produce. Este me hubiese parecido un planteamiento más honesto y constructivo.

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#9094 2:37 25/2/2018

Su, una mujer también puede cosí fichar a un hombre, desde el momento en que disfruta de ver su cuerpo, punto, ti eres el que a a través de tu discurso ideológico pretende quitarle a la mujer su papel de sujeto capaz, de cosí fichar, para así convertirla en una mera víctima pasiva.

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#9095 2:37 25/2/2018

Si

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Un hombre 8:52 21/12/2017

Muy buena reflexión. Coloca la cuestión en el marco interpretativo que le cabe -de los roles en una sociedad machista y patriarcal- retirándolo de la perspectiva instigante aunque naif (no sé si es el término adecuado) de que "todo puede suceder".

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