Trump ahoga (también) los campamentos de personas refugiadas saharauis

Los recortes en la ayuda humanitaria ponen en riesgo el acceso al agua potable de la población saharaui. ONG encargadas del reparto se están viendo obligadas a reducir personal y suspender servicios esenciales.
Grifo comunal en la wilaya de Auserd.
Isabel Eguiguren Grifo comunal en la wilaya de Auserd.
Campos de refugiados saharauis
27 feb 2026 06:01

“En 20 años nunca nos habíamos enfrentado a algo así”, asegura desde Rabuni (Tinduf) Juanjo Fernández, logista y uno de los fundadores de la Asociación de Trabajadores y Técnicos sin Fronteras (ATTsF). Esta ONG navarra realiza el mantenimiento y reparación de los camiones cisterna que reparten el 40% del agua de los campamentos, hasta 2025 de la mano de Acnur. Estados Unidos es el mayor donante de esta agencia de la ONU, con inversiones de hasta un 43%, pero “a consecuencia de la coyuntura internacional y de las decisiones tomadas por la administración estadounidense” no cuenta con financiación desde el 1 de enero, denuncia.

En febrero de 2025, el Departamento de Estado anunciaba un recorte en sus programas de cooperación internacional del 92% como parte de la agenda “America First” (Primero Estados Unidos) y el pasado 7 de enero Trump firmó un decreto para retirar a EEUU de 66 organizaciones internacionales —algunas de Naciones Unidas— que, según su administración, “ya no sirven a los intereses nacionales”.

“De 36 camiones cisterna con los que contábamos hace 20 años, ahora mismo solo tenemos diez. Las necesidades de la población siguen siendo las mismas con lo que así es imposible cubrir el servicio”

Fernández lamenta haber tenido que rescindir el contrato de tres trabajadores saharauis y alerta de que el personal restante “lleva sin cobrar desde enero”. La gravedad de la situación también es palpable en los recursos con los que operan. “De 36 camiones cisterna con los que contábamos hace 20 años, ahora mismo solo tenemos diez. Las necesidades de la población siguen siendo exactamente las mismas con lo que así es imposible cubrir el servicio”.

Además del mantenimiento y reparación de vehículos, ATTsf se encarga de la red de tuberías para el suministro de agua del Campamento de Auserd. Cuando la ONG asumió la gestión del sistema, se encontró con una red de abastecimiento prácticamente inservible. “De unos 500 grifos funcionaban poco más de la mitad”, comenta el logista. “Hemos tenido que hacer estudios con expertos para mejorar este sistema obsoleto donde no existen bombas que lleven el agua, sino que funciona por pura gravedad y por presión”. La organización acaba de asumir también la gestión de la red en el Campamento de Dajla, una red que todavía sufre las consecuencias de las graves inundaciones que afectaron a esta localidad en septiembre de 2024.

Las redes de tubería abastecen aparte de las cinco wilayas o campamentos, que llevan el nombre de algunas de las ciudades del Sáhara que fueron ocupadas por Marruecos (Auserd, Boujador, Smara, El Aaiún, Dajla). Allí donde no llega la red, el suministro se garantiza a través de camiones cisterna.

Son las 9h y uno de estos camiones sale del centro logístico del Miama (CLM), dependiente del Ministerio de Agua y Medio Ambiente, parte rumbo a la wilaya de Auserd. Luce el sol, pero la temperatura no supera los tres grados. Una pequeña carretera de doble sentido con el desierto infinito a ambos lados marca el rumbo. “Aquí el problema no es el agua, ya que se extrae de acuíferos profundos de esta zona, la complicación es el transporte”, relata Fernández.

El pasado mes de noviembre, el Consorcio de ONG que trabaja en los campamentos saharauis alertó de una caída del 40% en la ayuda humanitaria respecto a 2024 y anticipó un escenario extremo que parece cumplirse

El camión llega hasta el punto de carga en Auserd donde, a través de una tubería alta conocida como “jirafa”, llena su depósito. Frente a ella, apoyado en un ajado Land Rover que en su día parece que fue de color azul, Bilal se queja de la situación. “No puedo esperar al reparto de agua a casa. Ya no nos llega ni para limpiar la ropa. Sé que no debo venir aquí, pero no tengo otra opción”, comenta mientras su hijo de seis años observa con atención a través de la ventanilla de los asientos traseros. En principio no está permitido acudir a este lugar de forma individual, pero los operarios aceptan rellenar el depósito de Bilal. 

Desde este lugar también parten los tubos que llevan agua hasta los grifos comunales de las dairas (municipios). Según Fernández, “aquí no puedes coger agua cuando quieres, hay un calendario de apertura y las familias saben qué día se va a abrir el grifo. Entonces rellenan sus depósitos familiares hasta la próxima vez que vuelvan a avisarles”. 

El camión para frente a una de las decenas de construcciones de una planta que emergen en la hamada argelina, con su clásica jaima a un lado y con una especie de saco gigante, totalmente desinflado y que hace las veces de depósito. La matriarca de la casa espera impaciente, ataviada con la vestimenta tradicional de las mujeres saharauis, una melfa de tonos claros que envuelve su cuerpo y cubre su cabeza. Se muestra nerviosa y se apresura a meter el tubo del camión en ese saco gigante y deslucido. En pocos minutos, el depósito comienza a ensancharse, sus costuras se van tensando y pronto dibuja un volumen casi perfecto. 

“Más allá del 30 de abril no existe ninguna garantía de financiación para asegurar un derecho humano básico como es el acceso a agua potable, precisamente cuando se aproxima el periodo de temperaturas extremas”

La representación saharaui en Navarra ha advertido que “la situación del acceso al agua potable en los campamentos de refugiados saharauis entra en una fase crítica que pone de manifiesto el abandono estructural al que está sometida esta población desde hace décadas”. En un comunicado publicado este mes de febrero relata que “más allá del 30 de abril no existe ninguna garantía de financiación para asegurar un derecho humano básico como es el acceso a agua potable, precisamente cuando se aproxima el periodo de temperaturas extremas” y hace un llamamiento a instituciones públicas, gobiernos y organismos internacionales para que asuman responsabilidades.

Las cosas no están mejor en lo que se refiere a alimentación. El pasado mes de noviembre, el Consorcio de ONG que trabaja en los campamentos saharauis alertó de una caída del 40 % en la ayuda humanitaria respecto a 2024 y anticipó un escenario extremo que parece cumplirse.

Los almacenes de la Media Luna Roja Saharaui, un extenso lugar de arena en la unidad administrativa de Rabuni, construido con decenas de contenedores viejos apilados en filas de a dos y descoloridos por el sol recuerdan a la distópica película de Mad Max. Desde allí, Fernández advierte que “nunca los he visto tan vacíos en los últimos 20 años”. ATTsF también trabaja en el mantenimiento y arreglo de los camiones que distribuyen la ayuda humanitaria y en la digitalización de los almacenes, un trabajo que se realiza de forma absolutamente artesanal en todos los sentidos. 

Varios camiones se acercan hasta una de las naves para cargar alimentos. Cada caja de aceite, y los sacos de 50 kilos de harina, azúcar y cuscús son subidos a los camiones por jóvenes subsaharianos migrantes que ganan algo de dinero para seguir su larga travesía hacia Europa.

“La canasta básica que reciben las familias saharauis es la misma que se diseñó hace 50 años”, cuenta Dahi Abdelaziz, director de Planificación de la Media Luna Roja Saharaui. “Esta canasta es la que Acnur diseña cuando hay un desplazamiento masivo, bien sea por una guerra, por una catástrofe natural, un producto de urgencia para que la población no muera de inanición. Desde hace unos tres años la población no llega a las 2.100 kilocalorías recomendadas por la Organización Mundial de la Salud en situaciones de dependencia de ayuda humanitaria y con la reducción de raciones en los últimos años por parte del Programa Mundial de Alimentos, hay personas saltándose comidas, compartiéndola con el vecindario o reduciendo raciones”. 

Fernández añade la “alta inflación y la mirada del Programa Mundial a otros desastres humanitarios que generan más atención como el de Ucrania o Gaza” como elementos a tener en cuenta. “Hace diez o 15 años la canasta básica era mucho mejor que ahora. Los problemas crónicos de diabetes o anemia se van a acentuar a partir de ahora. Es desolador y alarmante”, sentencia.

De momento, la Asociación de Trabajadores y Técnicos sin Fronteras arranca una campaña de recaudación de fondos para recambios de piezas de los camiones mientras busca de forma incansable financiación para los próximos meses, “cuando la demanda se dispara en un lugar donde se sobrepasan los 50 grados”.

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