Opinión
‘The Mandalorian and Grogu’: el supermercado de las imágenes

Siete años después del anterior largometraje debido a Disney, ‘Star Wars: Episodio IX - El ascenso de Skywalker’ (2019), llega una nueva película inspirada en la saga fantástica creada por George Lucas.
Mandalorian y Grogu
Mandalorian y Grogu.

La película, como han destacado ya numerosos críticos, tiene en esencia poco de tal. El desarrollo de The Mandalorian and Grogu apenas disimula en ningún momento su ascendiente: las tres temporadas de la serie televisiva The Mandalorian (2019-2023), uno de tantos títulos sobre Star Wars producidos desde que Disney adquiriera en 2012 los derechos del catálogo Lucasfilm. La escena inicial de The Mandalorian and Grogu, una reunión de criminales, es muy expresiva al respecto: sirve al efecto de introducirnos con cierto ingenio en el periodo histórico donde tienen lugar las aventuras del mercenario protagonista y su ayudante/mascota —el ocaso del Imperio y los primeros pasos de la Nueva República— pero, al mismo tiempo, constituye una reflexión tan involuntaria como inmejorable sobre otro imperio, Disney, que compró Lucasfilm para explotar sin piedad Star Wars y que, casi quince años después, tras un aluvión de películas y series que en realidad nunca convencieron a nadie, trata de revolucionar la marca bajo el signo, al menos sobre el papel, de la aventura desprejuiciada, el sentido de la maravilla y la ficción autoconclusiva.

La serie The Mandalorian, quizá la ficción Disney sobre Star Wars mejor recibida por público y crítica junto a Andor (2022), y la única desde luego en generar un personaje/muñeco con el aura de los clásicos, el alienígena Grogu, era una de las candidatas idóneas para devolver la ilusión a los aficionados. Sin embargo, de manera similar al caso de Vaiana 2 (2024), se aprecia de inmediato que estamos ante un recicle. En este caso, de la cuarta temporada de The Mandalorian para Disney+, descartada en 2024. Aunque el máximo responsable creativo de la serie y la película, Jon Favreau, ha manifestado que el origen de la segunda nada tiene que ver con la cancelación de la primera, todo en The Mandalorian and Grogu responde a los modos y maneras de The Mandalorian: el cazarrecompensas y su pequeño acompañante trabajan ahora para la Nueva República, y el encargo que reciben de neutralizar a un criminal de guerra imperial que aún opera en las sombras, les arroja a una agotadora sucesión de idas y venidas en busca de aliados, pistas y enemigos imprevistos.

Se ha hablado de que estamos ante una película sobre padres e hijos, orfandades literales y metafóricas, pero es imposible tomarse en serio dicho argumento ante la banalidad casi premeditada con que se aborda

Ni una sola situación trae consigo un atisbo de gravitas, de consecuencias reales, para los protagonistas o las criaturas alienígenas varias que salen a su encuentro, cuyos dramas —véase el que atañe a Rotta el Hutt (Jeremy Allen White)— tienen la profundidad y resolución propias de un episodio cualquiera de Autopista hacia el Cielo (1984-1989). Especialmente llamativo resulta el hecho de que no se plantee evolución en ningún sentido por lo que toca al Mandaloriano y Grogu y el vínculo que les une, más allá de la eficiencia robótica del primero a la hora de liquidar a sus antagonistas —peculiaridad que acaba por robarle a la película cualquier asomo de emoción— y el carácter adorable y cómico del segundo. Se ha hablado de que estamos ante una película sobre padres e hijos, orfandades literales y metafóricas, pero es imposible tomarse en serio dicho argumento ante la banalidad casi premeditada con que se aborda, defecto que también dificulta la inmersión en el universo Star Wars por muchos guiños toscos a producciones pasadas que se incluyan.

La película nos recuerda que, bajo el yugo de Disney, ‘Star Wars’ ha sido una franquicia menos atenta a imaginar(se) que a perpetuar sus rasgos más conocidos con un grado de retroalimentación digna de algoritmos

The Mandalorian and Grogu nos recuerda que, bajo el yugo de Disney, Star Wars ha sido una franquicia menos atenta a imaginar(se) que a perpetuar sus rasgos más conocidos con un grado de retroalimentación digna de algoritmos. Algo que no puede sino desesperar a cualquier espectador con un mínimo sentido crítico, o a los interesados en el reencuentro con los arquetipos de la cultura popular por la vía de lo inesperado, la sorpresa, el descubrimiento. Los aspectos técnicos y la realización de Jon Favreau son cómplices necesarios de la trivialidad y la irrelevancia de la película, de su desinterés por distinguir entre la excepcionalidad cinematográfica, el gran espectáculo, y la rutina seriada, el engagement consumista. Solo dos aspectos escapan a la mediocridad audiovisual. Por un lado, la banda sonora de Ludwig Göransson, lindante con lo histriónico en su esfuerzo por prestar algo de magia a lo que vemos. Por otro, el recurso en algunas escenas a planos generales de cualidades plásticas, como ocurre cuando se muestran los dominios acuáticos de una gigantesca serpiente dragón albina, que remiten a las ilustraciones de fantasía heroica a cargo de ilustradores como Frank Frazetta.

El resto del metraje se apoya en un aluvión de planos medios y diálogos resueltos en plano/contraplano, y una plasmación de criaturas y escenarios presos de una iluminación y unos efectos especiales monótonos, aunque sin duda la fotografía a cargo de David Klein puede presumir de texturas más consistentes de lo que es habitual hoy por hoy en producciones de este tipo. Da un poco de pena, en cualquier caso, que un artesano como Favreau, capaz en su momento de dar alas al Universo Cinematográfico de Marvel con Iron Man (2008) y de legitimar el ciclo de remakes fotorrealistas de Disney con la liminal El libro de la selva (2016), haya encallado en el ejercicio de transmedia estéril que representan The Mandalorian y el derivado fílmico que ahora se estrena; un mero encadenamiento de episodios más o menos largos según la conveniencia, útiles sobre todo para que el consumidor siga teniendo presente la marca Star Wars en el supermercado de las imágenes.

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